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Hijos de familias homoparentales ¿Cómo son y cómo prevenimos la discriminación?

Parece mentira que aún haya dudas acerca del desarrollo de los hijos de parejas del mismo sexo. Y es que, el desconocimiento es el origen de muchas creencias erróneas acerca de estas familias. ¿Cómo son estos niños? ¿Es cierto que los hijos criados por padres gays o lesbianas pueden tener problemas en el desarrollo? ¿Los hijos de padres homoparentales serán, también, homosexuales? ¿Sus compañeros de clase se burlarán y reirán de ellos? Aquí te explicamos cómo son los hijos de familias homoparentales y desmentimos ciertos mitos.

Hijos de familias homoparentales

Las familias homoparentales son aquellas compuestas por dos personas del mismo sexo, es decir, por una pareja homosexual (gay o lesbiana). Pero más allá de eso hay otras muchas estructuras familiares: Madre lesbiana soltera o padre gay soltero, familias homoparentales reestructurada con hijos de una relación heterosexual anterior…

Las estadísticas estiman que un 15% de las parejas homosexuales del mundo tienen hijos, ya sean biológicos u adoptados.

Muchas veces la gente se pregunta si los hijos de este colectivo (gay-lesbianas) se desarrollarán correctamente, o si por el contrario, que tus padres sean homosexuales puede crearte algún tipo de trauma o disfunción.

¿Cómo son los hijos de familias homoparentales (padres gays-lesbianas)?

Podemos encontrar ya una gran cantidad de estudios acerca de este tema. Todos ellos apuntan a que no hay diferencias entre los hijos de parejas homosexuales y los de parejas heterosexuales. Son más importantes los procesos y las relaciones intrafamiliares que la estructura familiar. Es decir, para un buen desarrollo infantil es mucho más relevante la enseñanza en valores y evitar caer en los errores que nos llevarán a criar a un pequeño delincuente, la importancia de comunicación con nuestros hijos y el manejo emocional que la estructura familiar.

Esta creencia de que los hijos de parejas homosexuales van a tener un peor desarrollo y un peor ajuste en su vida adulta se genera por el desconocimiento, pero también por la labor de desacreditación de algunos organismos de corte religioso.

A menudo, para argumentar que las parejas del mismo sexo no son buenos padres se ha citado un estudio de la Universidad de Texas en 2012, dirigido por el investigador Mark Regnerus. Este estudio afirmaba que los hijos de padres y madres homosexuales obtenían un peor desempeño social, emocional y relacional que los hijos de “familias biológicamente intactas”. Estos resultados contradijeron la investigación previa.

Sin embargo, en un estudio más reciente, investigadores de las universidades de Indiana y Connecticut han analizado esos mismos datos y han llegado a una conclusión diferente. Según estos, la mejor manera para juzgar un estudio, especialmente los que arrojan resultados controvertidos, es volviendo a analizar los datos. Y es que encontraron errores en la forma en que estos datos fueron codificados y clasificados. Por ejemplo, un cuarto de los jóvenes supuestamente criados por progenitores del mismo sexo, vivieron con estos un año o menos. Además, se encontraron con que, una gran cantidad de respuestas a las encuestas en las que se basaron los datos, eran inconsistentes, ilógicas y con contradicciones. Estas se deberían haber eliminado del análisis.

Una vez solventados estos errores, se encuentran que las diferencias son muy pequeñas, prácticamente inexistentes, entre los hijos criados por parejas del mismo sexo y los de fueron criados por parejas heterosexuales.

Hijos de familias homoparentales, iguales que los de las familias heteroparentales

Otro estudio muestra que entre hijos de familias homosexuales y los de familias heterosexuales no hay diferencias de salud. Sí se encuentran diferencias en la cohesión familiar. Las familias homoparentales muestran una mayor igualdad a la hora de repartir las tareas domésticas que las familias heteroparentales. También se encuentra que sus decisiones en el ámbito de la familia y el trabajo se basan más en las circunstancias del momento que de los roles de género preconcebidos.

Según el estudio del economista Douglas Allen, sí se encuentran diferencias en el desempeño académico universitario entre los hijos de padres homosexuales y hijos de padres heterosexuales. También menciona que los hijos varones de padres gays, obtienen mejores resultados que las hijas de padres gays. Este estudio fue muy controvertido y no se sabe todavía el por qué de estos resultados, ya que contradice todo lo que se ha investigado. También es probable que estos resultados se deban a la discriminación dentro de las aulas. Está claro que se necesita seguir investigando en este ámbito.

Algunos estudios también muestran que estos niños criados por padres gays o madres lesbianas, tienen actitudes más positivas hacia la diversidad y son más sociables. Además, se encuentra que la homosexualidad en niños de familias homosexuales se da con la misma frecuencia que en familias heterosexuales. Esto ocurre así, con la diferencia que las familias homosexuales son mucho más abiertas y flexibles en relación a la sexualidad de sus hijos.

Desgraciadamente, estas familias tienen que convivir habitualmente con el estigma y la discriminación. Y lo cierto es que esto tiene un impacto negativo en la salud mental y emocional, que a menudo lleva a problemas de conducta. Sin embargo, algunos estudios muestran que en familias homoparentales no hay diferencia en la incidencia de acoso comparado con familias heteroparentales. Las personas que acosan a otras siempre van a encontrar un motivo para discriminar y humillar, bien porque seas gordito, porque lleves gafas o porque tus padres sean homosexuales. Aunque es cierto que esta es una población sensible y proclive a sufrir este tipo de comportamientos.

¿Cómo prevenir y manejar la discriminación de hijos de lesbianas o gays en la escuela?

El trabajo principal habría que hacerlo mentalizando a la sociedad, informando y normalizando, no sólo este tipo de familias, sino todas las formas familiares que difieren de la familia “tradicional” (en la que la que hay una madre y un padre, casados y que conviven con los niños en la misma casa). Sin embargo, hasta que las escasas estrategias que se llevan a cabo puedan tener un impacto masivo en las creencias de la sociedad hay que trabajar en el ámbito intrafamiliar.

El estigma por orientación sexual sigue estando a la orden del día

Afortunadamente, podemos desarrollar estrategias para minimizar el impacto de la discriminación hacia este colectivo.

  • Hacerles comprender que no hay nada de malo en la vida de sus progenitores (gays y lesbianas). Que todas las familias son diferentes a su manera y que ningún tipo de familia es mejor que otro.
  • Cultivar su autoestima y sus habilidades sociales. Ya que un niño seguro de sí mismo y con recursos podrá hacer frente mucho mejor a situaciones de acoso o estigmatización.
  • Fomentar la comunicación en el núcleo familiar. No ocultarle sus orígenes u otra información es vital. Creando un buen vínculo de cariño, apoyo, aceptación y buena comunicación será mucho más sencillo detectar situaciones de discriminización.
  • Fomentar la expresión emocional en las situaciones de discriminación. Si al niño le han discriminado en la escuela o le han acosado por pertenecer a una familia homoparental, es muy importante darle espacio para que exprese lo que siente.

Síndrome del Emperador: Cómo criar a un pequeño delincuente

Niños agresivos, mandones y autoritarios ¿Estás educando a tu hijo para que sea un delincuente? El Síndrome del Emperador está cada vez más presente en nuestra sociedad: Niños tiranos o “emperadores”, que hacen y deshacen a su antojo, que no aceptan un no por respuesta, y sus súbditos más fieles son sus padres. Descubre en este artículo qué es el síndrome del emperador, cómo detectar si tu hijo lo padece, y las 10 reglas de oro para criar a un pequeño delincuente en tu propia casa. Esto es lo que nunca, nunca debes hacer si quieres educar a tu hijo en los valores y el respeto:

Síndrome del emperador

¿Qué es el Síndrome del Emperador? ¿Es mi hijo un futuro tirano?

El síndrome del emperador o del niño tirano es un trastorno del comportamiento que se produce en menores. En éste síndrome los papeles están invertidos; los hijos dominan a los padres y hacen su ley, llegando incluso en algunas situaciones al maltrato.

Curiosamente no existe un patrón; puede ser el hijo mayor, el pequeño, un hijo adoptado, e incluso entre hermanos criados en el mismo entorno y circunstancias a uno le afecta el síndrome y el otro no lo desarrolla; por lo que hay indicios de componentes genéticos o de tipo hereditario entre las causas.

Se produce generalmente en familias de clases medias-altas, y aunque los niños presentan mayor porcentaje, las niñas cada vez van ganado más terreno.

Si tu hijo no pide, sino que exige, es la primera alarma del síndrome del Emperador

La edad suele oscilar entre los 9 – 17 años, y aunque no son delincuentes al uso, pueden llegar a robar, maltratar, amenazar o agredir psicológicamente. La víctima en la mayoría de los casos suele ser la madre, y tienen vergüenza de contarlo por el sentimiento de culpabilidad que le genera. “Mi hijo es así porque yo no he sabido ser una buena madre”.

¿Qué le pasa a mi hijo? Características del síndrome del Emperador

  •   Habitualmente se sienten tristes, ansiosos y enfadados, generalmente sin causa aparente.
  • Tienen un sentido de la propiedad exagerado; sienten realmente que todo les corresponde, y que los demás están ahí únicamente para proporcionárselo. Cuando se les niega, tienen ataques de ira o rabietas, llegando incluso a insultar o agredir físicamente.
  • Son egocéntricos y presentan baja o nula tolerancia a la frustración.
  • Habitualmente tienen una autoestima baja, y carecen de empatía. Son incapaces de entender las consecuencias que sus actos tienen sobre los demás. No sienten culpa o remordimientos por sus acciones.
  • Discuten las normas y los castigos, rechazan por defecto las figuras de autoridad, por lo que pueden ser inadaptados en otros entornos sociales como la escuela.
  • El otro siempre es el culpable, ellos nunca. Buscan las justificaciones de sus actos en el exterior. No sólo culpan a los demás de sus problemas, sino que esperan que se los solucionen.

“El Síndrome del emperador es fundamentalmente un problema de educación en una sociedad donde la autoridad está devaluada” Javier Urra

Síndrome del emperador o niño tirano ¿tienen los padres la culpa?

Rotundamente no. No es tu culpa. Pero sí eres parte del problema, y también de la solución. En tus responsabilidades entra la de establecer tempranamente una serie de límites, rutinas y reglas que hay que cumplir y son innegociables. No tengas miedo a decir no a tu hijo por causarle traumas. Realmente lo que más les neurotiza es no saber sus límites, no saber lo que está bien y lo que está mal.

Los estilos parentales educativos son un factor clave a la hora de prevenir y manejar este trastorno. La autoridad siempre la tienes que ejercer tú, pero con cariño y constancia.

Donde haya afecto, intercambio de experiencias vitales y comunicación, es realmente difícil que surja la violencia.

Tenemos que desarrollar su sentido de la conciencia y la culpa, y educarles en la empatía, en la sensibilización y en la compasión. Existen técnicas de asertividad que tal vez puedan ayudarte. No se nace dictador o tirano. Lo que comunicamos a nuestros hijos y la forma en que lo hacemos es muy importante. Te animo a que eches un vistazo a mi artículo El Efecto Pigmalión: Lo que comunicamos a nuestros hijos sin darnos cuenta.

Cuando te desesperes, recuerda que la educación no es fácil, se trata de una carrera de fondo en la que el niño poco a poco cuando crezca irá interiorizando nuestro valores.

Recuerda que como en la mayoría de trastornos infantiles y juveniles, es mejor prevenir que curar.

Decálogo para criar a un pequeño delincuente

El Juez de Menores de Granada, Emilio Calatayud, es además escritor y muy conocido por sus sentencias a menores rehabilitativas y ejemplares. Calatayud propone diez reglas para conseguir crear al perfecto delincuente en casa.

Regla 1: Comience desde la infancia dando a su hijo todo lo que pida. Así crecerá convencido de que el mundo entero le pertenece.

Regla 2: No se preocupe por su educación ética o espiritual. Espere a que alcance la mayoría de edad para que pueda decidir libremente.

Regla 3: Cuando diga palabrotas, ríaselas. Esto lo animará a hacer más cosas graciosas.

Regla 4: No le regañe ni le diga que está mal algo de lo que hace. Podría crearle complejos de culpabilidad.

Regla 5: Recoja todo lo que él deja tirado: libros, zapatos, ropa, juguetes. ¡Hágaselo todo! Así se acostumbrará a cargar la responsabilidad sobre los demás.

Regla 6: Déjele leer todo lo que caiga en sus manos. Cuide de que sus platos, cubiertos y vasos estén esterilizados, pero no de que su mente se llene de basura.

Regla 7: Riña a menudo con su cónyuge en presencia del niño, así a él no le dolerá demasiado el día en que la familia, quizá por su propia conducta, quede destrozada para siempre.

Regla 8: Dele todo el dinero que quiera gastar. No vaya a sospechar que para disponer del mismo es necesario trabajar.

Regla 9: Satisfaga todos sus deseos, apetitos, comodidades y placeres. El sacrificio y la austeridad podrían producirle frustraciones.

Regla 10: Póngase de su parte en cualquier conflicto que tenga con sus profesores y vecinos. Piense que todos ellos tienen prejuicios contra su hijo y que de verdad quieren fastidiarlo.

Si sigues todos estos consejos, es fácil que en casa hagas un pequeño tirano, que con el tiempo se puede convertir en un auténtico delincuente.

La educación es un acto de amor, y por tanto, un acto de valor

Cómo criar a un pequeño delincuente

A continuación, para que reflexiones sobre el tema; te dejo con una lección magistral del Juez Calatayud, en la que habla precisamente de este decálogo y te aconsejo que no te la pierdas.

¿Tu hijo no quiere comer? Qué es la neofobia alimentaria y 8 consejos para superarla

“Mamá eso no me gusta” “No quiero probarlo” “Me da asco” “Puajj no me lo pienso comer…” Cuando las pataletas y berrinches son el pan nuestro de cada día, algunos papás sentimos miedo de la posible desnutrición y podemos llegar a ceder a sus caprichos: “Por lo menos que coma algo…”

¿Te suenan estas situaciones? ¿Tu pequeño no quiere comer? En este artículo Cristina Martínez de Toda, psicóloga, te desvela qué es la neofobia alimentaria y propone una serie de consejos para enseñar a tu hijo a comer de todo. Superar esta fase es más fácil si sabes cómo ¡Desarrolla su gusto por la comida de forma sana y enriquecedora!

Neofobia alimentaria: Mi hijo no quiere comer

¿Qué es la Neofobia Alimentaria? Mi hijo no quiere comer

La neofobia alimentaria se puede definir como el rechazo a probar nuevos alimentos.

La neofobia se conoce también como la “paradoja del omnívoro” porque aunque los seres humanos necesitamos una dieta variada, somos capaces de restringirnos muchos alimentos al considerarlos una “amenaza” para nosotros. ¿Por qué ocurre esto? Porque se trata ni más ni menos de una cuestión evolutiva.

Los seres humanos desarrollamos en su momento un mecanismo de supervivencia, que nos disuadía de comer alimentos nuevos en edades tempranas por miedo a que resultaran tóxicos. Las papilas gustativas se “cierran” cuando comenzamos a andar. De ahí que nos volvamos más recelosos con la comida.

Cuando tu hijo se niega a probar algún alimento, no es que sea raro, es que sencillamente está respondiendo a su instinto.

Todos tenemos o hemos padecido neofobia a lo largo de nuestra vida, así que lo más sencillo es normalizarlo. Es habitual que no te guste algo dentro de un grupo de alimentos, por ejemplo que no te guste la manzana en concreto pero si la fruta. El problema ocurre cuando no nos gusta “ninguna fruta”. La clave en estos casos es tener paciencia.

El periodo de aparición de la neofobia suele ser alrededor de los dos años,  y se puede alargar hasta los 5-7 años. Esto desconcierta a padres que veían como sus hijos hasta entonces se comían lo que les ponían en el plato. A los dos años es cuando el niño empieza a desarrollar su identidad, y el “no” se convierte es su arma favorita como muestra de opinión propia.

Ante ese “no” en las comidas; enfadarnos, amenazarles o castigarles sólo nos provocará dolor de cabeza y tensiones en torno a la mesa, comprender que esto se trata de una etapa, y tarde o temprano pasará, resulta esencial para no forzar al niño a comer, y será muy positivo en su salud, más allá de la alimentación.

La neofobia, además, es generalizada a dos grupos de alimentos identificados por los humanos como “sospechosos”, la verdura y la fruta, siendo los colores que más rechazo nos producen el verde y el rojo.

Esto tiene una explicación científica, y es que hasta los 2-3 años no se produce la aceptación total de los sabores amargo y salado. Las papilas gustativas no están totalmente desarrolladas, y por ello cualquier alimento que se salga de su umbral de sabores aceptados lo rechazarán. Por el contrario, con alimentos dulces es muy raro que se produzca neofobia. Es por ello que la mayoría de alimentos preparados para niños contengan altas dosis de azúcar.

Así pues, en vez de enfocar las comidas como una lucha a brazo partido con nuestros hijos, es más inteligente mantener el mantra mental de “es sólo una etapa”. Eso sí, siempre y cuando no llegue a hacer asociaciones negativas de los alimentos y situaciones.

¿Qué responsabilidad tengo como padre en la neofobia de mi hijo?

Estudios demuestran que la neofobia alimentaria tiene un alto componente genético. Esto quiere decir que lo más probable es que uno o los dos progenitores presentasen en su infancia una neofobia parecida.

Por otro lado, la actitud que mostremos los padres ante los diferentes alimentos, influye de manera importante en las preferencias de los niños. La imitación, como en muchos otros factores educacionales, hará que los niños tiendan a imitar lo que ven.

Los padres debemos ser ejemplo de conductas en todos los niveles.

Por otro lado, resulta sumamente difícil incluir alimentos a partir de los dos años, en los que el niño no haya tenido previamente contacto vía intrauterina, o experiencia gustativa a partir de la leche materna.

Estos datos sugieren que las madres que llevan una dieta monótona o pobre durante el embarazo y la lactancia, pueden predisponer a sus hijos a una neofobia.

¿Cómo consigo que supere esta etapa sin que muestre rechazos por la comida en la edad adulta? A continuación te propongo una serie de consejos avalados por los psicólogos más competentes en esta área, para ayudarte en esta fase.

Mi hijo no quiere comer ¿Qué hago? 8 Consejos para superar la Neofobia Alimentaria

“La paciencia es el punto de referencia”

Consejo 1: Comer en familia

En casos de neofobia alimentaria se hace vital reforzar el aprendizaje por imitación. Si por horarios os resulta imposible desayunar, comer y cenar con vuestro hijo, intentad tener por lo menos una comida al día con él. Tenemos que crear en esa comida un ambiente de armonía, sin prisas. Tenéis que comer el alimento rechazado en familia, con naturalidad, pero sin obligar al pequeño a que lo coma.

Consejo 2: Continuidad en la presentación de la comida

Es necesario ofrecer un nuevo plato 9-10 veces antes de que un niño se atreva a probarlo, pero habitualmente los padres desistimos en 4-5 exposiciones, y lo damos por imposible.

Los estudios demuestran que los niños presentan mayor aceptación a una comida nueva tras dos o tres semanas de exposición paciente y continuada.

Esto lo podemos hacer de manera gradual, empezando por dejar la comida a la vista del niño pero sin ofrecérsela. Es importante hacerlo de manera continuada, sin prisa pero sin pausa.

Consejo 3: La comida que no le gusta, en el primer plato

El niño es cuando más hambriento está, de manera que hay más probabilidades de que lo consuma. Preséntalo junto a una comida que le guste. El aspecto de la comida, el olor y el gusto son factores clave a la hora de atrevernos a probar un plato. Currárselo un poco y hacer una presentación atractiva y divertida puede ser muy positivo.

La presentación puede ayudarte

Consejo 4: Los alimentos nuevos, de uno en uno

No le pongas para comer varias cosas que no conoce o rechaza porque el “no” que te va a decir lo van a oír hasta los vecinos. Es importante que ante un nuevo alimento el niño no se vea abrumado, de manera que lo presentaremos en pocas cantidades, de uno en uno, y de forma continuada.

Consejo 5: No le fuerces

Ante la coacción o el miedo a un castigo, es más probable que el niño aborrezca esa comida. Cuanto menor es la presión parental ejercida, mayor es la cantidad que el niño ingiere.

El niño también percibe la frustración que nos genera a nosotros que rechace la comida, por lo que puede asociar negativamente ese alimento con nuestro malestar, de manera que en las próximas comidas lo rechace más fervientemente.

Consejo 6: No negocies

No vale el típico “Si te comes las espinacas, tendrás helado de postre” al contrario, puede ser contraproducente. El niño se planteará que muy mal tiene que saber el plato para que le recompensen por comerlo

Refuérzale positivamente, elógiale por su valentía y lo bien que ha comido, pero nunca por la cantidad. Destierra los premios y las recompensas.

Consejo 7: Evita los comentarios negativos

“Mira qué bien come tu hermano…” “  Ni te molestes en servirle…no lo va a probar”

“Mi hijo es que no prueba la fruta…”

Todo lo que decimos y la manera en que la decimos afecta a la autoimagen de nuestro hijo. A través del Efecto Pigmalión, podemos mejorar los mensajes que les transmitimos.

Consejo 8: Contágiale el amor por la comida

Una buena manera de conseguir que los niños valoren y aprecien en la comida es ponerlos en contactos con el proceso que lleva ese alimento hasta que llega al plato (que sepan de donde viene, como se cocina, etc…) hasta que llega a la mesa.

Podéis ir a coger fruta de temporada con el niño, de una manera divertida y que él participe activamente.

Si rechaza la verdura, podéis jugar a plantar guisantes en un bote de yogur, de esta manera, el niño desarrollará progresivamente una actitud positiva ante las verduras.

Contágiale el amor por la comida

Otra buena forma es que os acompañe a hacer la compra, incluso permitiéndole elegir qué alimento comprar siempre dentro del mismo grupo de alimentos. Por ejemplo ¿Qué prefieres, manzana o pera? No sirve en este caso ¿manzana o yogur?

Una tarde libre cocinad algún plato que no le guste de una manera original y divertida. Será más probable que una vez puesto en la mesa se atreva a probarlo.

“Hacerle partícipe de la comida y el proceso que conlleva será un concepto clave para que desarrolle con naturalidad una relación positiva con la comida, y un deseo por la alimentación sana y variada”

Albert Bandura y su teoría de aprendizaje social (TAS). Implicaciones educativas

¿Cómo aprende el cerebro? Una de las teorías más influyentes es la teoría de aprendizaje social, de Albert Bandura. En este artículo, Patricia Sánchez Seisdedos, psicóloga, responde a todas nuestras dudas: Quién es Bandura, sus experimentos, fases de la teoría de aprendizaje social o vicario y cómo podemos aplicar sus enseñanzas al ámbito de la enseñanza o educación.

Albert Bandura y su teoría de aprendizaje social

¿Quién es Bandura?: Su interés por comprender el aprendizaje 

Psicólogo Canadiense nacido en 4 de diciembre de 1925. Bandura realizó estudios psicológicos sobre aprendizaje, dándole un papel crucial al aspecto cognitivo.

Esto quiere decir, que Albert Bandura apoyará un enfoque social-cognitivo. Basando la conducta humana en la interacción entre el sujeto (interpretaciones) y el entorno (castigos y respuestas).

En relación con esto, Bandura  elabora su famosa teoría de aprendizaje social, denominada también aprendizaje vicario o modelado, que veremos a continuación con mayor detalle.

Teoría del aprendizaje social o aprendizaje vicario de Bandura: El aprendizaje por observación.

Según Albert Bandura: La mayoría de las imágenes de la realidad en la que basamos nuestras acciones, están realmente inspiradas en la experiencia que adquirimos a través de otras personas (experiencia vicaria).

Y es que nos pasamos muchas horas del día adquiriendo conocimientos a través de este tipo de aprendizaje. Cada uno de nosotros tenemos un repertorio de personas a las que tomamos como referencia en diferentes ámbitos de la vida: Nuestros padres, nuestros profesores, nuestros compañeros del trabajo, nuestros amigos, personajes públicos que nos “inspiran”, etc.

Casi sin darnos cuenta, repetimos comportamientos que vemos en los demás. Sin embargo, no somos autómatas. Elegimos el modelo, observamos atentamente, memorizamos y evaluamos si nos compensa imitarle, o no.

Dentro del aprendizaje vicario, esta evaluación resulta muy importante. De hecho, es lo que diferencia a la forma de ver el aprendizaje de Bandura respecto a otros modelos, y lo que hará que más tarde, se reevalue la teoría denominándola aprendizaje cognitivo-social.

Cuando las personas ponemos a funcionar la memoria, ejecutamos imágenes mentales de lo que hemos visto hacer a nuestro modelo. Utilizamos también, un discurso verbal interno, y recordamos lo que sucedió en ese momento. A partir de ahí, tomamos decisiones: “si queremos reproducir el comportamiento aprendido o no”; “si lo hacemos de forma exacta, si innovamos”… Incluso lo podemos ir modificando en función de nuestro objetivo. Entra en juego la motivación de cada persona y el interés que tiene en realizar la conducta.

Experimento del muñeco bobo de Bandura: Sobre agresividad

De la teoría a la práctica

Para darle una base empírica a su teoría, Albert Bandura, desarrolló el experimento del muñeco bobo. Trata de conciliar su teoría del aprendizaje por observación con la agresividad. El objetivo, era llegar a una conclusión sobre la influencia que ejercía la violencia que observaban los niños en modelos (más adelante se desarrollaría el experimento enfocado a conocer la influencia de la agresividad observada en televisión).

En el vídeo que adjunto a continuación se ve de forma real, en qué consistió el experimento. Aviso de antemano que los subtítulos no tienen “ñ”, pero es muy clarificador:

¿Cómo se llevó a cabo?

Como se puede ver, el muñeco Bobo era una especie de globo, que tras ser derribado, recupera automáticamente su posición vertical.

Se utilizaron dos grupos experimentales (GE1 y GE2) y un grupo de control (GC). Cada grupo experimental estaba formado por 24 niños (igual numero de niños que de niñas) y el grupo de control por 24 infantes, repartido igualitariamente por ambos sexos.

  • GE1: 24 niños de ambos sexos. Dividirá el grupo en dos, de 12 niños cada uno.
    • GE1A: Verá una mujer realizar conductas agresivas dirigidas al muñeco.
    • GE1B: Verá a un hombre realizar conductas agresivas dirigidas al muñeco.
  • GE2: Grupo de niños que observa a un modelo interactuar de forma NO agresiva con el muñeco.
  • GC: 24 sujetos. 12 niños y 12 niñas. Se les presenta el muñeco sin una observación previa de interacción de ningún modelo.

Resultados

Las conclusiones de Bandura fueron:

  1. GE1 (niños que vieron a un adulto realizar conductas agresivas) tenía más probabilidades de llevar a cabo conductas agresivas que los otros grupos.
  2. Los niños eran mucho más propensos a repetir un comportamiento físicamente violento en que las niñas. No hubo tantas diferencias significativas en los comportamientos agresivos verbales.
  3. Cuando el modelo era mujer, tendría a ser más imitado por niñas que por niños y viceversa (similitud con el modelo).

Sin embargo, no todo es blanco o negro. Para que una conducta se desarrolle, hacen falta más elementos que la observación y un modelo que la ejecute.

Es más, para que un modelo sea apropiado, debe “ser atractivo y de interés para la persona modelada”. Aquí también juega un papel importante la cultura. No cualquier persona servirá de modelo para cualquier niño en cualquier contexto.

Es cierto que el niño, al observar al modelo realizar conductas agresivas, integra este modo de responder en su repertorio conductual y esto aumenta la probabilidad de emitir una respuesta de este tipo, pero no es totalmente determinante.

Las personas tenemos conciencia, capacidad de decisión y potestad para elegir. Por tanto, una vez adquirido el aprendizaje, el niño debe querer ponerlo en marcha en ese momento. Seleccionar esa conducta como la más adecuada para ese momento, en función de sus objetivos.

En este experimento, algo que influye en la conducta del niño, es que se enseña como interactuar con un elemento del que no tienen experiencia previa (el muñeco es nuevo para ellos), por tanto, se restringe la libertad en cierto modo, ya que se le facilita la conducta. Es decir, será distinto el comportamiento del niño en función de las posibilidades de elección que tenga para reaccionar ante una determinada situación.

Procesos de la teoría de aprendizaje social o vicario de Bandura

En la teoría de aprendizaje social, Bandura diferenció 4  procesos que se desarrollan necesariamente en el aprendizaje social:

1. Atención

Resulta totalmente imprescindible que la atención del aprendiz esté focalizada hacia el modelo que realiza la conducta. Cualquier distractor interrumpiría la tarea de aprendizaje.

2. Retención

La memoria juega un papel muy importante. La persona que está integrando un nuevo comportamiento, debe almacenarlo en su memoria para reproducirlo a continuación.

3. Reproducción

En este punto, además de la puesta en marcha de la conducta, la persona debe ser capaz de reproducir simbólicamente el comportamiento. Por ejemplo, por mucho que un niño vea a su tenista preferido jugar, no quiere decir que vaya a golpear la pelota igual que él, primero tiene que tener la capacidad motora para realizar esos movimientos. Se integrará el tipo de movimiento y la acción, pero esto requiere de repetición para realizar la conducta correctamente.

Además, debe haber una capacidad cognitiva para poder poner en marcha todos los mecanismos de recuperación simbólica. O sea, que el niño necesita obligatoriamente haber llegado a este nivel de desarrollo cognitivo.

4. Motivación

Aún teniendo las imágenes mentales de la conducta observada, hace falta querer realizarla. Podemos tener distintos motivos, por ejemplo:

  • Refuerzo/castigo pasado: Se basa en el conductismo tradicional. Cuando ya hemos realizado una conducta y hemos obtenido algo bueno a cambio (un refuerzo). Esto hace que volvamos a reproducirla si buscamos conseguir el mismo refuerzo.
  • Refuerzos/castigos prometidos: Expectativas de lo que se pretende conseguir. Imaginamos las consecuencias.
  • Refuerzo/castigo vicario: Lo que hemos visto que consiguió el modelo del que aprendimos.

¿Cómo podemos utilizar las estrategias de aprendizaje de Bandura?: Implicaciones educativas del aprendizaje vicario

1. Aprendizaje observacional aplicado a la educación

En todas las culturas, los niños se fijan en adultos  para aprender y modificar patrones de comportamientos, actitudes… Aprenden a través de personas de referencia. Bandura dice que:

“Afortunadamente, la mayor parte de la conducta humana se aprende por observación mediante modelado”.

Esto evita mucho ensayo-error, puesto que el niño tiene la oportunidad de ver la situación, la ejecución de la conducta y las consecuencias. No obstante, los niños no prestan atención ni aprenden todas las conductas de un modelo, si no que depende de factores como la complejidad, del ajuste de la capacidad cognitiva, del significado de modelo que tenga el adulto para el niño y del valor funcional de la conducta modelada.

Siendo de esta manera, que se ha demostrado que los niños tienden a imitar en mayor grado conductas relativamente simples, cercanas a su competencia cognitiva, con recompensas gratificantes para otros, presentadas por modelos atractivos y en los momentos en los que ellos presentan una atención activa a dichos modelos.

Desde la perspectiva de la teoría cognitiva social de aprendizaje, podríamos aplicarlo al aula en distintas direcciones. Es aconsejable que los niños perciban al profesor o educador  como alguien que presenta constantemente modelos conductuales, verbales y simbólicos a los alumnos. Su eficacia dependerá de la consistencia entre los modelos, la adecuación de éstos a las competencias de los alumnos, la valencia afectiva entre éstos y el propio educador, y la efectividad de los procedimientos que el educador ponga en juego en la presentación de los modelos. Por otra parte, los alumnos no sólo obtienen oportunidades de aprendizaje observacional de lo que hacen y dicen los educadores, sino también de sus compañeros. El empleo sistemático de formas estructuradas de presentación de modelos entre compañeros puede convertirse en un recurso educativo de gran importancia.

2. Predicción y aprendizaje aplicado a la educación

Bandura habla sobre la predicción, elemento muy importante a la hora de trabajar con el aprendizaje de niños, porque interiorizan muy rápido cuáles son las consecuencias de su comportamiento, sabiendo diferenciar en los distintos casos.

Por ejemplo, algunos padres se preguntan por qué hay profesores con los que los niños se portan siempre mal y profesores con los que los niños se comportan estupendamente, o “¿por qué no me hace caso hasta que no me pongo de los nervios?”.

Esto es a causa de las predicciones que los chicos realizan. Por ejemplo, si cada vez que Juan permanece sentado en su sitio, su profesor “A” no se lo valora (no le dice “muy bien Juan, lo estas haciendo muy bien”), Juan seguirá haciendo lo que más le interese en cada momento. Ahora bien, si el profesor “B” grita cada vez que Juan se levanta y ordena que todo el mundo permanezca sentado, además de enseñar que al levantarse hay una reprimenda, enseñará que hay que sentarse cada vez que el grite. Por tanto, Juan y los demás niños sabrán que con A, da igual si te sientas o no y con B, cuando grite y se enfade, hay que sentarse.

Es por esto, que el profesor en el aula, no solo está enseñando a realizar conductas o comportamientos, si no que, según la teoría del aprendizaje social, crea situaciones y patrones de respuesta.

Por otro lado, las expectativas que integran las personas, en este caso los niños, no tienen que ser solamente las recibidas en primera persona. Por ejemplo, si el chico más popular de la clase lo es por llevar a cabo conductas disruptivas o problemáticas, muchos le imitarán para conseguir lo mismo: popularidad y atención.

Esto es algo muy potente a utilizar en el aula, si se utiliza bien. Pero no es así en la mayoría de los casos… Lo que sería más eficaz a la hora de enseñar, sería alabar cualquier cosa buena que realice el niño que actúa como modelo para la mayoría de los alumnos, en lugar prestar atención a las cosas que no queremos que repita.

3. Motivación y aprendizaje aplicado a la educación

Bandura tiene claro aquí que las consecuencias de la conducta (tanto refuerzos como castigos), tienen un importante grado de influencia para aumentar o disminuir una conducta (respectivamente).

Esto es principal en la motivación y en lo que se fundamenta el aprendizaje clásico. Pero, la diferencia entre el modelo de Bandura y el de Skinner, está en que para este primero, las consecuencias crean expectativas que serán las que aumenten o disminuyan comportamientos futuros. En diferencia a Skinner, quien defiende que las consecuencias son las determinantes en sí mismas de la repetición de una conducta.

Por tanto, si seguimos los supuestos de Bandura, las consecuencias anticipadas controlan la conducta más que las reales. Esto explica que un comportamiento se dé aunque a veces no se refuerce ¿por qué un niño todos los días intenta llamar la atención en clase, aunque a veces se le ignora? Por que sabe que otras veces, se le presta mucha atención.

Las personas procesan secuencias de relaciones conductas-consecuencias y sintetizan la información.

4. Pensamiento y regulación cognitiva aplicado a la educación.

Como ya hemos visto antes, para Bandura, el pensamiento es un elemento clave en la conducta. Cuando un niño aprende, es muy importante que construya representaciones simbólicas conceptuales. Es decir, que entienda el contexto, la conducta y el por qué.

Bandura expone que si un niño no es consciente de las consecuencias de su conducta, no aprenderá correctamente.

Basándonos en la teoría de aprendizaje social, cuando educamos a niños en las aulas, debemos explicarles qué se consigue con las cosas que hacen, para qué aprenden y cuáles son los objetivos. Si no, siguiendo esta teoría, solamente desarrollaran comportamientos carentes de sentido para ellos y serán autómatas.

Además, la repetición consciente de los comportamientos, irá produciendo una integración y automatización de los mismos, dejando así “espacio mental” para seguir aprendiendo.

Por último, te pregunto a ti ¿habías oído hablar de este psicólogo?, ¿se te ocurre alguna idea para aplicar este tipo de aprendizaje?, ¿qué te parece?, ¿estás de acuerdo? Te invito a comentar y compartir con nosotros qué piensas sobre este tema y si has vivido alguna situación que te haya llamado la atención.

Teorías del aprendizaje: Aplicaciones educativas y prácticas

¿Qué son las teorías del aprendizaje? La educación es fundamental para nosotros. A menudo manifestamos nuestro deseo de aprender algo. Da igual si queremos asistir a clases de inglés o utilizar una cámara de fotos. Aún así, generalmente no sabemos cómo se adquieren nuevos conocimientos. ¿Qué es el aprendizaje? ¿Qué opinan los conductistas como Pavlov? ¿Y los constructivistas como Piaget? ¿En qué consiste la teoría del aprendizaje significativo de Ausubel? ¿Y la teoría del aprendizaje social de Bandura? Además de responder estas preguntas, en este artículo veremos cómo conectar las respuestas con nuestra vida cotidiana.

Teorías del aprendizaje: Las principales y sus aplicaciones educativas y prácticas

¿Qué son las teorías del aprendizaje?

Estas teorías son un diverso conjunto de explicaciones que tratan de profundizar en un fenómeno tan vital como el aprendizaje.

¿Y qué es el aprendizaje? ¿Cómo aprende el cerebroTodos lo sabemos, pero si lo intentamos definir… surgen dudas. Esto se debe a que es un concepto difícil de delimitar, que puede ser interpretado de varias formas. Llevamos experimentándolo en primera persona desde nuestra más tierna infancia y lo observamos diariamente, tanto en nosotros mismos como en los demás. En este artículo nos centraremos en las siguientes:

1) Cambios que podemos observar en la conducta.

2) Cambios que tienen lugar en nuestra mente.

Para poder afirmar que un hecho se debe a un proceso de aprendizaje tiene que ser relativamente estable. Se debe a la experiencia y difiere bastante dependiendo de cada persona y cada situación.

Todo en la vida es aprendizaje. Si no interiorizásemos ciertas cosas, nos veríamos obligados a perder una inmensa cantidad de tiempo en realizar acciones tan sencillas como encontrar nuestra casa, hacer las cuentas al comprar en el supermercado o encontrar la palabra exacta para decir qué queremos comer. ¿Qué pasaría si tuviésemos que hacer esto paso a paso cada día?

Además, el aprendizaje no solo consiste en los contenidos que nos enseñan en la escuela o nuestras casas. También incluye cómo debemos comportarnos adecuadamente en sociedad. Imagínate que eres un alienígena recién llegado a la Tierra y es la primera vez que vas a un cumpleaños. ¿Por qué da regalos la gente? ¿Qué harías cuando los demás cantaran el cumpleaños feliz? Afortunadamente, también aprendemos lo que tenemos que hacer en estas situaciones para no sentirnos como marcianos.

¿Quiénes se dedican a las teorías del aprendizaje?

Los profesionales que intentan esclarecer los misterios del aprendizaje provienen de numerosas disciplinas como psicología, pedagogía, educación social, etc. Es necesario adoptar una visión global para contemplar un fenómeno tan complejo. Todos ellos tienen un objetivo común; comprender este proceso para predecirlo y controlarlo con el fin de facilitar la vida de las personas.

¿Para qué lo hacen?

El aprendizaje es indispensable para nuestro bienestar. Es urgente teorizar sobre él para alcanzar logros tan importantes como diseñar programas educativos que se ajusten mejor a las necesidades de las futuras generaciones. Pero también es imprescindible conocer sus bases para solucionar de forma más eficiente los retos del día a día y adaptarnos mejor al mundo que nos rodea.

¿Cómo lo hacen?

Lo más probable es que nos imaginemos a expertos trabajando con niños en una clase. Además de utilizar métodos como entrevistas, cuestionarios o la observación, en los laboratorios también se experimenta con personas y otros seres vivos como conejos o ratas (respetando las normas éticas). Los animales son esenciales para explicar los actos más básicos.

Obviamente, las circunstancias a las que se tiene que adaptar un conejo (labores como no hacerse daño o encontrar comida) difieren mucho de las que se presentan en nuestro día a día (interactuar con centenares de conocidos en las redes sociales o procurar no caer mal a nuestro jefe), que nos ofrecen una infinidad de posibilidades y quebraderos de cabeza. Pero algunos resultados pueden extrapolarse a nuestras vidas.

Principales teorías del aprendizaje

En este apartado conoceremos lo que dicen las teorías más estudiadas sobre este tema en la actualidad.

1. Teoría del aprendizaje de Pavlov

Pavlov es un psicólogo y fisiólogo ruso célebre en la historia de la psicología por sus aportaciones al conductismo. Esta vertiente psicológica predominó en la primera mitad del siglo XX en Estados Unidos. Buscaba las respuestas del secreto del aprendizaje en laboratorios bajo condiciones tremendamente estrictas.

El conductismo deseaba demostrar que la psicología es una auténtica ciencia. Los protagonistas de sus experimentos eran ratas, palomas o el famoso perro de Pavlov. Dentro de este enfoque destacan conductistas como Skinner, Thorndike, Tolman o Watson.

Pavlov defendía el condicionamiento clásico. Según este tipo, el aprendizaje se produce cuando se asocian más o menos al mismo tiempo dos estímulos, uno incondicionado y otro condicionado. El incondicionado provoca una respuesta natural en el cuerpo y el condicionado la empieza a desencadenar cuando se vincula al anterior.

Por ejemplo, si cuando pruebo una receta de pasta (estímulo condicionado), me duele el estómago (estímulo incondicionado), es posible que relacione mi malestar con los macarrones. Posteriormente, se producirá una respuesta condicionada, que es mi recién adquirido disgusto hacia ese plato.

Esta teoría también explica otros procesos como la generalización de los estímulos, saber que todos los semáforos en verde nos dicen que podemos cruzar, o la extinción, cuando dejamos de dibujar porque ya no nos dan premios en el colegio.

Estas ideas han dado lugar a innumerables investigaciones posteriores, pero también han suscitado diversas y agudas críticas. Este tipo de aprendizaje es demasiado rígido para explicar gran parte de las conductas humanas. Nuevos modelos siguen revisando estos pensamientos.

2. Teoría del aprendizaje de Piaget

Piaget elaboró su teoría desde una postura constructivista, afirmaba que los niños tienen un papel activo a la hora de aprender. Para él, las diferentes estructuras mentales van modificándose y combinándose entre ellas a través de la experiencia mediante la adaptación al entorno y la organización de nuestra mente.

El aprendizaje existe gracias a los cambios y a las situaciones novedosas. Nuestra percepción del mundo se renueva a medida que crecemos. Este proceso está compuesto por esquemas que nosotros ordenamos mentalmente. La adaptación tiene lugar mediante un proceso de asimilación, que modifica la realidad externa, y otro de acomodación, que cambia nuestras estructuras mentales.

Por ejemplo, si acabamos de conocer a un vecino nuevo y hemos tenido malas experiencias previas, pensaremos “es un cotilla” (asimilación). No obstante, si vemos que es discreto y prudente, nos veremos obligados a alterar nuestra clasificación previa (acomodación) y reconocer que también hay vecinos agradables.

Por otra parte, la organización procura integrar las diferentes adaptaciones a lo largo de nuestro desarrollo entre diferentes estadios del desarrollo (de forma vertical) o dentro del mismo estadio de desarrollo (de forma horizontal). Adaptación y organización se complementan mediante la “equilibración“, que autorregula nuestro aprendizaje.

3. Teoría del aprendizaje significativo de Ausubel

Ausubel es uno de los máximos exponentes del constructivismo y fue muy influido por Piaget. Este psicólogo y pedagogo opinaba que para que la gente aprenda es preciso actuar sobre sus conocimientos previos. Por ejemplo, si yo quiero que mi hijo comprenda lo que es un mamífero, primero tendré que comprobar que sabe lo que es un perro y saber cómo piensa para actuar en consecuencia. Estos conceptos se integran mediante organizadores previos que buscan la coherencia en nuestro cerebro.

Esta teoría está muy centrada en la práctica. El aprendizaje significativo contrasta con el aprendizaje de memoria (retener largas listas sin discurrir) porque produce conocimientos mucho más duraderos que se interiorizan mejor. Con el tiempo los conceptos se van relacionando y jerarquizando para ahorrarnos muchos pasos cada vez que queramos hablar sobre un tema determinado o hacer cosas como jugar al baloncesto.

4. Teoría del aprendizaje social de Bandura

La teoría de Bandura hizo hincapié en el papel de las variables sociales y unió la perspectiva conductista con la cognitiva, enfoque que prioriza el estudio de los procesos mentales. Afirma que casi todas nuestras conductas se adquieren por observación e imitación.

Tenemos la última palabra a la hora de decidir cómo queremos actuar, pero los modelos a los que estamos expuestos nos influyen mucho. Por esto es tan importante tener cuidado con la extrema violencia en los medios de comunicación.

Los más pequeños pueden saber que no está bien pegar a sus compañeros, pero si interiorizan la violencia de su serie favorita es posible que mantengan conductas agresivas en contextos y momentos diferentes. Es decir, si ven en la tele que un problema se solucionó con un puñetazo, tal vez den un empujón a un amigo la semana siguiente para conseguir un juguete en la escuela.

Aplicar las teorías del aprendizaje en la educación

Frecuentemente, cuando nos hablan de aprendizaje pensamos en los niños y los colegios. Este proceso influye en todas las etapas de la vida, pero lo que aprendemos en nuestra infancia y cómo lo hacemos nos marcará para siempre. Es complicado encontrar un solo padre que no desee descubrir las claves del aprendizaje para mejorar la educación de sus hijos.

Vivimos en un entorno cambiante, estamos expuestos a numerosos personajes y situaciones que abarcan desde lo más rutinario hasta lo más excéntrico que podamos imaginar. Los profesionales del futuro deberán ser capaces de enfrentarse a una sociedad que se transforma cada día a una velocidad mayor y estar a la altura.

Se debe encontrar una manera de educar a los miembros de la próxima generación para que sepan desenvolverse en un entorno cada vez más virtual y globalizado. En primer lugar, hay que seguir investigando estas teorías y proponiendo otras alternativas que se adapten a la realidad. Esto nos permitirá avanzar y rediseñar las medidas educativas que no permiten a la gente desarrollar su máximo potencial.

Hacer descubrimientos en este campo es una tarea ambiciosa y complicada. Pero sí podemos observar las reacciones de nuestros hijos al combinar varios métodos de enseñanza para ver qué se adapta mejor a ellos.

Por ejemplo, si queremos que nuestro pequeño aprenda a hablar inglés podemos probar a que cante canciones en ese idioma o a darle pequeñas recompensas en un juego por cada acierto. Con un sistema de aprendizaje flexible que contemple las necesidades particulares de cada persona se puede alcanzar un extra de motivación que logre excelentes resultados.

¿Cuál es la mejor teoría del aprendizaje?

Es lógico que al encontrarnos con posturas tan diferentes nos surjan dudas. ¿Por qué no se ponen de acuerdo? ¿Quién tiene razón? ¿Quién está equivocado? Para resolver estas cuestiones podemos imaginar las teorías como si fuesen personas. No hay dos iguales. Cada una contempla la realidad desde su punto de vista particular.

Hay que recordar que estos modelos han sido ideados y desarrollados por gente como nosotros, con sus diferentes experiencias, puntos de vista, contextos, objetivos, etc.

De momento no se puede explicar completamente el aprendizaje desde ninguna de ellas. Estas explicaciones van surgiendo a medida que los profesionales hacen descubrimientos o proponen nuevos rumbos y los debaten entre ellos. Son modelos dinámicos que no podemos dar por definitivos.

Consejos prácticos para emplear las teorías del aprendizaje en la vida cotidiana

1. Observa los resultados del aprendizaje

Da igual si quieres mejorar tu aprendizaje o el de tus conocidos. Por ejemplo, imagina que tu pareja quiere hacer deporte, pero le cuesta adquirir hábitos saludables y es un poco patosa. Podéis intentar buscar una hora en la que esté relajada, ir estableciendo paralelismos entre sus actividades favoritas y el nuevo deporte, señalar pequeñas metas, etc. De esta forma veremos qué funciona y qué no.

2. No te preocupes si no funciona un determinado método de aprendizaje

No olvidemos que no solo importa el resultado, también podemos disfrutar del proceso de aprendizaje. Tal vez el problema es que no has encontrado la mejor forma de aprender. Es probable que, a medida que vayas intentándolo y conociéndote, acabes encontrando la estrategia óptima para tus objetivos.

3. No te obsesiones con las teorías

Estas explicaciones nos ayudan a establecer una buena base teórica. Pero debemos recordar que cada persona es distinta y que dependiendo de la situación igual necesita un procedimiento u otro. El proceso que tiene lugar a la hora de intentar eliminar una fobia no es el mismo que se lleva a cabo para memorizar la lista de la compra.

4. Busca retos

El aprendizaje no es un proceso independiente, ya que está intensamente relacionado con otros, como la memoria, la atención o la motivación. Por mucho que deseemos aprender algo y lo conectemos a las teorías, si no lo intentamos de verdad no lo conseguiremos. Todos hemos experimentado la diferencia que existe entre aprender solo para el examen una asignatura que nos aburre y desear saber más sobre un tema que nos apasiona, como todos los resultados de nuestro equipo de toda la vida o las canciones de nuestro grupo favorito.

5. Si algo va mal, busca ayuda

Si estás preocupado por ti o sospechas que alguno de tus allegados tiene un problema especial con el aprendizaje, es prioritario que busques la ayuda y el apoyo de un profesional. Seguro que consigue ayudaros.

Muchas gracias por leer este artículo acerca de las Teorías de aprendizaje. Si te ha gustado, o tienes alguna duda, deja un comentario en el recuadro de abajo.

Medidas de prevención de trastornos alimentarios. Un poquito de psicología

¿Podemos prevenir trastornos alimentarios como la anorexia o la bulimia? Los  trastornos de la conducta alimentaria, son un problema psicológico altamente prevalente en nuestra sociedad. Se reflejan principalmente en las conductas que realiza el afectado en el ámbito de la comida, pero van más allá. Descubre en este artículo qué son los trastornos alimentarios , sus posibles causas y las medidas de prevención que existen. ¡Actuar de manera precoz es fundamental!

Tradicionalmente los problemas de anorexia o bulimia se atribuían principalmente a chicas adolescentes, pero cada vez más hombres y mujeres de cualquier edad sufren esta patología. Nadie está a salvo, por eso resulta crucial informar a la población, ayudar a detectar, intervenir de forma precoz la anorexia o bulimia y fomentar la prevención de la bulimia y la anorexia.

En este artículo detallaremos estas medidas de prevención de trastornos alimentarios para que pueda servir de guía para padres, maestros, parejas, etc…

Medidas de prevención de trastornos alimenticios

En un mundo en el que la imagen está sobrevalorada y los medios de comunicación nos envían continuamente mensajes acerca de cómo debemos vestir y cómo debe ser nuestro cuerpo, no es difícil que se desarrollen problemas de auto-imagen y relaciones disfuncionales con la comida.

Conocer para poder prevenir: Qué son los trastornos alimentarios

Los trastornos alimentarios son problemas psicológicos complejos que consisten en una serie de conductas disfuncionales y alteradas relacionadas con la alimentación y el control de peso. Los trastornos más frecuentes y problemáticos que trataremos son la Anorexia y la Bulimia.

Aunque mucha gente también los denomina trastornos alimenticios, el término correcto es trastornos alimentarios o trastornos de la conducta alimentaria.

¿Qué es la Anorexia Nerviosa?

La Anorexia Nerviosa se caracteriza por una reducción drástica de la ingesta de alimentos, acompañada por una pérdida considerable de la masa corporal. Habitualmente esta restricción viene acompañada de comportamientos para compensar lo poco que ingieren, como el ejercicio excesivo, vómitos o consumo de laxantes y diuréticos.

Tienen una visión distorsionada de su propio cuerpo y un miedo muy intenso a engordar y subir de peso. Las características psicológicas que acompañan esta patología suelen ser el perfeccionsimo y una personalidad obsesiva.

¿Qué es la Bulimia Nerviosa?

La  Bulimia Nerviosa consiste en un patrón de atracones (ingesta desmedida de alimentos en un periodo muy corto de tiempo y acompañado por el sentimiento de pérdida de control) y conductas compensatorias como el vómito, consumo de laxantes y diuréticos, ejercicio excesivo.

También sienten una gran preocupación por el peso y el cuerpo. La psicología de esta personas suelen caracterizarse por la impulsividad y la inestabilidad emocional. Suelen tener una baja tolerancia a la frustración.

Estas dos patologías tienen puntos en común, siendo a veces imposible diferenciar una de otra. También es común pasar de una a otra. Las personas tanto con bulimia como con anorexia tienen una alta preocupación por el peso y la figura, además de una baja autoestima y una concepción muy pobre de sí mismas. Además, estos trastornos desencadenan una serie de problemas graves de salud en el caso de extenderse en el tiempo. Por ello es muy importante detectarlos lo más pronto posible, ya que también tendrán un mejor pronóstico de recuperación.

Cuáles son las causas de los trastornos alimentarios

Los trastornos alimentarios (alimenticios) como la Anorexia y la Bulimia son complejos y pueden deberse a multitud de causas. En psicología hablamos de predisponentes (de riesgo) y precipitantes (los que hacen que aparezca el trastorno en ese momento determinado y no en otro).

La sociedad y los medios de comunicación tienen mucho que ver en esto, ya que nos mandan mensajes continuos acerca de cómo debemos comportarnos y cómo debe ser nuestro aspecto físico. A las mujeres se nos lanza la idea de que la delgadez y la juventud  son los requisitos fundamentales para que se nos tome en consideración y para triunfar en la vida, ya que sin estas características no valemos para nada y somos unas fracasadas. Véase la gran cantidad de anuncios publicitarios en los que todas las mujeres son guapas, jóvenes, delgadas (a veces delgadísimas), siempre perfectas, sin una falla o “imperfección”. Nos intentan vender todo tipo de productos para esconder, tapar, eliminar todo lo que nos hace ser imperfectas, porque no es tolerable que lo seamos.

A los hombres, por supuesto también les influyen los estándares de belleza, pero ellos suelen recibir otro tipo de mensajes: deben ser fuertes, seguros, independientes y poderosos en su trabajo. Esto les genera angustias y problemas, aunque en general con ellos la sociedad es algo más benévola.

Poco a poco esto va cambiando, pero nos queda un largo camino por recorrer. Por ello debemos protegernos de estos mensajes y ser más críticos con la publicidad y lo que se nos intenta vender.

Es importante entender que aunque la sociedad sea un factor muy relevante en el desarrollo de estos trastornos, no es el único. En una misma cultura, no todas las personas (afortunadamente) van a desarrollar estos problemas. Hay más factores que intervienen. La familia es fundamental en la transmisión de valores y actitudes, por ello es indispensable el trabajo familiar tanto para la prevención, como para el tratamiento una vez ya se ha desarrollado el trastorno.

Dentro del ambiente familiar de los afectados es habitual una alta exigencia, ideales de perfección, relaciones de dependencia entre miembros, problemas de comunicación… Por ello es importante hacer explícito el cómo estamos educando a nuestros hijos y qué les estamos transmitiendo para prevenir, no solo estos, si  cualquier trastorno.

Medidas de prevención de trastornos alimentarios

Para proteger a nuestros hijos/alumnos y a nosotros mismos de estas patologías, a pesar de la gran influencia de los medios de comunicación, realmente sí podemos hacer algo. No estamos totalmente a su merced.

También es importante recordar que la mejor manera de enseñar es predicar con el ejemplo. De nada servirá que le digamos a nuestros hijos: “tienes que comunicar tus sentimientos”, si ven que nosotros no lo hacemos. Pon en práctica estos consejos para la prevención de la anorexia y la bulimia.

1. Enseñar asertividad y comunicación asertiva

La asertividad es esencial en el aumento y mantenimiento de nuestra autoestima y es la base de una comunicación efectiva. Consiste en defender nuestros derechos, expresar nuestros deseos y rechazar aquello que no queremos de forma educada y respetando a lo demás.

2. Alimentar la autoestima

Los mensajes que recibimos de las personas que nos importan ejercen una enorme influencia en nosotros, por ello tenemos que tener cuidado con lo que  transmitimos a los demás, sobre todo a los más pequeños que no tienen todavía formada su personalidad y son muy influenciables.

Es importante que reciban muchos mensajes positivos, de las cosas que hacen bien, y reducir los mensajes negativos. Cuando haya que reprender a nuestros hijos, nos centraremos en lo que han hecho mal: “tienes la habitación muy desordenada”, en lugar de en ellos mismos “eres un desordenado”. Ya que los mensajes hacia su persona, con el tiempo los integran y pueden tener un impacto negativo en su autoestima. Además, cuando se haga una mención de algo negativo estaría bien acompañarlo de algo positivo: “Me gusta que juegues con tus juguetes, pero ahora la habitación está muy desordenada, y como eres un chico muy listo sé que puedes ordenarla muy bien”.

Aunque no solo hay que tener presente los mensajes que damos a los demás, sino también de las que nos damos a nosotros mismos. Estos suelen ser mucho más duros y exigentes que los que enviamos a otras personas. Ser conscientes de ello y darnos permiso para cometer errores es esencial para el mantenimiento de una sana autoestima.

También hay que hacerles conscientes de las cualidades y éxitos de las que se puedan enorgullecer.

Es necesario transmitir la idea de que no hay cuerpos mejores o peores, siempre dentro de lo que es saludable, cada cuerpo es diferente, tiene sus propias características y todos son perfectos a su manera. Aprender a comunicarte con tus hijos es fundamental.

3. Informarnos e informar acerca de una alimentación saludable

Muchas veces, la desinformación y los mitos relacionados con la nutrición favorecen las conductas disfuncionales con la comida. Por ello es importante desmontar estos mitos y dar a conocer en qué consiste una alimentación saludable.

4. Educación sexual

La autoestima está muy ligada a la conducta sexual. Sentirnos a gusto con nuestro cuerpo y sentirnos deseados influye directamente en la imagen que tenemos de nosotros mismos. Muchas veces, las chicas con anorexia sienten un rechazo hacia las formas femeninas que aparecen en la pubertad, dan la espalda a su desarrollo y deseo sexual, a menudo infantilizando sus conductas. Por ello es importante educar a nuestros hijos en sexualidad, hacerles sentir que mientras no dañe a otra persona, todas las conductas sexuales son naturales y aceptables. La comunicación es vital para el desarrollo de una sana sexualidad, sin culpabilidad ni miedo, Debemos estar abiertos a todo tipo de consultas que quieran hacernos. Librarnos de los tabúes nos permite ser más libres en aquello que hacemos.

5. Cuidar lo que decimos ante nuestros hijos

Comentarios como “He engordado”, “Mira cómo ha engordado Fulanita”, “Pepita ha adelgazado un montón, está muy guapa”, van calando hondo en la mente de nuestros hijos y aprenden que la apariencia física es fundamental para gustarle a los demás y que si adelgazamos estaremos más guapos y nos valorarán más. Esto es fundamental en el inicio de los trastornos de la conducta alimentaria.

Por ello hay que cuidarse de lo que decimos delante de nuestros hijos. No es recomendable hacer notar el peso o el volumen de nosotros mismos o de las personas de nuestro entorno en presencia de nuestros hijos, ni hacer comentarios sobre la nueva dieta que hemos comenzado o queremos empezar.

Tampoco es adecuado poner a dieta nuestros hijos a no ser que el pediatra nos lo recomiende. Antes de hacer comentarios acerca del aspecto físico de nuestros hijos, mejor comentar sus sentimientos, sus logros personales, su esfuerzo, su personalidad y cualidades psicológicas. Antes que decir “Que delgada y que guapa estás”, decir “Estas radiante, se te ve muy contenta”.