Depresión endógena: la tristeza que nace del interior

 

Cuando la aflicción nos invade, cuando la sensación de vacío nos engulle, solemos identificar los factores que nos llevan a ello: un despido en el trabajo, una ruptura sentimental, la muerte de un ser querido… Entendemos que la depresión es, al fin y al cabo, la reacción a una causa definida. Sin embargo, no es el caso de la depresión endógena. Surge de repente, sin razón aparente y sumiendo a quienes la sufren en un océano de desolación, apatía y agotamiento. ¿Quieres conocer más sobre este trastorno? Te contamos todo lo que necesitas saber.

¿Qué es la depresión endógena?

¿Qué es la depresión endógena?

¿Cómo se define la depresión endógena?

La depresión endógena o depresión melancólica es un subtipo de depresión que suele confundirse con la depresión mayor. Esto se debe a que comparte muchas de las características. No obstante, a diferencia de otras clases de depresión, la depresión endógena se produce por desequilibrios químicos internos. En otras palabras, pesa más el metabolismo deficiente del cerebro que los acontecimientos sociales. Los síntomas aparecen de repente, sin desencadenantes aparentes.

Este trastorno del estado de ánimo fue nombrado por primera vez por Kurt Schneider en 1920. Suele seguir un patrón estacional, aumentando su frecuencia en los meses de invierno. Además, la sintomatología tiende a ser peor por las mañanas (variación circadiana).

«Dime amigo: ¿la vida es triste o soy triste yo?» — Amado Nervo

¿Cuáles son sus síntomas?

Los síntomas de la depresión endógena son muy parecidos a los de otros tipos de depresión. La frecuencia y la intensidad dependen de cada persona.

  • Tristeza. Se trata del rasgo estrella de la depresión. En la depresión endógena, la tristeza es más desproporcionada, potente, invasiva y exagerada. Los malos recuerdos tienden a irrumpir en la mente y se percibe la realidad de modo negativo.
  • Anhedonia. Muy marcada en este subtipo de depresión, la anhedonia se refiere a la incapacidad de sentir placer y de disfrutar las cosas que antes nos gustaban.
  • Falta de energía. La fatiga y el cansancio provocan que no haya motivación, que no se tengan ganas de hacer nada. La falta de deseo sexual es una de las quejas más habituales.
  • Pasividad. La baja reacción emocional ante los acontecimientos y la falta de iniciativa son consecuencias de la depresión endógena. El afectado puede dar la impresión de que «todo le da igual».
  • Retraso psicomotor. Se produce un enlentecimiento tanto físico como mental. De pronto, hay más dificultades para moverse, andar, realizar acciones cotidianas e incluso pensar. Esto es observable por terceros.
  • Ansiedad. La mayoría de las veces el individuo no es capaz de identificar qué es lo que le pasa. Esta sensación de vacío o de «estar anestesiado» genera irascibilidad, desasosiego, angustia y nerviosismo.
  • Problemas de sueño. Por ejemplo, dificultad para dormir, despertares tempranos o exceso de sueño.
  • Problemas de alimentación. Pueden deberse a una falta de apetito o a una ingesta excesiva.
  • Problemas cognitivos. La concentración, la atención y la memoria son los grandes afectados. Además, suelen producirse distorsiones cognitivas que generan bajadas en los niveles de autoestima, autodesprecio y una fuerte sensación de culpa.
  • Dolores psicosomáticos. Por ejemplo, dolores de cabeza o musculares. No se alivian con ningún fármaco.
  • Aislamiento social. Existe un deterioro paulatino de las relaciones interpersonales, afectando también a ámbitos como el académico o el laboral.

Los pensamiento suicidas también son muy frecuentes en la depresión endógena. Hay que prestar atención a los indicios, porque el riesgo de suicidio es elevado y convertirlo en tabú no es una estrategia que ayude. Al contrario.

Depresión endógena y pensamientos suicidas

Depresión endógena y pensamientos suicidas

Causas de la depresión endógena y sus factores de riesgo

Nuestro estado de ánimo depende, en general, tanto de los sucesos cotidianos del día a día como de aquellos eventos excepcionales que nos impactan más. Cómo los afrontamos influye en cómo nos encontramos a nivel psíquico. Los acontecimientos dolorosos, la falta de apoyo, las conductas negativas propias y del entorno, entre otros, provocan el desarrollo de la depresión.

Sin embargo, en la depresión endógena no es así. Las circunstancias sociales pueden contribuir, es cierto, pero el individuo no suele presentar problemas serios. De hecho, se sienten mal y no saben realmente por qué. Y sentirse así sin una razón aparente que lo justifique además aumenta la culpabilidad, lo que empeora el estado de ánimo. Es un proceso cíclico y bastante habitual.

Así, las causas que se atribuyen a la depresión endógena son biológicas o internas, relacionadas con el funcionamiento metabólico del cerebro. Parece ser que habría dificultades a la hora de segregar o emplear la serotonina, noradenalina y otras hormonas. Los cambios estructurales del encéfalo también podrían tener algo que ver. Por ejemplo, la reducción de algunas zonas del hipocampo, región relacionada (entre otras cosas) con la regulación de las emociones.

Se cree que el factor genético es importante. Si en una familia se desarrolla la depresión endógena, es probable que también suceda en otros miembros. Así pues, y aunque no es determinante, los antecedentes familiares constituyen un potente factor de riesgo.

Aunque ya hemos visto que en este trastorno los acontecimientos externos son secundarios, es evidente que los eventos traumáticos aumentan el riesgo de desarrollarlo. Lo mismo ocurre con encontrarse en entornos desfavorecidos, estresantes, conflictivos, violentos o de abuso.

Diagnóstico diferencial de la depresión endógena

El diagnóstico de la depresión endógena es complicado. Como ya hemos visto, comparte mucha sintomatología con otros tipos de depresión. Sin embargo, predominan las características melancólicas. De esta forma, para realizar un diagnóstico diferencial de depresión endógena, el DSM-V establece:

A. Una de las características siguientes está presente durante el período más grave del episodio actual:

  1. Pérdida total de placer por todas o casi todas las actividades (no solo una disminución).
  2. Falta de reactividad a estímulos generalmente placenteros.

B. Tres (o más) de las características siguientes:

  1. Desaliento profundo, desesperación y/o mal humor (estado de ánimo vacío).
  2. Depresión que acostumbra a ser peor por la mañana.
  3. Despertar pronto por la mañana (al menos, dos horas antes de lo habitual).
  4. Notable agitación o retraso psicomotor.
  5. Anorexia o pérdida de peso importante.
  6. Culpa excesiva o inapropiada.

Tratamiento

Una vez diagnosticada la depresión endógena, existen tratamientos de eficacia demostrada ante los que los pacientes muestran respuestas favorables. El tratamiento farmacológico es posiblemente el más utilizado debido a la naturaleza biológica del trastorno.

Es importante que el tratamiento, sea la modalidad que sea, se inicie lo antes posible por el profesional de referencia. Si la depresión endógena permanece mucho tiempo sin tratar es muy posible que la recuperación sea más lenta y difícil. En algunos casos, se produce una cronificación y hablamos de depresión endógena recurrente.

El tratamiento de la depresión endógena evita que se haga crónica

El tratamiento de la depresión endógena evita que se haga crónica

Tratamiento farmacológico

El uso de antidepresivos es muy habitual en estos casos, puesto que regula el desequilibrio existente. Un ejemplo son los ISRS o ISRN (inhibidores selectivos de recaptación serotonina o noradrenalina, respectivamente). Cuando estas hormonas son liberadas en el encéfalo y realizan su función, después son recogidas otra vez por las neuronas; esto último es lo que evitan estos psicofármacos. De este modo, ambas hormonas permanecen más tiempo fuera transportando señales nerviosas. Ejemplos de estos psicofármacos son Citalopram, Paroxetina, Sertralina o Fluoxetina. Como mínimo, se necesitan entre 4 y 6 semanas (a veces, incluso más) para que la mejoría empiece a manifestarse.

Psicoterapia

  • Terapia cognitivo conductual. Es muy útil para reemplazar los pensamientos negativos y disfuncionales por otros más sanos y positivos. Aprender a reinterpretar las situaciones negativas facilitará una respuesta más adaptativa ante ellas. Además, se proporcionan herramientas de afrontamiento para situaciones futuras y evitar así posibles recaídas o suavizar la gravedad de estas.
  • Terapia interpersonal. Se centra en sanear las relaciones problemáticas que contribuyen al mantenimiento de la depresión.

Terapia electroconvulsiva (TEC)

Tan solo se aplica en aquellos pacientes de alto riesgo suicida, con síntomas psicóticos o si se necesita una intervención urgente. A través de un conjunto de electrodos colocados en la cabeza del individuo se emiten descargas eléctricas de intensidad controlada. No producen dolor (hay una sedación previa) y en todo momento se monitorizan las constantes vitales.  ¡Nada tiene que ver con las antiguas e insanas prácticas psiquiátricas!

Depresión endógena vs depresión exógena

A estas altura del artículo, ya nos podemos hacer una idea de la diferencia entre ambas tipologías. Aun así, veamos las características más destacables de cada una:

Depresión endógena (melancólica)

  • Aparece sin la necesidad de un factor externo.
  • Obedece a cambios bioquímicos en el cerebro.
  • Los niveles bajos de serotonina provocan la depresión.
  • Debido a su carácter fisiológico, puede aparecer a edades muy tempranas.

Depresión exógena (reactiva)

  • Los factores o sucesos externos son la principal causa de su aparición.
  • Está relacionada con la personalidad y los modelos de afrontamiento del individuo.
  • La depresión provoca que los niveles de serotonina bajen.
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Estrategias de autoayuda para la superación de la depresión endógena

Nos gusta recalcar que, sea cual sea el diagnóstico en salud mental, la persona que lo sufre tiene capacidad de actuación. La actividad es, frente a la pasividad, una gran alternativa para lograr resultados positivos. Supone un esfuerzo extra, pues se trata de luchar contra la química del cerebro, pero los beneficios merecen mucho la pena. Los siguientes consejos te ayudarán en el camino:

  • Sé constante con la medicación y/o la terapia. Puede que te sientas mejor que antes y pienses en abandonar porque crees que ya no las necesitas. La mejoría suele deberse precisamente a ellas, y dejarlas de lado de golpe hará que los síntomas regresen con más fuerza.
  • Cuenta con tus seres queridos. El malestar y la falta de ganas pueden hacer que se descuide la red de familiares y amigos. Sin embargo, las relaciones sanas con personas cercanas tienen un gran poder terapéutico. Su apoyo ayuda a desarrollar y regular las emociones propias, así como a comprender las de otras personas.
  • Intenta dormir, como mínimo, seis horas. Una buena higiene del sueño ayuda a paliar los síntomas de la depresión. Recuerda que factores como una mala temperatura, una iluminación excesiva o el uso del teléfono móvil contribuyen a un peor descanso.
  • Ejercicio físico. Es el comodín que siempre acierta a la hora de mejorar la salud mental. Un buen ejemplo son los ejercicios cardiovasculares regulares durante veinte minutos, tres días a la semana.
  • Mantén una dieta saludable. Ya hemos visto que la depresión endógena está causada por factores metabólicos internos. Por eso, llevar una dieta sana y equilibrada nos ayuda desde el interior. Por ejemplo, prueba a comer más pescado, verduras, frutas, y cereales, y menos alimentos ricos en grasas.
  • Evita el alcohol. Aunque nos parezca que las bebidas espirituosas funcionan como excitantes, nada más lejos de la realidad. El alcohol es un depresor del sistema nervioso central, por lo que terminará contribuyendo a que el estado de ánimo decaiga aún más. Además, interfiere gravemente con los psicofármacos. La prescripción es la misma para el resto de las drogas, sean cuales sean sus efectos.
  • Participa en actividades. Ya sea a cubierto o al aire libre, hacer cosas con las que antes disfrutábamos puede influir de manera muy positiva en nuestro estado de ánimo. Además, salir a la calle y relacionarnos con personas con las que estamos a gusto es un plus. Sabemos que al principio es difícil, pero un poco de fuerza de voluntad podría ser el comienzo de un gran día.

«Recuerda que eres más grande que tus circunstancias, eres más que cualquier cosa que te pueda ocurrir» — Anthony Robbins

Psicóloga colegiada con orientación social e inquietudes literarias, dispuesta a contribuir al desarrollo de las personas. Escritora con varios libros publicados. Madrid.