Fuga disociativa: síntomas, causas y tratamiento

Imagina que un día despiertas en un lugar que no conoces. Presa de la confusión, sales a la calle y descubres que el vecindario no te resulta familiar, que ni siquiera te encuentras en tu ciudad. Decides preguntar a tu vecino y te responde que vives en esa casa desde hace un tiempo. ¡Incluso te llama por un nombre que no es el tuyo! ¿Acaso eres víctima de una extraña locura? No. Probablemente hayas tenido un episodio de fuga disociativa. Te contamos en qué consiste.

¿En qué consiste la fuga disociativa?
¿En qué consiste la fuga disociativa?

¿Qué es la fuga disociativa?

Comenzamos con la definición de disociación, entendida como la separación de procesos mentales que normalmente están integrados, como la memoria, las emociones, los pensamientos, el concepto de identidad, etc.

La fuga disociativa o estado de fuga, es una alteración mental que pertenece a los trastornos disociativos. En concreto, es una condición de amnesia disociativa (incapacidad para recordar información personal importante a raíz de un suceso traumático).

La fuga disociativa se caracteriza por perder temporalmente la identidad personal y viajar de forma inesperada lejos del entorno cotidiano. Durante estos viajes, la persona no puede recordar su pasado (amnesia retrógrada). Puede durar horas, días, semanas, meses y, a veces, años.

Prevalencia del estado de fuga

Se trata de una afección muy poco habitual, estimada en un 0,2% de la población general adulta. Sin embargo, y como veremos, el porcentaje aumenta en situaciones traumáticas.

Síntomas de la fuga disociativa

Durante el episodio de fuga

A pesar de no recordar el pasado, la apariencia y el comportamiento del individuo no indican nada fuera de lo normal. Si acaso, presentan una pequeña confusión que no es remarcable. Así, no se evidencian signos de alteración cognitiva ni de trastorno mental. Es muy frecuente que, ante la incapacidad de recuerdo, se asuma una nueva identidad.

Finalizado el episodio de fuga

La persona de pronto se descubre en un lugar extraño. No recuerda cómo llegó allí ni tampoco lo que ha hecho durante todo ese tiempo.

En la mayoría de la ocasiones, termina recuperando tanto la memoria como su anterior identidad. El regreso de los recuerdos puede ser repentino o gradual. En algunos casos, puede que la persona no vuelva a recordar ciertos puntos de su pasado. Un porcentaje muy bajo nunca llega a recordar casi nada de esa vida anterior.

También puede ocurrir que, tras la recuperación, se olvide todo lo relativo al episodio de fuga. Es decir, que se olvide la identidad nueva que se ha adoptado durante todo este tiempo.

Consecuencias del estado de fuga

Experimentar un episodio de fuga disociativa suele generar un fuerte malestar. En el transcurso de este, a causa de las lagunas de memoria que hacen perder el propio pasado y la identidad. Y, cuando se recupera la memoria, por sentimientos de culpabilidad, irritabilidad, impulsividad, desapego emocional, enfado, vergüenza o miedo. En los casos más graves, puede aparecer ansiedad, depresión e intentos de suicidio. Además, el individuo debe enfrentarse otra vez al recuerdo de aquello que le provocó el estado de fuga.

Por otra parte, afecta seriamente a otras áreas: familiares, sociales, ocupacionales, laborales, etc.

La mayoría de las fugas son breves, por lo que el deterioro dura poco y además no es muy grave. Por ejemplo, un pequeño retraso para llegar a algún sitio. Por el contrario, en las fugas largas las dificultades suelen ser mayores. En estas últimas, por ejemplo, podríamos pensar en un soldado que de repente no sabe dónde se encuentra ni qué está haciendo allí y actúa en consecuencia, por lo que su propio ejército podría acusarlo de deserción. O el caso de una persona que ha olvidado que está casada con hijos y a largo plazo forma otra familia sin acordarse de la anterior.

Causas de la fuga disociativa

Tal y como ocurre con la amnesia disociativa, las causas que impulsan la fuga disociativa se relacionan con acontecimientos de alto contenido estresante y traumático. Son ejemplos las guerras, las catástrofes naturales, los accidentes, las situaciones de maltrato, abusos sexuales, etc. Ante este tipo de vivencias, la psique se fracciona como mecanismo de defensa ante el dolor.

Algunas veces, las fugas representan el anhelo por cumplir un deseo encubierto, así como el único modo tolerable de escapar de una situación muy vergonzosa o de angustia intensa. Al igual que sucede en los casos de trauma, se trata de un proceso inconsciente.

Desde el punto de vista de la psicobiología, parece ser que pueden estar implicados neurotransmisores como la serotonina y la noradrenalina. Los cambios producidos en el cerebro se podrían observar en el sistema límbico y en las conexiones que este mantiene con el neocórtex.

Por tanto, al estado de fuga no se le debe considerar como una condición inventada para escapar de un acontecimiento difícil. Como estamos viendo, las repercusiones que puede acarrear son serias. Las personas que fingen perder la memoria, por el contrario, suelen dramatizar y exagerar los síntomas persiguiendo diferentes razones (por ejemplo, personales, laborales, económicas, legales, etc.).

Tipos de estado de fuga

Aunque las características serán muy parecidas entre sí, podemos distinguir tres subtipos de fuga disociativa:

Fuga clásica

El sujeto lleva a cabo un viaje a un lugar desconocido bajo los efectos de la amnesia autobiográfica. De este modo, pierde su identidad de forma total o parcial, y adopta una nueva identidad. Tanto es así, que es muy probable que llegue a establecerse en el sitio nuevo con esta identidad creada y sin conocer la anterior hasta que recupera sus recuerdos.

Amnesia de la identidad personal

Aunque la persona también sufre pérdida de la memoria autobiográfica y pérdida de la identidad, no asume una identidad nueva. Vive durante todo el período de fuga sin saber quién es.

Regreso a la etapa anterior de la antigua vida

Este subtipo se caracteriza por una amnesia que comprende desde la vida anterior al momento actual. Es decir, la persona regresa a un nivel psíquico anterior a la vida que estaba llevando antes del brote de fuga disociativa.

Tipos de amnesia asociados a la fuga disociativa

Amnesia generalizada

La persona olvida su identidad, su procedencia y su historia de vida. También olvida las habilidades que dominaba hasta el episodio. Esta clase de amnesia se asocia a traumas muy fuertes, como en el caso de los veteranos de guerra.

Amnesia localizada

La persona no recuerda un acontecimiento específico o un intervalo de tiempo con un principio y un final muy marcados.

Amnesia selectiva

La persona no recuerda una parte de cierto acontecimiento o de un intervalo de tiempo.

¿Cómo se diagnostica el estado de fuga?

Cuando una persona presenta signos claros de desorientación, puede llamar la atención de su alrededor, incluidas autoridades y médicos. Mediante una evaluación médica se comprobará si existe una confusión real acerca de su identidad o su pasado. Esta podría incluir pruebas de neuroimagen, electroencefalograma y/o análisis de sangre.

Si no se hallan otras enfermedades físicas o efectos secundarios de alguna sustancia, el afectado podrá derivarse a un especialista en salud mental (psicólogo o psiquiatra).

¿Es lo mismo la fuga disociativa que el trastorno de identidad disociativo?

Fuga disociativa vs trastorno de identidad disociativo
Fuga disociativa vs trastorno de identidad disociativo

El trastorno de identidad disociativo (anteriormente conocido como «trastorno de personalidad múltiple») se caracteriza por la alternancia entre diferentes identidades en una misma persona. Cada una de ellas podría tener su propio nombre, su propio género, su historia personal, su manera de modular la voz, etc. Estas identidades pueden ser conscientes de las demás o no, además de que pueden saber información personal importante que las demás desconocen. Además, tienden a aparecer en lugares y ocasiones que no son adecuadas debido a la cultura, religión o situación social. Las personas que sufren este trastorno suelen presentar amnesia disociativa y, con frecuencia, fuga disociativa.

Por lo tanto, mientras que el trastorno de identidad disociativo se cataloga como una enfermedad mental con sus propias características distintivas, la fuga disociativa es un estado mental alterado que puede ocurrir tanto si se padece el anterior trastorno como si no.

Tratamiento para la fuga disociativa

En ocasiones, no es posible diagnosticar la fuga disociativa hasta que no se regresa a la identidad anterior. Es en este momento cuando el afectado se da cuenta de que se halla en un lugar y unas circunstancias desconocidas, con el consecuente malestar que el descubrimiento provoca. A esto hay que sumarle el desasosiego por tener que volver a enfrentar la situación estresante.

Se ha demostrado que la aplicación de un tratamiento mientras dura el período de fuga no es de mucha utilidad, mientras que resulta esencial cuando el paciente ya ha recobrado la memoria.

La elección del tipo de tratamiento dependerá de cada persona, sus circunstancias, la gravedad de sus síntomas y la gravedad de las consecuencias. La combinación suele ser una buena opción.

Terapia psicológica

La psicoterapia es fundamental en los trastornos disociativos, por lo que es muy recomendable para el estado de fuga. Su objetivo radica en que el individuo acepte e integre el trauma que lo llevó a la escisión, así como el control de los síntomas y el desarrollo de nuevas estrategias de afrontamiento que ayuden a impedir nuevos episodios. De este modo, trabaja aspectos como la expresión emocional, comunicación de conflictos, incremento en la compresión y solución de problemas, manejo de los estados de ánimo, etc.

Dentro de la psicoterapia, la terapia cognitiva es bastante apropiada en estos casos. Está orientada a localizar y cambiar los patrones disfuncionales de pensamiento y sustituirlos por otros más adaptativos. De este modo, también cambian los sentimientos y comportamientos derivados. A esta técnica se la conoce como reestructuración cognitiva.

Otros tipos de terapia

  • Terapia de familia. Es muy importante educar a los miembros de la familia acerca de la fuga disociativa, sus causas y el reconocimiento de los síntomas. Además, si el problema que ocasionó el estado de fuga radica en la familia, se puede buscar una solución.
  • Terapia de pareja. La función es la misma que en la terapia de familia (incluso se le puede considerar un subtipo), pero orientada al compañero o compañera sentimental del o la paciente.
  • Terapias alternativas. Podrían resultar beneficiosas de forma complementaria. Desde la creatividad, permiten que el paciente examine y exprese sus pensamientos y sentimientos de un modo seguro. Además, ayudan a recuperar la sensación de autocontrol. Son ejemplos la musicoterapia y la arteterapia.
  • Terapias grupales. Funcionan como sólidos puntos de apoyo para las personas afectadas.

Hipnosis clínica

A partir de la relajación intensa, la concentración y la atención dirigida, se busca un estado alterado de la conciencia. De esta forma, se pretende indagar acerca de recuerdos, pensamientos y sentimientos que podrían encontrarse ocultos para la mente consciente. Una vez rescatados, ya se podría trabajar sobre ellos.

¡Cuidado! Es importante asegurarse de que la persona que la lleva a cabo es un especialista de la salud mental bien cualificado, pues el riesgo de creación de falsos recuerdos es elevado.

Medicamentos

No existe ningún medicamento dedicado exclusivamente a los problemas disociativos. No obstante, el médico sí puede prescribir psicofármacos que traten los síntomas asociados, como antidepresivos, ansiolíticos, antipsicóticos, etc.

¿Cuál es el pronóstico si se padece fuga disociativa?

Como hemos explicado anteriormente, la mayoría de los casos de fuga disociativa consisten en episodios breves que terminan desapareciendo solos. No obstante, si no se trata el problema que lo originó, aumentan las probabilidades de volver a pasar por lo mismo.

Fuga disociativa: ¿se puede evitar la recaída?
Fuga disociativa: ¿se puede evitar la recaída?

¿Cómo se puede evitar la recaída? Prestando atención a una nueva aparición de los síntomas, de modo que se regrese al tratamiento si fuese necesario.

En cuanto a la prevención del estado de fuga, ¿es posible? No, realmente. Pero se puede reducir mucho el riesgo mediante una intervención psicológica inmediata después de haber sufrido una experiencia muy angustiante o traumática.