Orígenes y causas de la agresividad ¿Es tu hijo tu espejo?

¿Todos llevamos dentro el instinto agresivo? A veces necesitamos defendernos; pero, otras, actuamos de manera desproporcionada. ¿Cómo detectamos la violencia injustificada?¿Cuáles son sus manifestaciones?¿Es tu hijo tu espejo?¿Los adolescentes son los más agresivos? ¡La violencia injustificada está presente en todas partes! Descubre cómo identificarla y actúa contra ella desde su origen: la infancia.

Los orígenes de la agresividad.

Los orígenes de la agresividad.

¿Qué es la agresividad?

“Acto dirigido hacia una persona o un objeto específico con la intención de herir o asustar

Shaw y colaboradores (2000).

La conducta agresiva es intencionada y el daño puede ser físico o psicológico. La mayoría de las veces es adaptativa y hasta necesaria. Nos sirve para defendernos de los peligros y para que no nos tomen el pelo. Pero, ¿cuáles son los orígenes de la agresividad? Algunos piensan que es innata, y otros, que es aprendida. En su “Experimento del muñeco Bobo”, de 1961, el psicólogo Albert Bandura nos demuestra cómo los niños repiten el mismo comportamiento que ven en los adultos. ¡Son como esponjas!

Causas de la agresividad

  • Las causas de la agresividad pueden ser debidas a factores individuales del temperamento
  • Tóxica dinámica familiar: Descubre el poder que tienen tus palabras sobre tus hijos
  • Conductas agresivas en niños tras un divorcio: Es importante saber comunicar y conocer estrategias que puedan ayudar a los niños a afrontar la separación
  • Características de los padres: o un padre poco exigente, o uno con actitudes hostiles que desaprueba constantemente al niño, o la incongruencia en el comportamiento de ambos padres
  • Excesiva exposición a la violencia (en la televisión, los videojuegos…)
  • Inadecuadas relaciones de apego
  • Trastornos psicológicos, como el trastorno negativista desafiante
  • Trastornos neurológicos o neurobiológicos, como el TDAH o el autismo

¡Nunca es un solo factor el que explica el desarrollo de la conducta agresiva! Los padres tienen un papel principal en el desarrollo de la agresividad de sus hijos. Entre un 50% y un 60% de los niños que tienen mal comportamiento a sus tres o cuatro años continuará teniendo problemas en su edad escolar. (Campbell, Szumowski, Ewing et al., 1982; Campbell, Pierce, Moore et al., 1996; Campbell, Shaw, & Gilliom, 2000; Richman, Stevenson, & Graham, 1982). Con una educación adecuada, ¡conseguiremos disminuir esta agresividad!

Mi hijo tiene un comportamiento agresivo, ¿Qué puedo hacer?

  1. Enséñale mucho vocabulario, así podrá expresar todas sus emociones y no necesitará recurrir a la violencia. “María me ha hecho daño y ahora estoy muy muy enfadada”. La ausencia de estrategias verbales para afrontar el estrés a menudo conduce a la agresión (Bandura, 1973).
  2. Ayúdale a identificar sus emociones.
  3. Refuérzale positivamente todas las veces que se porta bien.
  4. La memoria es beneficiosa para controlar la agresividad. Cuantas más experiencias pacíficas tenga, ¡mejor!. Así, ¡No necesitará ni pensarlo para actuar correctamente!
  5. ¡No actúes demasiado tarde! La infancia es el momento adecuado. Debes enseñarle a controlar su agresividad guiándole y ayudándole a encontrar la alternativa adecuada.
  6. Socialización. “Las reglas del juego se aprenden jugando”. Déjale que se mezcle con otros niños siempre que tenga ocasión. Así cuando empiece el cole, ya sabrá como comportarse.
  7. Deja que juegue a la lucha. Así medirá sus fuerzas y conocerá el mundo al mismo tiempo que se divierte. Descubrirá dónde están los límites de los demás y hasta qué punto las acciones violentas son aceptables o no lo son.
  8. Enséñale a perder. Debe aprender a dejar ganar a otros y a controlar sus rabietas.
  9. La disciplina es la clave. Siempre sin violencia.
  10. ¡No discutas delante del niño, ni uses palabrotas!
  11. No te des por vencido ni abandones cuando estés explicándole algo.
  12. Actúa con normalidad.
  13. ¡Time out! Tiempo fuera, para que reflexione sobre lo que acaba de hacer: y en un lugar sin juguetes, como por ejemplo, el cuarto de baño.
  14. La adecuada estimulación es necesaria para que tenga mejor comportamiento en el futuro.
  15. Enséñale a dialogar, a comprender,y a ponerse en el lugar del otro.
1. ¿Cómo lo planteamos? ¿Cuál es la correcta?
2. ¿Qué tipo de juegos pueden potenciar su agresividad?
3. ¿Es adecuado dejar a tu hijo viendo la televisión sin supervisión?
4. ¿Tienes software de control parental en los ordenadores y dispositivos móviles?

¡Toma el control!

¿Cómo expresamos nuestra agresividad?

La expresamos de diferentes formas: con violencia física, en forma de puñetazos, patadas o empujones; con violencia verbal, como insultos, vejaciones o palabrotas; también agredimos de manera indirecta cuando nuestra ira se dirige hacia un objeto; y a veces nuestra agresividad es contenida, como la cara de asco que ponemos para mostrar desprecio.

La excesiva agresividad se detecta en conductas violentas que son muy intensas, ocurren demasiadas veces, o duran demasiado tiempo…

Tu hijo, ¿tu espejo?

Tu hijo, ¿tu espejo?

¿Tiene edad la agresividad?

¡Los niños de dos años son mucho más agresivos que los adolescentes! A medida que van creciendo sus movimientos se vuelven más precisos. Primero gatean y cuando consiguen ponerse de pie, ya pueden perseguir y atacar. A los dos años tienen explosiones de ira repentinas. ¡Según los expertos, es a esta edad cuando se detecta una mayor agresividad! Según Peter K. Smith, de la Universidad de Londres, experto en el estudio de la agresión: Cuando cumplen 3 años pueden hacer cualquiera de los movimientos agresivos de los que los adultos son capaces“. Al contrario de la creencia popular de que los adolescentes son los más agresivos, la agresión física comienza a reducirse con el paso de los años. A partir de entonces, se empiezan a usar las formas más sociales de agresión, como la agresión indirecta que… ¡No es cara a cara pero hace daño igualmente!

¿Cuáles son sus orígenes?

Konrad Lorenz, uno de los padres de la etología, investigó los orígenes de la agresividad. Introdujo el concepto de mobbing para describir cómo los animales más débiles atacan sin piedad y en coalición a otro miembro de su grupo que les resulta molesto y desean “eliminar. Nuestros instintos más básicos, como el instinto sexual o la agresividad, son necesarios para nuestra supervivencia. En nuestra infancia nos enseñan a reprimirlos y ¡así podemos vivir en sociedad! Todos estos comportamientos no escritos de lo que es aceptable y lo que no lo es, los aprendemos durante nuestro proceso de socialización. Los integramos, y terminan formando parte de nosotros y de nuestra forma de hacer las cosas. ¡Por eso es tan importante un buena educación! Explicar las razones a los más pequeños de por qué hacemos las cosas que hacemos.

¿La agresividad es común en todas las culturas?

NO. Unos opinan que cierto grado de agresividad es necesario e innato en nosotros; pero, ¿Cómo podemos explicar estas excepciones?

 

Los pigmeos de África, los menonitas, los amish y los huteritas de América del Norte no se involucran fácilmente en la violencia física

(Moghaddam et al., 1992); sin embargo, los mundugumor de Nueva Guinea crían a sus hijos de forma agresiva, y cuando son adultos atacan con frecuencia a otras tribus.

La agresividad en el cerebro…

Igual que controlamos nuestro impulso sexual, controlamos nuestras respuestas agresivas. De esto se encarga nuestro lóbulo frontal. El sistema límbico da la orden inhibitoria por medio de un neurotransmisor de sobra conocido: la serotonina, encargada de regular nuestras emociones, ¿Qué son las emociones? Los que tienen bajos niveles de serotonina son más agresivos y violentos. ¡Cada uno de nosotros es diferente a la hora de controlar sus impulsos! Algunos son inquietos, impulsivos; y otros, en cambio, más tranquilos y pacíficos. Esto ya puede observarse desde el nacimiento… ¿Por qué dos hermanos tienen diferente carácter? El entorno modela el cerebro humano, pero ¡hay una parte innata! Desde el nacimiento, se refuerzan los comportamientos no agresivos y el comportamiento agresivo es desaprobado. Así, con el paso del tiempo, desaparecerá por la falta de uso. La amígdala, también desempeña un papel fundamental; experimentos con animales muestran cómo tras su extirpación en perros agresivos, estos pudieron convivir con gatos en perfecta armonía.

Pero, ¿por qué algunos nunca aprenden a inhibir su comportamiento agresivo? Los asesinos presentan menor actividad en la corteza prefrontal, que es nuestra parte más humana y social. Gracias a ella podemos regular las estructuras más primitivas de nuestro cerebro que provocan nuestras conductas más explosivas. Las patologías o el mal desarrollo cerebral influirán sobre nuestro control agresivo.

Es adecuado defender nuestros derechos cuando alguien está tratando de humillarnos, vejarnos o quitarnos importancia. Responder con rapidez ante un ataque nos ahorrará más de un disgusto; pero, hacerlo de forma excesiva, con demasiada frecuencia, intensamente, o durante un largo periodo de tiempo…¡Es otro tema! Sea innata o aprendida la agresividad tiene un desarrollo progresivo que comienza en la infancia.

Tu hijo, ¿tu espejo?