Cambios en la adolescencia ¿Qué pasa en la adolescencia psicológicamente y cómo lidiar con ella?

cambios en la adolescencia
¿Cuales son los cambios en la adolescencia?

La adolescencia viene con toda su colección de cambios, muchos de los cuales a veces preocupan a los padres. Estas trasformaciones pueden ser físicas, psicológicas, emocionales, sexuales… A veces, nuestra habilidad para adaptarnos es puesta a prueba. ¿Cómo podemos lidiar con los cambios en la adolescencia lo más fáciles posible? Aquí te explicamos los cambios más significativos que ocurren en la adolescencia y te ofrecemos una mini-guía para jóvenes y otra para padres.

¿En qué consiste la adolescencia?

Para muchos adolescentes y sus padres esta es una etapa de la vida con muchos altibajos emocionales. Un periodo delicado de cambio en el que el adolescente establece, paso a paso, su personalidad e independencia.

Muchos creemos saber qué es la adolescencia, ya que todos los adultos la han vivido. Pero lo cierto es que cada uno vive la adolescencia de una manera. Para algunos comienza antes, para otros después, unos se desarrollan más rápido, otros más lento. En otras palabras, hay un gran rango de lo que se considera “normal”.

Pero es importante hacer una distinción entre pubertad y adolescencia. La pubertad se referiría a los cambios físicos que implican una maduración sexual. Sin embargo adolescencia se refiere a los cambios sociales, emocionales y psicológicos que suele traer consigo la pubertad, pero esto no tiene por qué ocurrir al mismo tiempo. Generalmente la pubertad ocurre antes, y la adolescencia se puede dilatar hasta mucho más allá de la pubertad, a veces hasta la mitad de la veintena.

Muchos niños anuncian su entrada en la adolescencia con un cambio dramático en su conducta entorno a sus padres. Empiezan a separarse de sus progenitores y se vuelven más independientes. Al mismo tiempo, comienzan a ser más conscientes de cómo otros, especialmente sus iguales, les ven y están ansiosos por encajar. Sus iguales a menudo se vuelven mucho más importantes que sus padres para tomar decisiones.

También comienzan a buscar su identidad, probando estilos e identidades diferentes y comienza a forjarse su personalidad.

Cambios en la adolescencia

La adolescencia está marcada por cambios a muchos niveles. Es el paso de la niñez a la adultez, es un periodo de gran maduración física, social y psicológica.

Cambios fisiológicos en la pubertad

Los cambios más evidentes que ocurren en la pubertad son los físicos. Aquí vamos a hacer un pequeño resumen, porque no es el tema que nos ocupa.

La maduración sexual y física que ocurre durante la pubertad es el resultado de cambios hormonales. La pubertad sería la segunda oleada de hormonas, siendo la primera durante la concepción. Esta segunda oleada es la encargada de desarrollar el cuerpo hasta su forma adulta, y ocurre entre los 8 y los 14 años, un poco antes en niñas.

En esta etapa los chicos desarrollan el pene y los testículos, aparecen poluciones nocturnas y les sale vello facial y les cambia la voz. A las chicas se les desarrollan los pechos, les viene la regla. Y a ambos sexos se les desarrolla el vello corporal. También cambia la forma corporal, mientras que a los chicos se les desarrolla la musculatura, sobre todo de la espalda y los hombros, a las chicas les cambia la distribución de la grasa corporal, generalmente acumulándose hacia los muslos y caderas.

Cambios sociales en la adolescencia

cambios en la adolescencia

Durante la adolescencia los jóvenes comienzan a ser más influidos por sus iguales, especialmente en la conducta, identidad y autoestima. A menudo, su vida gira en torno al instituto y su amigos. Esto hace más fácil que sucumban a la presión social.

También comienzan a explorar su identidad sexual y sexualidad. Esto incluye las relaciones románticas. Estas no son necesariamente encuentros eróticos, ya que para algunos jóvenes esto comenzará más adelante.

Internet y las redes sociales se convierten en esenciales para los jóvenes, que ven extendida su vida social al ámbito virtual. Por ello, es necesario entender que, aunque los adolescentes parecen adictos al móvil, muchas veces son “adictos” a sus relaciones sociales.

Las relaciones de tu hijo con amigos y familiares experimentarán cambios. Pero mantener una relaciones sólidas tanto con familia y amigos es importante para el desarrollo social y emocional.

Es posible que notes que tu hijo quiere pasar menos tiempo con la familia y más tiempo con sus amigos. Si es duro para ti, puede ayudarte saber que es más probable que los amigos influyan en decisiones a corto plazo, como la apariencia y los intereses. La influencia de los progenitores o cuidadores principales influyen más en decisiones a largo plazo, como elección de carrera, valores y moral.

También es normal que haya más discusiones con los padres. Es normal que haya conflicto, porque los adolescentes buscan más independencia. De hecho, esto muestra que está madurando. Incluso si sientes que estás discutiendo con tu hijo todo el tiempo, no es probable que afecte a vuestra relación a largo plazo.

Puede que tu hijo ve las cosas de forma distinta a ti. Esto no se debe a que quiera molestarte a propósito, sino a que está empezando a ver las cosas de forma más abstracta, y se cuestiona diferentes puntos de vista. Al mismo tiempo, algunos adolescentes tienen dificultad para comprender ´como sus palabras y acciones afectan a otras personas. Esto es probable que cambie con el tiempo.

Con todo esto, una relación fuerte con los progenitores es una base fundamental para construir la resiliencia de tu hijo.

Cambios psicológicos en la adolescencia

El cerebro del adolescente se está desarrollando y perfeccionando, es casi como el de un adulto. Uno de los cambios en la adolescencia más importantes son los cambios psicológicos. Y se deben en gran medida a un mayor desarrollo cognitivo.

1. Independencia y búsqueda de su identidad

La gente joven está ocupada intentando averiguar quiénes son y dónde encajan en el mundo. Esta búsqueda de identidad se refleja en la experimentación, con diferentes estilos, música, arte o grupos de amigos. A medida que van creciendo, su identidad va fortaleciéndose y lograremos intuir qué clase de adulto va a ser.

También buscan más independencia, y más responsabilidad, por ello, es posible que no quiera que le vean con sus padres y reclame más autonomía.

En su afán de experimentar y conocer el mundo es posible que busquen nuevas experiencias, incluso arriesgadas. Los jóvenes suele tener un sentido de invulnerabilidad, es decir, no son conscientes del riesgo, ni de comprender del todo las consecuencias de sus actos. Esto junto con un control de impulsos todavía en desarrollo, puede dar lugar a conductas de riesgo, donde el alcohol, drogas y actividades sexuales de riesgo puede dar lugar a consecuencias indeseadas.

En muchos aspectos, los adolescentes son como adultos, sin embargo, su cerebro todavía está en desarrollo, y no terminará de alcanzar la madurez hasta la mitad de la veintena.

Tu hijo va a comenzar a pensar sobre lo que está “bien” y lo que está “mal”. Y comenzará a desarrollar un mayor sentido de sus valores y morales personales.

2. Desarrollo emocional

El desarrollo cerebral permite que los adolescentes comiencen a sentir emociones más complejas e intensas que cuando eran niños. Pero todavía no han aprendido a gestionarlas, haciendo impredecibles sus altibajos emocionales.

También, la influencia de su grupo de iguales también llega al ámbito emocional, haciendo que su estado de ánimo dependa mucho de sus relaciones e interacciones sociales.

También es posible que se vuelva más sensible a las emociones de sus padres, y de otras personas. Ya que todavía está aprendiendo a comprender las emociones de los demás, es posible que malinterprete expresiones faciales y lenguaje corporal.

Es posible que tu hijo sea más consciente de sí mismo, especialmente en la apariencia. La autoestima de los adolescentes es, a menudo afectada por su físico y cómo otros les ven y es posible que se compare con sus iguales o figuras de referencia. Por ello, son muy sensibles a cómo los medios de comunicación tratan a los diferentes tipos de cuerpos.

cambios de la adolescencia

Todas estas dificultades emocionales aumentan el riesgo de sufrir trastornos psicológicos como la depresión en adolescentes, trastornos de la conducta alimentaria como la bulimia o la anorexia nerviosa, o trastornos de la imagen corporal como la dismorfofobia o trastorno dismórfico corporal.

Descubre aquí medidas de prevención de los trastornos alimentarios.

3. Desarrollo cognitivo

Otro de los cambios en la adolescencia es en el desarrollo cognitivo, que trae consigo la capacidad de pensar de forma abstracta, interesándose por temas como la filosofía, la política y temas sociales.

También son capaces de pensar a largo plazo, desarrollando su habilidad para posponer recompensas. También son capaces de establecer sus propios objetivos.

En el siguiente vídeo David Bueno nos explica cómo funciona el cerebro de los adolescentes.

¿Cómo manejar los cambios psicológicos de la adolescencia? Mini guía de autocuidado para jóvenes

La vida de los adolescentes cada vez más está marcada por el estrés, la ansiedad, la baja autoestima, la emocionalidad… A los cambios en la adolescencia tienen que sumarles la exigencia académica. Si bien es cierto que si tenemos mucho malestar y no somos capaces de seguir con nuestro día es importante pedir ayuda psicológica, aquí te damos algunos consejos para que cuides de ti mismo y puedas hacer frente a las demandas que se te presentan.

1. Haz ejercicio

Oímos constantemente los beneficios de hacer ejercicio. La actividad física nos ayuda a aprender y tener mejor rendimiento escolar, ya que oxigena el cerebro y lo mantiene sano.

También se ha visto en esta revisión de 38 estudios, que sólo la actividad física puede mejorar la autoestima y el auto-concepto de niños y adolescentes.

Descubre aquí consejos para empezar a hacer ejercicio.

2. Practica la auto-compasión

¿Soy suficientemente bueno? ¿Estoy logrando algo?

¿Qué pasaría si dejáramos de juzgarnos a nosotros mismos? La autocompasión, tratarnos a nosotros con amabilidad, apertura y aceptación, es una alternativa sana al esfuerzo incesante y la orientación al rendimiento. Parece que siempre tenemos que dar lo máximo de nosotros, ser siempre productivos, ser perfectos, que cuando creemos que no los somos, nos juzgamos duramente.

Y es que la autocompasión nos proporciona gran bienestar, ya que aprendemos a aceptar nuestros defectos, a ser conscientes de que todos cometemos errores, y a tratarnos de la misma manera que tratamos a los amigos, es decir con una menor exigencia, empatía y comprensión.

3. Evita la comparación

La gran mayoría de nosotros nos comparamos con los demás. Pero los adolescentes son especialmente sensibles a cómo los otros les ven, y quiénes son en comparación con los otros.

Las redes sociales hacen más grave este problema. De hecho, algunos estudios sugieren una asociación entre las redes sociales y la depresión, ansiedad, soledad, miedo a perderse lo que está pasando, entre los adolescentes.

Analiza a las personas o cuentas a las que sigues, y reflexiona cómo te hacen sentir las publicaciones de las cuentas. Si te hacen sentir empoderado/a, inspirada/o, informado/a… genial. Pero si te hacen que critiques tu cuerpo, lo que haces, que te genere ansiedad de algún tipo, que te haga sentir que no haces suficiente, que no eres bastante productivo… te recomendamos que dejes de seguirlas. Busca ejemplos de cuentas de superación, cuentas realistas, que muestren lo bueno y lo menos bueno de nuestras vidas.

¿Qué animal es mejor, el oso o la ballena? El caso es que no son comparables, ya que cada uno tiene su hábitat, sus características únicas, sus habilidades. Lo mismo ocurre con las personas. No nos podemos comparar porque cada uno tiene su vida, sus problemas, sus dificultades… Por ello, lo más inteligente es sólo compararse con uno mismo.

Y recuerda que todo el mundo quiere mostrar una imagen positiva de sí mismos en internet, y esto no quiere decir que su vida sea perfecta, tal y como nos hacen creer.

Algunos consejos para reducir la comparación social en el ámbito escolar son los siguientes:

  • No hacer las notas públicas
  • Proveer de oportunidades para revisar y rehacer tareas.
  • Evitar etiquetar a los estudiantes.
  • Centrarse en el crecimiento individual y mejora.
  • Reconocer los pequeños éxitos.

4. Identifica y desarrolla tus habilidades

No todos tenemos por qué ser buenos en las mismas cosas, ni gustarnos lo mismo. Todos tenemos habilidades en algo.

Se consciente de tus cualidades. Busca eso en lo que eres bueno, aquello con lo que disfrutas, y explótalo al máximo.

¿No estás seguro? Habla con tu orientador, psicólogo, amigo, familiar, o también puedes realizar el Test de Fortalezas Personales de la Universidad de Pensilvania aquí.

5. Ayuda a los demás

Un estudio sugiere que ayudar a otros nos ayuda a sentirnos mejor con nosotros mismos. Los investigadores observaron que quienes eran amables y ayudaban a los demás, tenían una mayor autoestima, pero esta era aún mayor en aquellos que dirigían su generosidad hacia desconocidos.

Busca oportunidades de voluntariado en tu área, o también existe voluntariado online.

Cuando los adolescentes contribuyen a una causa mayor de forma regular, aprenden a pensar más allá de sí mismos, les ayuda a ser más positivos, empoderados y con un propósito.

6. Practica el auto-cuidado

El autocuidado consiste en encontrar tiempo para tí, para hacer lo que más te gusta, para desconectar, para darte algún capricho, para relajarte… Esto no significa ser un vago, ser indulgente o perder el tiempo. Es necesario que, sobre todo en épocas de mayor estrés y exámenes encuentres un momento para parar. De esta manera podrás retomar tus obligaciones con mejor ánimo y más descansado, de forma que estarás invirtiendo en tu rendimiento.

Intenta encontrar al día como mínimo 15 o 20 minutos para hacer algo que te ayude, esto puede ser leer, hacer ejercicio, yoga, jugar con tu mascota, darte un baño, pasar tiempo en la naturaleza, hablar con tus amigos…

Canalizar tus emociones mediante la expresión artística puede ser una buena herramienta de autocuidado y de gestión emocional.

Otra forma de autocuidado es apagar tu móvil un ratito cada día. Es difícil al principio, pero un momento de desconexión puede aportarnos una sensación de descanso y paz.

7. Aprende a relajarte

Los adolescentes están sometidos a una gran presión académica, que provoca ansiedad, depresión, frustración… Por ello, que aprendan cómo relajarse y controlar su estrés es algo fundamental si quieren superar su etapa escolar de la mejor manera posible.

Descubre aquí técnicas de relajación, técnicas de respiración. Practicar meditación mindfulness también es una herramienta eficaz.

La práctica de yoga también puede ser una buena herramienta para la ansiedad.

8. Duerme suficiente

cambios en la adolescencia

Dormir menos de lo necesario, esto es menos de 7 horas diarias, tiene consecuencias negativas para el desarrollo cerebral, las capacidades cognitivas, y el estado físico y emocional.

A veces puede no ser fácil asegurarnos mínimo 7 horas de sueño diarias, pero es importante que el sueño sea una prioridad si queremos funcionar correctamente al día siguiente y si queremos que nuestro rendimiento sea el óptimo.

¿Cómo lidiar con los cambios psicológicos en la adolescencia de nuestros hijos? Mini guía para padres

1. Edúcate

cambios de la adolescencia

Algunas conductas de los adolescentes pueden parecer extrañas o anormales, pero pueden ser manifestaciones normales de la adolescencia. Infórmate, lee libros acerca de adolescentes, habla con otros padres. Esto puede ayudarte a ser más comprensivo, empático y poner las cosas en perspectiva.

Espera cambios en el estado de ánimo y conflictos con tu adolescentes. Cuanto más sepas, mejor preparado estarás.

2. Muestra empatía

Escucha, muéstrate abierto y se empático. Intenta ponerte en el lugar de tu adolescente y escúchale desde su punto de vista. Para evitar el conflicto intenta sugerir opciones, en lugar de dar órdenes.

Ayúdale a entender que es normal estar un poco preocupado o consciente de uno mismo y que es normal sentirse adulto un minuto, y como un niño después.

3. Establece normas y expectativas claras

Los adolescentes puede que no les guste mucho oir todo lo que se espera de ellos. Pero normalmente entienden y necesitar saber que sus progenitores se preocupan lo suficiente por ellos como para esperar ciertas cosas como buenas notas, una conducta adecuada y seguir las normas de la casa. Si los padres tienen expectativas razonables, es probable que los jóvenes intenten ajustarse a ellas. Pero si no son razonables es posible que el adolescente sienta que no te preocupas por él o ella.

Analiza tus expectativas y establece unas que sean realistas. Expresa claramente qué esperas de él, qué normas hay en la casa que no son negociables, como las tareas de casa, notas, hora de llegar a casa, hora de irse a dormir…

También es razonable limitar el tiempo que pasa viendo la televisión, utilizando su móvil o internet.

Recompensa a tu hijo por ser una persona de confianza. Si realiza sus tareas, o si siempre es puntual, déjale venir a casa un poco más tarde.

Anímale a que pase tiempo con la familia pero se flexible. No te sientas insultado cuando no quiera estar todo el tiempo contigo.

4. Habla con tu hijo

Aunque tu hijo quiera buscar su independencia, sigue necesitando el apoyo de sus padres. Estate presente, pregúntale cómo está, muestra tu disposición a ayudarle, anímale a compartir lo que le preocupa, pero no le agobies.

Comparte algunas anécdotas o cómo te sentáis tu de adolescente, esto le puede ayudar a normalizar, entender lo que le pasa y sentirse comprendido.

También es importante darle recursos de educación sexual y afectiva. Aunque a ti sea al último con quien quiera compartir cierta información, proporciónale recursos e información fiable que pueda consultar, como el Centro Joven de Atención a la Sexualidad

No ignores ciertos temas, como el consumo de drogas, alcohol y tabaco. Infórmate e informa a tu hijo.

Interésate por sus amigos e intenta conocerlos, pero si ser invasivo. Si es posible intenta conocer también a sus padres, de forma que se cree una red de apoyo segura entorno a tu adolescente.

5. Conoce las señales de alarma

Por todos los cambios en la adolescencia, los jóvenes se encuentran en una posición de vulnerabilidad para sufrir ansiedad, depresión, trastornos alimentarios, también es posible que sufra bullying.

Si tu adolescente experimenta cambios muy drásticos o duraderos en su personalidad o en su conducta puede ser una señal de algo preocupante. Estáte alerta a estos signos:

  • Aumento de peso o pérdida de peso muy evidente
  • Problemas de sueño
  • Cambios rápidos y drásticos de personalidad
  • Cambio de amigos repentinos
  • Descenso de sus calificaciones escolares
  • Hablar o bromear sobre el suicidio
  • Signos de ingesta de tabaco, alcohol o drogas
  • Problemas con la ley

Comparte con tu hijo tu preocupación con sinceridad y si es necesario busca ayuda.

6. Respeta la privacidad de tu hijo

Algunos padres, de forma comprensible, tienen dificultades con esto. Puede que sientan que todo lo que tiene que ver con sus hijos es asunto suyo. Pero para ayudar a tu hijo a convertirse en un adulto, necesitarás garantizarle privacidad.

Si observas algún signo de alarma, entonces podrás invadir su privacidad hasta encontrar el problema. Pero si no, es mejor retirarse.

En otras palabras, la habitación de tu adolescente, los mensajes, emails y llamadas deben ser privadas. Tampoco esperes que comparta contigo todos sus pensamientos y actividades todo el tiempo. Está claro que por razones de seguridad los padres tienen que saber dónde van los hijos, con quién y a qué hora volverán, pero no necesitas saber todos los detalles.

Empieza con la confianza. Hazle saber que confías en él, pero si se rompe esa confianza él o ella disfrutará de menos libertades hasta que se reestablezca esa confianza.

7. Favorece un buen vínculo

Hazle sentir que es importante para ti. Sugiere actividades que ellos disfruten, para fortalecer vuestro vínculo y promover unión. Interésate por su vida, sus amigos, las cosas que le importan o que forman parte de su vida.

Ofrécele tu ayuda sin ser invasivo, pregúntale cómo está, y si no quiere abrirse, hazle saber que cuando esté listo para compartirlo estarás ahí para escucharle.