¿Cuidas a un enfermo de Alzheimer? Cómo evitar el síndrome del cuidador quemado

El otro día os hablábamos de cómo cuidar a alguien con Alzheimer. Pero igual de importante es saber cómo cuidar al cuidador no profesional. Esa persona, normalmente un familiar cercano, que se encarga del cuidado del paciente con demencia y al que no siempre prestamos la importancia que merece.

Asumir la responsabilidad de cuidar a una persona con demencia, ya sea de alzheimer u de otro tipo, supone muchos cambios en la vida del cuidador. Desde problemas para compaginar la vida laboral y el cuidado del familiar hasta aislamiento social al disponer de muy poco tiempo libre para las actividades sociales y de ocio que antes tenía. Cuidar de alguien enfermo, y que no se vale por sí mismo, es muy duro y puede resultar descorazonador, por lo que puede repercutir en nuestra salud física y psicológica. Por eso es importante que aprendamos cómo cuidar al cuidador. Si nosotros no estamos bien, física y emocionalmente, no podremos cuidar adecuadamente a nuestro familiar.

cómo cuidar al cuidador

¿Qué es el Síndrome del cuidador quemado?

Los cuidadores no profesionales no solemos disponer de la formación y recursos que disponen los cuidadores profesionales y por eso es más fácil que padezcamos el  “Síndrome del cuidador quemado”.

Cómo cuidadores a veces nos exigimos demasiado, nos cargamos con responsabilidades excesivas y nos olvidamos de nosotros mismos. Esto provoca que con el tiempo desarrollemos una serie de síntomas, tanto físicos como psicológicos, que nos alertan que algo no anda bien.

Algunos de los síntomas típicos que pueden alertarnos de que tenemos el “síndrome del cuidador quemado” son:

  • Agotamiento emocional: sensación de agotamiento permanente y de que no tenemos los recursos emocionales necesarios para afrontar la situación. Cansancio, ganas de llorar, tristeza sensación de “no poder más”.
  • Depresión: cansancio, cambios en el patrón del sueño (o dormimos más o tenemos insomnio), ansiedad, preocupación excesiva por el futuro, disminución de la autoestima…
  • Deterioro de la percepción de autoeficacia: creemos que todo lo que hacemos está mal hecho y que no lo podemos hacer mejor.
  • Despersonalización en el trato al familiar enfermo: mecanizamos el trato a nuestro familiar.
  • Aislamiento social: Retraimiento y deterioro de las relaciones interpersonales con los amigos, la familia…
  • Problemas gástricos
  • Dolores musculares

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Aceptar nuestras limitaciones

Es importante que aceptemos nuestras limitaciones. No, no podemos con todo. Cuidar de un familiar con demencia es duro, y en ocasiones puede resultar muy frustrante. Debemos aceptar que no somos supermanes y no juzgarnos si en ocasiones no sabemos que hacer y la situación se nos va de las manos. Es importante saber buscar ayuda sin sentirnos culpables.

Pedir ayuda

Por lo anterior es esencial que aprendamos a pedir ayuda a los demás.  Tanto a familiares y/o amigos, como también a los profesionales competentes. Es importante que nos informemos de las ayudas externas y los profesionales que podemos conseguir.

Pedir ayuda no siempre es fácil. Hay muchos motivos por los que los cuidadores no quieren o no se atreven a hacerlo: a veces como cuidadores no queremos trasladar la carga a los demás y nos sentimos culpables si lo hacemos, otras pensamos que nadie va a cuidar a nuestro familiar igual de bien que nosotros y a veces creemos que pedir ayuda es una muestra de debilidad y que no podemos permitirnoslo.

Tenemos que trabajar estas creencias erróneas y que repartamos las responsabilidades diarias con otros familiares y amigos, o que contratemos a un profesional que nos sustituya durante ciertos períodos del día, o durante algunas horas.

Cuando acordamos una ayuda con alguien deben quedar muy claros los límites de esa ayuda: el grado de implicación, el tiempo que se presta la ayuda, el tipo de tareas y las responsabilidades que se aceptan. También tenemos que aceptar un no por respuesta y no enfadarnos si alguien no quiere prestarnosla. Nadie está obligado a prestar ayuda, pero tú tampoco debes nada a nadie si te la prestan.

No descuidar el espacio vital

Como cuidadores hemos de disfrutar de espacios de desconexión y ocio. Hemos de dedicarnos tiempo para nosotros mismos, para hacer aquellas cosas que nos gusta hacer y que haríamos si no tuviesemos que cuidar a alguien. Es importante que aprendamos a delegar la responsabilidad para poder garantizarnos estos espacios. Por ejemplo, si solías ir a la piscina por la mañana, intenta buscar a alguien que te sustituya ese rato en el cuidado de tu familiar. Quizás no podrás ir todos los días como antes, pero asegúrate hacerlo al menos 2 o 3 días.

Evita que te invada la culpa en estos momentos, recuerda que no estás haciendo nada malo y que para cuidar bien a tu familiar es importante cuidarte a tí misma.

Mantén una actitud positiva

Es normal que tengas pensamientos negativos: que si soy egoísta porque prefiero cuidarme a mi mismo que a mi familiar, que si no lo hago yo nadie va a querer hacerlo, que si no cuido bien de mi familiar si me cuido a mí, que si no sé que estoy haciendo… etc. Trabaja con estos pensamientos negativos o creencias erróneas y no dejes que te invadan.

Intenta mantener una actitud positiva. Para ello habla de cómo te sientes con tus familiares e incluso con los profesionales de la salud que se dedican al cuidado de personas. Ellos pueden entenderte y animarte.

Evita aislarte socialmente

Es muy importante que sigas manteniendo tus relaciones sociales. No descuidar a tus amigos y familiares: mantenente en contacto con ellos y explicales cómo te sientes, sal a pasear con ellos, haz deporte…

Manejar el estrés

Los problemas de ansiedad y estrés son muy comunes en nuestra sociedad hoy en día, pero aún lo son más en las personas que cuidan a una persona dependiente. Algunas formas para controlar esté estrés son:

  • Planificarte el día a día. Por ejemplo decidir de antemano cuando salir a comprar y qué cosas necesito, con quien se queda con mi familiar en ese rato, o a quien puedo acudir
  • No anticipes acontecimientos. Resuelve los problemas que vayan surgiendo a medida que aparezcan. No los crees de antemano.
  • Intentar relativizar y tomar distancia antes de actuar, sobretodo si nos sentimos ansiosos en ese momento.
  • Incentiva la autonomía del paciente. Intenta que todo lo que pueda hacer tu familiar lo haga solo, aunque tarde más tiempo. Es decir, si todavía puede vestirse solo, deja que lo haga él solo, aunque tarde mucho tiempo. Tu familiar se sentirá más independiente y a tú tendrás una cosa menos de la que ocuparte.
  • Aprende técnicas de relajación. Hacer yoga, técnicas de respiración consciente o meditación puede ayudarte a controlar el estrés.

Controla la depresión

Si identificas alguno de los síntomas de la depresión, es importante que tomes cartas en el asunto y acudas a un profesional de salud que pueda ayudarte. Tu médico de cabecera puede guiarte y derivarte al profesional adecuado. Habla con tus familiares o gente cercana y busca apoyo entre ellos.