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Disciplina positiva: 23 técnicas para una educación firme pero amable

Todos los padres queremos lo mejor para nuestros hijos, sin embargo, a veces no disponemos del conocimiento necesario para actuar debidamente. Y es que educar no es una tarea fácil. Por ese motivo, es indispensable tener a nuestro alcance recursos que nos ayuden a actuar des de la comprensión y amabilidad. La disciplina positiva es esa herramienta que nos acerca técnicas para educar a los niños des de la cooperación  y el respeto mutuo entre padres e hijos.

Disciplina positiva: una educación firme pero amable

¿Qué es la disciplina positiva?

La disciplina positiva fue desarrollada por el psicoterapeuta Alfred Alder y por su aprendiz, psiquiatra y educador Rudolf Dreikurs. Más tarde, Jane Nelsen y Lynn Lott (fundadoras de la asociación americana de disciplina positiva) regularon sus principios y técnicas para su aplicación.

Muchas veces, al escuchar la palabra “disciplina” la asociamos con factores negativos, pero el verdadero significado de esta palabra es “discípulo”. Podríamos ver a nuestros hijos como discípulos que necesitan nuestra ayuda durante su desarrollo, para en un futuro ser seres libres, felices e independientes.

Firm & Kind

Son varios los estudios que han demostrado que los niños tienen la necesidad de crear vínculos con las personas más cercanas a ellos; como sus padres, amigos o profesores. Los niños que mantienen esos vínculos fuertes, son niños que por lo general, se comportan mejor. La disciplina positiva se basa en la premisa “Firm & Kind” (firme pero amable) y se encarga de reforzar esos vínculos mediante el respeto, la compresión, autoestima y la comunicación.

Principios básicos de la disciplina positiva

 

  • Comunicación y comprensión
  • Respeto mutuo entre padres e hijos
  • Amabilidad y firmeza
  • Fortalecer vínculos afectivos
  • Participación activa de los niños
  • Desarrollo emocional y de autonomía

 

Disciplina positiva y porqué se portan mal los niños

Como bien dice la palabra, los niños, niños son y a veces pueden llegar desesperarnos  cuando no hacen lo que esperamos. Quizás ahí está el primer error: “esperar algo de ellos”. En primer lugar, no debemos esperar que su comportamiento sea de una manera u otra. Hay que entender que su manera de comunicarse no es como la de un adulto y que detrás de su comportamiento, hay un mensaje que debemos descifrar para llegar a la raíz del asunto.

Rudolf Dreikurs, mencionó: “cuando los niños no se portan bien, nos intentan decir algo de una forma diferente a la que se comunicaría un adulto y por lo tanto, la percibimos como la manera errónea, sin pararnos a pensar que quizás es la única manera en la que pueden/saben expresarse”. Los motivos pueden ser varios; reclamar nuestra atención, aburrimiento, hambre, sueño… Aquí entraría en juego empatizar con nuestros hijos para saber el porqué de sus comportamientos.

Disciplina positiva para educar

Disciplina positiva no es igual a ser permisivo

 

Disciplina positiva no significa ausencia de esta y por lo tanto exceso de permisividad. Tampoco se parece a la disciplina punitiva (basada en el castigo), ya que esta hace que los niños aprendan  a base de sentirse mal y des del sentimiento de miedo. Con la disciplina positiva, lo que buscamos son resultados a largo plazo. El objetivo, es que los niños entiendan porque están mal ciertas cosas y porque no deben hacerlas. No imponemos castigos sin saber si los niños han comprendido realmente el porque no deben actuar de ciertas maneras.

 

23 técnicas para implementar la disciplina positiva

1. Autocontrol

Muchos padres pierden mucha energía tratando de controlar a sus hijos, pero la única conducta que realmente podemos controlar es la nuestra. Está en nuestras manos adoptar una actitud que beneficie nuestra salud mental y no dejar que nos abrumen las situaciones difíciles. Podemos reorientar la conducta de nuestros hijos y/o indicarles lo que si pueden hacer, en vez de enfocar nuestra atención en lo que no deben hacer. Transmitir seguridad y calma beneficiará la relación con nuestros pequeño.

2. Comunicación

Es la base de toda relación. Debemos procurar buscar momentos en los conectar con los niños. Por ejemplo, ir a merendar después del colegio, desayunar juntos cada día antes de ir al colegio o incluso celebrar reuniones familiares. Mantenernos comunicados con nuestros hijos y al día sobre posibles problemas que puedan tener en la escuela, actividades extra escolares, etc., nos ayudará a comprender mejor su comportamiento.

3. Mostrar interés

Preguntar por los intereses de nuestros hijos, aficiones y preferencias. Hacer que los niños se sientan valorados refuerza su autoestima y bienestar. Evitar hacer preguntas del tipo: “¿Has hecho los deberes?”. Si ya sabes que no los ha hecho. Podemos sustituirlo por frases como: “Me doy cuenta que no has hecho los deberes”. De ese modo evitaremos que los niños se sientan atrapados por nuestras preguntas.

4. Escuchar 

Por muy pequeños que sean, tienen sus propios sentimientos y emociones, escuchar lo que nos dicen ayudará a comprender sus comportamientos. A través de ellos tenemos la oportunidad de volver el mundo de una manera nueva y sorprendente, como cuando éramos niños. 

5. Comprensión

Intentar comprender que hay detrás de un mal comportamiento; puede ser cansancio debido a la escuela, las actividades extra escolares, que estén hambrientos, que hayan tenido un mal día o que les incomode algo en particular. Averiguar que les sucede realmente nos ayudará a adoptar soluciones eficaces. 

6. Firm & Kind

Ser firme en las decisiones pero amable a la misma vez. Mostrar comprensión hacia ellos pero sin ceder débilmente. Por ejemplo, el niño/a quiere jugar a la videoconsola al llegar a casa pero tiene deberes que hacer. Una actitud “Firm & Kind” sería: “Sé que quieres jugar a la videoconsola, pero antes deberás hacer los deberes y podrás jugar solo al finalizarlos”. 

7. Ser un ejemplo

Los niños tienen muchas maneras de aprender, una de las más conocidas es por imitación. Si intentamos que nuestros hijos no se comporten de ciertas maneras, debemos ser un ejemplo para ellos y hacer que nuestras palabras coincidan con nuestras acciones. Es decir, no sería conveniente decirle al niño/a que no se utiliza el móvil mientras nos sentamos a comer y que nosotros si lo hagamos. Porque ser un ejemplo es fundamental para que desarrollen principios y unos valores positivos, por eso también es importante preguntarse constantemente ¿qué fallos estoy cometiendo? e intentar mejorar cada día.

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8. Prestar atención al esfuerzo más que al éxito

Es muy común centrarse en el éxito en vez de hacerlo en los esfuerzos realizados. Todos queremos que nuestros hijos sean los mejores en la escuela y en otras actividades, pero esto requiere tiempo y esfuerzo que hay que valorar si cabe más que el éxito. Supongamos que nuestra hijo/a suspende un examen. Tras identificar los problemas que le han llevado a suspender e intentar rectificarlos, en el próximo examen saca un 5. Estamos de acuerdo en que no es una nota muy alta, pero hay que tener en cuenta que el niño/a ha progresado, enfocando nuestra atención en esa mejora.

9. Buscar soluciones que involucren a los niños

Imaginemos que nuestro hijo/a está jugando en la habitación. Cuando vamos a llamarle para que se siente en la mesa a cenar, nos damos cuenta de que ha pintado la pared con lápices de colores. Una solución que involucre al niño/a, sería decirle que él/ella limpie la pared, o si es muy pequeño/a, limpiarla juntos. 

10. Responsabilizarse

Enseñarles a responsabilizarse de sus propias acciones. De esta manera aprenden a relacionar acciones con consecuencias. Podemos probar con frases como: “Debido a que no estudiaste lo suficiente has suspendido” o “Como ya has hecho todos los deberes ahora podemos ir al parque”.

11. Redirigir

Redirigir las acciones que no son apropiadas de una forma amable y sutil. Imaginemos que está en el parque y lleva mucho tiempo columpiándose y otros niños quieren subir al columpio. Podemos invitarle amablemente a dejar el columpio y llevarlo al tobogán.

12. Límites

Los límites son necesarios para proteger a nuestros hijos de peligros y así ayudarles a que se adapten al mundo que nos rodea. Es importante que los niños participen en el establecimiento de estos si son mayores de 4 años.La decisión no debe ser unilateral, ya que de ese modo fomentamos el poder y este a veces puede resultar en rebeldía. Por ejemplo, decidir juntos la hora de irse a dormir o la hora de regreso a casa cuando son mayores.

13. Consecuencias naturales

Son aquellas que se dan sin la intervención de un adulto. Por ejemplo, el niño no se quiere comer la comida y si no se la come más tarde tendrá hambre (consecuencia natural). Se trata de que los niños las aprendan por sí mismos.  Evitar frases como “Te lo dije” o “Mira que te avisé”. Este tipo de frases pueden hacer que el niño se sienta humillado. No hay que olvidar, que el objetivo principal es que los niños aprendan y no repitan los mismos errores, no que se den cuenta que los adultos lo sabemos todo.

14. Consecuencias lógicas

Las consecuencias lógicas requieren el seguimiento de los adultos. Por ejemplo: “Si te acuestas tarde no tendré tiempo leerte el cuento”. Por lo tanto, decidimos una consecuencia para sus acciones directamente relacionada con la conducta no deseada.

15. Seguimiento

Cuando apliquemos consecuencias lógicas, debemos de mantenerlas si los niños no han actuado debidamente. Si lo consideramos oportuno, podemos darles una nueva oportunidad para cumplirlas más adelante.

16. Evitar los premios y castigos

Los premios y castigos son arbitrarios. La consecuencia no está directamente relacionada con la causa y promueven la autoridad y el poder, sin tener en cuenta el respeto mutuo. Tratar de sustituirlos aplicando consecuencias lógicas, ya que están basadas en la elección y comprensión.

17. Error = oportunidad

La palabra crisis en chino está compuesta por dos caracteres, el primero significa peligro y el segundo oportunidad. Un error es una oportunidad para aprender. Podemos dejar que los niños se equivoquen y aprendan por ellos mismos. Cuando se equivoquen no les daremos la solución inmediatamente. Podemos hacer un “Brainstorming” (lluvia de ideas) y debatir juntos los pros y los contras.

18. No utilizar violencia física

No es recomendable utilizar violencia física cuando los niños se portan mal, ya que eso les enseña que la violencia está bien. Cuando estemos muy enfadados, podemos tratar de buscar un momento para calmarnos y después adoptar consecuencias lógicas des de la serenidad. Debemos recordar que nadie es perfecto y que todos hemos cometido errores.

19. Tiempo

Dedicar tiempo exclusivo a nuestros hijos es fundamental. Eso ayudará a evitar rabietas, que se centren demasiado en aparatos electrónicos o incluso despertares nocturnos en busca de nuestra atención. Es recomendable invertir tiempo en ellos de manera exclusiva para jugar con ellos, leerles un cuento antes de ir a dormir o aprovechar las comidas y cenas para pasar tiempo de calidad con ellos. 

20. Tono de voz

Es beneficioso dirigirse a ellos con un tono amistoso y cariñoso, eso facilitara que presten atención y realmente escuchen lo que queremos decirles. Percibir el “el tono de sermón” hará que quieran desconectar y no prestar atención a nuestras palabras. Es importante educar sin gritar.

21. Palabras 

La elección de las palabras adecuadas acompañadas del tono de voz correcto es esencial para que la comunicación entre padres e hijos refleje respeto y cariño.

22. Autonomía

Aunque a veces nos salga el instinto de sobre protegerlos, no es aconsejable hacerlo si queremos que crezcan con seguridad e independencia. Hay que permitir que los niños experimenten consecuencias basadas en sus propias acciones y/o decisiones (por supuesto,  aplicando el sentido común). No deberíamos hacer cosas que ya pueden hacer por ellos mismos, así les ayudaremos a ser seres más autónomos.

23. Paciencia

El cansancio acumulado, el estrés o la auto exigencia pueden hacer que perdamos la paciencia fácilmente. Somos humanos y es normal que a veces nos sintamos desbordados y perdamos la paciencia con nuestros hijos. No hay que culpabilizarse por ello, podemos buscar actividades que nos hagan desconectar como el deporte o simplemente, dedicarnos tiempo a nosotros mismos.

Presión social en la adolescencia ¿Debo preocuparme si la conducta de mi hijo ha cambiado?

La presión social en la adolescencia no es nada fácil. ¿Cómo influyen las amistades en los jóvenes? ¿Debemos preocuparnos cuando los adolescentes cambian su forma de vestir, su forma de ser o fuman su primer cigarrillo?

Algunos adolescentes ceden a la presión y tienden a cambiar su comportamiento porque quieren ser aceptados por sus compañeros. A veces, ocurre, que acaban haciendo cosas de las que se arrepienten, solo por la necesidad de no sentirse rechazados. La presión social puede ejercer su influencia en la toma de decisiones y en sus actos. Pero no todos sus efectos son negativos también podemos encontrar algunos positivos.

La presión de grupo nos lleva a realizar actos con los que no estamos de acuerdo

¿Por qué los jóvenes necesitan pertenecer a un grupo para sentirse bien acerca de quién son?

A menudo la presión del grupo nos obliga a lo largo de nuestra vida a hacer cosas y a adoptar ciertas conductas y  comportamientos que sabemos que no son buenas o que están equivocadas. En el caso de los jóvenes o adolescentes, cada vez se sienten más presionados para cometer actos como: burlarse de un compañero, romper materiales ajenos al suyo, consumir alcohol, fumar… Estas conductas pueden ocurrir debido a que el adolescente no tiene el valor para diferenciarse de sus amigos y hacerles frente.

La presión social provoca que las personas, en este caso, los jóvenes o adolescentes no sean realmente libres, y vivan en un mundo en el que tienen que cumplir ciertos estándares sociales y llevar a cabo lo que la sociedad espera de ellos.

Son diversos los experimentos y estudios lanzados para recabar información acerca de este fenómenos social.

El experimento de Asch: Influencia de la mayoría y la conformidad

El experimento de Asch, que hemos visto en el vídeo, ha sido uno de los más replicados en psicología. El experimento fue realizado en 1951.

Todos los participantes del experimento, excepto uno, eran cómplices del experimentador. El experimento consistía realmente en ver cómo ese estudiante reaccionaba frente al comportamiento de todos los demás.

El objetivo explícito de la investigación era estudiar las condiciones que inducen a los individuos a permanecer independientes o a someterse a las presiones de grupo cuando estas son contrarias a la realidad.

En el experimento, se pidió a los participantes que dijeran, según lo que ellos creían, cuál de las líneas que se les presentaba era más larga que otra. Los cómplices habían sido preparados para dar una respuesta errónea y así ver la influencia en la respuesta del otro estudiante.

¿Qué crees que paso? Pues que el experimento de Asch demostró que las personas nos “dejamos llevar” por lo que el resto del grupo diga, aún sabiendo que no es correcto.

Ahora, imagínate esto pero siendo un adolescente… parece difícil decir que no, o imponerse ante cualquier injusticia ¿verdad?.

Los adolescentes son el grupo social más afectado por este fenómeno porque, no sólo se sienten presionados por sus amistades, sino también por sus padres y profesores. Todos hemos sido adolescentes y, lo que más nos apetecía en esa época, era experimentar cosas nuevas. Sobre todo, si implicaban llevar la contraria a nuestros padres.

Un excesivo control sobre nuestros hijos adolescentes, suele provocar la reacción contraria a la que esperamos.

Los adolescentes se ven como adultos, pero actúan y piensan como niños.

Las consecuencias de la presión social en la adolescencia

La adolescencia es una fase de nuestra vida se caracteriza por un debate interno constante. Durante la adolescencia, los jóvenes, empiezan a depender, cada vez, más de sus amistades. Se vuelven permeables e influenciables:  En sus opiniones, costumbres y hábitos (fumar, beber, alcohol, tener sexo, hacer dietas excesivas, comer alimentos poco saludables….)

La presión social en la adolescencia puede ser muy poderosa y difícil de resistir.

Los adolescentes pueden sentirse presionados o influenciados a hacer algo solamente porque las otras personas del grupo lo están haciendo o digan que lo están haciendo y tan sólo el pensamiento de sentirse excluidos y solos a estas edades pesa mucho en la identidad de los jóvenes.

La presión de grupo puede llevar a que hagan cosas aparentemente superficiales como usar cierta ropa que los identifique respeto al resto de las personas o grupos hasta acciones francamente peligrosas y con consecuencias más serias como se ha comentado antes.

Pero tranquilos, la presión social también aporta o tiene su lado positivo. Los adolescentes aprenden las normas sociales de sus iguales y pueden aprender cómo encajar y comunicarse bien con lo demás si observan e imitan a otros adolescentes. También, los adolescentes seguros de sí mismos pueden actuar como modelos positivos y dar un buen ejemplo a los demás. Debemos de pensar que estar en un grupo en el que encajemos nos permite aumentar y mejorar nuestra autoestima y  además nos ayuda a prevenir que nos involucremos en comportamientos dañinos o arriesgados.

Desarrollo personal e identidad gracias al grupo

No sucumbir a la presión social en la adolescencia: La importancia de comunicación entre padres-hijos

Cómo ser uno mismo en la adolescencia, y no caer preso de la presión social es algo que depende de muchísimos factores. Ya no sólo de factores internos de la personas sino también de su entorno. Es muy importante que exista y que sea fluida la comunicación entre padres e hijos. Es bueno hablar, y que los padres sepan que actividades hacen sus hijos. Es recomendable que se mantengan conversaciones abierta, y que expongamos medios a través de los cuales podemos reducir las posibilidades de que se junte con el grupo equivocado, o adopte hábitos indeseables (como fumar o beber, acercarse a las drogas…). Hay que hablar de los riesgo que tienen ciertos hábitos y también hay que saber cuáles son los valores que queremos que nos definan.

El grupo y su influencia positiva siendo uno mismo.

En algunos casos, tropezaremos y acabaremos en el grupo menos idóneo y, tal vez nuestros familiares y nuestras amistades de toda la vida tengan que intervenir, y restringir el contacto con algunas malas influencias. Pero, lo más importante para combatir la presión social es conocerse a uno mismo y saber cuales son nuestros valores y creencias. Y sobre todo, pensar que a veces lo que el grupo diga o haga no tiene porque ser lo mejor. ¡Piensa por ti mismo!

Resiliencia: El arte de aprender a vivir

¿En algun momento te has visto agobiado por todo lo que te está pasando y aún así sacas fuerzas de donde no sabes y sigues adelante? Eso podría deberse a la resiliencia.

La resiliencia es un proceso psicológico de adaptación que surge ante la adversidad. Tanto como proceso o rasgo es muy importante el papel del contexto, la cultura y la sociedad en el desarrollo de ésta.  En este artículo encontrarás respuesta a ¿qué es la resiliencia, qué factores influyen en ella, cúales son los factores neurobiológicos y cómo podemos ser más resilientes?

“Las dificultades preparan a personas comunes para destinos extraordinarios”- Lewis.

Definición de Resiliencia

Resiliencia: Definición y relación con otros términos psicológicos.

La resiliencia, Becoña la define como la capacidad superar los eventos adversos y tener un desarrollo exitoso a pesar de las circunstancias adversas. Es la capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas. Es decir, la resiliencia es la capacidad de adaptarse positivamente a situaciones adversas. Es lo que nos permite no rendirnos cuando las cosas están difíciles, lo que nos mantiene luchando por los objetivos que nos hayamos marcado.

Muchos autores han dado definiciones a este término, Koferl la define como “enfrentamiento efectivo de circunstancias y eventos de la vida severamente estresantes y acumulativos”. Asimismo, Garmenzy la define como la capacidad para recuperarse y mantener una conducta adaptativa después del abandono o la incapacidad inicial al iniciarse un evento estresante.

Por su parte, el Institute on Child Resilience and Family, establece que la resiliencia es la habilidad para resurgir de la adversidad, adaptarse, recuperarse y acceder a una vida significativa y productividad.

“La resiliencia es un proceso que surge de los ordinario, de lo cotidiano”. Masten y Powell (2003)

Para hablar de resiliencia tenemos que tener en cuenta que para que se desarrolle la persona tiene que haberse expuesto a una adversidad o trauma y al mismo tiempo seguir funcionando correctamente en esta situación, es decir, evitando los resultados negativos a partir de recursos psicológicos que afrontan la adversidad inicial. 

Esta variedad de definiciones se debe a la similitud con otras dimensiones psicológicas. Entre estas dimensiones las más destacadas son:

  • Competencia: esta dimensión forma parte de la resiliencia. La competencia está relacionada con el CI y el rendimiento académico.
  • Crecimiento postraumático: No se trata de un proceso de resiliencia sino de un aprendizaje del trauma, un aprendizaje a través del proceso de lucha provocando cambios en uno mismo, en las relaciones interpersonales, en la espiritualidad y en la filosofía de vida.
  • Recuperación: la diferencia entre resiliencia y recuperación es la trayectoria temporal, puesto que durante el proceso de resiliencia la persona mantiene un equilibrio estable durante todo el proceso cuando la recuperación es un retorno gradual hacia la normalidad funcional.

Origen del término de resiliencia e inicios de su estudio en psicología

El origen del término “Resiliencia” proviene de la palabra en latín “Resilio” y “Resilium”, siendo más común el segundo término. Ambas significan “volver atrás”, “volver al estado inicial”. 

El término de resiliencia proviene del campo de la física: “capacidad de un material elástico para absorber y almacenar energía de deformación”. Y un material resiliente es el que es capaz de absorber y almacenar la energía sin deformarse. En la actualidad el término resiliencia hace referencia a una dimensión psicológica, como hemos dicho al inicio del artículo.

El estudio de resiliencia como dimensión psicológica comenzó cuando Werner y Smith iniciaron un estudio del desarrollo de niños en Hawaii que crecían en condiciones extremas de pobreza y en un contexto marginal. Para su sorpresa, hallaron que solo un tercio de los niños en estas condiciones se convirtieron en adultos muy competentes, descartando su hipótesis de que todos estos niños presentarían problemas de aprendizaje o enfermedades físicas y mentales, o incluso comportamientos delictivos y de relaciones afectivas en su adolescencia y adultez.

Resiliencia

Después de varios estudios diferenciaron tres factores de protección en estos niños: factores protectores dentro del individuo, factores protectores familiares y factores protectores de la comunidad en la que crecen.

Dentro de los factores individuales destacaba el tener una madre afectiva en la infancia, y también una mayor competencia escolar en la adolescencia. Por otro lado, dentro de los factores protectores familiares es de suma importancia el efecto protector de la buena interacción con un familiar. Por último, dentro de los factores protectores de la comunidad está el efecto protector de la relación entre factores individuales y contextuales.

Resiliencia: Factores protectores determinantes.

¿Cómo reaccionan las personas ante los eventos estresantes/traumáticos que le suceden? Lo que hace que unas personas sean más resilientes que otras es el efecto de los factores protectores que modifican los efectos negativos.

Resiliencia: Factores protectores individuales

El factor individual al cual se la ha dado más importancia es la “sensibilidad al estrés”. Cuando hablamos de sensibilidad hacemos referencia tanto a aspectos psicológicos como biológicos de los individuos. También tenemos que tener en cuenta los factores:

  • Personalidad o temperamento. Dentro de esta personalidad destacar por ejemplo la capacidad de autonomía.
  • Recursos cognitivos:
    • Inteligencia: Permite una mayor habilidad en resolución de problemas y una mayor probabilidad de conducta exitosa.
    • Flexibilidad mental: Cuanta mayor flexibilidad muestre el individuo, mayor capacidad de afrontamiento y adaptación.
    • Capacidad de experimentar emociones positivas: Expresar emociones positivas disminuye la experiencia al dolor, ante situaciones de estrés protege la salud mental.  
    • Tener metas y propósitos en la vida: Alimentado por los valores y objetivos individuales.
    • Otros: extraversión, autoeficacia y autoestima, creatividad y capacidad de planificación, creencia, práctica religiosa, espiritualidad.

Como ejemplos de factores protectores en la infancia está el “tener una madre afectiva y con buen carácter” y “la presencia de un cuidador responsivo y competente”, en resumen, el efecto protector de la buena interacción con un familiar o apego. En la adolescencia otros factores serían:

  • Poseer buenas habilidades comunicativas y de resolución de problemas.
  • Mayor inteligencia.
  • Mayor competencia escolar.
  • Presencia de una adecuada creencia de autoeficacia.

Resiliencia: Factores protectores sociales

De estos factores el más importante es la cohesión familiar (o apoyo parental) muy importante en el desarrollo del apego. Cuando hablamos de apego hacemos referencia al vínculo emocional que desarrolla el niño con sus padres (o figura de cuidador, por ejemplo, un profesor). El apego proporciona la seguridad emocional indispensable para un buen desarrollo de la personalidad. Un apego seguro potencia la capacidad de resiliencia. Otro factor protector importante es el apoyo parental. Este apoyo evita la aparición de síntomas depresivos y de conductas hostiles y delictivas.

Resiliencia: Factores protectores de la comunidad

Estos factores son el resultado de la relación entre los factores individuales y contextuales. El efecto protector es la consecuencia de la interrelación positiva. Dentro de estos factores destacar el sistema político y social.

Lo más importante de estos tres factores no es que actúan de manera independiente sino que se produce una interrelación entre ellos, siendo esto de suma importancia a la hora de intervenir para incrementar los niveles de resiliencia ya que estos factores se retroalimentan.

Resiliencia: Fundamentos neurobiológicos

Cuando hablamos de fundamentos neurobiológicos en resiliencia hacemos referencia a los factores neurobiológicos. Estos son muy importantes porque actúan de mediadores de los conductuales. Por ejemplo, los niveles cerebrales de oxitocina y de prolactina han sido relacionados con un estado de ánimo positivo. Nos encontramos con el efecto neuroprotector de la testosterona, el Neuropéptido Y y deshidroespiandrosterona (DHEA), que ante situaciones de estrés disminuye su nivel. Se han realizado muchos estudios que relacionan altos niveles de deshidroespiandrosterona (DHEA) con una mejor respuesta adaptativa al estrés.

Al contrario, el cortisol aumenta su concentración ante situaciones de estrés y provoca un efecto contrario a los anteriormente nombrados. A mayor nivel de cortisol nos encontramos con una menor nivel de resiliencia presentando el individuo una menor capacidad de sobreponerse a la situación traumática.

También se pueden describir neuroanatómicamente determinadas regiones de interés para la resiliencia. Estos mecanismos están implicados con la regulación de la recompensa y de las emociones sociales como son la vergüenza, la empatía y la culpa. También regulan las emociones de manera general y la motivación.

Resiliencia en niños. ¿Cómo educar en la resiliencia?

En los casos de resiliencia infantil enfocamos sucesos más extendidos en el tiempo.

Todos podemos ayudar a nuestros hijos o niños más cercanos a que desarrollen también esta capacidad. Algunos consejos que podemos llevar a cabo para desarrollar la inteligencia son:

  • Enseñarles a cómo hacer amigos sobretodo promoviendo la capacidad de empatía en sus relaciones. Es muy importante que ningún niño se sienta aislado. Con esta capacidad de empatía enseñarle también a que ayuden a otros niños y que no permitan que otros niños se encuentren aislados.
  • Desarrolle una red familiar como seguridad para él o ella. Es recomendable que sea sincero con sus hijos, responda a sus preguntas ajustando la respuesta a la edad de estos, pero nunca les mientas, eso crearan desconfianza y no sentirá el vínculo tan seguro.
  • Establecer una rutina diaria ya que esto resulta reconfortante para los niños. Es muy importante que ellos también participen en el establecimiento de esta rutina. En esta rutina tienen que estar incluidos los periodos de descanso, que también es muy importante para su desarrollo y para el desarrollo de la resiliencia.
  • No descuidar el desarrollo cognitivo del niño. Es importante que los procesos cognitivos sean entrenados regularmente. CogniFit ofrece la oportunidad de entrenar al menos 20 habilidades cognitivas. 

  • Enseñarles a cuidarse a sí mismos. Para ello, lo mejor es darles un ejemplo a través de nuestra conducta. Es importante enseñarles que cuidarse es algo también divertido.
  • Ajuste la cantidad de noticias que escuchan los niños o que ven, y sobre los temas que se tratan delante de ellos porque si no están preparado para ese tema eso le creará más confusión y dudas que tal vez no podamos resolverle aun por el nivel de desarrollo del niño.
  • Ayudarles a establecer metas realistas y establecer los pequeños pasos para ir consiguiéndolas y que aprendan a reforzarse en estos pasos. Lo mismo podemos realizar con las tareas de la escuela, estableciendo pequeñas pautas que puedan ir cumpliendo.
  • Fomentemos una autoestima positiva. Recordémosle sus capacidades y como pueden ayudarles estas para superar las situaciones. Para ello también podemos dar ejemplo con nuestra actitud positiva ante el afrontamiento de problemas.
  • Enseñarles que los momentos difíciles son oportunidades de aprendizaje y que el cambio también es parte de la vida. Es importante enseñarles que el cambio es parte de la vida y que las metas son reemplazables y siempre se pueden reajustar a nuestras posibilidades.
  • Tener en cuenta que la escuela puede ser estresante para los niños puesto que supone exigencia para ellos. Ayudarles en lo que podamos y reforzarles para que se sientan seguros.
  • Hablar con los niños sobre nuestros propios sentimientos ante situaciones de estrés, y mostrarles seguridad ante la expresión de ellos. Pídale también su opinión para resolver un conflicto propio o de la familia para que en el proceso aprendan ellos también.
  • Educar siempre en emociones sobre todo si estamos ante adolescentes porque con esta edad sienten las emociones de manera muy intensa y les cuesta sobrellevar los eventos que le rodean. Explicarles que muchas de las cosas que sienten están intensificadas por las hormonas. Es definitiva, haga de un hogar un lugar seguro para la expresión emocional.

Resiliencia en adultos y mayores ¿Cómo ser más resilientes?

Existen diferentes estudios que han aportado evidencias sobre la diferencia en niveles de resiliencia respecto a la edad. La mayoría de ellos defienden que a mayor edad existe una mayor capacidad de resiliencia puesto que han tenido más tiempo para exponerse a diferentes adversidades y por tanto, han podido desarrollar más esta capacidad de afrontamiento y crecimiento.

En los casos de resiliencia adulta se procede ante sucesos más eventuales pero como hemos hablado con anterioridad, los adultos afrontan mejor los sucesos estresantes porque poseen mayor estrategias de afrontamiento que han ido adquiriendo a lo largo de su vida.

Para aumentar nuestro nivel de resiliencia es muy importante poner en práctica las siguientes pautas:

  1. Establecer vínculos con otras personas. Es importante establecer buenas relaciones de amistad y con familiares cercanos u otras personas del entorno. Ayudar y aceptar el apoyo de las personas que muestran interés por ti. También es muy importante forma parte de grupos sociales que le faciliten el apoyo social.
  2. Ver la crisis como un evento puntual, no como algo que se mantendrá en el tiempo. En nuestro día a día tendremos que afrontar diferentes situaciones estresantes y eso no lo podremos cambiar, pero si la manera en la que las afrontamos. Para ello podemos cambiar la manera en que interpretamos las situaciones y  su vez la manera en la que reaccionamos. Considerar el problema como algo temporal que en un futuro ya no estará presente y buscar maneras positivas de resolverlo. Es muy importante afrontar las situaciones adversas más que ignorarlas o esperar a que esta cambien por si solas
  3. Aceptar que la vida es un continuo cambio. Aceptar que las cosas que no podemos cambiar nos enseñaran estrategias y herramientas que pondremos en práctica en otras circunstancias en las cuales si podremos hacer algunos cambios que os beneficien y salgamos exitosos de ellos. Es muy importante ver las situaciones estresantes o negativas desde una perspectiva más amplia. Como decía Dalai Lama: “Acepta. No es resignación, pero nada te hace perder más energía que el resistir y pelear contra una situación que no puedes cambiar”.
  4. Focalizarnos en las metas para conseguirlas. A la hora de seguir una meta lo más importante es establecerla. Tenemos que trazar metas realistas y posibles. Podemos también dividir esta meta en metas más pequeñas para poderlas ir alcanzando poco a poco y usarlas como motivación para continuar en el proceso. Además es una manera más de conocernos a nosotros mismos y de crecer y a apreciar más las cosas buenas de la vida y los aprendizajes.
  5. Confiar en nuestras capacidades y tener una actitud positiva. Creer en nuestra capacidad para resolver problemas. Además una actitud positiva permite tener esperanza sobre las cosas buenas que están por venir. Es decir, la clave es enfocarnos más en lo que queremos y dejar de centrar nuestra preocupación en lo que nos ocasiona malestar o lo que tememos
  6. Mejora tus habilidades sociales y tus estrategias de solución de problemas. De esta manera, aprenderemos mejor como resolver los conflictos interpersonales que nos surjan y nos supondrá un menor estrés al afrontarlos. Aprender a ver qué conflictos podemos resolver y cuales es mejor evitar o enfocarlos de otra manera.
  7. Cuídate. Ten en cuenta tus propios sentimientos y necesidades. Planifica actividades que te gusten y que te relajen. Entrena tu cuerpo con regularidad. Haz lo mismo con tu mente y sentimientos, por ejemplo, realizando un diario de emociones y pensamientos, o realizando meditación de manera regular. Esto ayudará a que estés en buenas condiciones para cuando se presente un evento estresante

Teniendo en cuenta las perspectivas futuras, sería de suma importancia la adaptación al contexto de las intervenciones en resiliencia. Para incrementar la intervención en resiliencia también sería necesaria una mayor investigación sobre este concepto.

Resiliencia: Conclusiones y perspectiva futuras.

Respecto al factor contexto, hay que tener en cuenta esta adaptación porque este es uno de los tres factores protectores más importantes en el proceso resiliente, como hemos visto anterioridad. Cuando hablamos de contexto también tenemos que tener en cuenta los factores culturales y todos los posibles contextos de riesgo posible y la actuación en cada uno de ellos.

La intervención en resiliencia es importante ante contextos de riesgo pero también es necesario la intervención en otros contextos, y sería una manera más de estudiar cómo se produce este proceso en individuos sanos y circunstancias no tan extremas como las que se han estudiado hasta ahora promoviendo el movimiento de la psicología positiva. Es decir, ampliar los contextos de intervención en resiliencia en diferentes niveles de riesgo.

Jóvenes Ludópatas: Adictos a las apuestas deportivas, poker y el juego online. Una epidemia en auge

Jóvenes Ludópatas: Adictos a las apuestas deportivas, al poker, la ruleta, el bingo y otros juegos online. Una epidemia en auge. Las máquinas tragaperras han quedado desterradas. Aunque siguen siendo un gran problema, la crisis actual está provocada por la cantidad y variedad de opciones de juego existente. Cada día somos bombardeados por anuncios de juego online, tanto en la televisión, como en internet o en la camiseta de nuestro equipo de fútbol. Pero, ¿Por qué es tan fácil caer en las garras de la ludopatía? ¿Por qué es más peligroso el juego online que los juegos de azar clásicos? En esta entrada respondemos a estas y a otras preguntas. Adolescentes y ludopatía: Enganchados a las apuestas online

Jóvenes Ludópatas

“888…”, “William…”, “Bet and…”, “Poker…”, “Bote…”. ¿Sería capaz de completar uno o varios de estos nombres? Es posible que si, que el lector conozca algunos de estos nombre comerciales.  ¿Qué tienen todos en común? Son páginas de apuestas; desde torneos de Poker, hasta apuestas deportivas o Bingo online.

La pregunta que me ronda la cabeza de un tiempo a esta parte es la siguiente: si no es legal anunciar tabaco, alcohol de alta graduación u otras drogas en televisión… ¿Cómo puede ser legal anunciar una práctica que condena a un alto porcentaje de sus participantes a la ludopatía? La única respuesta tiene que ser los intereses económicos, pero no vamos a centrarnos en ese tema, que no es de nuestra incumbencia.

La intención con esta entrada es dar información a los lectores sobre qué es la ludopatía, como nos engaña nuestra mente cuando jugamos, y porque son más peligrosas y adictivas las apuestas online que las de toda la vida.

Jóvenes Ludópatas: Situación actual 

Desde que en 2011 cambio la Ley de Regulación del Juego, han empezado a crecer como setas los casinos y casas de apuestas online en España. Son más baratos de mantener que los casinos físicos y son accesibles para cualquier persona que tenga internet y que cuente con una cuenta bancaria. Después de conocer esto ya no nos echaremos las manos a la cabeza cuando oigamos que está aumentando el número de jugadores patológicos. Es más, está aumentando el número de adolescentes que se convierten en jugadores patológicos.

El dato total es de medio millón de personas adictas al juego. Quinientas mil almas que ponen en juego el sustento familiar (y millones de familias destruidas). España, una vez más, va camino de batir un nuevo récord.

¿Por qué nos volvemos adictos a las apuestas online?

Heurísticos y sesgos: los atajos de la mente

¡Menuda palabreja! En psicología se conoce a los heurísticos como atajos mentales. De entre toda la información que disponemos en nuestra memoria, es muy útil tener algunos trucos que nos permitan encontrar soluciones rápidas y más o menos acertadas.

A veces nos equivocamos, pero en general funcionan bien. Por otro lado, los sesgos son errores del pensamiento que se producen de forma sistemática. Así es señoras y señores, los seres humanos nos confundimos de forma automática en muchos de nuestros razonamientos.

Ahora vamos a ver algunos de los ejemplos que más influyen en los pensamientos de un posible jugador:

1- Heurístico de representatividad

A través de este atajo realizamos predicciones al comparar una muestra y su población. Es decir, juzgamos que de padres altos, los hijos también serán altos (en mi caso es algo que no se cumple, así es la genética). A esto se le llama sesgo de intuiciones sobre la regresión.

Dentro de este heurístico se produce un sesgo conocido como sesgo de insensibilidad a las probabilidades previas o al tamaño de la muestra. Es tan aplicable a lo que ocurre en los jugadores que este sesgo es también conocido como Falacia del Jugador que se explica en el siguiente vídeo.

Pongamos un ejemplo: Vamos al casino y decidimos jugar a la ruleta. No queremos complicarnos y empezamos a apostar solo a color: rojo o negro, más el cero (aquí está una de las ventajas de la banca). Observamos durante 10 partidas, para ver cómo está la máquina. De las dos opciones que aparecen abajo, ¿Qué combinación de colores cree que es más probable que salga? En función de eso, ¿A qué color apostaría en la siguiente tirada?:

Opción A: rojo, rojo, rojo, rojo, rojo, rojo, negro, rojo, rojo.

Opción B: rojo, rojo, negro, negro, negro, rojo, rojo, rojo, rojo.

Ojala me esté equivocando al creer que algunas personas (no digo todas ni muchas) han pensado que la opción A era la menos probable. La realidad es que ambas tiradas son igual de probables. Cada vez que se lanza la bola existen las mismas probabilidades de que salga rojo (48,65 %), negro (48,65 %) o cero (2.7 %). Es, ha sido y siempre será así, por la sencilla razón de que la bola no tiene memoria de donde calló la última vez. Alguno dirá que las mesas están trucadas, o que los “crupiers” saben muchos trucos. Puede que sea así (yo no consigo imaginar como lo hacen), pero en este caso hablamos de juego online, donde los sorteos suelen realizarse por ordenador.

2- Heurístico de accesibilidad o disponibilidad de la información

Según este heurístico, evaluamos la probabilidad de que un suceso ocurra en función de los ejemplos que conocemos. Cuanto más recientes, frecuentes, cercanos o salientes sean para nosotros, mayor peso les daremos. Continuemos con el ejemplo de la ruleta. El número que acaba de salir es el 12, y yo pienso: Igual, después del 12 sale el 21. Es el mismo número con el orden cambiado”. El azar decide sacar el 21 en la siguiente tirada. Euforia, saltos, gritos, abrazos, incredulidad y, por si fuera poco, nuestro euro se ha convertido en 36 en lo que dura un parpadeo.

La próxima vez que esté apostando y salga un 12, ¿A qué número apostaré? ¿Está claro no? ¿Y si el número que sale es un 21? Es muy fácil que nuestra nueva estrategia ganadora se generalice y empecemos a cambiar el orden de los números. Después del 13, el 31. Después del 23, el 32, y así sucesivamente. Cuando tenemos montadas una serie de estrategias como esta se pone en marcha el heurístico de accesibilidad. Y con este heurístico viene el sesgo de correlaciones ilusorias, es decir, tendremos una teoría propia sobre a qué números apostar en cada caso. ¿Y cuándo nuestra previsión falle? Es igual, los casos en los que acertamos son más accesibles porque les damos mayor importancia, por la alegría que suponen. Nuestra mente está diseñada para confirmar nuestras creencias y hacer oídos sordos de las pruebas que van en contra de estas.

El peligro del juego online en los jóvenes

Los dos Heurísticos explicados en el apartado anterior son solo una pequeña muestra de las mentiras que nuestra mente se cuenta a sí misma. En general, podrían aplicarse a casi todos los juegos de azar, tanto presencial como online. Algunas de las diferencias de los juegos de azar online. ¿Por qué los juegos de azar online son extremadamente peligrosos para los jóvenes?

1- El peligro de la intimidad de las apuestas online

Cuando a tu vecindario le importa más el color de la ropa interior que tienes tendida que lo que sucede dentro de su propia casa, es probable que nos cortemos un poco a la hora de practicar nuestros vicios: hacer nuestras necesidades con la puerta abierta, rascarnos el trasero en público o, por ejemplo, ir a la máquina tragaperras del bar. Ahora no existe ese problema: encendemos el ordenador (también podemos usar el móvil, no lo olvidemos) y estamos a un click de echar nuestra partidita diaria.

2- El peligro de la accesibilidad de las apuestas online

Es igual el momento del día o de la noche que sea. Siempre que lo queramos tenemos la posibilidad de conectarnos. Es domingo, estamos repantingados en casa, aburridos. Tenemos que ponernos el chándal reglamentario de domingo, calzarnos las deportivas y aclararnos la cara, bajar a la calle, saludar a los vecinos y aguantar al pesado del bar de abajo, después de haber ganado el Madrid la Champions. Nunca fue más fácil vencer la pereza, desde casa y con legañas en la cara podemos seguir apostando.

3- Pérdida de control en las apuestas o juegos online

Por último, no es lo mismo salir de casa con 20 euros y decidir jugárnoslos, que andar tirando del crédito de nuestra cuenta online. Cuando esos 20 euros se acaban podemos hacer dos cosas; aceptar la derrota y marchar a casa o, volver a casa a por más dinero, buscar un cajero o pedirle a alguien. Nada que ver con transferir 5 euritos más desde el ordenador, y luego otros 5, y al final… ¿Cuánto llevamos gastado? Mejor no pensarlo.

Reflexión final: Jóvenes ludópatas. Adictos a las apuestas online

Cada día estamos menos a salvo de la publicidad. Esta se cuela en nuestras casas de todas las formas posibles, pero donde más vulnerables somos es en internet. Si buscamos las pantuflas rosas de Frank de la Jungla en Amazon, en las siguientes semanas las veremos anunciadas en casi cualquier página en la que entremos. Lo mismo pasa con los juegos de azar, que cada vez son más accesibles.

La ludopatía es un tipo de adicción sin sustancia, que cada año afecta a más personas. Ha aumentado la prevalencia tanto sobre los consumidores habituales (hombres) como sobre poblaciones que antes no lo eran: mujeres y adolescentes. Más allá de sustanciosos beneficios que reporta, las consecuencias económicas ocasionadas por la ludopatía acabaran siendo mayores: familias arruinadas, carreras profesionales, aumento de trastornos depresivos y sus respectivos tratamientos… Nuestra mente no es demasiado diestra manejando probabilidades y tendemos a olvidar nuestras pérdidas. Este cóctel permite que tengamos sensación de control sobre el juego, cuando no es así. Seamos precavidos y prudentes, no es un juego, es una trampa.