Completa guía sobre el duelo: Qué es, fases, síntomas, tipos, consejos…

 

Cuando perdemos un ser querido nos pueden asaltar todo tipo de sentimientos y emociones negativas. El duelo es un proceso normal ante la pérdida de algo importante para nosotros. Pero hay momentos en los que se puede complicar, haciéndonos difícil continuar con nuestra vida. Descubre aquí una guía útil: Qué es, sus características, cuáles son las etapas y fases del duelo, síntomas y manifestaciones, tipos, diagnóstico del duelo patológico, consejos para superar o sobrellevar el duelo.   

Duelo una completa guía

Duelo una completa guía

¿Qué es el duelo?: Concepto de duelo

¿Qué es el duelo? El duelo puede definirse como “una reacción emocional ante la pérdida de algo que es importante para nosotros”. Es una reacción normal y necesaria, en la que la persona tiene que adaptarse a vivir sin eso que ha perdido. Puede ser la muerte de un ser querido, la ruptura de una relación, la pérdida de un trabajo… El duelo también puede surgir ante cambios vitales importantes como una enfermedad crónica, o la pérdida de alguna función biológica o física.

Cada persona afronta la pérdida de un ser querido de forma diferente. El duelo es un proceso necesario ante cualquier pérdida. Si entiendes tus emociones, tienes apoyo de quienes te quieren y cuidas de ti mismo, puedes superarlo.

Características

  • El duelo implica en un primer momento una negación emocional de la pérdida. Se niega la irrecuperabilidad de la persona perdida.
  • Aparecen expresiones de rabia, tristeza profunda y síntomas depresivos.
  • Aparece la necesidad de restablecer algún tipo de relación interna con el fallecido.
  • Se interrumpe la rutina, las costumbres y actividades habituales.
  • Aparece la necesidad reestructurar las creencias y actitudes ante la vida.

Descubre más acerca del proceso de duelo en el siguiente vídeo:

Etapas del duelo

Las siguientes etapas del duelo fueron propuestas por John Bowlby, psicólogo y psiquiatra británico, mucho antes del conocido modelo de 5 etapas de Kubler-Ross. Bowlby fue conocido por su teoría del apego. Este aplicó lo que sabía acerca del apego al duelo.

Fase 1: Desconcierto, aturdimiento, embotellamiento

Esta etapa del duelo suele ser breve (horas, días), y funciona como un mecanismo de defensa. Implica un shock de irrealidad. Aparece la sensación de no sentir, de no pensar. También aparece estrés físico durante esta fase, que puede resultar en síntomas somáticos. Las verbalizaciones más frecuentes son “Esto es imposible”, “Esto no puede estar pasando”, “Seguro que es un error”. Se niega lo ocurrido como una forma de darnos más tiempo para ir procesando la pérdida.

Si no progresamos hacia la siguiente fase nos va a costar mucho aceptar y entender nuestras emociones, así como expresarlas. Vamos a “cerrarnos” emocionalmente.

Fase 2. Tristeza profunda y anhelo-búsqueda

En esta fase ya somos conscientes del vacío que ha dejado la pérdida. El futuro que nos imaginamos ya no es posible. En esta fase del duelo buscamos el confort que solíamos tener con la persona que nos ha dejado, e intentamos llenar ese vacío de su ausencia. Puede que sintamos preocupación por la persona, y seguimos identificándonos con ella, buscando recordatorios constantes y formas de estar más cerca de ella.

Una vez que nos hemos enfrentado a la realidad aparecen emociones intensas, como pena, dolor, miedo, ira, culpa y resentimiento. Es natural sentirse frustrado e irascible. Esa ira puede dirigirse hacia uno mismo, hacia los demás, incluso hacia el ser querido por habernos abandonado. Racionalmente sabemos que no podemos culparla pero emocionalmente estamos enfadados. Y al mismo tiempo nos sentimos culpables por estar enfadados.

También es posible que nos digamos “¿Qué habría pasado si…?” “Debería haberlo hecho mejor…”, “No le cuidé lo suficiente”

Si nos estancamos en esta fase, según Bowlby, vamos a pasar nuestra vida intentado llenar ese vacío de la pérdida y teniendo en nuestra mente de forma constante a ese ser querido.

Fase 3. Desorganización-Desesperación

En esta fase del duelo se toma conciencia de la pérdida y aceptamos que todo ha cambiado y no volverá a ser como era o como nosotros imaginábamos, de lo que la pérdida implica en nuestra vida. Aparecen síntomas depresivos como la  apatía y desinterés, tristeza sostenida, soledad, fragilidad física y falta de objetivos. Se siente como si la vida nunca va a mejorar o va a volver a tener sentido sin la presencia del fallecido. Puede que incluso alejemos a los demás de nosotros.

Si no superamos esta etapa continuaremos consumidos en la tristeza, la depresión, y nuestra actitud ante la vida va a ser negativa y sin esperanza.

Fase 4. Reorganización-Recuperación

Esta es la última fase del duelo. Es cuando la fe en la vida comienza a recuperarse. En ella se acepta la realidad de la pérdida, pero reaparece la esperanza y la adaptación a la realidad, nuevos objetivos, nuevas relaciones. Poco a poco te empiezas a reconstruir y te das cuenta de que la vida puede ser positiva después de la pérdida. Se reestablece la confianza lentamente. En esta fase el duelo no se ha ido del todo, pero la pérdida retrocede a una parte escondida de la mente, donde continua influyéndonos pero no está en la primera línea.

El problema de las etapas del duelo

Estas fases no son ni lineales ni universales. Cada persona lleva su propio proceso de duelo, que puede ser diferente al de los demás. Además, tampoco es lineal, puede que no pasemos por todas las fases o que retrocedamos en alguna. Es cierto que las fases suelen ser comunes, pero en ningún caso son “obligadas”.

Por ello todavía existen muchas dudas acerca de la existencia de unas fases delimitadas del duelo. De hecho no hay evidencia alguna de que todos pasemos por estas fases. Es posible que sí, pero también es posible que nos las saltemos todas excepto una, o que las pasemos rápidamente y nos quedemos en la aceptación. También puede que repitamos o creemos etapas. De hecho, el duelo real se parece más a una montaña rusa de emociones que a una lista de etapas ordenadas.

Además, muchas personas se sienten mal o incluso se castigan a sí mismas por no estar siguiendo el proceso de etapas tal y como se enunció en el modelo, creyendo que están llevando mal el duelo. Pero lo cierto es que no hay una manera correcta o saludable de hacerlo.

Síntomas del duelo

Sintomas físicos

  • Sensación de estómago vacío
  • Falta de energía, agotamiento
  • Llanto
  • Alteraciones del sueño (insomnio o sueño excesivo)
  • Inapetencia, pérdida de peso
  • Opresión en el pecho
  • Pérdida del deseo sexual

Síntomas psicológicos

  • Extrañeza ante el mundo habitual
  • Incredulidad
  • Irritabilidad
  • Confusión
  • Alucinaciones relacionadas con la pérdida
  • Preocupación por lo que se ha perdido
  • Pérdida de ilusión, desinterés
  • Culpa y reproche (por los fallos con esa persona, por retomar la alegría)
  • Ansiedad
  • Rabia hacia los médicos, Dios, familiares…
  • Alivio, liberación
  • Sentimiento de abandono
  • Soledad ante fechas señaladas

Manifestaciones del duelo

Manifestaciones espirituales

  • Conciencia de la propia limitación
  • Pérdida de sensación de ser inmortales
  • Búsqueda de Dios, en forma de resentimiento, indiferencia o confianza.
  • Búsqueda del sentido de la vida

Manifestaciones sociales

  • Resentimiento hacia la realidad social (todo continúa alegremente)
  • Sentimiento de aislamiento
  • Se elabora una nueva identidad y se asumen nuevos roles sociales

¿Que puede influir en el proceso de duelo?

No todos los duelos son iguales. Hay diversos factores que pueden determinar la gravedad del duelo y su complicación.

  • La cercanía con la persona fallecida. Obviamente la tristeza será mayor cuanto más cercana sea la persona a la que hemos perdido.
  • El tipo de relación con la persona fallecida. Hay más riesgo de complicación si la relación es ambivalente o dependiente. Es decir, que la relación sea cercana pero conflictiva. Esto puede disparar sentimientos de culpa por no haber hecho determinadas cosas o no haber mejorado la relación de alguna manera.
  • Poco apoyo social. Una baja cohesión familiar o la imposibilidad de expresar las emociones va a dificultar el proceso de duelo.
  • Si ha habido preparación o no. En procesos de enfermedad crónica las personas pueden ir preparándose ante la pérdida, de forma que luego el duelo suele ser algo más llevadero. Mientras que si la muerte es repentina, puede ser más difícil.
  • Las creencias religiosas. La religiosidad, la creencia en Dios, en el alma y en un lugar en el “más allá” puede ayudarnos a enfrentar la muerte. La cultura también puede influir en cómo vemos la muerte.
  • Problemas psicológicos previos. Tener ya problemas o trastornos psicológicos en el momento de la pérdida puede suponer un factor de riesgo para el duelo complicado.

Tipos de duelo

  • Duelo retardado: Tiene las características de un duelo normal pero aparece varios meses después del fallecimiento. Esto puede deberse a que durante esos meses se han suprimido las reacciones emocionales del duelo, por circunstancias como presiones familiares, laborales…
  • Duelo ausente: No aparece ninguna reacción emocional, como si no hubiera pasado nada. Esto sucede por un proceso de negación debido a lo traumático de la pérdida.
  • Duelo crónico: Es un duelo que se extiende mucho en el tiempo, con síntomas ansiosos, depresivos, preocupación continua y obsesiva por el fallecido. Si no se trata puede derivar en depresión, abuso de sustancias, autolesiones o incluso suicidio.
  • Duelo inhibido: Incapacidad para expresar claramente la tristeza y la pena, debido a limitaciones personales o sociales. Estas emociones es posible que se canalicen a través de manifestaciones físicas, como dolores de cabeza, problemas digestivos, enfermedades…
  • Duelo desautorizado: Ocurre cuando el entorno no legitima la expresión de la tristeza. Puede que los demás minimicen la importancia de la pérdida. Esto puede ocurrir con la muerte de mascotas, de amigos, o de nuestra pareja (especialmente si la relación con ella se había deteriorado o nos trataba mal).
  • Duelo acumulativo: Esto sucede cuando se producen varias pérdidas en periodo de tiempo corto. La persona no tiene tiempo de procesar una muerte, y se sucede otra.

¿Qué es el duelo patológico?

Aunque va a depender mucho de la persona, un duelo normal suele durar entre 3 y 6 meses. Sin embargo, puede haber personas que necesiten más tiempo. El tiempo que necesites en “sanar” va a depender mucho de tus características de personalidad, de tu red de apoyo, tu edad, tus creencias…

El duelo comienza a ser problemático cuando la persona que lo sufre se ha estancado en el proceso de duelo y no consigue pasar a la siguiente fase. Sigue sintiendo un profundo dolor emocional que no cesa. En estos casos es posible que estemos ante un caso de duelo patológico.

Diagnóstico del duelo

No existe un diagnóstico consensuado de duelo patológico pero se han propuesto una serie de criterios:

Criterio A

Estrés por la separación afectiva que conlleva la muerte. Para ello se han de presentar cada día o de forma muy intensa 3 de los 4 síntomas siguientes:

  1. Aparición de pensamientos intrusivos y repetitivos acerca del fallecido
  2. Añoranza (recordar su ausencia con enorme y profunda tristeza) del fallecido
  3. Búsqueda (aún sabiendo que ha muerto) del fallecido
  4. Sentimientos de soledad debido al fallecimiento

Criterio B

Estrés por el trauma psicológico que supone la pérdida (4 de los 8 síntomas)

  1. Ausencia de metas y/o tener la sensación de que todo es inútil respecto al futuro
  2. Sensación subjetiva de frialdad, indiferencia o ausencia de respuesta emocional (bloqueo emocional)
  3. Dificultad de aceptar la realidad de la muerte
  4. Sentimientos de vacío y de que la vida carece de sentido
  5. Sentir que una parte de si mismo ha muerto también
  6. Asumir síntomas y conductas poco adecuadas del fallecido o relacionadas con él
  7. Excesiva irritabilidad, amargura, y/o enfado en relación con la muerte
  8. Alteraciones en la manera de ver e interpretar el mundo

Criterio C

Duración de los síntomas de al menos 6 meses

Criterio D

Deterioro en la vida social, laboral u otras áreas significativas…

Todo esto significa que para que se considere un duelo patológico o complicado tienen que darse todos los criterios. Es decir, no hablaremos de duelo complicado si no se produce un deterioro en la vida social, laboral… Esas áreas deben estar afectadas. Si la persona puede seguir con su vida razonablemente bien aunque siga teniendo pena, no se consideraría complicado.

En cualquier caso va a depender mucho de la persona y la situación, por ello es necesario hacer una buena evaluación primero, para no patologizar innecesariamente el duelo, ya que es algo inevitable y natural en la vida de las personas.

¿Cuándo buscamos ayuda?

Siempre es bueno contar con personas cercanas que nos ayuden a sobrellevar el duelo, en las que podamos apoyarnos en momentos bajos. Y la ayuda profesional la puedes solicitar en cualquier caso, será como un bastón, una ayuda para llevar tu duelo más fácilmente. Pero es especialmente recomendable buscar ayuda cuando sentimos que no mejoramos, que la tristeza no nos abandona.

Duelo

En el duelo, no temas en pedir ayuda

Busca ayuda profesional cuando:

  • Tienes problemas para mantener tu rutina diaria, ir al trabajo, realizar las tareas del hogar…
  • Sentimientos de depresión
  • Autolesiones o pensamientos de que la vida no merece la pena ser vivida
  • Incapacidad de dejar de culparte a ti mismo

¿Cómo superar el duelo?

A veces no sabemos bien cómo afrontar la muerte de un ser querido. Por ello, aquí te damos una serie de consejos y técnicas para trabajar el duelo que pueden ayudarte.

  • Evita maneja tus emociones por medio de drogas, alcohol, la comida, o el trabajo. Son formas de alejarte de tus emociones, evitar enfrentarte a la tristeza de la pérdida, y no te van a ayudar a sentirte mejor a largo plazo.
  • Date tiempo. No te presiones. No pienses “ya debería haber superado esto”. Cada uno tiene su tiempo y su proceso. Acepta tus sentimientos.
  • Habla con otras personas. Pasa tiempo con tus seres queridos, familiares y amigos. A veces lo que necesitamos es un abrazo. No tengas miedo de pedirlo. El aislamiento es muy perjudicial en estos momentos vulnerables, y puede acentúar los síntomas depresivos.
  • Cuídate. Haz ejercicio, duerme y come bien. A veces establecerse en una rutina nos puede ayudar a retomar nuestra vida. Es importante no descuidarnos, porque esto puede empeorar nuestro proceso de duelo.
  • Retoma tus hobbies. Si tras la pérdida has dejado de lado aquellas actividades o aficiones que proporcionaban felicidad, retómalas. Esto va a ayudarte a mejorar tu estado de ánimo, te aporta bienestar y te mantiene activo y motivado.
  • Únete a un grupo de apoyo. Habla con otras personas que estén pasando por un duelo. Compartir experiencias y conectar con otros puede ayudarte mucho también.
  • Evita dejar la habitación o las pertenencias del fallecido tal y como las dejó. Dejar su habitación como un mausoleo puede frenar el proceso de aceptación de la pérdida. Para recordar a la persona puedes dejar fotos o algún objeto personal. Deshazte o dona sus cosas. Avanza, muévete hacia adelante y no permitas que la pérdida te ancle en el pasado.
  • No realices cambios radicales en tu estilo de vida. A veces las personas creen que “rompiendo con todo” y evitando lo relacionado con la persona fallecida van a superar mejor la pérdida. Sin embargo estos cambios radicales en la vida suponen una evitación emocional. No pasa nada por cambiar y evolucionar pero esto debe ser paulatino. Debes poder “digerir” tus emociones.
  • Cultiva tu autoestima y confianza en tí mismo. A veces, si hemos dependido mucho del ser querido que hemos perdido nos sentimos inútiles y desvalidos. Nuestra autoestima puede verse perjudicada. No te olvides de mejorar tu autoestima.

 

Psicóloga en continua formación. Apasionada de la sexología y la intervención psicológica. Deseosa de mejorar la calidad de vida de las personas mediante la práctica clínica y la comunicación a través de la red.

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