Síntomas del TDAH: Qué es y cómo diagnosticarlo

Todos hemos sido niños, muchos habremos encajado en la dinámica “normal” de la clase o de nuestra casa, pero ¿y ese niño que estaba siempre en la luna?;¿Y ese otro niño que tenía constantemente complejo de Spiderman y parecía que en cualquier momento iba a trepar por la pared? ¿Y el que se creía Jack Sparrow luchando con los lápices cuando tocaba hacer en silencio los deberes? Aunque se trata de comportamientos normales en cualquier niño, una manifestación exagerada de estos puede llevar al diagnóstico de lo que se conoce como TDAH. Aquí mostraremos los principales síntomas del TDAH.

Síntomas del TDAH
Trastorno por déficit de atención e hiperactividad

¿Qué es el TDAH?

Podemos definir el TDAH o Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad como un trastorno de carácter neurobiológico, fundamentalmente originado y manifestado durante la infancia, que conlleva una serie de problemas conductuales asociados a tres síntomas o ejes principales:

  1. Hiperactividad
  2. Impulsividad
  3. Déficit de atención

En el trascurso del trastorno, no se van a evidenciar los tres síntomas característicos del TDAH de manera equivalente ni en la misma proporción en cada caso individualizado. Todos sabemos que cada niño es un mundo, mientras uno puede destacar por su hiperactividad, otro puede presentarse aparentemente tranquilo pero con un elevado nivel de distracción. Además, dicho trastorno se enfrenta a un poderoso problema en su identificación, ya que, como habremos podido comprobar, sus síntomas principales son “características” propias de un niño en edad de crecimiento. ¿Qué clase de niño no se aburre alguna vez en clase? (O siempre, si se topa con un profesor insufrible); ¿Existe algún niño que no arme jaleo cuando juega con sus compañeros? ¿Y un niño que “no haya roto un plato en su vida”?.

Es por ello que el TDAH no suele manifestarse de manera diferenciada hasta que el niño cumple una determinada edad de escolarización, sobre los siete u ocho años. De esta manera, dicho trastorno, muchas veces pasa desapercibido o, por el contrario, es diagnosticado “erróneamente”, al pensar que un niño que puntúa más alto que los demás en dichos síntomas ya padece de TDAH.

Es necesario, por tanto, establecer una diferenciación clara entre lo que podría ser una conducta completamente normal en las etapas de crecimiento y lo que rebasaría ciertos límites.

Primeros síntomas del TDAH y sus manifestaciones

Antes de mencionar los síntomas característicos del TDAH y proceder a su diagnóstico, conviene aclarar una serie de aspectos. Los síntomas, pueden marcar un cuadro orientativo para los especialistas a la hora de diagnosticar y seguir un tratamiento, pero no por ello se constituyen como “verdades universales” extrapolables a cualquier comportamiento que podamos observar. Es decir, los niños, son niños, y como tal, van a manifestar en numerosas ocasiones y en diferentes grados muchos de estos síntomas vinculados al TDAH. Por ello, no hay que caer en el sobrediagnóstico de dicho trastorno. No podemos coger a un niño que está distraído en clase y automáticamente diagnosticarle de TDAH, ni al que es más alborotador y que destaca entre sus compañeros por ser el líder de las travesuras etiquetarle de disfuncional. Hay que ser precavidos y distinguir lo que es un comportamiento “normal” a esas edades, saber individualizar el caso concreto y comprobar si dichos problemas abarcan la intensidad del TDAH, así como su alcance (que no se manifieste únicamente en un ámbito de la vida del niño, como puede ser su casa o el colegio).

Como ya se ha mencionado anteriormente, los síntomas suelen empezar a percibirse sobre los siete años, pero eso no significa que no puedan observarse antes de dicha edad síntomas o comportamientos propios de un TDAH. Aunque hasta edades más avanzadas como los siete u ocho años no se pueda establecer con certeza un diagnóstico claro de TDAH, sí se puede observar al niño durante las etapas más tempranas. De esta forma, se conseguiría tomar una serie de medidas de apoyo y evitar una demora en su tratamiento.

El patrón del TDAH está compuesto por los tres síntomas principales ya mencionados (hiperactividad, déficit de atención e impulsividad) y nos encontraremos ante cuadros diferentes de TDAH en función de la predominancia de cada síntoma. Así, podremos encontrarnos con:

TDAH con signos predominantemente hiperactivos e impulsivos.

  • Los niños con este tipo de TDAH tienen mayor dificultad para controlar sus impulsos, poseen una mayor necesidad de estar en movimiento constante y la falta de atención puede pasar a un segundo plano o ni siquiera manifestarse. Este subtipo puede resultar más fácil de identificar que el tipo de TDAH siguiente, ya que sus síntomas resultan más exagerados y son más fáciles de percibir. Estaríamos ante ese niño que nunca para en clase ni en casa y que treparía por las paredes si pudiese.

TDAH en el que lidera el déficit de atención.

  • A diferencia del anterior, este cuadro se caracteriza porque predomina la falta de atención (o inatención), es decir, el niño se encuentra gran parte del tiempo distraído, le cuesta enfocar su atención en lo que está haciendo, aunque, sin embargo, se le percibe tranquilo. Está “en su mundo” y no resulta “molesto”. Por ello, puede resultar mucho más difícil de diagnosticar, ya que estos niños pueden pasar desapercibidos, sobre todo cuando su distracción no parece repercutir notablemente en aspectos como podrían ser sus tareas o calificaciones en la escuela. Podría mantenerse “oculto” hasta edades más avanzadas, en las que ya no fuese posible mantener equilibrada la falta de atención y sus consecuencias.

TDAH combinado (síntomas hiperactivo-impulsivos y falta de atención).

  • Es el tipo más problemático y que conlleva mayores consecuencias a nivel personal e interpersonal en el niño, ya que no solo manifiesta una inatención constante, sino que además lleva aparejados los síntomas de hiperactividad e impulsividad.

A partir de los manuales de diagnóstico DSM-V y CIE-10 podemos recoger algunas manifestaciones del TDAH asociadas a los tipos de síntomas que lo configuran. Antes de mencionar dichos síntomas, cabe recalcar que debe darse un patrón persistente de estos y en diferentes áreas de la vida del niño, ya que, como se ha advertido con anterioridad, los síntomas en sí mismos no constituyen ningún trastorno, sino características propias del crecimiento. Además, deben interferir de manera notoria en el desarrollo normal de la vida escolar, familiar, social, etc.

Algunos de los síntomas asociados al eje hiperactividad-impulsividad son:

  • Incapacidad para estarse quieto. Aunque se encuentre en posiciones como estar sentado, tiende a mover partes de su cuerpo de manera ininterrumpida.
  • En relación a lo anterior, le cuesta mantenerse en una misma posición, por lo que tiende a levantarse de su sitio cuando no corresponde.
  • Prefieren juegos que requieren mayor movimiento y energía, ya que tienen dificultad para estar tranquilos mientras realizan tareas o participan en algún juego.
  • Pueden llegar a hablar de manera constante, les cuesta permanecer callados, incluso cuando está interviniendo otra persona en la conversación, no respetando así el turno de palabra.
  • Se mueven y corretean mucho en situaciones en las que se espera de ellos que permanezcan calmados. Por ejemplo, esperando en la consulta del médico.
  • Activación excesiva en entornos que no lo requieren.

Respecto al déficit de atención:

  • Se presentan más descuidados que el resto de los niños, ya que les cuesta prestar atención a los detalles y errores que puedan cometer.
  • Les resulta difícil mantener la atención en actividades, tareas o juegos, por lo que pueden perder el interés.
  • Parecen no prestar atención cuando se les habla. “Le entra por un oído y le sale por el otro”.
  • Aquello que requiere organización, constancia y una atención mantenida tiende a resultarles incómodo. Sumado a esto, tienden a ser olvidadizos.
  • Cualquier cosa que llame un mínimo su atención puede convertirse en un fuerte distractor que le descarrile de lo que tiene que hacer.

Debido a que dichos síntomas deben manifestarse con gran frecuencia, intensidad y en diversos ámbitos, requiere de un “control” no solo por parte de la familia o la escuela, sino de todas aquellas personas que tienen contacto con el niño. Aquí aparece un problema, ya que muchas veces esto no resulta posible, ya sea por falta de formación e información del personal docente respecto a este tipo de problemas, mitos o creencias falsas transmitidas a los padres o incluso la “no creencia” en el TDAH, que muchas veces lleva a descartar que el niño pueda tener dicho problema y, en consecuencia, no ser tratado ni poner solución.

Tratamiento del TDAH

Antes de tratar a un niño, será recomendable tener claro que se trata de TDAH y descartar que su comportamiento pueda deberse a otro tipo de problemas o enfermedades. Tener también en mente que estamos trabajando con niños y, como tal, tienen que ser tratamientos muy delicados e individualizados, ya que se podría estar condicionando su comportamiento en un futuro.

Síntomas del TDAH
Trastorno por déficit de atención e hiperactividad

El tratamiento del TDAH, por tanto, va a ser específico para cada caso concreto. Se valorarán los síntomas, su frecuencia e intensidad, cómo repercuten estos en la vida del niño, la gravedad de las consecuencias, el contexto familiar y educativo del niño y cualquier otra variable que pueda ser útil para individualizar más el tratamiento.

Se trata, además, de un tratamiento multimodal. Es decir, en función de las valoraciones anteriores, se procederá a aplicar un tipo de tratamiento u otro, o combinados. Esto significa que además de aplicar un primer tratamiento cognitivo-conductual, se va a requerir del apoyo escolar con un tratamiento psicoeducativo y, en los casos pertinentes, un tratamiento farmacológico.

Se aplicará un tratamiento cognitivo-conductual cuando el TDAH exponga síntomas de menor gravedad y, por ello, el impacto en la vida del niño sea mínimo, cuando no se tenga totalmente claro de que se trate de un caso de TDAH o los padres o tutores del niño se opongan a un tratamiento mediante medicamentos.

El tratamiento psicoeducativo entrará en juego cuando los síntomas repercutan en la escuela y el aprendizaje del niño, es decir, cuando resulte necesario proporcionarle al niño las habilidades necesarias para desempeñarse correctamente en este ámbito.

Por último, se destina el tratamiento farmacológico a casos más graves, siempre iniciado y orientado por un profesional que habrá tenido en cuenta todos los criterios de valoración anteriores.

Un factor que puede beneficiar al tratamiento va a ser siempre la información al paciente y al entorno del niño sobre el trastorno, para que puedan adaptarse a sus necesidades y colaborar en su mejora. Se obtendrán mejores resultados si las personas que componen el entorno del niño cooperan entre sí, que si se dejan todo en manos del profesional que guía su tratamiento. Padres y profesores pueden trabajar juntos para ayudar al niño.

Consecuencias de un mal diagnóstico, no intervención o intervención tardía

Dado que uno de los métodos para tratar el TDAH es la creación de hábitos para que el niño pueda adaptarse correctamente, una intervención tardía podría provocar que sus “malos hábitos” estén ya suficientemente asentados como para que resulte mucho más difícil corregirlos. Además, no intervenir podría desembocar en un mayor deterioro de la vida académica y social del niño en un futuro, que podría venir aparejado de síntomas depresivos por el “fracaso constante”, comportamientos conflictivos, etc. Todo ello, terminaría repercutiendo en su vida adulta.

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La batería clínica de evaluación de TDAH de CogniFit: Una herramienta fundamental para colegios y familias

Consejos y orientaciones

El principal consejo ante estos casos, tanto como para padres, tutores o profesores, es no crear una alarma desmesurada. El TDAH, una vez diagnosticado, puede ser tratado y mejorar la vida del niño y de su entorno. Debe ser tratado con “normalidad”, el niño no debe percibir que se le trata como un “apestado”, no tiene que sentirse estigmatizado. Solo es un niño al que le cuesta un poco más que a los demás adaptarse a diferentes situaciones.

Si percibe los síntomas del TDAH descritos en un hijo, un alumno o un niño cercano, recurra a personas especializadas, nunca debe basarse en contenido leído en internet u otras fuentes, ya que estas solo son informativas, no conocen a su hijo ni su caso concreto. Son muy útiles para informar de aquello que puede hacer, pero nunca sin la aprobación y el seguimiento de un profesional.

Como estar informado siempre va a ser satisfactorio para el tratamiento y la vida del niño, hay asociaciones que se dedican a proporcionar información, crear eventos y dar apoyo para que la sociedad poco a poco sea consciente de este problema. Algunas de estas asociaciones son:

Se pueden encontrar muchas más y en cada comunidad investigando por la red. Las asociaciones pueden ser un punto de apoyo muy fuerte para los adultos que tengan niños con TDAH a su cargo y una manera de llevar el problema de manera más fácil y satisfactoria.