Mentirosos compulsivos o mitómanos: Cómo identificarlos, cómo ayudarlos y cómo prevenirlo

 

Todos hemos mentido alguna vez, pero puede que nos hayamos encontrado con cierta persona que ha convertido la mentira en su forma de relacionarse con el mundo. Estos son los mitómanos, mentirosos patológicos o compulsivos. En este artículo te explicamos cómo son los mentirosos compulsivos y como les podemos ayudar.

Mentirosos compulsivos

Mentirosos compulsivos: ¿Qué es la mitomanía?

Más allá de cuestiones éticas o morales, la conducta de mentir no es problemática en sí misma. El problema llega cuando mentir está fuera de nuestro control, cuando necesitamos mentir continuamente para sentirnos bien. Es un tipo de conducta adictiva. Para los mentirosos compulsivos, la mentira puede ser tanto consciente como inconsciente, y lo más probable es que jamás reconozca ante los demás que mienten.

¿Qué es la mitomanía?

El mitómano, o el mentiroso compulsivo o patológico es una persona que miente, oculta o exagera la verdad de forma indiscriminada, a menudo sin obtener ningún beneficio de ello. No controlan esta conducta y no pueden dejar de realizarla, ya que se ha convertido en un hábito. Con esta conducta buscan inconscientemente obtener atención y admiración por parte de sus conocidos, mejorar su imagen ante ellos y ante sí mismos. Mienten por mentir, si evaluar estas mentiras ni sus consecuencias.

¿Por qué mienten los mentirosos compulsivos o mitómanos?

La mentira o la ocultación de la verdad son conductas que benefician al que las ejecuta. Les permite librarse de las consecuencias negativas que podrían tener alguno de sus actos. Por tanto, mentir es una conducta reforzante en sí misma. Es decir, es satisfactoria ya que con ella evitamos situaciones desagradables.

Además, el efecto negativo de mentir puede no darse, ya que es posible que no se descubra el engaño. También puede darse muy tarde, en este caso la consecuencia negativa pierde parte del valor de reducir la incidencia de la conducta, ya que inmediatamente después de mentir hemos sentido el alivio de hacerlo y el hecho de que haya un “castigo” mucho más tarde, este no va a tener la misma fuerza como si hubiera ocurrido inmediatamente después de mentir. De cualquier manera, es muy probable que la conducta se vuelva a repetir.

Además de evitar las consecuencias negativas, estas personas mienten para obtener atención y admiración. Exagerando, maquillando o inventando la realidad se mostrarán más interesantes a los demás. Sin embargo, esto solo funciona a corto plazo. Ya que, con el tiempo, las personas de su entorno se dan cuenta de las mentiras, se suelen apartar de ellos y dejan de tenerlos en cuenta.

1- Cuando los mitómanos o mentirosos compulsivos se ven en una situación complicada aparece el estrés.

2-Entonces mediante la mentira, “solucionan el problema” y el estrés se reduce, reforzando la conducta de forma doble: por un lado desaparece el sentimiento negativo de estrés y “desaparece” el problema (al menos durante un tiempo).

3- Mediante estos reforzamientos, estas “recompensas” (obtener atención y evitar sentimientos desagradables), la conducta de mentir se va instaurando poco a poco, hasta que llega un punto en que lo hacen por un mero hábito, aunque no obtengan nada con ello.

Vivir en ambientes poco sinceros también facilita las conductas mitómanas, ya que favorecen que se normalice la mentira.

Los mentirosos patológicos son personas inseguras y con baja autoestima. No tienen habiidades sociales, no saben cómo relacionarse con la gente sin mentir. No se siente suficientemente válidos o interesantes y por ello modifican la realidad para hacerse mejores a ojos de los demás u ocultar sus defectos.

Son adictos a mentir, la conducta ha llegado a niveles de dependencia. No pueden dejar de mentir aunque quieran, si no lo hacen se sienten indefensos. Además, con el tiempo las mentiras se hacen más grandes y evidentes.

Mentirosos compulsivos

Mentirosos compulsivos: ¿Por qué mienten?

¿Cómo reconocer a un mentiroso compulsivo o patológico?

El mitómano o mentiroso compulsivo no es ese amigo un poco fantasmón que exagera la realidad de vez en cuando. El mitómano o mentiroso patológico es un adicto a la mentira, miente continuamente, es un hábito.

Las mentiras las descubriremos por su incongruencia o improbabilidad, pero no por la actitud del mentiroso al decirlas, ya que lo tienen tan normalizado que no se pondrán nerviosos ni dudarán al hacerlo. Más bien serán muy inexpresivos, controlarán muy bien sus gestos. Si aparece el nerviosismo no estaremos ante un mitómano.

Estas personas no mienten para obtener unos beneficios determinados o evitar algo incómodo, a pesar de que es probable que el hábito haya comenzado así (y de la búsqueda inconsciente de aprobación). Lo hacen de forma sistemática, sin ninguna razón evidente. Por tanto, si vemos que hay alguna razón obvia o clara para esa mentira, no es probable que sea un mentiroso patológico.

 

Mentirosos compulsivos

¿Cómo saber si es un mentiroso compulsivo?

¿Cómo ayudar a un mentiroso patológico?

¿Cómo podemos ayudar a estas personas que mienten de forma compulsiva? Pues no es fácil, porque no reconocen su patología. Es inútil tratar de cambiarlos o llevarlos al psicólogo directamente, porque si no lo reconocen no van a querer tratarse.

Es importante transmitirles que conocemos su problema y hacerles saber cómo mejoraría su calidad de vida si no lo tuvieran, las cosas que se están perdiendo y las personas que se están alejando de él por culpa de la mentira. Así serán más conscientes y les ayudará a dar el paso a buscar ayuda profesional. Ante todo no obligarles a ello.

¿Cómo prevenimos la mitomanía en nuestros hijos?

Este trastorno suele aparecer en la adolescencia. Por ello es importante educar bien a nuestros hijos y transmitirles buenos valores.

Ante todo tenemos que cultivar su autoestima, cuidar las palabras que comunicamos a nuestros hijos, enfatizar sus cualidades, felicitarles cuando hacen bien las cosas y no machacarles o humillarles cuando no consiguen lo que esperamos.

Hay que transmitirles las diferencias entre la verdad y la mentira, las consecuencias positivas de la primera, y las negativas de la segunda. Por supuesto, tenemos que predicar con el ejemplo, no mentirles a ellos ni consentir sus mentiras o las otras personas y transmitirles cuanto nos desagrada eso. Así aprenderán a que las mentiras tienen consecuencias y será menos probable que las repitan en el futuro.

 

 

Psicóloga General Sanitaria y sexóloga. Deseosa de mejorar la calidad de vida de las personas mediante la práctica clínica y la comunicación a través de la red.

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