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¿Qué son las emociones?, ¿Es malo sentir ansiedad, miedo, ira…?, ¿Podemos controlarlas?

La mayoría de nosotros ha oído hablar de las emociones y ha leído sobre ellas, pero, ¿qué son exactamente las emociones? Las emociones son una respuesta que aparece en las personas ante situaciones que consideramos importante. ¿Podemos controlar nuestras emociones negativas? ¿para qué sirven? ¿Son perjudiciales? ¿Cómo podemos regularlas? Descúbrelo en este post:

Supongamos que de repente nos llama nuestro jefe para decirnos que mañana tenemos que exponer ante 400 personas un tema relacionado con el trabajo. Ante esta situación aparecerá una emoción llamada ansiedad que nos está indicando la existencia de una situación amenazante.

Qué son las emociones

¿Cómo se manifiestan las emociones en nosotros?

Siguiendo con el ejemplo anterior, la emoción de ansiedad  se va a manifestar en nosotros de tres maneras. En primer lugar tendrá lugar la activación de nuestro cuerpo, de tal modo que es posible que sintamos un aumento de la tasa cardíaca, junto a un aumento de la frecuencia respiratoria, sudoración, tensión muscular…etc; por otro lado, aparecerán pensamientos negativos relacionados con lo que va a ocurrir en un futuro: “me voy a quedar en blanco”, “me voy a poner rojo y se van a reír de mi”….y por último, a nivel conductual, es posible que llevemos a cabo conductas estereotipadas (movimientos repetitivos con alguna parte de nuestro cuerpo u objeto) o nos pongamos a hacer cosas de forma compulsiva.

¿Son malas las emociones negativas?

La mayoría de nosotros considera que emociones negativas tales como, ansiedad, miedo, ira, tristeza…etc. son malas, pero ¿es realmente cierto?, ¿son malas las emociones negativas? La respuesta es no. Las emociones, tanto negativas como positivas, son adaptativas ya que nos ayudan a responder de la manera más adecuada ante las situaciones que se nos plantean en la vida. Imaginad que estamos en medio del bosque y de repente aparece un tigre, ante esta situación la mayoría de nosotros sentirá la emoción de ansiedad o miedo, y en nuestro organismo tendrán lugar unos cambios (aumento de la tasa cardíaca, aumento de la frecuencia respiratoria, tensión muscular) que nos preparan para la huida, siendo esta la respuesta más adecuada para nuestra supervivencia.

¿Qué ocurre con el resto de emociones negativas? ¿Para qué sirven?

La ira es otra emoción negativa que aparece cuando consideramos que terceras personas están impidiendo que consigamos nuestros objetivos, en este caso dicha emoción nos impulsa para llevar a cabo acciones de ataque o defensa que nos permitan eliminar esos obstáculos que nos alejan de nuestras metas.

El asco es una emoción que aparece ante estímulos potencialmente peligrosos y desagradables y nos impulsa al rechazo de los mismos con el objetivo de preservar nuestra vida.

La tristeza aparece ante situaciones de pérdida y se acompaña de una expresión facial característica, la cual nos permite reclamar ayuda, aumentar la cohesión con otras personas, apaciguar posibles reacciones de agresión  y por otro lado nos sitúa en una situación idónea para la reflexión.

¿Las emociones negativas pueden resultar perjudiciales?

Todas estas emociones son consideradas buenas y adaptativas, sin embargo puede tener lugar un desajuste en cuanto a la frecuencia, la duración o la intensidad de las mismas. En ese caso estaríamos hablando de emociones perjudiciales. Volviendo al ejemplo del trabajo, supongamos que tenemos que preparar la exposición  para las 400 personas, ante esta situación unos niveles medios de ansiedad serían los óptimos para que podamos rendir en la preparación y exposición de trabajo, sin embargo unos niveles extremos de dicha emoción posiblemente nos imposibilitasen la preparación y la exposición del trabajo.

¿Qué podemos hacer para regular nuestras emociones?

  • 1- Es importante que identifiquemos le emoción que estamos sintiendo, el significado de la misma y su función, tanto en nosotros como en los demás.

  • 2- Para regular nuestras emociones es importante que nos centremos en cuidar aspectos relacionados con la alimentación, el sueño, el ejercicio físico, las amistades y el apoyo social.

  • 3- Es importante que aceptemos las emociones, y nos demos cuenta de que nosotros no somos la emoción que sentimos, por tanto no tenemos por qué actuar según dicha emoción. Aceptar la emoción implica que disminuya el miedo a experimentar emociones dolorosas.

  • 4- Manejar emociones negativas, actuando de manera opuesta a la emoción que estamos sintiendo.  Así, por ejemplo, ante la vergüenza, la ansiedad o el miedo actuaríamos con acercamiento, ante la tristeza con la activación, y ante la ira con la evitación.

  • 5- Es importante que construyamos una lista de objetivos vitales y de los pasos a seguir para conseguir dichos objetivos y que las emociones negativas experimentadas no sean un impedimento para llevar a cabo las acciones que nos acercan a nuestras metas.

 

Resolución de problemas: ¿Estás preocupado por algo?

¿Algún dilema te quita el sueño? ¿Estás estresado? ¿No sabes qué hacer? No existe una solución definitiva para todas nuestras inquietudes. Sin embargo, podemos adquirir una metodología de resolución de problemas eficaz y flexible que se adapte a diferentes contextos. En este artículo te hablaremos sobre los diferentes tipos de problemas y estrategias para afrontarlos. Además, te daremos consejos para que mejores tus técnicas a la hora de enfrentarte a cualquier contratiempo.

Resolución de problemas: Definición e importancia

¿Quién no ha experimentado en primera persona las molestias que causan los problemas? No nos dejan dormir, nos ponen de mal humor, nos estresan, provocan que nos metamos en discusiones e incluso nos hacen llorar de vez en cuando. No siempre llegamos a estos extremos, pero siempre son incómodos y requieren que dediquemos un tiempo a solucionarlos. Tener una buena metodología de resolución de problemas es básico en todos los ámbitos de nuestra vida.

¿Y qué son los problemas? La RAE afirma que un problema es una “cuestión que se trata de aclarar”, una “proposición o dificultad de solución dudosa” o un “conjunto de hechos o circunstancias que dificultan la consecución de algún fin”. Son acepciones bastante ambiguas que abarcan una inmensidad de circunstancias diferentes.

Según Newell y Simon (1972), los problemas se enmarcan en un espacio determinado y están compuestos por:

1. Estado inicial: Se refiere a cuál es nuestro problema. ¿No sabemos cómo pagar el coche? ¿Estamos enfadados con nuestra pareja?

2. Estado meta: Consiste en saber qué queremos lograr. ¿Deseamos engordar un par de kilos? ¿Tenemos que entregar un proyecto importantísimo en una hora y no se nos ocurre nada?

3. Operadores que nos permiten pasar del primer estado al segundo: Son las acciones que debemos llevar a cabo. Pueden ser labores como pedir ayuda a nuestro vecino o encontrar la página idónea en Internet.

4. Restricciones: Engloban todo tipo de condicionantes e imprevistos. Hay una gran diversidad de posibles limitaciones; como tener suficiente dinero o haber perdido el móvil.

Por otra parte, la solución puede ser el método utilizado para llegar al objetivo o el resultado que hemos obtenido. En cambio, la resolución es el proceso que llevamos a cabo para lograr nuestra finalidad.

Las dificultades se suceden continuamente a lo largo de nuestras vidas. Algunas son previsibles. En cambio, otras son inevitables o no hemos hecho lo suficiente para impedirlas a tiempo. No obstante, la mayoría tienen solución. En este artículo te daremos unas pautas para llegar a una meta cuyo camino desconocemos. Descubre aquí algunas técnicas de resolución de problemas.

Tipos de problemas

Todos nuestros procesos psicológicos básicos se ven implicados cuando nos enfrentamos a una dificultad. Facultades como la memoria, la atención, la percepción, el aprendizaje y la inteligencia nos ayudan a buscar una manera de salir airosos de nuestras preocupaciones. Es preciso conocer los diferentes tipos de problemas para tener más claro qué podemos hacer cuando debamos solventar uno de ellos.

Clasificar la gran diversidad de problemas es una tarea complicada. Además, cada persona los concibe de una manera diferente y muchas veces no hay una guía que nos ayude a tipificarlos.

La resolución de problemas es un asunto que ha interesado considerablemente a los psicólogos. Generalmente, se dividen en problemas abiertos (bien definidos) y cerrados (mal definidos). Hay diversos modelos. Aquí seguiremos la clasificación de Greeno y Simon (1988).

1. Problemas bien especificados

En estos casos sabemos qué tenemos que hacer y cuál es nuestro objetivo. Comprendemos en qué punto nos encontramos y conocemos los pasos que debemos seguir. Los problemas de matemáticas que hacemos en la escuela son un ejemplo. Hay que llevar a cabo una secuencia de acciones predefinidas para resolverlos.

2. Problemas de diseño y reordenación

El proceso para solucionarlos es más abierto que en el tipo anterior. Aquí contamos con unos elementos. Nuestra misión es combinarlos de manera que se adapten a unas condiciones que hayan sido previamente especificadas. Puede sonar un poco abstracto, pero tenemos varias muestras en la vida cotidiana; como jugar al ajedrez o escribir una redacción.

3. Problemas de inducción

Este es el tipo más complejo de problemas. Demandan que se encuentren analogías entre conceptos pertenecientes a diferentes contextos. Imagina que quieres captar la atención de una persona y no sabes cómo. Tras pensarlo detenidamente, puede que se te ocurra utilizar las técnicas que utilizan los publicistas y hacer un cartel con lo que deseas comunicar.

Los tres tipos de problemas pueden abarcar una infinidad de situaciones distintas. Dentro de cada clasificación los problemas pueden ser más o menos complejos y en todos ellos hay que pensar cuáles pueden ser las posibles repercusiones de nuestras acciones. Hay diversas variables que pueden afectarnos. Es preciso preverlas y tenerlas en cuenta. No obstante, no debemos obsesionarnos, la gran mayoría de los problemas tienen solución.

Proceso de resolución de problemas: ¿Cómo nos enfrentamos a ellos?

Profesionales con enfoques tan distintos como los conductistas y los psicólogos de la Gestalt han intentado descifrar cómo intentamos resolver las dificultades. Para los primeros, la resolución de problemas es un procedimiento mecánico basado en asociaciones entre estímulos y respuestas. Pasaban por alto la riqueza de la vida mental de las personas. Esta es una explicación demasiado reduccionista para analizar algunas situaciones como qué carrera escoger.

Los gestaltistas opinaban que “el todo es más que la suma de sus partes”. Es decir, las diferentes circunstancias están compuestas por un gran número de factores. Todos los componentes están relacionados y puede encontrarse armonía entre ellos. Para los psicólogos de la Gestalt, una condición confusa se resuelve a través de la reorganización de sus constituyentes.

Wertheimer, uno de los máximos representantes de la Gestalt, afirmaba que existen el pensamiento reproductivo y el productivo. El primero es mecánico y trata de aplicar los conocimientos previos en la resolución del problema de forma pasiva. Por ejemplo, sería el que utilizamos para montar un mueble.

Por otra parte, el pensamiento productivo requiere un procedimiento más activo que permite realizar asociaciones más creativas. Cuando pensamos así, es probable que tengamos un insight, que es el clásico momento ¡eureka!

El pensamiento reproductivo puede dar lugar a la temida fijación funcional, que es un bloqueo creativo que nos impide ver la solución. A veces nos empeñamos en resolver un asunto de la misma forma una y otra vez. Esto inhibe que contemplemos otras alternativas más eficaces. En el siguiente apartado te contaremos cómo evitar estos impedimentos.

Técnicas para resolver problemas: Ejemplos

Se pueden emplear varias alternativas para resolver un solo problema. De hecho, es recomendable utilizar varios recursos distintos para desarrollar una metodología flexible y funcional. Aquí te contaremos cinco acciones que pueden ayudarte a enfrentarte a cualquier situación.

1. Piensa antes de actuar

Puede parecer una obviedad. Pero a veces con las prisas (más aún cuando tenemos que arreglar algo urgentemente), intervenimos antes de saber cuáles pueden ser las consecuencias. Es preciso tener una visión global del panorama antes de agobiarnos o decir algo inapropiado.

2. Utiliza recursos gráficos

Plasmar nuestros pensamientos en un papel puede ser una gran ayuda para ordenar nuestras ideas. Podemos hacer esquemas o mapas conceptuales en los que incluyamos el problema principal, los diferentes condicionantes, las posibles soluciones, sus consecuencias, etc.

3. Haz listas de ventajas y desventajas

Hay problemas que no parecen tener una solución definitiva a la primera. Podemos pensar varias formas de resolverlos y considerarlos de manera individual. Puede que así descubramos que una opción que descartamos al principio sea la más beneficiosa.

4. No pierdas de vista el objetivo principal

Es preciso que tengamos claras nuestras metas. A lo largo del proceso de resolución podemos perder de vista nuestro propósito y ponernos a arreglar otros asuntos. Es necesario que mantengamos una mentalidad flexible y contemplemos varias alternativas. Pero no debemos olvidar la definición de nuestro problema para tomar las decisiones adecuadas.

5. Evalúa los resultados

Da lo mismo si el obstáculo al que nos enfrentamos parece haberse resuelto o no. Es esencial que nos preocupemos por hacer un seguimiento de la situación. Esto nos permitirá aprender para la próxima vez que nos enfrentemos a un reto similar o darnos cuenta de que aún no lo hemos arreglado todo para actuar en consecuencia.

Resolución de problemas: Expertos vs novatos

El estudio de las diferencias entre expertos y novatos en un tema es fundamental para estudiar las formas de resolución de problemas más efectivas. Estas son las principales diferencias entre ambos:

1. Los expertos son más rápidos: Necesitan menos tiempo y esfuerzo para obtener buenos resultados.

2. Localizan antes los datos relevantes: Con la práctica aprendemos a filtrar lo que realmente importa y dejamos de distraernos con información que no nos aporta nada.

3. Se detienen a analizar cuidadosamente la situación: Tardan más en examinar el problema, pero actúan mejor y más rápido.

4. Toman las decisiones idóneas: Conocen los métodos más adecuados y los emplean acertadamente.

5. Necesitan esforzarse menos: Ya han interiorizado todos los pasos del proceso. Si la situación es novedosa, encuentran analogías rápidamente con otras circunstancias similares.

6. Su autocontrol es más elevado: Dominan sus emociones, controlan sus habilidades y son capaces de mantener la concentración.

7. Saben detectar las oportunidades: Descubren inmediatamente las circunstancias que pueden resultar beneficiosas y saben cómo propiciarlas.

Hacen falta mucho tiempo y esfuerzo para llegar a ser un experto en una materia. Además, se logra a partir de resolver problemas y más problemas. Si te encuentras ante una nueva situación, es posible que estés abrumado. Lo importante es perseverar y ser precavido. No obstante, nunca debemos tener un miedo excesivo a equivocarnos. La constancia y una planificación adecuada son las claves del éxito.

Consejos para solucionar problemas eficientemente

En este apartado te daremos algunas recomendaciones para que apliques las técnicas de resolución de problemas a tu metodología. Hay dificultades que no sólo dependen de nosotros. Sin embargo, nosotros elegimos cuál será nuestra actitud para hacer frente a las adversidades.

1. Descansa

Dormir lo suficiente y tomarse un respiro de vez en cuando es fundamental para evitar los bloqueos funcionales y motivar la resolución de problemas. En ocasiones pensamos que cuanto más tiempo pasemos pegados al escritorio, antes zanjaremos cualquier dificultar. ERROR. Una pausa puede tener un efecto más beneficioso que cualquier jornada intensiva agotadora. Los insights ocurren en momentos de relax.

Hay veces que los problemas no nos dejan descansar por mucho que intentemos distanciarnos de ellos. Aún así, no debemos dejar de intentar relajarnos. Así nuestro bienestar se incrementará y evitaremos fijarnos en la información irrelevante o presuponer datos erróneos. Hay técnicas para mantener la calma que te vendrán fenomenal sea cual sea tu situación.

2. No descartes ideas

A veces nos decantamos por lo más típico cuando nos enfrentamos a un problema. Tal vez esta sea la mejor respuesta. Pero en otras coyunturas esto puede ser un error o no ser lo suficientemente bueno. Por ejemplo, si nos proponen un dilema en una entrevista de trabajo y contestamos lo mismo que la mayoría de los aspirantes, es probable que no nos seleccionen.

Hay técnicas como el brainstorming (o tormenta de ideas), que consisten en anotar todo lo que se nos ocurra al pensar en un tema. Pueden utilizarse en un gran número de situaciones. Por ejemplo, si queremos buscar un nombre para una mascota, podemos ir registrando todo lo que se nos pase por la cabeza. No debemos descartar ninguna propuesta, esto inhibiría la creatividad. Cuando acabemos, tendremos una nutrida variedad de opciones y estaremos listos para decidir.

3. Mantén la mente abierta

Los prejuicios también facilitan que nos hallemos ante un bloqueo funcional y que no seamos capaces de resolver un problema. La educación y la práctica nos ayudan a contemplar las situaciones desde un punto de vista holístico. Aunque también nos limitan cuando creemos que nuestro método funciona y ya lo sabemos todo. Tomarnos un tiempo para pensar y no decir que no antes de tiempo enriquecerá nuestra vida y nos hará más eficientes.

4. Dedica un tiempo a las actividades creativas

A medida que crecemos vamos restando importancia a la creatividad. Solemos creer que no valemos para asuntos relacionados con ella (exceptuando los creativos profesionales y otras excepciones). No obstante, esto coarta nuestras posibilidades.

Intentar mantener un pensamiento divergente y creativo nos permitirá encontrar alternativas novedosas en cualquier contexto. Encontrar un tiempo para dibujar, componer canciones o escribir poesías repercutirá positivamente en otros ámbitos de nuestra vida. Expresarnos artísticamente nos hace más felices y libera nuestra mente.

5. Busca ayuda

No debemos renunciar a nuestra independencia ni a nuestra autonomía. No hace falta que preguntemos por cada contratiempo que se nos presente. Sin embargo, a veces pensamos que los demás no nos van a entender, nos van a rechazar o nos da vergüenza.

El resto de la gente también puede haber pasado por la misma situación que nosotros y haberla resuelto. O simplemente pueden ser una fuente imprescindible de apoyo para nosotros. Comunicar tus preocupaciones es elemental para tu bienestar.

Muchas gracias por leer este artículo sobre resolución de problemas. Esperamos que este artículo te haya resultado útil para solventar tus preocupaciones. Si tienes alguna duda o quieres saber más, no dudes en comentar.

¿Te puede el estrés? Cómo superar la ansiedad y los ataques de pánico

¿Cómo superar la ansiedad y los ataques de pánico?. Estresarse de vez en cuando es algo bastante normal y comprensible, pero hay ocasiones en las que la ansiedad que sentimos puede ser tan grande que no nos permite llevar una vida normal. Los síntomas de una crisis de ansiedad pueden expresarse de diferente manera. Las personas que sufren una elevada ansiedad pueden llegar a sentir que les falta el aire, taquicardia, palpitaciones, sensación de mareo, náuseas, dolor en el corazón, fatiga, dificultades de concentración, atención o memoria, etc…

En algunas ocasiones, estas personas pueden reaccionar de forma muy intensa a la ansiedad y sufrir un ataque de pánico, durante los ataques de pánico la persona siente que no puede hacer nada contra la ansiedad y pierde el control de sí misma, llegando a creer que puede morir en ese momento. Estos desagradables síntomas pueden llegar a manejarse a través de diferentes estrategias y técnicas.  Te damos algunos trucos que pueden ayudarte a superar la ansiedad y los ataques de pánico.

Cómo superar la ansiedad y los ataques de pánico

Consejos para superar la ansiedad y los ataques de pánico

-Cuida tu entorno: un entorno estresante puede llegar a perjudicarte mucho, si hay gente discutiendo a tu alrededor de forma habitual, es muy probable que tu estrés aumente. Hay muchos casos de niños que sufren ansiedad porque sus padres discuten constantemente. Si vives estas situaciones habla con las personas cercanas a ti para tratar de ponerles fin. Las relaciones sociales pueden ser una gran fuente de ansiedad, tal como explicamos cuando hablamos sobre la ansiedad social.

-Busca un sitio tranquilo: si sufres un ataque de pánico o notas como tu ansiedad aumenta peligrosamente, busca un sitio tranquilo e intenta relajarte. En el caso de que no lo encuentres, prueba a respirar 10 veces con calma mientras tienes los ojos cerrados, puede parecer una tontería pero es una forma rápida de aliviar el estrés, ya que respirar profundamente ayuda a tranquilizarte. Si además imaginas que estás en un lugar en el que te sientes cómodo y relajado, notarás que tu ansiedad disminuye poco a poco.

-Localiza la fuente de tu ansiedad: la ansiedad y el estrés no siempre son provocados por las discusiones o los ruidos fuertes, a lo mejor existen otras cosas que desencadenan tus ataques de pánico. En ocasiones puede ser el silencio, razones internas o ninguna razón en particular. Todos estos casos son normales, aunque si no estás seguro de qué es lo que te causa ansiedad puedes consultar a un especialista que te ayude a localizar la fuente del estrés.

Cómo superar la ansiedad y los ataques de pánico

-Vigila tu postura corporal: si cuando sientes ansiedad comienzas a temblar o a moverte nerviosamente, intenta sentarte y mantenerte quieto. Durante los ataques de pánico tendemos a agitarnos y esto sólo es contraproducente, ya que en vez de calmarnos nos pone más nerviosos.

-Identifica los ataques de pánico: cuando sufres uno de estos ataques estás tan nervioso que puedes sentirte como en un sueño, o no llegar a entender ni a oír lo que está ocurriendo a tu alrededor. Cuando te sientas así reacciona y en vez de dejarte llevar trata de resistirte al ataque, repítete a ti mismo que sólo es un ataque de pánico y aunque te de miedo no te va a matar.

En el caso de que no superes estos ataques, consulta a un médico para estar seguro de que no tienes otro problema médico. Tienes que saber que muchas personas han pasado por ataques de pánico antes que tú y lo han acabado superando. Mantén la calma y piensa que todo tiene solución, esperemos que estos consejos te sean de ayuda y no sea necesario que tengas que acudir a un especialista. Lo más seguro es que con algo de calma consigas superar pronto los ataques de pánico.

Cómo sobrevivir en la oficina: 10 consejos para combatir el estrés laboral

El ser humano es contradictorio, se puede estresar fácilmente cuando no tiene trabajo y está buscando uno, y cuando por fin lo encuentra se estresa por su culpa. En resumen, como por una cosa o por otra siempre acabamos estresados es importante que aprendamos a sobrellevar toda esta presión, por eso os ofrecemos 10 consejos para combatir el estrés laboral.

Cómo sobrevivir en la oficina

1. Levántate pronto

Parece que madrugar es el origen de todos nuestros males, pero por contradictorio que parezca intenta empezar el día con tiempo para desayunar, ducharte, hacer algo de ejercicio… Así comenzarás la jornada más relajado y estarás preparado para trabajar con energía y olvidar el estrés laboral. Como dicen en las películas, es tan absurdo que podría funcionar.

2. Desayuna bien

Toma alimentos ricos en Vitamina C como: naranja, limón, frambuesas, etc. Esta vitamina es muy importante para que tu organismo pueda mediar con el estrés. También ten en cuenta que ir a la máquina de cafés cada 15 minutos no cuenta como desayuno y tanto exceso de cafeína no ayuda a relajarte.

3. Ponte unas prioridades

Establece que labores son más importantes y ponte con ellas primero, así te sentirás más liberado y de mejor humor. Por desgracia mirar tú Facebook o la web del Marca están de las últimas en la lista, lo siento.

4. Delega

Si tu puesto lo permite, confía en tus subalternos y deja que te liberen de algunas tareas. Hoy en día muchos jefes también han aprendido a delegar sus marrones, esto sí que libera estrés aunque realmente lo que haces es pasárselo a otro, es lo que los expertos llaman el ciclo de la vida.

5. Toma medidas

Si el estrés se vuelve crónico puede acabar con la confianza en ti mismo, con tu capacidad de concentración y con tu bienestar en general. El estrés surge cuando sientes que no puedes controlar lo que te rodea. Por eso tienes que empezar pensando qué cosas están bajo tu control y cuáles no. Después de hacerlo céntrate en las primeras e intenta desprenderte de las otras.

6. Respira profundamente

Inhala 5 segundos, mantén el aire y luego exhala durante otros 2 segundos. Las técnicas de respiración vienen muy bien para combatir el estrés y despejar tu cabeza.

7. Evita que te interrumpan

Llamadas, correos, whatsapps… obvia todo esto mientras trabajas porque estas interrupciones afectarán a tu concentración y a la calidad de tu trabajo. Marca unos horarios para mirar el móvil y trata de controlar todas las distracciones posibles, no hace falta que te recordemos que estas cosas no están muy arriba en tu lista de prioridades.

8. Toma un descanso

Cuanto más pasan las horas en el trabajo más se reduce nuestro nivel de concentración. Por eso es muy importante tener momentos de descanso para maximizar nuestra productividad. Cada hora y media tómate 10 minutos de descanso, aprovecha para estirarte y liberar el estrés acumulado. Esta sí que es una buena excusa para volver a la máquina de cafés, aunque recuerda controlar tus impulsos cafeteros, no quieres tener que superar un mono de cafeína.

9. Identifica el estrés laboral autoimpuesto

A veces buscamos la aprobación de los demás y nos hacemos trabajar más de la cuenta, esto no es saludable. Trata de reforzar tu autoestima y no dependas de la opinión de los demás. Eso sí, no dejes de tener en cuenta tu imagen, porque también es un factor importante en el mercado laboral. Todos queremos trabajar en pijama, pero solo unos pocos afortunados pueden hacerlo.

10. Organiza tu día de trabajo

Un sabio dijo que hay que esperar lo inesperado. Es cierto que nunca sabes con que “sorpresita” te va a salir tu jefe, pero cuando consigues tener todo tu día planeado y sabes que esperar de él, sientes mucha más tranquilidad y estás más preparado para afrontar el estrés laboral.