Quimioterapia: efectos psicológicos secundarios y estrategias de afrontamiento

 

Recibir un diagnóstico de cáncer siempre es un golpe duro. Seguir su tratamiento tampoco es fácil. Cada vez que se habla de quimioterapia, tendemos a pensar en sus efectos físicos secundarios, pero ¿sabías que existen abundantes efectos psicológicos? ¿Qué es la quimioneblina? ¿Y qué estrategias podemos seguir para sobrellevar mejor la enfermedad y el tratamiento? Esta guía completa te dará las respuestas que necesitas.

¿Qué es la quimioterapia? ¿Cuáles son sus efectos psicológicos secundarios?
¿Qué es la quimioterapia? ¿Cuáles son sus efectos psicológicos secundarios?

¿Qué es la quimioterapia?

Entendemos por cáncer aquellas enfermedades que causan el desarrollo de células anormales: se reproducen, crecen y se reparten sin control en cualquier lugar del cuerpo. Pueden llegar a sustituir a los tejidos normales.

La quimioterapia es un tipo de tratamiento contra el cáncer que emplea ciertos fármacos para frenar o enlentecer el desarrollo de las células cancerosas. Su objetivo es tanto curativo como paliativo.

Sus formas de administración más comunes son la oral (líquido, cápsulas, tabletas), inyecciones subcutáneas, intravenosas, intraarteriales, intratectales (entre el cerebro y la médula espinal) o intraperitoneales (en la cavidad de los órganos intestinales), y tópica (cremas).

Efectos físicos de la quimioterapia

Los diferentes efectos físicos de este tratamiento dependerán del paciente, tanto de su estado de salud como del tiempo total de quimioterapia. Los más comunes son: alopecia, náuseas, infecciones, anemia, sangrados, cambios en el apetito y/o el peso, problemas intestinales, cambios en el sistema nervioso, cambios en la piel y/o uñas, cambios hormonales, cambios urinarios, dolor, infertilidad, etc.

Efectos psicológicos de la quimioterapia

Ansiedad

Cuando se presenta un diagnóstico de cáncer, la ansiedad es uno de los primero efectos que aparecen. Es totalmente normal que los niveles de estrés aumenten ante la noticia de una amenaza. Este estado puede extenderse también durante el tratamiento.

Se ha visto que el 48% muestra niveles excesivos de ansiedad, y hasta el 18% presenta algún trastorno de ansiedad. El riesgo de desarrollar estos últimos aumenta cuando escasea el apoyo social (punto que veremos más adelante), cuando la enfermedad va avanzando, cuando existen desórdenes de ansiedad anteriores, etc. Los miedos que se generan también causan mucho sufrimiento mental. Suelen afectar a la calidad de vida y a la disposición de continuar con la quimioterapia.

En ocasiones, puede aparecer el trastorno de estrés postraumático (TEPT). Su desarrollo está relacionado con un acontecimiento terrible o potencialmente mortal. En este caso, el diagnóstico de cáncer y la quimioterapia.

Depresión

La incidencia de la depresión en los pacientes con cáncer es mayor que en el resto de la población. De todas las variantes, la depresión mayor es la más destacable en estos pacientes.

Se cree que los afectados que llegan a desarrollar depresión se encuentran entre un 16% y un 25%. De estos, un 35% no recibe tratamiento, pues no se les reconocen los síntomas. ¿Y qué factores aumentan el riesgo de padecer este trastorno? Escasez de apoyo social, estrés psicológico, determinados tipos de cáncer, reacción a la quimioterapia, etc.

Además, la depresión puede interferir en la recuperación (que será más lenta), así como en la toma de decisiones sobre el tratamiento (que será menos efectivo). También aumenta el riesgo de muerte del paciente y las probabilidades de suicidio. Debemos prestar especial atención a este último punto para tomar las medidas necesarias para evitarlo.

Quimioneblina

La quimioneblina, también denominada quimiocerebro, es un efecto poco conocido pero bastante habitual. Se trata de un deterioro cognitivo asociado al tratamiento con quimioterapia.

Su comienzo, efectos y duración pueden variar de una persona a otra, influyendo en diferentes grados en la calidad de vida. La quimioneblina suele durar poco tiempo en la mayoría de los pacientes, mientras que a algunos les afecta a largo plazo.

Quienes lo padecen se dan cuenta de estas dificultades, pero no siempre lo comunican. Si estos efectos son muy tenues puede que su entorno ni siquiera se dé cuenta. Esto puede llevar al aislamiento social por temor a exponer sus nuevas carencias.

¿Cómo se manifiesta la quimioneblina?

  • Problemas de concentración y atención.
  • Lapsus de memoria (palabras comunes, nombres, fechas, acontecimientos, etc.).
  • Dificultades para hacer varias cosas a la vez.
  • Lentitud en el razonamiento y procesamiento de la información.
  • Dificultades para nuevos aprendizajes.
  • Disminución de la comprensión lectora.
  • Problemas de funcionamiento psicomotor.
  • Desorganización cognitiva.

Factores que causan o empeoran la quimioneblina

  • El propio cáncer.
  • Medicamentos utilizados en el tratamiento.
  • Dosis altas del tratamiento.
  • Anestesias y cirugías.
  • Infecciones.
  • Cambios o tratamientos hormonales.
  • Mala nutrición.
  • Edad del paciente.
  • Insomnio.
  • Fatiga.
  • Depresión.
  • Presión emocional (estrés, ansiedad, excesiva preocupación, etc.).

Negatividad

Uno de los sentimientos más frecuentes es la incertidumbre, pues no tienen muy claro qué sucederá a partir de que comiencen su quimioterapia. Normalmente, esto va acompañado de negatividad.

No se debe alimentar la idea de que, si no expresamos las emociones negativas, estas desaparecerán. No solo no es así, sino que irán mermando poco a poco la moral de la persona. Exteriorizar los sentimientos negativos puede ayudar a liberar tensiones y estrés. ¡Ojo! Anclarnos a ellos tampoco es bueno. Se debe encontrar un equilibrio, buscar el modo de seguir adelante a pesar de que estén ahí.

Ira y miedo

Es muy posible que los pacientes sientan ira y/o miedo, reacciones naturales relacionadas con la incertidumbre de la que hablábamos. Si se intentan reprimir, pueden aparecer otros problemas como la desmotivación, el agotamiento, la desesperanza e incluso la depresión.

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Confusión

La nueva situación con respecto a la enfermedad y al tratamiento puede causar estados de confusión. Por ejemplo, durante la aplicación de la quimioterapia o por la noche. En estos casos, ayuda mucho que los pacientes estén acompañados por personas de confianza.

¿Cómo podemos identificar un episodio de confusión? Por pausas prolongadas al hablar, dificultades para mantener la atención, desorientación, discurso desorganizado, cambios emocionales bruscos, olvidos habituales, etc.

Imagen corporal

La sexualidad puede ser relevante para la identidad personal. Los cambios de imagen corporal pueden influir de un modo negativo en los impulsos sexuales y en las relaciones íntimas. Esto se acentúa con los cánceres y/o tratamientos que afectan al aparato reproductor (útero, ovarios, testículos, próstata, etc.). Pueden provocar que los afectados y afectadas cuestionen su identidad sexual, que socialmente los cataloga como «mujer» u «hombre».

Un problema muy común que sienten los afectados es no recibir suficientes datos por parte de los profesionales de la salud. Es decir, los doctores abordan temas funcionales como la menopausia, la disfunción eréctil, la fertilidad, etc., pero no plantean información sobre la falta de deseo sexual o la intimidad. Es importante que los pacientes sepan que es normal sentir dudas de naturaleza sexual.

Una buena comunicación con la pareja sentimental es esencial para aliviar el malestar producido por estas cuestiones, así como para mantener la autoimagen y la identidad. La consulta médica o psicológica también es recomendable en el caso de resultar necesario.

Apoyo social

La red de apoyo social de una persona está formada por los integrantes de su familia y sus amigos. En ocasiones, también incluye a terapeutas y/o miembros de grupos de apoyo. Una de sus funciones más importantes es la de escuchar de forma activa las preocupaciones y necesidades de la persona que recibe quimioterapia.

Los grupos de apoyo proporcionan un gran beneficio psicológico. Consiguen que se sientan emocionalmente más completos y les ayudan a conocer y manejar los efectos secundarios, lo que se traduce en una reducción de la ansiedad y el dolor.

¿Qué ocurre si falla el apoyo social? Aumentan los niveles de ansiedad y depresión del paciente, por lo que disminuye la calidad de vida. En los casos más graves, pueden aparecer deseos de morir, lo que aumenta el riesgo de suicidio.

Relaciones interpersonales

Las relaciones con los demás pueden cambiar al descubrir que se padece cáncer y al comenzar con el tratamiento. En ocasiones, estas relaciones pueden fortalecerse. Sin embargo, también puede ocurrir que se debiliten, originando sentimientos de decepción y frustración.

Un origen habitual del empeoramiento de las relaciones es la mala comunicación: malentendidos, no saber cómo ofrecer apoyo, no saber cómo expresar las necesidades, etc. Es frecuente que, cuando termina el tratamiento, los pacientes perciban menos apoyo familiar ahora que el cáncer ha desaparecido. También puede ocurrir que, mientras se recibe la quimioterapia, se deje de lado a los «colegas» para centrarse en aquellos amigos más apreciados y valiosos. Ya sabemos que hablar es la clave: el silencio es nefasto para la comunicación.

¿Cómo afrontar la quimioterapia?

Un diagnóstico de cáncer y la posterior quimioterapia tienen un gran impacto en la vida de los afectados. Durante este período, se pueden llevar a cabo diferentes acciones para pasar por esta situación del mejor modo posible.

Estrategias para afrontar la quimioterapia
Estrategias para afrontar la quimioterapia

Durante el tratamiento

Cuidado de la apariencia

La caída del cabello, la aparición de cicatrices y heridas, los cambios en la piel y en las uñas, etc., pueden fomentar una autoimagen y una autoestima peores. Mantener hábitos como peinarse, maquillarse, aplicarse cremas, afeitarse, seguir con una buena higiene bucal o cuidarse las uñas es muy útil para poder continuar percibiendo una normalidad necesaria. ¿Te apetece utilizar un pañuelo para la cabeza? Elige los que más te gusten por sus colores y estampados. Consiéntete. Te lo mereces.

Actividad física

Hay que procurar hacer ejercicio, pues combate los problemas derivados de mantenerse mucho tiempo en la cama. Además, ayuda a liberar estrés y fatiga. Por supuesto, debe ajustarse a las posibilidades y situación de cada uno. Salir a caminar a diario es una buena opción para comenzar.

Si salir de la cama no es viable de momento, se pueden llevar a cabo movimientos activos (mover articulaciones por sí mismo) o movimientos pasivos (mover articulaciones con ayuda de terceros).

Cuidado de la nutrición

Una buena alimentación ayuda a conseguir niveles adecuados de energía y nutrientes, evitar cambios bruscos de peso, una mejor tolerancia a los efectos secundarios de la quimioterapia, etc. Y lo más importante: influye en una mejor curación y recuperación. ¡Comer bien favorece que te sientas mejor!

Consulta con el médico

Ante el padecimiento de confusión, ansiedad, depresión u otro tipo de estado mental alterado, consulta con tu médico de confianza. Valorará si es necesario recetarte ansiolíticos, antidepresivos o cualquier otro psicofármaco compatible con la quimioterapia. Estos tratamientos, junto con la psicoterapia, podrán resultarte de gran ayuda para volver a recuperar el equilibrio.

Hablar con familiares y amigos

Ya sabemos que guardar las emociones negativas para uno mismo entorpece no solo la evolución favorable sino también las relaciones con los demás. Tanto los diagnosticados de cáncer como sus familiares se enfrentan a sentimientos negativos: tristeza, angustia, incertidumbre, enfado… Cada parte necesita comprender las emociones de la otra para, entre todos, sumar a favor de la recuperación. La asertividad es la clave.

Después del tratamiento

¿Cómo era tu vida antes del cáncer y su tratamiento? ¿Había cosas entonces que ahora se pueden mejorar? Tal vez bebías más alcohol del que debías, o quizás no hacías ejercicio. Tal vez fumabas, o dejabas que el estrés te atacara por no verbalizar tus sentimientos. Prueba a hacer cambios más saludables. ¡Aprovecha la recuperación para llevar una vida más sana!

Continúa con una buena alimentación, con la práctica de ejercicio de forma regular, intenta dormir entre 7 y 9 horas por la noche, así como procura no esconder aquellas emociones que te hacen daño para que no se enquisten.

Además de la familia y los amigos, los grupos de apoyo u otro tipo de colectivos acordes a tus aficiones también son un buen modo de una sociabilidad sana. Y, si es necesario consultar a un psicólogo, hazlo. Acudir a un profesional de la salud mental no te sitúa en una posición débil, al contrario: demuestras que te preocupas por encontrarte bien y disfrutar de la plenitud de la vida. ¡Fuera estigmas!

¿Cómo afrontar la quimioneblina?

Ante la aparición del quimiocerebro, podemos seguir una serie de pautas que ayuden a mejorar el día a día:

  • Utiliza notas para las cosas importantes, una agenda o calendario para los eventos, el smartphone para las alarmas, listas de tareas para el día siguiente o la semana, etc. ¡Todo vale para echarle una mano a la memoria!
  • Ejercita el cerebro. Ejercicios como crucigramas, sudokus, sopas de letras, etc. te ayudarán a fortalecer las conexiones cerebrales.
  • El GPS del coche o del smartphone puede llevarte correctamente a tu destino.
  • consciente de tus limitaciones. Por lo general, la quimioneblina va disminuyendo conforme se deja el tratamiento. Hasta que llegue ese momento, procura no hacer tareas múltiples o angustiarte por las dificultades. El humor es una gran herramienta de afrontamiento.
  • No temas pedir ayuda. Si la necesitas, no hay ninguna vergüenza en que tus familiares o amigos te ayuden. ¡Al contrario! Reconocer esa necesidad es el primer paso para superarla.
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¿Qué ocurre con las emociones si el cáncer reaparece?

La reaparición de un cáncer, riesgo que desciende tras 5 años como superviviente, suele ser una noticia devastadora tanto para el afectado como para la familia. Todas las emociones negativas pueden resurgir e incluso ser más fuertes.

La pregunta «¿por qué a mí?» es muy habitual en estos casos, rescatando problemas de ansiedad, depresión, insomnio, ira, culpas (a sí mismo, a los médicos, etc.) y derivados. El temor a la muerte y la desesperanza, si bien están presentes desde el primer diagnóstico, regresan con más fuerza en la reaparición. Estas preocupaciones excesivas agotan mucha de la energía necesaria para retomar la lucha, por lo que se debe considerar la ayuda psicológica para una nueva gestión de estas duras emociones.

¿Cómo podemos ayudar a un familiar o amigo que recibe quimioterapia?

La presencia del cáncer también es aterradora para familiares y amigos cercanos, que pueden sentir esas emociones negativas: frustración, culpa, miedo… Por eso, es importante que también expresen con libertad sus sentimientos sobre el cáncer y el tratamiento, así como sobre el rol de cuidador. En especial, cuando las emociones dañinas del enfermo se traduzcan en ira y agresividad hacia sus cuidadores.

No se debe descuidar a uno mismo para cuidar al allegado. También hay que recordar que hay vida más allá del cáncer y oxigenarse con temas distintos a la enfermedad y su tratamiento.

¿Cómo ayudar a un familiar o amigo con cáncer?
¿Cómo ayudar a un familiar o amigo con cáncer?

Por otro lado, la voluntad de ayudar al familiar o amigo con cáncer suele ser una constante. ¿Cómo podemos hacerlo?

  • Conocer cómo administrarle el medicamento por si es necesario, así como las medidas de seguridad adecuadas.
  • Planear actividades para disfrutar juntos. El aire libre es muy beneficioso, pero, si no es posible, se pueden hacer en casa.
  • Promover que haga todo aquello que le favorece: actividad física, alimentación adecuada, un buen sueño, etc.
  • Prepararle artículos de higiene e imagen personal. Llevar una vida lo más normalizada posible es muy positivo para su recuperación.
  • Dividir las tareas con otras personas. Querer abarcar todo al final hace que uno se sature.
  • No hacer todo. El paciente no debe percibir que no sirve para nada en su estado. Verse útil le ayudará a mejorar el ánimo.
  • No tomar todas las decisiones. Ocultar información, por desagradable que sea, solo genera desconfianza. Hay que hacer al paciente partícipe de aquellas cosas que le afectan.
  • No censurar la expresión de la tristeza o cualquier otro sentimiento. Esto es aplicable para todos. Es normal sentirse mal en estas situaciones y liberarla de vez en cuando es reparador.

Psicóloga colegiada con orientación social e inquietudes literarias, dispuesta a contribuir al desarrollo de las personas. Escritora con varios libros publicados. Madrid.