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Salud emocional: Guía práctica para esta área de crecimiento personal

Cada segundo que pasa la importancia que social y profesionalmente se da a la salud emocional es mayor. La educación emocional permite que los más pequeños adquieran habilidades del manejo de los estados emocionales. Así, son capaces de reducir las emociones y los sentimientos negativos y aumentar aquellos positivos. Los niños y niñas con salud emocional son más felices y confiados, tienen más éxito y, como consecuencia, se convierten en adultos de gran responsabilidad, atentos y productivos. En este articulo hablaremos de ¿qué es la salud emocional, su relación con la salud física, cúales son los factores de riesgo, entre otras?

Salud emocional, un área de crecimiento personal

¿Qué es la salud emocional?

La salud emocional se refiere al manejo responsable de los sentimientos, pensamientos y comportamientos. Una persona emocionalmente saludable, es capaz de reconocer estos elementos, darles nombre, aceptarlos, integrarlos y aprovechar la energía que generan con el fin de que estos les ayuden en su día a día.

En resumen, la salud emocional está relacionada con la inteligencia emocional que, además, dota a la persona de las capacidades de reconocer, entre otras cosas, sentimientos, pensamientos y comportamientos de otras personas.

La salud física y su relación con la salud emocional

La salud física es el óptimo funcionamiento fisiológico de un organismo. Para poder tener un organismo con una buena salud física, es necesario trabajar nuestro cuerpo cuidando la alimentación, haciendo deporte o ejercicios físicos y, sobre todo, cuidando nuestra salud emocional.

Si somos capaces de convivir con nuestro mundo interior, seremos más felices en nuestro mundo exterior. Una persona que considera satisfactoria su salud emocional, se mantiene más estable y sana en lo que se refiere a salud física.

Resiliencia y salud emocional

La resiliencia, es decir, la capacidad de una persona para enfrentarse a las adversidades, es uno de los fenómenos más estudiados hoy en día en psicología. Esta habilidad proporciona herramientas personales que mejoran tanto la salud emocional como la salud física. La vulnerabilidad de una persona, contraria a la resiliencia, puede llevarle a contraer enfermedades tanto físicas como psicológicas, dañando así el mundo interno y externo del sujeto. La resiliencia, además, proporciona una visión de la vida mucho más positiva. Como consecuencia, las personas son capaces de enfrentar sus vivencias con mayor positividad.

En resumen, la salud emocional (e incluso la física) guardan gran relación con la resiliencia. Por ello, para mejorar la salud emocional, es imprescindible trabajar en contra de nuestra vulnerabilidad.

Salud emocional en la familia

La familia es uno de los entornos sociales más importante para la maduración de una persona. En nuestro entorno familiar, aprendemos a comunicarnos y a relacionarnos. Además, es el lugar donde nuestros allegados nos proporcionan un cuidado y una estimulación suficiente para que seamos capaces de desarrollar una salud psicológica adecuada.

En caso de que no se proporcione el aporte afectivo suficiente al niño o niña, su salud emocional se verá afectada. Como consecuencia, podrá sufrir trastornos psicológicos de mayor o menor gravedad, dependiendo de su vulnerabilidad-resiliencia.

Salud emocional en el trabajo

En rasgos generales, las prioridades de las empresas son la rentabilidad y la productividad de la misma. La salud emocional y física de los trabajadores son para los directivos, en la mayoría de los casos, irrelevantes. Sin embargo, los estudios demuestras que aquellos empleados cuyos niveles de salud física y emocional son positivos, tienen menor absentismo y son más eficientes, competentes y, como resultado, más productivos.

En resumen, para poder mejorar el funcionamiento de las empresas, es recomendable llevar a cabo medidas que aumenten la salud emocional de los empleados. Para ello, se debe promover la participación activa de los trabajadores, apoyar su toma de decisiones, ayudar a la conciliación de la vida laboral y personal, promover el respeto, evitar las discriminaciones, gestionar las cargas de trabajo, apoyar la formación continuada y reconocer el trabajo y las aportaciones de los trabajadores.

Salud emocional en nuestro círculo social

Nuestro círculo social está conformado por distintas agrupaciones sociales. Conocemos, a lo largo de nuestra vida, a centenares de personas que afectan, de una forma u otra, a nuestro desarrollo. Los médicos aseguran que, una buena red social, nos brinda una buena salud mental y emocional. Nuestro círculo de amistades, por ejemplo, es un lugar donde, debido a la complicidad existente, nuestra salud emocional mejora. Relajamos tensiones, disminuimos nuestra ansiedad y dejamos de lado aquellas preocupaciones que atormentan a nuestra mente. Nos encontramos en una zona de confort donde somos capaces de abrirnos emocionalmente y recibir un feedback efectivo.

Sin embargo, la importancia que damos a unas u otras personas no tiene por qué estar relacionada con el impacto que estas ejercen en nuestra salud emocional. Por ello, es necesario reconocer el trabajo indirecto e inconsciente que muchas personas han llevado a cabo en nuestra vida. Si analizamos nuestras vivencias pasadas, encontraremos a personas que, por diferentes razones, ya no están a nuestro lado y que nos han aportado experiencias imprescindibles para el buen desarrollo de nuestra salud emocional.

Salud emocional en nuestro círculo social

Salud emocional en niños y niñas

A diferencia de lo que muchas personas creen, los niños y niñas son capaces, a muy temprana edad, de desarrollar trastornos psicológicos. Estos, suelen estar relacionados con la autoestima, el autoconcepto, las relaciones sociales, etc. Si estos problemas no son detectados por sus cuidadores, pueden desencadenar problemas futuros, sobre todo en la adolescencia, relacionados, por ejemplo, con la alimentación.

Con el fin de no poner en riesgo la salud de los más pequeños, es recomendable aportarles seguridad y confianza. Han de establecerse normas con el fin de que sepan controlar sus impulsos y, además, muestren respeto hacia otros. Asimismo, es importante trabajar la autoestima, la cual les ayudará a resolver sus problemas de manera más autónoma.

Factores de riesgo para la salud emocional

Las personas con buena salud emocional, son capaces de controlan sus sentimientos de manera asertiva. Por ello, se sienten bien consigo mismos, sus relacionas personales son más satisfactorias y tienen más capacidad para enfrentarse al estrés y a las situaciones de la vida cotidiana que generan, por ejemplo, ansiedad.

Por otro lado, muchos de los problemas sociales que hoy en día nos afectan (drogadicción, violencia, terrorismo…) tienen como base una falta de salud emocional. Es decir, la salud emocional negativa en la sociedad pone en riesgo la salud de aquellas personas afectas y las de su entorno.

Los factores de riesgo de la salud emocional se ponen en marcha desde la más temprana edad. Una infancia con faltas de cuidado, de cariño y de cercanía impide que los pequeños sean capaces de poner en marcha los mecanismos cerebrales relacionados con las respuestas emocionales.

Para poder desarrollar una salud emocional satisfactoria, es necesario hacer acompañamiento emocional y crear respuestas emocionales sanas ante los acontecimientos que surgen a lo largo de nuestra vida. Esto, les proporcionará a los más pequeños las herramientas necesarias para desarrollar su propia inteligencia y salud emocional.

12 consejos para trabajar la salud emocional

Reconocer sus propias emociones

Para que una niña o niño pequeño sea capaz de reconocer sus emociones, es necesario que las conozca primero. Por ello, es imprescindible que aprenda un lenguaje que incluya expresiones emocionales y sentimentales. Así, podrá ser capaz de conocer y nombrar distintas emociones y a reconocer cuando sufren unas y otras.

Manejar sus propias emociones

Anular emociones es una práctica bastante común y muy poco saludable que llevan a cabo muchas personas. Esto se debe a que nunca se les ha enseñado a cómo manejarlas. Para poder manejar una emoción es necesario aceptarla y aprender a no dejarse influir por la misma, sobre todo en caso de que sea negativa. Debe enseñarse, además, a expresar sentimientos de forma adecuada suavizando la ira, la irritabilidad, etc. Así, podrán aprender a controlar su comportamiento.

Reconocer las emociones de los demás

A partir del primer año de vida, un bebé puede comenzar a desarrollar acciones empáticas. Por ejemplo, llorar cuando ve a un niño o niña llorar. Esto se debe a que reconoce el sentimiento y la acción que desencadena el mismo. La empatía se desarrolla en dos fases. En la primera fase (hasta los seis años), los niños y niñas desarrollan la capacidad de reaccionar emocionalmente hacia los demás. A partir de los seis años, en la segunda fase, aprenden a realizarlo de manera inconsciente.

Normas familiares

Establecer unas normas familiares claras y coherentes tiene como consecuencia un aumento de la responsabilidad. Las normas deben cambiar con el paso del tiempo, aumentando las tareas y actividades que los más pequeños deben llevar a cabo. Un aumento gradual de las responsabilidades tendrá como consecuencia un aumento gradual de la responsabilidad. Cuando un niño o niña cumple la tarea cometida, no se le debe otorgar premios. Es necesario que comprenda que la realización de la tarea es por el bien de funcionamiento del hogar y porque está dentro de una normativa cuyo fin es el de ayudarse los unos a los otros.

Tolerancia a la frustración

Cuando un niño o una niña quiere conseguir algo y no lo logra, actúa con una rabieta. Si esto no se controla, en la edad adulta podrá presentar intolerancia a la frustración. Si conseguimos retrasar de forma gradual las demandas del niño, la tolerancia aumentará. El aumento de la tolerancia a la frustración puede trabajarse a partir de los cinco años. Sin embargo, las probabilidades de éxito dependerán de lo acontecido con anterioridad: las experiencias de éxito y fracaso, las promesas realizadas, la confianza en sus cuidadores…

Capacidades sociales

Estimular las relaciones sociales es una forma efectiva de aumentar la competencia social y la capacidad de liderazgo y popularidad. Es importante impulsar el desarrollo de la comunicación y la escucha activa. Una persona con gran introversión tiene dificultades para mantener relaciones sociales. Estos casos suelen darse cuando la comunicación familiar no ha sido suficiente. Es importante trabajar las capacidades sociales desde edades muy tempranas, porque trabajarlas con personas introvertidas es mucho más complejo. De hecho, NO es recomendable exponer a personas introvertidas a situaciones donde no se encuentra a gusto. Esto podría tener consecuencias negativas.

Autoestima y el respeto

En edades tempranas, trabajar la autoestima es indispensable. Como cuidadores, es necesario que brindemos apoyo emocional. Para ello, hay que darles con frecuencia mensajes de felicitación y alegría. No podemos castigarles siempre que hacen algo mal, pero no elogiarles cuando hacen algo bien. Se ha de mostrar respeto al niño o a la niña, valorando su trabajo e interesándose por sus actividades.

Buena alimentación

Llevar una alimentación sana y equilibrada tiene como consecuencia una mejora en la salud física y emocional. No hay dietas milagro, ya que el organismo de cada persona es distinto y, por tanto, sus necesidades difieren. Sin embargo, una correcta hidratación aumenta la concentración y proporciona un mejor funcionamiento del mundo cerebral. Además, cuando el nivel de azúcar sanguíneo es bajo, puede aumentar la ansiedad. Si se quiere conseguir una mejor salud emocional y física a través de la alimentación, es imprescindible acudir a un centro de nutrición.

salud emocional y la alimentación equilibrada
Realizar actividad física

Realizar actividad física, debido a la conexión directa mente-cuerpo, tienen efectos positivos en la salud emocional. Por un lado, nos sentimos físicamente más saludables, lo que aumenta nuestra salud emocional. Crea, además, optimismo, canaliza la tensión muscular y eleva el espíritu. Además, aumenta nuestra autoestima y nuestra competitividad.

Impulsar la felicidad

Es fácil decirlo, aunque no lo es hacerlo. La felicidad es uno de los pilares fundamentales de la salud emocional. Ser feliz nos ayuda a ver la vida de forma más positiva, aumenta nuestra resiliencia y aumenta nuestras emociones positivas.

Crear una red social de apoyo

Tener gente de confianza a la cual acudir en momentos de estrés o ansiedad es muy positivo para nuestra salud emocional. Nuestro circulo de social nos podrá facilitar un apoyo que será bien recibido por nuestra parte. La carga emocional disminuirá y seremos capaces de ver con más claridad nuestra situación y las vías de actuación disponibles. En situaciones como esta, NO es recomendable dar consejos a quienes vienen en busca de ayuda. La persona es lo suficientemente autónoma como para poder realizar su propia valoración de la situación.

Ayudar a otras personas

Recibir ayuda, amor y apoyo es beneficioso para nuestra salud emocional, pero también lo es darlo. Realizar acciones sin ánimo de lucro con el objetivo de ayudar a otras personas tiene efectos positivos en nuestro organismo. Nuestra autoestima y autoconcepto aumentan cuando nos damos cuenta del gran valor humano que tenemos.

En resumen, es necesario recalcar la importancia de la salud emocional. Esta está íntimamente relacionada con la salud física y, por su puesto, con la mental. La salud emocional es un campo que puede trabajarse, sin mucho esfuerzo, desde los primeros años. Ayudar a nuestros hijos e hijas a trabajar su salud emocional va a tener como consecuencia una mejor adaptación al mundo adulto. En estas edades, ellos y ellas tendrán que seguir realizando acciones a favor de su salud emocional, pero este camino será mucho más fácil si nosotros y nosotras se lo allanamos desde pequeños.

¿Estás anclado en tu zona de confort? Qué es y 10 consejos para salir de ella

Llevamos una vida tranquila, sin demasiados imprevistos, controlamos la situación y eso nos hace sentir seguros. Sin embargo, en lo más profundo de nuestra mente aparece esa incómoda fantasía que anhela una vida más emocionante, más plena, más satisfactoria… una vida MEJOR.

Si alguna vez has sentido ese pensamiento, seguramente necesitas un cambio. ¡Salir de tu zona de confort es la única manera de avanzar en tu desarrollo personal y conseguir tus sueños

La zona de confort es nuestra propia burbuja

Tal vez, alguna de estas situaciones te sea familiar…. Estás asqueado con tu trabajo pero no mueves un dedo por cambiarlo o, tal vez, sientes que tu pareja no te llena pero no rompes la relación por la “comodidad” que supone estar a su lado, te gustaría aprender idiomas, hacer deporte, emprender una aventura… pero, ains… ¡Es que se está tan agustito en el sofá! Sigue leyendo, puede que este artículo te de la fuerza que necesitas para emprender el primer paso del resto de tu vida.

¿Qué es la “zona de confort”?

La “Zona de confort” es el estado mental formado por los lugares en los cuales nos sentimos cómodos, protegidos y seguros con la vida que llevamos. Es diferente en cada persona dependiendo de los valores y aspiraciones de cada uno. La zona de confort p

uede ser positiva durante un tiempo, pero si nos acostumbramos a ella nos puede generar pereza y pasividad a la hora de actuar ante situaciones nuevas y esto frena nuestro desarrollo personal y a la larga nos puede generar frustración y vacío.

¿Sabías que este “apego” a nuestra zona de confort, se produce porque nuestro cerebro, en concreto nuestra “Formación Reticular” (que es la zona que regula el sueño, dolor, movimientos, etc…) se acomoda?. Si amigos, nuestro cerebro es vago por naturaleza: Cuando sales de tu rutina (o zona de confort) tu cerebro gasta más energía porque debe estar alerta y procesar mayor cantidad de información que si la tarea es repetida.

Por eso, a tu cerebro le encanta que hagas tareas repetidas, así, puede conectarse siempre de la misma manera y esto le permite ahorrar energía. A modo de ejemplo práctico…

Imaginaos que lleváis años comprando pan en la misma panadería y  un día os la encontráis cerrada. ¿Qué haríais? ¿No compraríais ese día pan y utilizarías el pan que sobró ayer o iríais a esa tienda que está bastante lejos pero que seguro que está abierta?

Si la respuesta es “iría a la tienda que está lejos a pesar de no saber ni cómo llegar” estamos haciendo que nuestra “Formación reticular” realice otros caminos neuronales. O dicho de otro modo, estaríamos aumentando nuestra zona de confort asumiendo “riesgos” y tomando nuevas decisiones. 

(Este sencillo ejemplo se puede comparar con cualquier ámbito de nuestra vida).

Salir de la zona de confort nos abre nuevos caminos

¿Por qué deberíamos salir de nuestra “zona de confort”?

Os preguntaréis cual es la necesidad de salir de nuestra zona de confort si es un lugar donde parece que  nos encontramos tan bien, ¿no? Vamos a reflexionar sobre ello.

Imaginaos una familia de nivel económico pobre pero que viven cómodos en su propia zona de confort. Un día caen en la más absoluta miseria y se ven obligados a hacer cosas y desarrollar determinadas habilidades para salir adelante. Al principio, todos lo pasaron bastante mal pero ahora han alcanzado el éxito y su vida ha dado un giro de 360º.

Esta familia se vio obligada a cambiar por necesidad y gracias a que se esforzaron y salieron de su zona de confort han evolucionado y llevan una vida mucho mejor.

¡Cuidado! Con esto no solo me refiero al tema económico, sino a las aspiraciones que cada uno tenga como: aspiraciones a viajar, aspiraciones a trabajar en X cosa, aspiraciones amorosas, aspiraciones a hacer cosas que te dan miedo… y una  vez conseguido nuestro objetivo, seguir subiendo escalones.

Debemos salir de nuestra zona de confort para cumplir nuestros sueños y aspiraciones

¡Decidido! Quiero salir de mi “zona de confort”, ¿cómo lo hago? Consejos

Salir de la zona de confort no siempre es fácil y vas a necesitar mucho esfuerzo hasta conseguirlo. Recuerda que nada es imposible y que… ¡Si quieres, puedes!

Consejo nº 1. Toma conciencia de los límites de tu zona de confort.

Pregúntate las cosas que te provocan miedo o rechazo. Piensa en tu pasado, tu presente y del que quieres que sea tu futuro.  Hazte preguntas del tipo ¿Me conformo con lo que tengo o prefiero conseguir mi sueño aunque me cueste trabajo? ¿Soy feliz con la vida cómoda que llevo o prefiero asumir nuevas metas y desafíos?

Piensa en tu trabajo o tu pareja. ¿Quieres mantenerte en tu trabajo cómodo y aburrido o conseguir un trabajo que realmente te llene? ¿Prefieres seguir con tu pareja de hace años aunque no te haga feliz o arriesgarte a conocer una persona que consiga darte un futuro feliz?

Consejo nº 2. Búscate un objetivo y esfuérzate en conseguirlo.

Los objetivos son personales e independientes de cada persona. Piensa en lo que quieres conseguir y refuerza cada pequeño logro que consigas, eso te ayudará a mejorar tu autoestima, ganar confianza y conseguir una mejor versión de ti mismo.Estoy consiguiendo algo que jamás imaginé”.

Consejo nº 3. Acepta tus errores.

Los comienzos siempre son complicados y es normal que sientas miedo. Sé positivo y acepta que no eres perfecto y que hay algunas situaciones que no puedes controlar. Si te caes, te levantas. Piensa que de los errores se obtienen grandes lecciones. Eso sí, cuidado con no presionarte en exceso.

Consejo nº 4. Cambios, cambios, cambios…

No solo me refiero a cambios en nosotros mismos, a nivel psicológico, sino al ambiente. Busca situaciones novedosas, muévete por entornos distintos, cambia la decoración de tu casa o habitación, cambia tu color de pelo,… Hay miles de opciones, todo depende de ti. Incluso puedes probar los beneficios del Mindfulness para mejorar tu estado de ánimo y conseguir mayor bienestar emocional.

Consejo nº 5. Haz todas aquellas cosas que te causan rechazo.

¿Qué te da miedo conocer gente nueva? Piensa en las excusas que te pones y las barreras que te pones para no hacer algo y actúa en consecuencia. Enfréntate a tus miedos poco a poco. De este modo, cada vez te sentirás más cómodo porque sentirás que tienes el control de tu vida.

Recuerda que un poco de ansiedad puede llegar a ser positiva para ayudarnos a conseguir nuestros objetivos, solo hay que saber llevarlo.

Consejo nº 6. El apoyo es importante.

Pide a tu familia y amigos que te ayuden a superar tus miedos y a eliminar tus barreras. El apoyo, admiración y respeto por su parte, te ayudarán mucho. Si haces el camino solo llegarás rápido, si haces el camino acompañado llegarás lejos.

Consejo nº 7. Hacer el ridículo NO es malo.

A veces no decimos o hacemos algo por miedo a que la gente nos juzgue. Pero, ¿sabes qué? Lo que piense u opine la gente sobre ti, es algo que no te tiene que importar demasiado. Aprende a reírte de ti mismo, deja que tus amigos se rían de ti y no solo eso, ríete con ellos.

Consejo nº 8. Corre riesgos.

Además, asumir determinados riesgos es vital para conseguir nuestro propósito. Como dijo Muhammad Ali: “El que no es lo suficientemente valiente como para tomar riesgos no logrará nada en la vida”. Y nunca te arrepientas de nada de lo que hagas, seguro que a lo largo de tu vida te arrepentirás más de aquellas cosas que no hiciste por miedo a…

Consejo nº 9. Disfruta de lo desconocido.

¿Cuánto tiempo hace que no haces cosas nuevas? Esa incertidumbre y esa adrenalina que liberamos ante aquellas cosas a las que no estamos acostumbrados. Da un salto hacia tu nueva vida y disfruta de nuevas experiencias, recuerda que la vida solo es una y que no hay segundas oportunidades para VIVIR. ¡Cuidado! Con disfrutar de lo desconocido, no quiero decir que seas imprudente.

Consejo nº 10. Lucha por tus sueños y no te dejes vences por nada ni por nadie.

Las grandes cosas se consiguen con mucho sacrificio y tenacidad. Aunque a veces sientas que te falta motivación para continuar, recuerda que después de la tormenta siempre llega la calma. Además, cuando hayas conseguido tu objetivo servirás de ejemplo para muchas personas que han visto tus progresos.Una vez conseguido, proponte nuevos desafíos.

Sueña con lo que quieres conseguir en tu futuro, trabaja duro y lo conseguirás porque todo depende de lo que tú creas ya que tú eres el protagonista indiscutible de tu vida.

“¡Lo mejor de tu vida comienza cuando termina tu zona de confort!”

Paciencia, confianza y perseveración son las claves del éxito. ¿Te atreves a conseguirlo?

¡Si tienes alguna pregunta, por favor, déjamela abajo, estaré encantada de responderla! 😉

Cuando el dinero no lo es todo: Por qué el dinero no da la felicidad

¿Cuantas veces hemos escuchado que el dinero no lo es todo? Lo dice la sabiduría popular:”el dinero no da la felicidad” y esta afirmación la apoyan algunas investigaciones, ¿Pero acaso no resulta difícil de creer? Sería tan feliz con ese móvil último modelo, condiciendo ese cochazo, montada es ese despampanante yate, cenando en el restaurante más caro de la ciudad… Sin preocuparme de facturas, de madrugar para ir al trabajo… ¿Realmente el dinero no da la felicidad? ¿Las personas más ricas no son más felices? ¿Qué tiene la ciencia y la psicología que decir al respecto?

El dinero no es todo para alcanzar la felicidad

Con la frase El dinero no da la felicidad, pero procura una sensación tan parecida, que necesita un especialista muy avanzado para verificar la diferencia, el famoso director de cine, Woody Allen, dejaba entrever con ironía la creencia popular de que tener más dinero nos hace más felices. Pero, ¿es eso cierto?

Nos pasamos gran parte de nuestro tiempo escuchando frases sobre el dinero: ¿llegaré a fin de mes? ¿podré darles a mis hijos la educación que merecen? ¿podremos irnos de vacaciones este año?

Por supuesto, el dinero nos aporta ciertos beneficios innegables que son necesarios en el día a día, si no invirtiéramos parte de nuestro tiempo trabajando, no podríamos saciar nuestras necesidades más básicas: alimento, vivienda, salud.

¿Cuanto dinero necesito para ser feliz?

En el libro Optimismo Inteligente (2013), Aranda y Valverde cuentan cómo llevaron a cabo un estudio de la relación entre nivel de ingresos y satisfacción vital. Aunque podríamos esperar encontrar que el dinero da la felicidad y dicha relación fuera directamente proporcional (a más ingresos, mayor satisfacción), los autores encontraron que esto era verdad tan sólo hasta el punto en que los ingresos permitían cubrir las necesidades humanas. Cuando el dinero había hecho esa función, la satisfacción de los participantes no cambiaba incluso cuando los ingresos aumentaban.

¿Cómo es posible que la gente que puede permitirse mayores lujos no experimente una mayor satisfacción en su vida? Dunn, Gilbert y Wilson escribieron un artículo en el año 2011 en el cuál explicaban que una de las razones por las que el dinero no hace la felicidad podría ser que las personas no gastan el dinero de la manera adecuada. A continuación te ofrecemos algunos consejos para no caer en ese error.

El dinero no lo es todo: Consejos para ser un poquito más feliz

1- Compra experiencias, no cosas  

Son muchos los estudios que demuestran que usar el dinero para adquirir experiencias aumenta mucho más nuestra satisfacción personal que si lo usamos para adquirir bienes materiales. En una encuesta sobre qué hace más feliz, el 57% de los participantes afirmó que eran más felices tras adquirir una vivencia, en comparación con el 37% que prefería un producto.

Hay diferentes explicaciones para este hecho. La primera de ellas es que la capacidad de adaptación humana es muy rápida, de forma que la satisfacción obtenida con un objeto va a durar hasta que nos hayamos acostumbrado a él. ¿Por qué es diferente con las experiencias? Un coche va a ser el mismo el día que lo compremos que dos semanas después; sin embargo, las experiencias van cambiando dependiendo de muchos factores. Además las experiencias nos dan satisfacción en el momento en que las disfrutamos así como cuando nos acordamos de ellas, mientras que los objetos sólo nos ofrecen placer en el momento en que los usamos.

2. Invierte dinero en otros

La regla de oro budista es: “Debemos buscar para los demás la felicidad que         deseamos para nosotros mismos”.

Un estudio demostró que aquellas personas que gastaban más dinero en otras personas (regalos para personas cercanas y donaciones a la caridad) eran más felices que aquellos que gastaban más dinero en ellos mismos (facturas y regalos). Esto ocurre incluso en diferentes culturas como son Canadá y Uganda.

¿Qué es lo que hace que en lugares tan distintos del mundo las personas sean más felices gastando dinero en otros? El motivo principal es que las relaciones sociales son esenciales para el ser humano, nos han ayudado a vivir durante millones de años y estamos programados para mejorarlas todo lo que podamos, y uno de los factores que tienen gran impacto en las relaciones sociales son el gasto que hacemos en ellas.

3. Valora las cosas pequeñas 

Han demostrado que la felicidad está más fuertemente asociada a la frecuencia que a la intensidad con la que lo sentimos. Por ejemplo, las personas que tienen una sola pareja son más felices que aquellas que tienen varias a lo largo de un año. ¿Por qué? Porque varias parejas conllevan satisfacción ocasional, mientras una pareja estable nos va a proporcionar experiencias positivas más frecuentes.

La rápida adaptación humana es de nuevo la culpable de que prefiramos frecuencia sobre intensidad: los pequeños placeres incluyen novedad, sorpresa, incertidumbre, y variabilidad, es decir, van cambiando.

Por tanto, en reflexiones sobre el dinero, tenemos que tener en cuenta que el dinero es limitado así que es mejor gastar en más cosas pequeñas que en una sola cosa grande.

4. No te centres en las “garantías”

Los consumidores valoran mucho las garantías y seguridad que le ofrecen los vendedores. Por ejemplo, siempre nos aseguramos de que podamos cambiar o devolver los productos que compramos “por si acaso”. Esto se debe a que pensamos que perder algo nos va a afectar más negativamente de lo que luego nos afecta.

No obstante, el ser humano tiene la capacidad de evitar la culpa y el arrepentimiento, lo que se puede llamar “el sistema inmunológico psicológico”. ¿Nunca os ha pasado que al coger un autobús justo en el último minuto pensamos “uf si lo hubiera perdido..” y, sin embargo, si lo perdemos, pensamos “lo habría cogido si el conductor hubiera salido a su hora”?

5. Olvida el “Disfruta ahora y paga después”  

Sistemas como las tarjetas de crédito ofrecen la posibilidad del consumo inmediato con post-pago. Sin embargo, esta estrategia conlleva el riesgo de que los usuarios sólo consideren los efectos a corto plazo y no tengan en cuenta las consecuencias a largo plazo (deudas o falta de ahorros). Además, elimina una de las respuestas a qué es la felicidad: la anticipación. Consumir una galleta nada más comprarla ofrece una satisfacción momentánea, pero el proceso de comprarla, esperar a llegar a casa y disfrutarla más tarde nos da la satisfacción de la anticipación además de la consumición. Pero no todo el mundo es capaz de esperar a una buena galleta de chocolate ¿verdad? Solemos pensar que la satisfacción futura será menor que la presente, por lo tanto, ¿para qué esperar?

Esa espera también ofrece otros beneficios como reconsiderar nuestras elecciones. En un estudio, la gente que tenía que elegir entre comer un plátano o una barrita de chocolate hacía su elección dependiendo de cuándo se lo iban a comer: si se lo comían en ese mismo momento, elegían la barrita de chocolate; si se lo tenían que comer la semana siguiente, pensaban que en el futuro no disfrutarían tanto la opción más apetecible y, por tanto, escogían el plátano (considerando también los beneficios en la salud).

6. Piensa en lo que no has tenido en cuenta

Tendemos a pensar en las experiencias futuras de manera menos concreta que aquellas más cercanas en el tiempo. Por ejemplo, el 89% de los participantes en un estudio en Canadá pensaban que una cabaña para el verano siguiente sería un buen plan para pasar con la familia. Pero no tenían en cuenta detalles como los ronquidos de la tía o lo difícil de ponerse de acuerdo para la cena con veganos y celíacos, es decir, no tenían en cuenta pequeños detalles que podrían interferir en la felicidad que esa experiencia puede aportar.

Por tanto, no idealices los planes futuros por estar alejados en el tiempo, por el contrario, intentar pensar en cómo hacerlos mejores.

7. ¿Compra comparativa?

Están de moda las webs que te ofrece la comparación de productos, precios, calidad, etc. Pero ¿qué ocurre cuando nos ponemos a comparar artículos para encontrar la mejor de las opciones: la más barata, la más bonita, la más cómoda? En estos casos, el dinero no da la felicidad. Las comparaciones nos hacen desviar la atención de aquellos detalles que de verdad estamos buscando y fijarnos en las características que les faltan y otras opciones ofrecen.

Un estudio con alumnos de Harvard a la hora de elegir dónde vivir el primer año de universidad demostró que tenían más en cuenta las características físicas como la localización que las características más sociales como la relación con los compañeros de piso. Sin embargo, al preguntarles antes de entrar en la lotería, aseguraban que un buen ambiente de comunidad sería más importante que cosas como el tamaño de la casa. Se produce la sobre-estimación de detalles que realmente influirían menos en la felicidad, mientras se dejan atrás aquellas cosas realmente significativas.

Por tanto, a la hora de contestar ¿el dinero no lo es todo? no hay una respuesta rotunda sin un pero detrás. El dinero nos ofrece la posibilidad de cubrir las necesidades más básicas humanas. Por ejemplo, según Aranda y Valverde (2013), la relación entre aspectos materiales y bienestar personal es mayor en los países pobres que en los más desarrollados.

Tenemos que ser cuidadosos una vez que superamos esos niveles básicos de confort para saber hacer la elección de dónde gastar nuestro dinero. ¿Merece la pena pasar horas y horas al día trabajando para ganar un dinero que no vamos a disfrutar? La mayoría de nosotros contestaría un gran NO a esta pregunta. Por tanto, hay que tener en cuenta algunos hechos encontrados sobre la felicidad humana y cómo alcanzarla.