Desconfinamiento y vuelta a la normalidad: ¿Cómo hacerle frente de forma segura y equilibrada?

Desconfinamiento y vuelta a las calles
Desconfinamiento y vuelta a las calles

¿Volveremos a la normalidad? Es pronto para saberlo todavía, pero con el desconfinamiento que ahora comienza irán surgiendo nuevas situaciones que deberemos afrontar. Nuevos retos se nos presentan ahora en el horizonte: ¿Cómo volver a la normalidad sin riesgo? ¿Cómo mantener un buen equilibrio psicológico? El desconfinamiento es también una fuente de estrés aunque no lo parezca. Lo descubrimos.

Preparándonos para una progresiva vuelta a la normalidad

Las distintas Comunidades han ido estableciendo permisiones y el estado de alarma finalizará en pocas semanas. Parece que por fin nuestras vidas están recuperando algo de lo que eran. Podemos pasear sin restricciones y los comercios van reabriendo sus puertas; lo cual le da a la ciudad un aire de vitalidad que llevábamos tiempo sin ver. Se nos presentan entonces una serie de interrogantes: ¿cómo iremos afrontando cada encuentro y cada situación a medida que vayan transcurriendo los días?

Deberemos de ser capaces de controlar la espontaneidad con la que antes nos relacionábamos, y pensárnoslo dos veces antes de llevar a cabo cualquier actividad automática, pues esta podría ser peligrosa para la salud de los demás y también para la nuestra propia. No se trata de ninguna broma pesada y exige madurez, ciudadanía y respeto, para conseguir ponerse en lugar del otro. Aquel que ha sufrido la enfermedad, del que la sufre o del que desgraciadamente no ha podido superarla.

La obligatoriedad del uso de mascarillas nos da seguridad, pero… ¿A qué distancia puedo hablar? ¿Puedo volver a dar besos y abrazos o será más adecuado que reduzca mi vida social para no ponerme en peligro? Cada día surgen nuevas preguntas y debemos de sopesar nuestros comportamientos ante ellas.

Prudencia, para una vuelta sin riesgos

En el momento en el cual nos encontramos es necesario que extrememos las precauciones en cada gesto diario.

“La prudencia es el conocimiento de las cosas que deben buscarse y las que deben evitarse” Cicerón

Prevención individual para evitar la propagación

uso de mascarilla y sus efectos
¿Cómo nos afecta usar mascarilla?

Se llaman medidas preventivas porque se anticipan que algo malo pueda suceder. Los estudios realizados concluyen que la infección se transmite por el contacto con una persona infectada por estas vías: los ojos, las fosas nasales, o la boca. Las manos también juegan un papel importante en la transmisión del virus.

¿Cómo proteger a los demás de mí?

Recordando siempre que a pesar de no tener síntomas del virus si podemos transmitirlo. Extremar las medidas en el caso de haberlo padecido o de estar padeciéndolo, y seguir las indicaciones médicas de aislamiento hasta no ser un riesgo para otros. Evitar dar besos, abrazos, tocar a otros o hablar a corta distancia en la medida de lo posible; al igual que sentarse muy cerca. Respetar siempre un asiento libre entre dos personas, podría marcar la diferencia.

¿Cómo protegerme de los demás?

Puede darse el caso en el cual es el otro el que no respeta la distancia de seguridad o no lleva mascarilla. Si coincides con personas que se acercan demasiado o te hablan muy cerca, procura acordarte de respetar la distancia mínima. Si ambas lleváis protección no habrá problema, pero es mejor controlar hasta que la situación se vaya resolviendo. Estás en tu derecho de alejarte si así lo decides, o bien de decirle a esa persona que no te hable tan cerca o que se siente dejando un asiento de por medio, en el caso del transporte público o una terraza.

Recuerda que a veces no somos nosotros los que tenemos una conducta inadecuada, pero siempre podemos llevar a cabo acciones que alejen el problema. No todo es aceptable cuando es la salud la que está en juego.

¿Cómo mantener un buen equilibrio psicológico durante el desconfinamiento?

Los problemas sociales, económicos y de salud provocados por esta pandemia nos han dejado inevitables secuelas, pues son un caldo de cultivo para la preocupación y también para la ansiedad.

Las secuelas serán más graves según el nivel de afectación haya sufrido la persona y de la percepción de amenaza percibida, así como de los patrones de afrontamiento previos, junto con los que se han desarrollado a raíz de la llegada del virus. ¿Cómo mantener un sano equilibrio psicológico?

1. Actitud calmada, positiva y activa

Parece muy fácil sobre el papel, pero a la hora de la verdad, lograrlo todo al mismo tiempo es complicado. ¿Qué puede ayudar? Controlar la respiración, enfocarse en los aspectos positivos de la experiencia y mantenerse ocupado.

2. Normaliza las secuelas psicológicas

En ningún caso las desatiendas ni las minimices. Una cuarentena debido a una pandemia es algo que nunca habíamos experimentado, ante lo cual hemos tenido que adaptarnos desarrollando nuevos recursos y cada persona lo habrá hecho a su manera, en la medida de lo posible.

Es completamente normal que antes, durante o después, esta compleja situación produzca secuelas psicológicas que además, serán acumulativas. Como preocupación, nerviosismo, ira, frustración, ansiedad, depresión, trastorno obsesivo-compulsivo o hipocondría.

3. Canaliza la energía acumulada

Estrés y adaptación después de confinamiento
Estrés y adaptación después de confinamiento

La mezcla de tantas emociones puede llegar a hacerse inexpresable. No sabes si lo que sientes es miedo, es alegría, o tal vez alivio. Sal a correr, llora y libérate del dolor. Procura no pagarlo con los demás, pero tampoco lo dejes dentro de ti. Si te gusta dibujar, hazlo! Si estás sufriendo o con tristeza acumulada: exprésala.

4. Busca la conexión con otros, no te aísles

Quizás no es el mejor momento para volver a tu rutina tal y como era antes, y habrá ciertas actividades que no hayas podido retomar. Pero la conexión se puede buscar y encontrar de múltiples formas. No es bueno encerrarse en uno mismo. Descansar después de la batalla está bien, pero aislarse no.

5. Date algún capricho cuando lo necesites

Si hay cosas que te cuesta mucho trabajo hacer, recompénsate después de haberlas llevado a cabo y sentirás la satisfacción de la responsabilidad.

6. No hagas que tu vida gire en torno a este tema

No te recrees pensando siempre en el mismo tema pero tampoco te olvides de la situación de responsabilidad en la que te encuentras.

7. Controla tu alrededor sin obsesiones

La atención hacia el entorno es fundamental, así podremos evitar que ocurran cosas que no deseamos.

El sentido del humor nos ayudará a sobrellevar mejor las cosas. Cuando alguien incumpla las medidas y nos repercuta directamente, podemos expresar nuestra incomodidad si así lo deseamos.

8. No hagas de tu vida un límite

Debido a las complejas situaciones vividas y poco digeribles a nivel psicológico, es completamente normal que tu cabeza se haya protegido de mil y una formas. Una de estas formas es haber desarrollado cierta escrupulosidad en tus conductas. O bien limpiando en exceso, ahorrando en exceso o comprando muchos productos desinfectantes, pues pensabas que se iban a acabar las existencias y entonces no podrías protegerte…

9. Puesta en escena gradual

Empieza a salir durante cortos periodos para ir acostumbrándote a la socialización y al elevado número de estímulos y situaciones peligrosas con las que te vas a encontrar.

10. No será una normalidad igual a la de antes, será mejor

La nueva normalidad y desconfinamiento
La nueva normalidad y desconfinamiento

A diario estamos desarrollado nuevos recursos como la positividad, pues siempre se puede ver lo bueno tras la tormenta. Un aire de frescura en nuestras vidas. Quizás hayas aprovechado para limpiar tu casa, librarte de todo aquello que no utilizabas y que tan solo ocupaba lugar o la cuarentena te haya servido como unas mini- vacaciones para desconectar. No te estanques en el negativismo porque no será el quien te vaya a sacar las castañas del fuego.

Bendito equilibrio. Todo en su justa medida

Preocuparse lo necesario y estar informado, para poder actuar de forma equilibrada ante las diferentes situaciones que se nos vayan presentando. Porque cada uno es el único responsable. Un término medio entre la obsesión por el contagio y la negación de “esto nunca ha sucedido”, es lo más saludable.

A continuación, dos mecanismos de afrontamiento que sería mejor intentar evitar durante el desconfinamiento:

Obsesión

La obsesión se produce cuando un pensamiento es recurrente y se queda fijado, de tal forma que no puedes deshacerte de él. Le prestas demasiada atención a eso que te preocupa y al final invade tu tiempo y tu vida. Disminuyendo su calidad.

Negación

La realidad es dura y molesta en ocasiones, y negar algún aspecto de la pandemia o esta en si misma, es engañarnos.

Ambas actitudes son perjudiciales pues impiden aceptar con madurez la situación y tomar las medidas oportunas con respecto a todas aquellas acciones -con las que puedo colaborar a que la situación mejore-, evitando perjudicar a otros.

¿Cómo te puedes proteger o proteger a otros si no aceptas lo que en realidad está ocurriendo? ¿Cómo ayudarte a ti mismo si te obsesionas con que la gente no te contagie y prefieres no relacionarte para evitarlo?

No podemos evitar enfrentarnos con la realidad. Nos atañe tan directamente que hacerse el sueco ahora no parece ser la mejor solución para mantener una buena salud mental. Aceptando lo sucedido tendremos mucho ganado y relativizando mediante el sentido del humor, también.

Me estresa la vuelta a la normalidad: De la seguridad del hogar a la socialización progresiva

Ahora nos veremos obligados a socializar lo queramos o no, y parece que nos hemos desacostumbrado. Esto puede ser una fuente de estrés. Nos habíamos acostumbrado a un tipo de vida calmado, relajante, sin apenas contacto social y es posible que en algunos casos, retomar la vida social así de repente, nos genere mucho estrés. ¡Con lo bien que estaba yo!

El llamado “síndrome de la cabaña” puede habernos pasado factura y lo que antes era habitual, como salir a tomar un café o quedar con amigos, ahora puede convertirse en un inconveniente. La seguridad del hogar frente al ancho mundo. ¿A quién le apetece exponerse ahora? Es lógico este miedo al contagio, ya que se trata de un peligro real, pero una excesiva reclusión no es sana.

Si nos pasa esto podemos intentar ponernos retos diarios u obligaciones: salir todos los días, rodearnos de un entorno agradable que nos transmita sensaciones positivas -como un parque-, hará más llevadera la experiencia y así, no nos costará tanto volver al mismo lugar al día siguiente.

Hablar con las personas nos resultará muy extraño al principio, pues habremos perdido la espontaneidad al tener tanto tiempo para nosotros mismos y tan poco para los demás, en estos últimos meses. Parece como si hubiéramos desaprendido las normas sociales. Solo necesitamos una nueva y progresiva adaptación.

La vuelta a la normalidad ya es una realidad y nuestro hogar no podrá resguardarnos eternamente de todo aquello que nos preocupa.