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Importancia de la motivación: Qué es, cómo interviene en el aprendizaje y 10 consejos para fomentarla

La importancia de la motivación: La motivación es el motor que mueve nuestro mundo. A menudo hablamos de que nuestros hijos y alumnos no están motivados en clase. Les cuesta ponerse a estudiar, hay que estar encima de ellos para que hagan las tareas, luchamos a diario para que se aprendan la lección… Sin embargo, se aprenden de maravilla el nombre de 300 Pokémon diferentes. En este artículo os explicamos qué es la motivación, su importancia en el aprendizaje y la educación y 10 consejos que permiten aumentar y fomentar la motivación en el aula.

Importancia de la motivación

¿Qué es la motivación?

La motivación es un impulso interno que dirige la acción hacia un fin. Subyace a la acción e impulsa y guía esta acción. Sin motivación no hay acción.

La motivación es muy importante, porque nos lleva a buscar activamente los recursos para garantizar nuestra subsistencia. Estamos motivados por buscar alimento y comer y buscar una pareja sexual. Estos serían los motivos básicos, que son innatos y se manifiestan con independencia de la cultura.

Pero también podemos estar motivados para realizar nuestras aficiones, actividades favoritas y por el aprendizaje. Estos son los motivos secundarios, que dependen de la cultura.

No estamos motivados por aprenderlo todo. Puede que no nos motive el temario del colegio/instituto/universidad, pero desde luego hay cosas que motivan nuestro aprendizaje, bien sea la forma de vida de los delfines, una nueva receta de cocina o cambiar una rueda del coche.

Puede que la motivación venga de nuestro propio interés por el tema o por que necesitamos ese conocimiento por algo (para nuestro trabajo o por propia supervivencia, como cambiar una rueda del coche).

En este aspecto podemos diferenciar dos tipos de motivación: la motivación intrínseca y la extrínseca. Ahora se piensa que, más que dos tipos diferentes de motivación, son dos opuestos dentro de un continuo, y que raramente se dan de forma “puramente intrínseca” o “puramente extrínseca”.

  • Motivación de tipo intrínseca: ocurre cuando las personas estamos internamente motivadas a hacer algo, porque creemos que es importante o por que nos resulta placentero. Los estudiantes con este tipo de motivación estarán emocionados por realizar sus tareas por el desafío que resulta completarlas, más que por ningun incentivo o recompensa. La motivación intrínseca va descenciendo a medida que los niños van escalando cursos. Para aumentar este tipo de motivación se puede hacer el material abstracto más concreto y meterlo dentro de un contexto.
  • Motivación de tipo extrínseca: Aparece cuando un estudiante quiere realizar una tarea por factores externos, como recompensas o castigos. Sin embargo, se ha visto que los castigos producen más daño que beneficios y las recompensas tienen el poder de crear dependencia. Por ello, lo mejor es ir reduciendo poco a poco las recompensas, orientandolas hacia una motivación más intrínseca.

La importancia de la motivación en educación

La motivación es el impulso que nos lleva a actuar y a conseguir lo que nos proponemos.

La motivación juega un papel fundamental en nuestro aprendizaje. Según un estudio, la motivación influye más en nuestro desempeño en matemáticas que nuestro cociente intelectual.

En concreto, los investigadores encontraron que la inteligencia estaba fuertemente relacionada con logros de los estudiantes en matemáticas, pero solo en el desarrollo inicial de la competencia en la materia. La importancia de la motivación y las habilidades de estudio resultaron factores más significativos en el desarrollo de las habilidades matemáticas posteriores. Los estudiantes que se sentían competentes estaban intrínsecamente motivados, usaban habilidades como explicar, sintetizar, hacer conexiones con otros materiales, evitaban el aprendizaje por memorización y mostraron mayor desarrollo en matemáticas que aquellos que no se sentían motivados. Por el contrario, la inteligencia de los estudiantes no se relaciona con el desarrollo en matemáticas.

¿Por qué es importante mantener a los niños motivados por aprender?

  • La motivación incrementa el esfuerzo y su persistencia en la tarea
  • La motivación aumenta su inciativa
  • La motivación mejora sus habilidades de procesamiento cognitivo
  • La motivación mejora el desempeño general

¿Cómo sabemos si nuestros hijos o alumnos están motivados?

Según Rodríguez Moneo El comportamiento de las personas puede servir de indicador para medir la motivación. Es un indicador bastante fiable, que los profesores pueden utilizar para estimar la motivación de los alumnos y poder actuar sobre ella.

  • La preferencia o elección de una actividad frente a otra. Si yo elijo ver la televisión y en lugar de hacer la tarea escolar, mi elección refleja mi motivación.
  • La latencia, es decir, el tiempo que tardo en producir una respuesta desde que se ha presentado una estimulación. Cuanto más tardemos en empezar a hacer el trabajo que nos han mandado hacer, menos motivación por la tarea tendremos.
  • El esfuerzo, cuantos mayores sean los recursos físicos y cognitivos invertidos en el desarrollo de una tarea, mayor motivación habrá.
  • La persistencia en la tarea. Habrá más motivación cuanto mayor sea el tiempo entre el inicio de una tarea y su finalización. Cuanto antes nos rindamos en la tarea estaremos menos motivados.
  • Los indicadores expresivos de las emociones. Las acciones que realizamos suelen ir acompañadas de expresiones emocionales que indican el placer o displacer que nos provoca la actividad. Atender a las expresiones de nuestros alumnos nos dan mucha información acerca de la motivación.
¿Cómo saber si nuestros niños están motivados?

¿Como fomentar la motivación en el aula?

1. La actitud influye en la motivación

La investigación ha demostrado que la interacción entre el profesor y el alumno es más importante para el proceso de aprendizaje que los factores estructurales, como los materiales educativos y el tamaño de la clase. Esta relación entre alumno y profesor es importante no solo en os primeros años escolares, sino también más tarde, cuando los desafíos se vuelven mayores.

Según un estudio de la Universidad de Finlandia del Este una atmósfera positiva y cálida en el aula, creada por el profesor, aumenta la motivación del niño por aprender.

Una actitud empática por parte del profesor, no solo protege la imagen que tienen los niños de ellos mismos como estudiantes, sino también contra la exclusión social por parte de sus compañeros.

¿Cómo fomentar la motivación?: Muestra una actitud y un estado de ánimo positivo. Crea vínculos de afecto con los alumnos. Muestra que te preocupas por ellos personalmente, y por su proceso de aprendizaje. No los ridiculices nunca si no saben o no entienden algo. Muéstrate empático y comprensivo por ellos. Utiliza el humor y actividades distendidas.

2. Valora el esfuerzo

Es mucho más importante valorar el esfuerzo que el producto final. Si se les valora mucho más el resultado, van a centrarse en eso, olvidando que para un buen producto van a necesitar esforzarse. Además, muchas veces el resultado dependen también de otros factores, como la suerte.

¿Cómo fomentar la motivación?: Céntrate en el proceso de aprendizaje de los niños, animando a esforzarse y premiando a los que se esfuerzan mucho: “Estás muy concentrado, se nota que estás disfrutando”, o “Te estás esforzando, vas a aprender un montón”.

3. Mantén a los niños implicados

Si los niños sienten que son útiles y que tienen responsabilidades, van a estar mucho más motivados.

¿Cómo fomentar la motivación?: Da responsabilidades a los alumnos, haz la participación en clase algo divertido. Asigna a cada uno tareas, como mantener el aula recogida, limpiar la pizarra, repartir el material… Cuando trabajen en grupo, que cada uno se encargue de una cosa.

4. Utiliza incentivos

Aunque sea más importante reforzar y premiar el esfuerzo, los niños necesitan ciertas recompensas tangibles por un buen resultado. Los niños no son capaces de ver los beneficios a largo plazo de sacar buenas notas y aprender, necesitan recompensas más inmediatas. Los incentivos les motiva a trabajar y esforzarse, teniendo un objetivo en mente.

¿Cómo fomentar la motivación?: Establece pequeñas recompensas, en función de los logros de los niños, pueden ser privilegios especiales o pequeñas cosas que a los niños les encanten (como las pegatinas). Pero no es necesario saturarles de recompensas porque si no, estas perderían su valor. Lo ideal es ir espaciando el tiempo entre una recompensa y otra. Cuanto mayores sean los niños, más capaces son de visualizar una meta a más largo plazo. Si son niños de primer ciclo de primaria, una recompensa por clase al día es adecuado. Para los niños más mayores una a la semana está bien.

Lo óptimo sería ir reduciendo poco a poco este tipo de recomensas y sutituirlas por refuerzos sociales, como halagos, sonrisas, palabras de ánimo, ya que, como hemos dicho, los niños acaban dependiendo de ellas.

5. En la variedad está el gusto

Los niños se aburren fácilmente si no hay una estimulación adecuada en el aula. Y más en este mundo tecnológico en el que están acostumbrados a una estimulación masiva por parte de las tablets y los móviles. Incluso muchos padres utilizan la tecnología para calmar a los niños. Por ello, en el aula hay que evitar caer en rutinas.

¿Cómo fomentar la motivación?: Se creativo. Utiliza diferentes estructuras en clase. Enseña a través de juegos y discusiones, de forma que la clase sea dinámica y los niños estén implicados. Los aprendizajes pasivos, en los que los niños sólo reciben la información y no la elaboran, además de ser más ineficaces, destruye la motivación. También se pueden usar medios diferentes, como murales, fotografías, vídeos o películas…

6. Explica “¿Para qué me sirve esto”?

Muchas veces perdemos motivación si no sabemos la utilidad en el mundo “real” de lo que estamos aprendiendo. Por eso es importante enfatizarlo.

¿Cómo fomentar la motivación?: Puedes crear un apartado en el comienzo de cada tema, en el que se expliquen las utilidades de aprenderlo y que sea lo más práctico posible. Si estás enseñado álgebra, dedica un tiempo en investigar para que se están utilizando esos conocimientos, por ejemplo en ingeniería. Sabiendo que esos conocimientos los están utilizando ahora mismo gente real, en sus trabajos, aumenta la importancia percibida a esa materia, motivándoles a aprender.

7. No les menosprecies

Menospreciar a los niños y llenarles de etiquetas como “lento”, “vago”, “tonto”, sólo destruye su motivación. Les hace sentir que no son capaces de hacer nada y que no tienen remedio.

¿Cómo fomentar la motivación?: Evita descalificativos y etiquetas negativas. En su lugar potencia sus virtudes y habilidades y cualidades. Potencia su mentalidad de crecimiento, hazles comprender que aunque algo no se le de muy bien, con la práctica todo sale. Potencia la confianza en ellos mismos. Aprende aquí como elogiar a los niños para aumentar su autoestima.

8. Utiliza CogniFit, el programa líder en neuroeducación

La neuroeducación está basada en una nueva visión de la enseñanza que aprovecha los conocimientos sobre el cerebro, para analizar, y mejorar, los procesos de aprendizaje en los estudiantes. CogniFit es la plataforma de neuroeducación líder. Este programa, es un instrumento profesional diseñado por especialistas en neuropsicología infantil. 

La tecnología de CogniFit, está basada en la neuropasticidad. Este programa es muy fácil de utilizar. Consta de diferentes juegos clínicos que pueden realizarse a través del ordenador, y permite a los profesores no especializados en psicopedagogía, analizar los procesos de aprendizaje y desarrollar el potencial de cada alumno.

¿Cómo fomentar la motivación?: CogniFit identifica con objetividad científica las debilidades y fortalezas cognitivas de los alumnos, y obtiene una relación de los resultados con su rendimiento escolar, conducta y motivación, permite emprender estrategias de enseñanza personalizadas.

9. Ayúdales a manejar su ansiedad

A muchos niños les cuesta permanecer motivados porque tienen una gran ansiedad, temen el fracaso y no alcanzar los resultados deseados.

¿Cómo fomentar la motivación?: Transmíteles tranquilidad y hazles saber que el fracaso no es algo negativo. Equivocarse nos ayuda a aprender más y mejor, y a saber qué es lo que no debemos hacer. Si la ansiedad es muy alta se pueden intentar en clase ejercicios de relajación.

10. Enseñales a automotivarse

Está muy bien motivar a los niños pero también tienen que aprender a encontrar su propia motivación y que sean ellos mismos los que la regulen.

¿Cómo fomentar la motivación?: Ayúdales a que piensen razones para las que les pueda servir eso que están aprendiendo. ¿Les va a servir a comprender mejor el entorno? ¿Les sirve para cuando vayan a la universidad? ¿Les ayuda en el día a día?

Importancia de la motivación en la educación: No le menosprecies

 

 

Cómo educar a un niño: ¿Qué fallos estoy cometiendo al educar a mi hijo o hija?

Cómo educar a un niño: ¿Qué fallos estoy cometiendo al educar a mi hijo o hija? Aquí te presentamos los 15 fallos más habituales a la hora de educar a un niño. A veces cometemos errores al educar que son frecuentes pero que dificultan el proceso. Si estás encontrando algunos desafíos a la hora de enfrentarte a la difícil tarea de ser padre, estos consejos de cómo educar a un niño pueden serte de utilidad.

15 fallos al educar a un niño

Cómo educar a un niño- ¿Qué significa educar?

Educar es fundamental para el desarrollo de un niño o niña en las condiciones más adecuadas. El colegio es, sin duda, la institución oficial donde se realiza parte de su desarrollo, sin embargo, es clave que tengamos en cuenta que desde casa debemos ofrecer una educación basada en valores y comportamientos que serán básicos para su futuro.

El comportamiento de los padres será un modelo que muy útil para guiar la educación de los hijos. Para ello, el primer paso será determinar qué tipo de educación queremos ofrecer.

Cómo educar a un niño: Modelos educativos erróneos

Cómo educar a un niño: Padres muy restrictivos.

Se caracterizan por establecer muchos límites. Se suelen mostrar altamente sobreprotectores lo que impide que el niño o niña cometa y aprenda de sus propios errores. Además, recurren frecuentemente al castigo de las conductas negativas pero en pocas ocasiones se refuerza lo positivo.

Suelen causar frustración, mucha autoexigencia y poca sensación en ellos de estar haciendo las cosas bien.

Un ejemplo de este modelo parental serían padres que exigen a sus hijos un alto rendimiento escolar y que nunca refuerzan que apruebe o saque un notable, ni siquiera cuando saca un sobresaliente “porque es su obligación”. Este modelo parental genera mucha frustración, una autoexigencia que puede llegar a ser patológica y un apego inseguro.

Modelos parentales erróneos al educar

Cómo educar a un niño: Padres que no ponen límites.

Encontramos el caso contrario, padres que no ponen ningún límite ante ninguna de las conductas. Este extremo tampoco es adecuado. Generalmente no castigan nunca lo malo, y es posible que refuercen incluso conductas negativas (con tal de que el niño no se enfade o permanezca feliz). Esto produce que el niño o niña no aprenda a manejar la frustración, no aprendan qué es o no correcto ni desarrollen un sentido de la responsabilidad o de dónde están los límites (primero en casa y después en la vida real).

Un ejemplo de este modelo parental serían padres que no limitan el número de horas que su hijo pasa viendo la televisión. Posteriormente, cuando el niño tiene que estudiar al final de curso, tratarán de buscar en el él una responsabilidad o límites que no han desarrollado. Probablemente encontrarán que el niño responde de forma desafiante al no haber aprendido a responsabilizarse por sí mismo ni a responder ante la autoridad.

Aun cuando no nos encontramos en ninguno de los dos extremos se pueden estar cometiendo errores frecuentes que comentamos a continuación:

Cómo educar a un niño: los 15 fallos más habituales al educar:

01.Cómo educar a un niño: Regañar unas veces, reforzar otras.

Hay que tener claro qué cosas sí y qué cosas no. Ante las conductas que queramos evitar o eliminar, hay que mantenerse firmes y tener clara siempre cuál va a ser nuestra respuesta. Si queremos que el niño actúe siempre de la misma manera, debemos ser un modelo. Si queremos que nuestro hijo o hija no esté más de una hora jugando al ordenador, debemos mostrarnos siempre igual de firmes ante este aspecto (siendo quizá algo más flexibles los fines de semana o en vacaciones únicamente como refuerzo).

02. Cómo educar a un niño: No ser un modelo de cómo hacerlo correctamente.

Somos el primer modelo de cómo comportarse de nuestros hijos. Si nosotros no permitimos que el niño realice una conducta que sí que cometemos nosotros, entonces es probable que el niño no entienda por qué no debe hacerla. En caso de que sea cuestión de edad, hay que explicarle el porqué no puede hacer cosas por ese motivo y no porque estén mal. No tengas miedo de reflexionar con ellos.

Un ejemplo es el lenguaje, si no queremos que nuestros hijos digan palabrotas, trataremos de evitar que estén también en nuestro repertorio, al menos mientras estemos en casa. Si por otro lado, les pedimos que no estén muchas horas ante un ordenador pero nosotros debemos estarlo debido a nuestro trabajo, podemos explicarles que no es ocio, sino que es un asunto laboral e incluso, hacerles partícipes de nuestra tarea (que probablemente no le parezca muy estimulante) para que comprendan por qué en nuestro caso utilizamos algo que estamos restringiendo.

03. Cómo educar a un niño: Sobreprotección

No permitir que cometa sus propios errores. Ante algunas cosas, es mejor dejar que sean ellos los que se equivoquen y aprendan de sus errores. Deja que sean ellos quienes a través de su propia experiencia aprendan a qué tenerle miedo o qué no deben hacer. No trates de protegerlos de todo, no les transmitas los miedos que aprendiste tú bajo tu experiencia, pues la suya puede ser distinta.

Imaginemos un padre que cuando era pequeño fue mordido por un perro y desde entonces le da miedo acercarse a ellos. Si transmitimos ese temor a nuestros hijos, les estaremos privando de la oportunidad de disfrutar de su compañía y “contagiar” una fobia que no desarrollarían por sí mismos.

Para educar será importante reflexionar con nuestros hijos

04. Cómo educar a un niño: No saber apreciar cuando lo hace bien.

Cuando tratamos de inculcar algunas conductas en nuestros hijos, hay que reforzar todos los intentos por hacer esa conducta bien, incluso aunque al principio no sea exactamente lo que queremos. Tampoco podemos centrarnos sólo en castigar y entender que lo bueno “se debe dar por hecho” o “es su obligación”. A todos nos gusta que nuestro jefe nos diga que lo hemos hecho bien aunque nos pague por ello ¿verdad? pues extrapólalo a la sensación tan agradable de que las personas que son su referente le refuercen cada pequeño paso que da en el camino. Es muy importante para crear un apego seguro y una buena autoestima.

Cuando nuestro hijo o hija haga las cosas bien, incluso cuando el resultado no sea bueno pero haya demostrado su esfuerzo, es importante reforzarle. Si quizá tiene algunas dificultades con las matemáticas, pero después de una semana de duro trabajo ha conseguido alcanzar el aprobado, reforzaremos su conducta de responsabilidad, esfuerzo, constancia y compromiso, aunque el resultado académico no haya sido el que buscábamos (recuerda que tu hijo es mucho más que sus calificaciones académicas).

05. Cómo educar a un niño: No saber cómo comunicar la información con claridad.

En ocasiones el problema es que algo no nos parece correcto y nos limitamos a regañar o castigar sin haber explicado el porqué. Los niños entienden mejor las órdenes claras, simples y breves.

A medida que vayan creciendo, las explicaciones pueden ser cada vez más extensas, pero inicialmente lo mejor es dejar claro qué no deben hacer y ser concisos y estrictos con esa conducta específica que queremos eliminar.

Si nuestro hijo ha adquirido la conducta de pegar sin motivo a su hermano menor cuando éste le responde algo que no le gusta, debemos reflexionar con él el por qué esta conducta no es adecuada, darle una orden sencilla (“no puedes pegar a tu hermano bajo ninguna circunstancia”) y ser estrictos con esa orden específica.

06. Cómo educar a un niño: No reforzar los intentos.

Otro error es no reforzar los intentos parecidos de conductas que se aproximan a la que sí queremos conseguir. Imaginemos el caso de que queremos que nuestro hijo aprenda a vestirse solo pero no le reforzamos nunca su esfuerzo de ponerse la camiseta aunque no el pantalón (incluso le regañamos por ello). No lo estamos convirtiendo en una actividad agradable para él o ella (ni para nosotros).

Debemos ir reforzando y animándole en todas las conductas que vaya teniendo y le acerquen al objetivo (que se vista solo completamente).

07. Cómo educar a un niño: Gritar.

En el artículo educar sin gritar ya pudisteis ver cómo es posible educar sin recurrir a levantar la voz, algo que es incómodo y un desagradable tanto para nosotros como para nuestro hijo. No vuelques tu frustración en tu hijo y busca la manera de convertir el proceso de educar en algo entretenido para toda la familia.

08. Cómo educar a un niño: No llegar a un acuerdo entre ambos padres.

Otro problema que se da, tanto si los padres están separados como si conviven todos juntos, es que los padres no llegan a un acuerdo de qué cosas les parecen bien o mal de las conductas de sus hijos. A veces uno castiga, otro no y los padres se desacreditan mutuamente. Todo eso genera confusión en el niño sobre qué es lo correcto y también en los padres, que no saben cuándo sí o cuándo no regañarle. Además puede provocar discusiones entre los propios padres y empeorar el clima familiar. Es importante aclarar y llegar a acuerdos sobre qué conductas van a tolerar y cuáles no y usar ese acuerdo para educar a sus hijos y tener un objetivo común.

Los padres deben decidir juntos cómo educar

09. Cómo educar a un niño: No permitir que vaya adquiriendo responsabilidades.

A medida que el niño vaya creciendo, es importante que vaya adquiriendo responsabilidades. Esto le dará más sensación de autonomía, responsabilidad y autoestima, menos carga para los padres (no tener que ducharle, no tener que darle la comida en la boca, permitir que cruce solo la calle, etc). El niño lo tomará como un acto de confianza de sus padres en él que le reforzará a la hora de tomar sus propias decisiones.

Un ejemplo de ir desarrollando su autonomía podría ser a la hora de ducharse. Podemos inicialmente dejar que sea él o ella los que echen el gel en la esponja, posteriormente el champú y que sea él el que se lo extienda (primero bajo nuestra supervisión y después solos) hasta que acabe por realizar autónomamente todo el proceso.

10. Cómo educar a un niño: No establecer ningún límite.

Como decíamos al inicio del artículo, no poner ningún límite es un claro error. Seguramente porque si el niño termina por realizar conductas que no nos gustan, ya no habrá adquirido un sentido del respeto ante la autoridad y nos frustraremos en los intentos por tratar de corregirlo. Es más fácil que nos enseñen nuestros errores mientras vamos aprendiendo que cambiarlos cuando ya los tenemos automatizados en nuestro repertorio.

Si cuando llegan a la adolescencia tratamos de imponer todos esos límites que no hemos ido poniendo, lo más probable es que encontremos una gran resistencia. Por ello es importante ir motivándole en el camino antes de llegar a encontrar conductas que no queremos que desarrollen. Puede serte útil leer cómo fomentar la motivación en tus hijos.

11. Cómo educar a un niño: Permitir que sea el niño el que maneje la situación.

Muchas veces por miedo a rabietas, enfados, insistencia del niño, permitimos que acabe por hacer lo que él quiere, de forma que le reforzamos que utilice esas “armas” para agotarnos y manejar él la situación. Debemos permanecer todo lo firmes que podamos y no ceder, de forma que se vayan extinguiendo sus intentos por conseguir lo que quieren a base de insistencia.

Imaginemos el caso de un niño que cada vez que ve algo que le gusta en una tienda, explota en cólera haciendo que todas las personas miren con ojos de desaprobación. Es posible que el padre o madre por evitar el mal trago de que su hijo o hija llore y grite en público, acabe por comprarle lo que quiere. El único resultado será seguir reforzando esa conducta en el futuro y que la utilice para conseguir lo que desea.

12. Cómo educar a un niño: No comunicarte correctamente con él.

Creer que porque es pequeño o pequeña no podemos reflexionar es un grave error. Es importante que desde muy pequeños, reflexionemos sobre qué cosas están bien o están mal, explicarle el porqué de muchas situaciones y responder lo mejor posible ante sus curiosidades. Tu hijo o hija valorará enormemente que te tomes un tiempo para recapacitar juntos y además, desarrollarás sus habilidades de análisis y lenguaje.

Podemos dedicar todos los días un “rato de reflexión” como una tarea conjunta donde demos pie a que nos cuente qué tal en el colegio y también responder a sus preguntas. Crear un clima de confianza es fundamental para que nuestro hijo no nos vea como enemigos sino como un apoyo.

13. Cómo educar a un niño: Hacer comparaciones con otros (amigos, hermanos…)

Comparar con otros es otro frecuente error. Cada persona es única y esto será muy importante en el desarrollo de su autoestima. Cada uno tiene sus propios errores y no debemos basarnos en los otros para buscar que realice una conducta que queremos.

Debemos tratarle como a un ser único y entender qué motivos pueden estar llevando a que no se comporte de la forma correcta.

Al educar es importante que desarrollen su propia percepción de lo que está bien y lo que no

14. Cómo educar a un niño: No desarrollar su propio sentido de lo que es bueno o malo.

El niño o niña deberá desarrollar su propia ética de lo que es correcto o no, y no siempre por miedo a recibir un castigo por nuestra parte. Usando algunos de los puntos de antes, debemos comunicarnos con él, dejar que aprenda de sus propios errores y ser buenos modelos para guiar su conducta de forma adecuada siendo ellos los que deseen y entiendan por sus propios motivos qué camino seguir.

El objetivo es desarrollar que sea el niño el que entienda por sí solo que si no hace los deberes no podrá pasar de curso o que es necesario que haga él su mochila si quiere tener sus libros para el día siguiente.

15. Cómo educar a un niño: No pedir ayuda.

Por miedo a recurrir a otras personas y ser objeto de sus opiniones, tal vez no estamos pidiendo ayuda a amigos, familia o incluso profesionales cuando es necesario. No tratemos de monopolizar la educación de nuestros hijos, pues también será positivo para desarrollar su flexibilidad y reducir sus miedos, que compartamos la educación con abuelos, tíos, otras instituciones o recurrir a pedagogos y psicólogos cuando sea necesario.

En ocasiones es posible que nos veamos saturados en la educación de nuestros hijos y que esa carga no nos permita llegar hasta donde queremos. Sin embargo, nos negamos a dejarles con sus abuelos/tíos/primos por temor a que cometan algunos errores o se interpongan en nuestra educación. Echemos la vista atrás y recordemos que a nosotros también nos han consentidos nuestros familiares cercanos y no por ello nos educaron incorrectamente. Permite que otras personas que se ofrecen te ayuden. Estar mejor tú va a hacer que tu hijo o hija también esté mejor.

La importancia de educar correctamente desde que son muy pequeños.

Por último, añado que es importante que tomemos en cuenta estos consejos lo antes posible. No tengas miedo a que, porque sean muy pequeños (2 ó 3 años), no imponer ciertos límites o reforzar conductas que no son correctas. Cuanto antes vayamos estableciendo límites y permisos, antes empezaremos a sentirnos más satisfechos como padres y el niño aprenderá y disfrutará más de todo el proceso de aprendizaje y crecimiento.

Cómo cuidar el cerebro de tus hijos: Guía para padres.

¿Cómo cuidar el cerebro de tus hijos? Como padres damos mucha importancia a la educación de nuestros hijos. Como padres, nos parece lógico y normal que una parte de esa educación sea enseñarles las pautas básicas de la higiene corporal o dental. Sin embargo, normalmente, los papás, se olvidan de que cuidar el cerebro de los más pequeños es muy importante para que cuando crezcan, sean unas personas equilibradas, sanas y felices. Todos podemos aprender unas sencillas pautas y consejos para cuidar el cerebro de los niños.

¿Por qué es tan importante aprender cómo cuidar el cerebro de niño? El cerebro es nuestro órgano más importante y sabemos que con la edad va envejeciendo y se va deteriorando. La incidencia de demencia e ictus aumenta a medida que nos hacemos mayores y se ha convertido en una de las mayores lacras de nuestra sociedad por los altos índices de dependencia que provocan. La buena noticia es que  también sabemos que hay muchas formas con las que podemos cuidar nuestro cerebro y prevenir, o al menos retrasar, ese envejecimiento cerebral anormal. El problema es que hasta que no llegamos a la cincuentena no nos empezamos a preocupar por nuestra salud cerebral. Es entonces cuando nos volvemos locos buscando información sobre cómo cuidar nuestro cerebro y cuando empezamos a poner en práctica las recomendaciones generales. ¿Empezar a cuidarlo a los 50 no será demasiado tarde? ¿No sería mucho mejor empezar a cuidar nuestro cerebro desde la infancia?

Obviamente la respuesta a la pregunta que planteábamos anteriormente es que SÍ. Del mismo modo que enseñamos a nuestros hijos a lavarse los dientes 3 veces al día, debemos enseñarles los hábitos que les ayudarán a tener un cerebro más sano desde la más tierna infancia.

El neuropsicólogo Álvaro Bilbao, autor de El cerebro del niño explicado a los padres,  nos habló sobre este tema en el último encuentro de  Gestionando Hijos, un proyecto dedicado a colaborar con papas y mamas en su labor educativa. En sus conferencias, pensadores, comunicadores y profesionales de diferentes ámbitos acercan sus conocimientos a la educación de los hijos y nos dan herramientas e ideas para  aplicar a la educación de nuestros hijos.

Consejos sobre cómo cuidar el cerebro de nuestros hijos

Según el neuropsicólogo, para cuidar la salud cerebral de nuestros niños solo tenemos que seguir cuatro indicaciones básicas:

Cómo cuidar el cerebro de un niño: Dar afecto

Según el neuropsicólogo dar afecto a nuestros hijos es lo más importante. Un cerebro que no haya recibido afecto durante los primeros años de vida, crecerá con serias dificultades emocionales e intelectuales.  Esto se explica porque el cerebro tiene tres niveles:

  1. Cerebro Primitivo (es el responsable de los instintos básicos como comer o dormir).
  2. Cerebro Emocional (es el que busca afecto).
  3. Cerebro Racional (se desarrolla la capacidad intelectual).

Cuando uno de estos niveles no se desarrolla adecuadamente, se impide la maduración óptima del nivel superior. Así “solo cuando ese cerebro emocional ha recibido el cariño que necesita, puede tener una capacidad intelectual plena” dice el neuropsicólogo.

Además, Álvaro Bilbao advierte que no se debe confundir dar afecto con ser sobreprotector y evitarle cualquier sufrimiento:  la manera de enseñar al niño a tomar buenas decisiones no es evitarle los problemas sino dejar que tenga aciertos y errores y ayudarle a aprender de ellos”.  La ciencia nos dice que ante un reto o una situación nueva se activan dos estructuras en el cerebro: por un lado la amígdala (que es la responsable de que tengamos miedo) y, por otro, la corteza prefrontal (que nos prepara para afrontar el reto y entrar en acción). Si como padres solucionamos todos los problemas de nuestros hijos para evitarles el sufrimiento, nuestros hijos crecerán activando solo la parte del miedo (la amígdala) y el miedo será lo único que les quedará. No aprenderán que también pueden actuar y resolver los problemas. Es importante que los niños aprendan a solucionar los contratiempos por sí mismos, dejarles espacio para que se equivoquen, para que aprendan de sus errores. Los padres tenemos que estar cerca para animarles a que se atrevan y para apoyarlos y guiarles cuando fracasen.

Cómo cuidar el cerebro de un niño: Hacer ejercicio

Otro aspecto importante en la educación de nuestros hijos debería ser fomentar y acostumbrar a nuestros hijos a que hagan ejercicio desde pequeños. ¿Por qué? Bueno, en realidad este punto casi no necesitaría una explicación ya que es de sobra conocido por todos los aspectos positivos que el ejercicio tiene sobre nuestra salud. Pero por poneros una explicación, os diré que para el buen funcionamiento cerebral se necesita mucho oxígeno. A pesar de que el cerebro solo representa el 2% del peso total del cuerpo, consume un 33% del oxígeno que nuestros pulmones respiran. Para que toda esta cantidad de oxígeno llegue a nuestro cerebro  necesita un corazón fuerte y sano que pueda bombearlo y transportarlo sin dificultad. La práctica de ejercicio diario ayuda a conseguir este corazón fuerte y sano, y por tanto favorece una correcta oxigenación cerebral.

Además, está demostrado que el ejercicio reduce el estrés (y sí, nuestros hijos también lo sufren) y que aumenta la BDNF, una proteína que permite recordar mejor.

La mejor manera de que nuestros hijos quieran hacer ejercicio es que nos vean a nosotros practicar algún deporte o hacer ejercicio diario. ¡No seamos vagos! Además, podemos aprovechar la excusa del ejercicio para pasar un rato con ellos. Podemos llevarlos a montar en bici, nadar a la piscina, jugar a algún deporte… ¡Hacer ejercicio es divertido!

Cómo cuidar el cerebro de un niño: Nutrición Neurosaludable

La nutrición es otro de los aspectos importantes, y de sobra conocidos, que afectan a la salud cardiovascular. Si conocemos qué alimentos son los más saludables para nuestra salud cerebral, ¿por qué no fomentar su consumo desde que son pequeños?

Es importante acostumbrar a nuestros hijos a comer sano con frutas y verduras, pescado azul, harinas integrales, limitando la cantidad de azúcar que consumen y evitando las conservas. Una alimentación sana ayudará a nuestros hijos a…

  • Aumentar su memoria y concentración (por el consumo de frutas y verduras)
  • Mejorar su agilidad mental (se ha demostrado que las grasas no saturadas facilitan el flujo de la información en el cerebro)

Para fomentar el consumo de estos alimentos ¿que tal si en vez de comprar la merienda en la sección de bollería, vamos a la de frutería? o ¿les preparamos un bocadillo vegetal?

Cómo cuidar el cerebro de un niño: Gestión del estrés y el autocontrol

¡Sorpresa! Nuestros hijos también tienen estrés. ¿Habéis visto el vídeo sobre el experimiento de los horarios laborales? [ATENCIÓN SPOILER] En él, un grupo de personas tiene que adivinar a qué se dedica un desconocido con el que hablan a través de un chat. La sorpresa viene cuando descubren quién es el desconocido: sus propios hijos. Esto da que pensar. Lo cierto es que mantenemos a nuestros hijos ocupados todo el tiempo: entre el colegio, los deberes, las actividades extraescolares… nuestros hijos no tienen tiempo para desarrollar el juego libre. Y jugar es muy importante para desarrollar la imaginación y conseguir un cerebro pleno.

El problema no solo está en la falta de tiempo libre y el estrés subyacente, sino en que también tienen muchas dificultades para enfrentarse a los contratiempos, sufren enormemente ante cualquier dificultad que se les presente. Álvaro destaca la importancia de enseñar autocontrol a nuestros hijos y dice que hoy en día “no estamos acostumbrando a nuestros hijos a esperar. Y esperar es muy importante”. Si lo pensamos es cierto. Estamos acostumbrando a nuestros hijos a que tengan todo lo quieren y que lo tengan al momento. Cuando hacemos un viaje en coche, les ponemos los dibujos o un videojuego en la tablet (o el móvil) para que no se aburran y no nos den la lata; o en casa les ponemos la tele con los dibujos para que se dejen de quejar. Tendemos a evitarles la frustración. Lo hacemos con buena intención pero no es del todo positivo.

Enseñarles autocontrol, y que aprendar a esperar recompensas, va a ejercitar el lóbulo frontal del cerebro y les va a permitir tener una mejor respuesta a cada situación: podrán autocontrolarse en las situaciones que lo requieran, y relajarse o divertirse en otras. Hay una frase que dice el especialista que me gusta mucho y en la que creo que debemos pensar: “para tener a hijos felices en lugar de hacer que el viento siempre sople a favor, hay que enseñarles también a navegar entre tempestades”. Algo que a los padres nos cuesta hacer porque no nos gusta ver sufrir a nuestros hijos, pero que debemos tener en cuenta si queremos que sean autonomos y aprendar a gestionar bien sus emociones a largo plazo. ¡Ojo! Esto no significa que tengamos que boicotearlos para que aprendan a navegar entre tempestades. Ni mucho menos. Simplemente se trata de que les dejemos espacio para equivocarse, para que sientan la frustración y la resuelvan, manteniéndonos siempre a su lado. Estando presentes.

 

 

Modificación de conducta: 5 Técnicas que reducen conductas rebeldes en niños

La modificación de conducta tiene como objetivo minimizar o cambiar conductas “desadaptadas” o rebeldes. Cada vez es más frecuente que nos encontremos con niños que desobedecen, mienten, insultan, que se muestran agresivos y retadores, etc… Estos comportamientos, son claros síntomas de que existe un problema de conducta. Tanto los padres como los profesores debemos tratar de corregir y controlar estas comportamientos antisociales en la infancia si no queremos que se intensifiquen en la adolescencia. Descubre estas 5 técnicas y estrategias de modificación de la conducta que te ayudarán a controlar la conducta agresiva y retadora. Como huir del castigo físico y educar sin violencia. 

Modificación de conducta

La modificación de conducta no se consigue a través de la violencia. Todos los padres y profesores deben tener claro que la violencia no tiene cabida en la educación. La violencia como medida disciplinaria es inútil, pues sólo perjudica el desarrollo del pequeño. La modificación de conducta solo se consigue a través de “reglas” que ayuden a los niños a conocerse mejor, entender qué es lo que se espera de ellos, y lo que pueden o no hacer.

¿Cómo no se debe educar a un niño? Descubre el efecto Pigmalión. La modificación de conducta persigue el cambio de comportamiento a través de técnicas y estrategias psicológicas dirigidas a mejorar el comportamiento de los niños. Estas estrategias, pueden ayudar a que los pequeños desarrollen todo su potencial, manejen la frustración, se adapten a los cambios, y seleccionen conductas útiles para lograr sus metas y objetivos. La aplicación de estos métodos que presentamos más abajo, ayudará a controlar la conducta en la infancia y promover el bienestar, satisfacción y competencia personal en la infancia.

Técnicas de modificación de conducta

Cuando se trata de modificar conductas en niños, son muchos los padres que se sienten perdidos. A continuación, proponemos algunas técnicas útiles de modificación de conducta que se pueden aplicar en casa o en la escuela para conseguir que los niños controlen o corrijan comportamientos antisociales.

Utilizando estas técnicas de una manera adecuada se puede obtener buenos resultados desde edades muy pequeñas. Es importante valorar que técnica debe usarse en cada momento y no realizar una mezcla de varias sin conseguir el objetivo propuesto. Lo más importante a la hora de modificar la conducta de los niños, es crear en ellos la menor insatisfacción posible, y que puedan cumplir con los estándares pedidos por los padres de una manera adecuada, y sin sentirse frustrados por estar sometidos a castigos y broncas diarias.

1. Técnica de “tiempo fuera” para modificar conductas

La primera técnica de modificación de conductas, es muy sencilla y de fácil aplicación. El “tiempo fuera” es una técnica que puede aplicarse para modificar muchas conductas. La esencia de esta técnica consiste en apartar al niño a un sitio que carezca de estímulos positivos para el/ella, un lugar donde no tenga juegos o compañía con la que pueda entretenerse. No se trata de buscarle un sitio hostil, sino un lugar que le resulte aburrido. Debemos conseguir que esté en ese sitio que no le gusta durante un periodo de tiempo.

Pongamos un ejemplo, un niño lleva mucho tiempo viendo la tele, su padre decide apagar el televisor, y es entonces cuando el pequeño coge una gran rabieta ¿Cómo podemos gestionar la situación? Para aplicar correctamente la técnica de “tiempo fuera” debemos retirar al pequeño a un lugar que resulte poco gratificante para el/ella. Lo haremos inmediatamente después de que aparezca la conducta indeseable. Sin discutir con el, y de forma pausada y tranquila, explicándole detalladamente que cuando corrija su conducta, nosotros estaremos ahí para jugar con el, o realizar una actividad gratificante y divertida.

Esta técnica de modificación de conductas es muy sencilla, pero tiene un factor muy importante que se debe considerar, y es el tiempo que el niño debe de estar en la situación de “tiempo fuera”. El tiempo debe ser proporcional a la edad del niño, por lo tanto, a cada año que tenga el niño se le sumará un minuto, lo que viene a ser, en niños de 5 años, 5 minutos en “tiempo fuera”. Este dato es muy importante ya que si no se realiza de esta manera, la técnica puede ser aversiva para el niño, y por lo tanto, puede no tener los beneficios que deseamos. La edad en el desarrollo del niño juega un gran papel en la conducta del pequeño. Descubre las etapas del desarrollo del niño.

2. Técnica de “extinción” para modificar la conducta

Otra técnica importante, pero que no se suele aplicar correctamente es la “extinción”. Esta técnica de modificación de conductas, consiste en suprimir las recompensas que el pequeño espera conseguir con su conducta. La mayor parte de nosotros presta atención a las transgresiones, es algo que nos resulta difícil de ignorar, y los pequeños lo saben y lo utilizan en su beneficio. Si nuestro hijo nos contesta mal consigue nuestra atención: emprendemos una discusión, intentamos dar explicaciones, hacerle entrar en razón y convencerle…. La técnica de extinción consiste en eliminar todo aquello que refuerza la conducta indeseada del pequeño.

Por ejemplo, un niño que este haciendo chantaje emocional a su madre para no ir al cole con comentarios del tipo “me llevas al cole para librarte de mí”, “¿es que no quieres que pase tiempo contigo?”, etc… En esta ocasión, aplicaríamos la técnica de extinción de conductas, sustituyendo esos comentarios por algo gratificante. Una práctica adecuada, sería, por ejemplo, preguntar al pequeño sobre sus dibujos animados favoritos, ignorando el comentario que el niño había hecho anteriormente. Hacer como si no le hubiéramos escuchado y quisiéramos iniciar una conversación con el.

En la “extinción” es muy importante que siempre aparezca un sustituto gratificante ya que si esta técnica se lleva a cabo sin ser acompañada por un estímulo positivo, puede que el pequeño se sienta ignorado, repercutiendo negativamente en sus emociones. Esta técnica no se debe utilizar ante conductas peligrosas. Descubre los tipos de aprendizaje cognitivo.

3. Técnica de “modelamiento” para modificar la conducta

Otra técnica muy útil, a la par que práctica, y que se puede aplicarse en diversas áreas, es el “modelamiento”. Esta técnica para modificar la conducta, consiste en imitar a la otra persona haciendo exactamente lo mismo que ha hecho ella. Aquí las neuronas espejo cobran gran importancia.

Un ejemplo útil en el que podemos utilizar esta técnica de modificación de conductas, es a la hora de enseñar al niño una nueva habilidad, como puede ser, por ejemplo, poner la mesa. Primero la madre o el padre debe realizar la tarea explicando cada paso que da, desde poner el mantel hasta sentarse a esperar la comida. Para ello, debe explicárselo al niño de la manera más didáctica posible para que preste atención.

Por ejemplo, un niño que le gustan los dibujos animados sobre superhéroes se puede imaginar que cada elemento que coloca en la mesa (vasos, cubiertos, servilletas..) es un superhéroe que va a reunirse a la base (la mesa) con el resto e amigos. Los padres deben de ponerle el mismo ímpetu que pondría el niño para que así sea más entretenido. Una vez el padre o madre que ha realizado el modelamiento debe recoger todo lo que había puesto y dejarle al niño que él lo repita ahora sin ayuda.

Si el pequeño se equivocará en algo es bueno no reprenderle y esperar a ver si a la siguiente vez consigue acordarse de lo que anteriormente no había hecho bien. Importancia de la motivación en el aprendizaje.

4. Técnica de “economía de fichas” para modificar la conducta

La “economía de fichas” es otra técnica de modificación de conductas que puede ser muy divertida para padres y niños. Se trata de establecer un sistema de recompensas en el cuál, para obtener un premio (comida favorita, juguete, excursión, juegos mentales, etc…) deberá desarrollar determinadas conductas deseadas (los deberes, ordenar su habitación, lavarse los dientes, ayudar a poner la mesa, etc…) y dejar de hacer otras que deben concretarse.

Un ejemplo útil, cada vez que el pequeño realiza la conducta deseada se le entregará inmediatamente un reforzador (fichas, puntos, etc…) el niño irá recogiendo estas recompensas hasta llegar al número que hemos determinado, momento en el que le entregaremos el premio final. Lo importante de esta estrategia para modificar la conducta, es que el niño se de cuenta de que obtiene muchos más beneficios y privilegios cuando se comporta de forma adecuada.

Es importante que contemos con una pizarra o cartulina que esté visible para todos los miembros de la familia, donde se pueda ver el estado de los puntos obtenidos semanalmente. Debemos fijar y pactar de antemano los premios que entregaremos. Deben ser recompensas claras y que resulten realmente atractivas para el niño, y deben aparecer reflejadas en la pizarra.

Cada vez que entreguemos una ficha o punto, debemos acompañarlo de comentarios positivos “Estoy muy contento porque te has esforzado”. Descubre las diferentes formas de elogiar que fomentan la autoestima en niños.

Descubre en este vídeo como puedes aplicar la técnica de la economía de fichas para la modificación de una conducta.

Además en esta técnica se puede incorporar la pérdida de puntos cuando el niño no cumple con el objetivo que tenía establecido. De esta forma se controla muy bien que el niño cumpla con sus obligaciones y no sea castigado con nada aversivo cuando no lo haga. Este sistema es muy útil en los colegios y en la mayoría de ellos se aplica pero tiene mucha eficacia también aplicado en casa.

5. Técnica de “intención paradójica” para modificar la conducta.

La última técnica de modificación de conducta de la que vamos ha hablar es de la “intención paradójica”. Es una técnica con muy buenos resultados pero resulta compleja, ya que se trata de pedirle al niño que haga aquello que justamente nosotros queremos evitar.

Por ejemplo, cuando un niño desobedece continuamente la orden de recoger sus juguetes, y siempre se niega sistemáticamente a ordenar. El niño cada día entra en una dinámica de provocación. Qué sucedería si un día los padres le dijeran: Hoy no quiero que recojas, quiero que no hagas absolutamente nada.

La primera sensación que le vendrá al niño a la cabeza será satisfactoria porque no tiene que esforzarse en hacer lo que no le gusta hacer. Sin embargo, en ese momento los padres deben de ingeniar alguna actividad divertida con el resto de los hijos, o entre sí. Como por ejemplo, cocinar una receta divertida, contar cuentos, reírse mucho. El niño querrá participar, sin embargo los padres deben decirle que no, que siga sin hacer nada, que era lo que el quería.

Esta técnica tiene varias limitaciones y debe valorarse antes la idoneidad del perfil del niño ya que puede causar la acción contraria y por ello no resultar del todo útil.

Si después de aplicar estas técnicas de modificación de conductas, el niño sigue sin responder correctamente, siempre se puede acudir a especialistas para que realicen una exploración neuropsicológica completa y puedan descartar cualquier tipo de desorden neurológico.

El bienestar y desarrollo conductual en la infancia, depende de los padres y educadores. Los niños no responden como los adultos, por lo que siempre debe adaptarse todas las modificaciones de conducta a lo que ellos necesiten.

Como dijo Jean Jacques Rousseau:La infancia tiene sus propias maneras de ver, pensar y sentir; nada hay más insensato que pretender sustituirlas por las nuestras”.

Muchas gracias por leer, no dudes en dejar abajo tus comentarios con preguntas, dudas, o las estrategias de modificación de conducta que a ti te funcionan 🙂