Archivo de la etiqueta: miedo

¿Quieres cambiar de vida y no sabes cómo? 8 pasos para empezar de nuevo

Nuestra vida implica cambio, irremediablemente. Experimentamos transiciones de trabajo, de relaciones, hay cambios en nuestra salud física y mental, se dan nuevos eventos en nuestras comunidades locales y en nuestro mundo. Cambiar de vida, a veces es inevitable. En ocasiones, sabemos que va a ocurrir un cambio, mientras otras veces el cambio ocurre de forma inesperada.

Aprender a lidiar con el cambio y a no tenerle miedo es esencial para evitar que se complique en problemas de ansiedad. Aquí te contamos cómo atreverte a darle un cambio a tu vida.

¿Necesitas un cambio de vida?

¿Estás pensando en en cambiar?

Mucha gente invierte gran parte de su tiempo y energía intentando evitar el cambio, pero el cambio te va a llegar en un momento u otro. Si aprendes a lidiar con el cambio, disminuirás tu riesgo de ansiedad y depresión, y tanto tu salud física como tu salud mental mejorarán. Pero si no eres capaz de reconocer y afrontar la necesidad de cambio, bastará sólo con unas pequeñas cantidades de estrés para sentirte abrumado con tu vida, y te resultará difícil establecer y cumplir tus objetivos.

Ser capaz de lidiar con el cambio a veces se denomina resiliencia. Y, aunque tu ambiente y tus genes puedan influir en tu nivel de resiliencia, no es algo que sea inamovible, es una habilidad que puede desarrollarse gracias a la práctica de diferentes modos de pensar y estar en el mundo.

El cambio no es algo fácil, incluso cuando queramos hacerlo. A veces, lo que nos frena cambiar de vida es no saber hacer otra cosa que lo que ya estamos haciendo. Y otras veces, esperamos, haciendo lo mismo una y otra vez, obtener resultados diferentes.

Pero es importante darse cuenta de que siempre hay otra forma de ver la situación y de hacer las cosas.

Otra elemento que influye en que vayamos a cambiar nuestra vida o no son nuestras emociones. Estas nos pueden ayudar o frenar. Los miedos (miedo al fracaso, a decepcionar a los demás, a arrepentirse…) nos frenan. El miedo nos hace crear toda clase de excusas para evitarnos evolucionar: “Tampoco estoy tan mal”, “me quejo de vicio”, “mas vale malo conocido…”, “a mi edad ya no puedo cambiar”… Pero lo cierto es que las emociones también pueden ayudarnos a contrarrestar el miedo e ir hacia delante.

¿Por qué hay momentos en los que sentimos que necesitamos cambiar de vida?

A veces necesitamos dejar ir lo que no nos aporta, y dar un cambio a nuestra vida.

Hay momentos en los que no estamos a gusto con nuestra situación actual. Nos sentimos incómodos, desmotivados y desencantados con la vida. Puede haber muchos motivos:

  • No estamos felices en nuestra relación de pareja
  • No estamos satisfechos con nuestro trabajo
  • Tenemos mucho estrés
  • No hay emoción en nuestra vida
  • Nos sentimos estancados
  • No hemos logrado lo que queríamos, no hemos cumplido nuestras metas
  • No estamos satisfechos con nuestras relaciones sociales

En definitiva, cuando sentimos que necesitamos un cambio, es que hay algún ámbito de nuestra vida que no va como querríamos. A veces tenemos claro lo que falla, otras veces no lo sabemos. También ocurre que nos cuesta reconocerlo, y nos damos excusas: ” Lo tengo todo”, “¿De qué me quejo?”. Sin embargo, el “tenerlo todo” no implica que tengamos lo que necesitamos, quizá tenemos lo que nos dicen que necesitamos.

Signos de que necesitas un cambiar de vida

¿Te sientes desencantado con tu vida?

A veces ocurre que hay algo en tu vida que no funciona del todo bien y no eres consciente de ello. Sin embargo, puede haber algunos signos que nos indiquen que necesitas cambiar de vida.

  1. Tu mente fantasea con mejores formas de vida.
  2. Piensas a menudo en tu pasado.
  3. Tus acciones no van en línea con lo que dices.
  4. No sientes que tu vida tenga un propósito.
  5. Te sientes deprimido y/o estresado
  6. Te sientes desencantado con tu vida y a menudo piensas que la vida “tiene que ser algo más”.
  7. No estas a gusto con tus relaciones, parecen superficiales.
  8. Empiezas a mentir a los demás acerca de cómo va tu vida. Dices que va mucho mejor de lo que en realidad va, o sientes que va.
  9. Sientes tus emociones dormidas.
  10. Evitas oportunidades por miedo a lo desconocido o por lo que dirán otros.
  11. Envidias la vida de otras personas.

Claves para cambiar de vida

1. Toma consciencia y utiliza tu ira

Hay tres emociones que nos pueden ayudar a hacer cambios en nuestra vida, la ira, la pasión y el orgullo.
La ira es una de las emociones que más nos motivan y movilizan si está bien canalizada. Una reacción intensa y negativa hacia tus circunstancias pone en marcha un poderoso motor interno. Nos lleva a creer que podemos controlar nuestro futuro y nos motiva a asumir riesgos a pesar del miedo.

Esto es a veces difícil para muchas mujeres, ya que nos han criado para pensar que expresar ira y enfado es malo. Muchas veces la intentamos expresar de formas poco adecuadas, mediante comunicación pasivo-agresiva y estallando cuando ya no podemos más. Estas no son formas de canalizar la ira de forma productiva.

Lo interesante es cambiar el enfoque de la ira, desde circunstancias externas, hacia lo que queremos cambiar en uno mismo. No es tu jefe o tu exceso de responsabilidades lo que te hace gritar en casa o al volante. Deberías estar enfadado/a por que te haya costado tanto darte cuenta de que tienes poder para cambiar de vida.

Pregúntate: Estás lo suficientemente enfadada/o contigo por permitir que esto haya pasado otra vez?. Esta pregunta se centra en los propios mecanismos de evitación, y derrumbar los bloqueos para el cambio.

Toma distancia y reconoce los patrones de conducta que te han llevado repetidamente a resultados negativos. Se honesto contigo mismos y reconoce qué es lo que no te gusta de tu vida, qué aspectos cambiarías, qué es lo que no te funciona. Para ello pregúntate:

  • ¿Qué quiero que haya más en mi vida?
  • ¿De qué he tenido ya suficiente y necesito que termine ya?
  • ¿Qué merezco tener que no tengo?
  • ¿Qué me está haciendo sentir atrapado? ¿No es hora ya de liberarme?

Pon tus emociones al servicio de lo que deseas. ¡Enfádate! La ira nos ayuda a luchar por nuestros derechos y por lo que queremos. Luego utiliza emociones positivas y poderosas para ayudarte a cambiar de vida.

2. Pasa de la ira a la pasión

Utiliza la pasión para ir en pos del cambio que quieres.

Usa la ira para motivar tu movimiento, pero enseguida transfórmala en pasión para mantenerte sano. La ira sostenida en el tiempo puede ser destructiva físicamente y mentalmente. El enfado, la frustración y el estrés liberan cortisol, que cuando se mantiene en el tiempo debilita tu organismo.

La ira también puede bloquear el resultado que quieres conseguir. Tu negatividad puede alejar a las personas que pueden ayudarte a conseguir tu objetivo, y pueden impedirte dar los pasos adecuados para ello.

Por tanto, una vez que te comprometas a cambiar de vida, deberás pasar de focalizar tu atención en qué le falta a tu vida (evocar ira) a qué deseas crear de forma positiva (inspirar pasión). A mayor intensidad del deseo por lograr ese objetivo más posibilidades de que hagas lo necesario para hacerlo realidad.

Requiere de algo de tiempo visualizar lo que tu vida puede ser cuando hagas los cambios que quieres. Establece una serie de pasos para conseguir tus objetivos y ponte fechas límite, de esta manera no pospondrás indefinidamente llevarlos a cabo.

Descubre aquí qué es procrastinar y cómo dejar de hacerlo.

3. Deja de lado los sentimientos de inadecuación con el orgullo

Para dejar de lado el miedo, tu cerebro debe ir viendo que los cambios que vas haciendo realmente están funcionado y nos están llevando por un camino más positivo.

Al final de cada día, en lugar de ver lo que no ha funcionado o dónde no has podido cumplir una promesa que te hiciste a ti misma/o, se consciente de lo que hiciste bien, incluso si el paso ha sido pequeño. Muestra a tu cerebro de que eres capaz de hacer los cambios que quieres y que están ocurriendo cosas positivas.

Es importante tener en cuenta de que los cambios no son lineales, sino que suelen haber altibajo y pequeños retrocesos, y eso es parte natural del proceso. No debemos rendirnos a la primera de cambio.

4. Evalúa tu nivel de control

A veces, es fácil obsesionarse con situaciones sobre las que no tenemos control, o personas que puede que nunca cambien su conducta o su actitud. Pero más que centrarse en culpar a los otros y intentar mover lo inamovible, las personas resilientes se centran en lo que está en su mano cambiar.

Para evaluar el nivel de control sobre una situación puedes preguntarte: ¿De qué me puedo responsabilizar en esta situación? Cuando buscas oportunidades para empoderarte y trabajar para cambiar de vida que sí es posible, es menos probable que te atasques en situaciones difíciles.

5. Practica el auto-cuidado ante una pérdida

A menudo, las transiciones vitales implican pérdidas, como la muerte, la pérdida de un trabajo, el fin de una relación o un gran cambio. Incluso las transiciones positivas como una graduación o un cambio de empleo puede hacerte sentir un poco triste. Durante estos momentos, no bloquees el duelo y la pena que puedas sentir. Reconoce la pérdida y presta atención a lo que has aprendido de esa experiencia. Busca apoyo en amigos, familiares o considera hablar con un psicólogo si sientes que necesitas un apoyo extra durante esa transición.

No dudes en pedir ayuda cuando lo necesites.

6. Comprueba tus patrones de pensamiento

A veces, en periodos de cambio el miedo a lo desconocido nos hace ver las cosas de forma más negativa, en términos de blanco o negro, de forma catastrófica… Pero si te tomas un tiempo para examinar tu patrón de pensamiento y evaluar su racionalidad quizá encontrarás una actitud alternativa que te ayude en la vida. En psicología se llama a este ejercicio reestructuración cognitiva. Comprueba en este artículo cómo llevarlo a cabo en casa.

También te pueden ayudar técnicas de respiración y meditación mindfulness a relajarte y ser más consciente de tus pensamientos, así como a no enredarnos en ellos y dejarlos pasar.

También puede ayudarte a tener más pensamientos positivos si te recuerdas a ti mismo las veces que tuviste una transición y navegaste con éxito por ella. Haz una lista de las maneras en las que has sido resiliente y valiente en tu vida. Considera los rasgos y acciones que pueden ayudarte a ver a través del desafío actual. Focalizándote en tus fortalezas en lugar de en tus debilidades, vas a sentirte más empoderado para enfrentarte a lo que vendrá.

7. Mantente en el presente

Aunque importante que mires al pasado para encontrar tus fortalezas y es necesario planificar nuestro futuro, a veces nos encontramos arrastrados a momentos diferentes del presente. Nos preocupamos por lo que nos traerá el futuro, o los errores que podemos cometer y nos olvidamos de observar lo que tenemos en este momento. Para reconectar con nuestro cuerpo presta atención a cómo responde ante el estrés y dedica una parte de tu día a relajarte. Respira profundo y vuelve tu atención al momento presente.

8. Encuentra tus prioridades

Las personas más resilientes ven el cambio como una oportunidad, más que un monstruo al que temer. Las transiciones vitales nos permiten considerar cuáles son nuestras prioridades y valores. ¿Cómo te gusta realmente pasar el tiempo en este mundo? ¿Qué es realmente importante para ti? ¿Dónde te ves perdiendo el tiempo y energía? Con un sentido claro de tus metas y valores, podrás encontrar que tu mente y tu cuerpo son mucho más resilientes a los estresores del cambio.

Sobre todo, prioriza tu salud en estas transiciones, no tengas miedo a pedir ayuda cuando lo necesitas, a bajar el ritmo, a exigirte un poco menos. Necesitamos el apoyo de otros, ya que somos animales sociales.

El cambio no se puede evitar, pero puedes abrazar este y ver los desafíos como oportunidades para florecer.

Miedo: Una guía práctica. Y tú, ¿de qué tienes miedo?

Miedo cantaba Amaia Romero en prime time la noche que conseguía hacerse con el título de ganadora del popular concurso Operación Triunfo (OT). La canción, Miedo, original del grupo M Clan, fue versionada por la talentosa concursante para la gala final y conmocionó a millones de espectadores. Queda claro que el miedo es tan cotidiano y está tan presente en nuestras vidas que incluso se cuela, a través de la música, en las noches que pasamos sentados en el sofá viendo el show televisivo del momento. No estoy diciendo con esto que tengamos que encariñarnos con el miedo, pero tampoco debemos enemistarnos con él. El miedo, como la mayoría de las emociones, es adaptativo y demanda ser sentido. ¿Por qué? ¡Veámoslo! Este artículo es una guía útil sobre qué es el miedo, qué ocudde cuando sentimos miedo, para qué sirve, miedos universales, miedos patologicos, qué hacer cuando tengo miedo y mucho más.

Miedo
 

¿Qué es el miedo?

El término ‘miedo’ procede del latín metus: ‘temor’, y el diccionario de la Real Academia Española (RAE) recoge las siguientes acepciones para explicar su significado:

  1. m. Angustia por un riesgo o daño real o imaginario.
  2. m. Recelo o aprensión que tiene alguien de que le suceda algo contrario a lo que desea.

La primera descripción es la que manejamos con mayor frecuencia y está ligada a la supervivencia, mientras que la segunda está relacionada con las expectativas. Por lo general, tememos a todo aquello que podría hacernos daño y/o truncar nuestro bienestar, ya sea físico o psicológico.

¿Qué nos ocurre cuando tenemos miedo?

Nuestro cuerpo experimenta una serie de cambios cuando nos enfrentamos a una situación amenazante. Estos cambios se pueden clasificar en tres niveles:

A nivel cognitivo

El miedo se percibe como una sensación desagradable vinculada a pensamientos negativos. La mente y, especialmente, la memoria, juegan un papel fundamental cuando nos sentimos atemorizados, pues podemos asociar peligro con casi cualquier cosa, persona o situación. De esta forma, dejamos una huella en nuestro recuerdo, que se reactivará cada vez que captemos algo similar o relacionado.

Si tienes interés en conocer el estado de tu memoria, CogniFit se encarga de evaluar sus diferentes tipos. Mediante la Batería de Evaluación Cognitiva General (CAB) obtendrás un resultado global de tus capacidades cognitivas, ¡pon especial atención en la memoria!

Test Cognitivo Online de CogniFit: Evalúa de forma clínica y rápidamente tu funcionamiento cerebral, identifica debilidades y fortalezas cognitivas. Los resultados que proporciona este test neuropsicológico son muy útiles para ayudar a determinar si los cambios cognitivos que experimenta una persona son normales, o pueden ser reflejo de algún trastorno neurológico. Obtén tus resultados en menos de 30-40 minutos. CogniFit es la herramienta de evaluación cognitiva más recomendada y utilizada por profesionales.

A nivel fisiológico

En el circuito de procesamiento del miedo intervienen fundamentalmente dos estructuras cerebrales: la amígdala y la corteza prefrontal. La amígdala actúa como radar, pues se encarga de detectar estímulos peligrosos. Cuando se activa, con la ayuda de la corteza prefrontal, pone en funcionamiento al Sistema Nervioso Autónomo (SNA), es decir, aquel que se ocupa de las tareas involuntarias, no conscientes o automáticas. El SNA se divide en Simpático y Parasimpático, y ambos tendrán su papel en función del momento temporal en el que nos encontremos.

Primero, percibimos la amenaza y nos asustamos: interviene el SNA Simpático.

  • Las pupilas de los ojos se dilatan para captar toda la luz posible, mejorando así la percepción visual.
  • Favorece la rigidez muscular, los músculos contraídos son necesarios para cualquier actuación de defensa o ataque.
  • Acelera el latido cardíaco y aumenta la presión sanguínea para facilitar la oxigenación de los órganos vitales.
  • Relaja los bronquios, lo que permite una respiración más acelerada.
  • Inhibibe la actividad digestiva y la salivación, con lo que la necesidad de alimento pasa a un segundo plano.
  • El hígado libera mayor cantidad de glucosa para darnos el aporte energético necesario.
  • Nuestro sistema inmunitario se desactiva temporalmente para ahorrar el desgaste energético que supone.

Después, cuando nos damos cuenta de que estamos a salvo, todo vuelve a la calma: interviene el SNA Parasimpático.

  • Disminuye la apertura de las pupilas de los ojos y la cantidad de líquido lacrimal aumenta, pudiendo dar lugar a llantos.
  • El corazón vuelve a bombear la sangre a su ritmo habitual y la presión sanguínea desciende.
  • Contrae los bronquios, los pulmones vuelven a respirar progresivamente con normalidad.
  • Reactiva el sistema digestivo y la salivación. Es posible sentir un apetito repentino.
  • Descienden los niveles de glucosa, pudiendo producir consecuentes mareos.
  • Volvemos a contar con nuestro sistema inmunitario.

A nivel motor

Antes del control parasimpático, es imprescindible que el SNA Simpático se ponga en marcha para permitirnos responder ante el estímulo amenazante. Como seres humanos que somos, hemos sido preparados evolutivamente para reaccionar de dos formas posibles: mediante la huída o mediante la lucha. Fisiológicamente, nuestro cuerpo está en disposición de atacar, defenderse o salir corriendo; y es lo que ocurre en la mayoría de los casos. Por el contrario, también puede suceder que nos quedemos paralizados en este tipo de situaciones. Dependiendo del grado de amenaza y de la sensación de miedo experimentados, es posible que la rigidez de los músculos favorezca la parálisis en lugar del movimiento.

¿Para qué sirve el miedo?

El psicólogo estadounidense Paul Ekman incluye el miedo en su Teoría de las emociones básicas: seis emociones primarias y universales (el miedo, la tristeza, la alegría, la ira, el asco y la sorpresa). A través del estudio de la conducta y de las expresiones faciales, Ekman concluyó que existen emociones más relevantes que otras a nivel comunicativo. Y las más importantes serían aquellas que todo el mundo sería capaz de reconocer.

Sin duda, que el miedo se codeé con la élite de las emociones nos da una pista de su indudable valor, pero, ¿qué utilidad tiene el miedo? Sentimos miedo para sobrevivir, esa es su misión. El miedo nos quiere vivos, por eso nos avisa de cualquier riesgo, nos grita que tengamos cuidado, hace saltar las alarmas y nos mantiene en estado de alerta. Podría decirse que al miedo le debemos nuestra seguridad.

Miedos universales

A lo largo de la historia y en base a las diferentes culturas, el abanico de los principales miedos del ser humano ha ido cambiando. Sin embargo, existe un conjunto de miedos naturales y evolutivos en nuestra especie. Los miedos universales se van desarrollando de acuerdo a la edad:

  • Durante los primeros meses de vida, es habitual que el bebé sienta miedo ante personas desconocidas, ruidos fuertes u objetos que aparecen súbitamente.
  • Al año, tememos separarnos de nuestros padres o figuras de apego.
  • Más tarde, surgen el miedo a la oscuridad y a los animales, entre otros.
  • A partir de los 8 años se forman miedos más complejos, como el miedo a la soledad.
  • Y de los 12 años en adelante se definen los miedos que nos acompañarán de por vida. Conservamos el miedo a la soledad y a los animales peligrosos, y se manifiestan otros miedos básicos, como el miedo a la muerte o a la pérdida de libertad o autonomía.

Durante la adolescencia, además, suelen aflorar o volverse más intensos aquellos miedos que son propios de cada persona.

Cuando el miedo se vuelve patológico: Fobias

Ya hemos aprendido que el objetivo del miedo es nuestra supervivencia, así que, como seres humanos, no podemos prescindir de esta emoción, la necesitamos. El problema aparece cuando el temor se desata de forma irracional y desproporcionada frente al estímulo que lo ha provocado. Entonces, el miedo se vuelve desadaptativo, porque brota cuando el riesgo real es mínimo como para causar pánico.

El DSM-5 (Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders), el manual diagnóstico de los psicológos por excelencia, coloca las fobias dentro del bloque de Trastornos de ansiedad. Los términos ‘miedo’ y ‘ansiedad’ muchas veces son empleados indistintamente, pero sería conveniente diferenciarlos. Tal y como explica el DSM-5:

Los trastornos de ansiedad son los que comparten características de miedo y ansiedad excesivos, así como alteraciones conductuales asociadas. El miedo es una respuesta emocional a una amenaza inminente, real o imaginaria, mientras que la ansiedad es una respuesta anticipatoria a una amenaza futura. Es evidente que ambas respuestas se solapan, aunque también se pueden diferenciar, estando el miedo frecuentemente asociado a accesos de activación autonómica necesarios para la defensa o la fuga, pensamientos de peligro inminente y conductas de huida, y la ansiedad está más a menudo asociada con tensión muscular, vigilancia en relación a un peligro futuro y comportamientos cautelosos o evitativos.

Las personas con fobia específica presentan miedo y ansiedad exagerados frente a situaciones, animales u objetos determinados. El componente ansioso de este trastorno hace que la reacción típica ante el estímulo fóbico sea evitativa o de huída, y no de lucha o ataque. Y como todo trastorno, origina un malestar en la persona que lo padece y va a condicionar, en mayor o menor medida, su vida. Pero, ¿cómo se convierte el miedo en enfermedad? Los investigadores explican que las fobias pueden estar causadas por:

  • Una experiencia directa y traumatizante con el estímulo fóbico (por ejemplo, el ataque de un perro).
  • Una falsa alarma activada por nuestra mente en una situación concreta. Una situación que realmente no suponía ninguna amenaza, pero se interpretó como tal (por ejemplo, comenzar a estresarte en una calle abarrotada de gente).
  • Un aprendizaje vicario, también llamado aprendizaje por imitación. Casi sin darnos cuenta, somos capaces de reproducir conductas de los demás que observamos regularmente (por ejemplo, se nos puede “pegar” la fobia de alguien cercano).
  • Un peligro narrado. Esto supone recrear una situación de riesgo en nuestra imaginación de un modo lo suficientemente intenso como para quebrar nuestra psique (por ejemplo, al contarnos una experiencia traumática con todo lujo de detalles).

Los datos apuntan que 1 de cada 23 personas presenta algún tipo de fobia, siendo más frecuente en mujeres. Con una cifra tan impactante, sólo nos queda preguntarnos qué es lo que infunde tanto temor entre la gente. ¡Aquí tenemos el ranking de las fobias más habituales!

  1. Aracnofobia (miedo a las arañas)
  2. Herpetofobia (miedo a las serpientes)
  3. Astratofobia o brontofobia (miedo a los rayos o las tormentas eléctricas)
  4. Tripanofobia (miedo a las agujas)
  5. Claustrofobia (miedo a los espacios cerrados)
  6. Dentofobia (miedo al dentista)
  7. Aerofobia (miedo a volar)
  8. Acrofobia (miedo a las alturas)
  9. Cinofobia (miedo a los perros)
  10. Agorafobia (miedo a los espacios abiertos)
La aracnofobia es el miedo a las arañas.

¿Cómo controlar el miedo?

De todos los problemas psicopatológicos, los trastornos de ansiedad son los que se dan con mayor frecuencia. El Trastorno de pánico, el Trastorno por ansiedad social, el Trastorno por ansiedad generalizada o las Fobias específicas que acabamos de ver constituyen enfermedades que deberían ser tratadas de manera profesional para poder superarse por completo. No obstante, podemos aparcar nuestros peores temores y empezar por aquellos que nos resulten más manejables. Para ello, es aconsejable seguir una serie de pautas:

  • Reconoce tus miedos. El primer paso para el cambio siempre es la aceptación del problema.
  • Confía en ti mismo. La autoconfianza te ayudará a mantenerte firme en tu deseo de vencer al miedo, aumentando tu motivación y reduciendo las posibilidades de fracaso o abandono.
  • Deshazte de falsas creencias. Gran parte de los miedos son aprendidos, encuentra la irracionalidad de los tuyos y combátela con pensamientos lógicos y coherentes.
  • Despierta a tu curiosidad. Aunque suene chocante o absurdo, interésate por tus temores. El conocimiento es poder, conoce bien a tu “enemigo” antes de enfrentarte a él. De esta forma, no sólo te parecerá más fácil controlarlo, sino que aprenderás a mirarlo con otros ojos.
  • Exponte a tus temores. Está demostrado que la estrategia más efectiva consiste en una exposición progresiva al estímulo fóbico. Acércate a lo que te da miedo mientras mentalmente repasas las razones por las que no puede hacerte daño, y aunque pudiera, sé consciente de que tienes las herramientas para enfrentarlo.
  • Utiliza técnicas de respiración. Los ejercicios de respiración pueden ser nuestros mejores aliados cuando atravesamos momentos de ansiedad. Lo más importante es evitar huir de aquello que nos produce pavor, por mucha ansiedad que sintamos, porque si nos escapamos, estaremos tirando por la borda todos los avances conseguidos. Así que, elije la técnica de respiración que mejor se adecúa a tus necesidades y no dudes en ponerla en práctica.

El miedo transformado en arte

Parece mentira, pero el miedo también tiene su lado divertido, e incluso, es motivo de celebración. La noche de Halloween (31 de octubre) nos disfrazamos de nuestros mayores temores para satirizarlos y sacar provecho de ellos. Durante esta popular y extendida fiesta, cristiana en sus inicios y de origen celta, recordamos a nuestros difuntos desde el respeto, pero también desde la alegría. Además de los disfraces, otras actividades típicas de esa noche son: jugar al memorable ‘Truco o trato’, encender hogueras, contar historias terroríficas o ver películas de miedo.

Las calabazas y los murciélagos son característicos de Halloween.

Los mejores libros de terror

Mediante la lectura se puede infundir mucho miedo. Figuras tan relevantes como Edgar Allan Poe (El Gato NegroLos Crímenes de la Calle Morgue, La Máscara de la Muerte Roja, La Caída de la Casa Usher), Howard Phillips Lovecraft (La Llamada de Cthulhu, El Horror de DunwichLa Sombra sobre Innsmouth), Bram Stoker (Drácula) o Mary Shelley (Frankenstein o el Moderno Prometeo) nos transportaron a mundos oscuros, de los cuáles no queríamos salir. Historias que, como telas de araña, se iban tejiendo en la imaginación y, cuando querías darte cuenta, estabas atrapado.

Autores como los mencionados han servido de inspiración a los escritores del género más actuales. A día de hoy, el novelista de terror más aclamado es Stephen King. ¿Quién no ha oído hablar de este maestro del suspense? Es posible que alguno de sus libros adorne las estanterías de vuestra casa. Si no es así, estáis tardando en leer sus best sellers. A continuación, os dejo una lista de algunas de sus mejores obras para ir abriendo vuestro apetito lector:

  1. It (Eso) (1986)
  2. El Resplandor (1977)
  3. Misery (1987)
  4. Carrie (1974)
  5. Saga La Torre Oscura (1982 en adelante)
  6. El Misterio de Salem’s Lot (1975)
  7. La Milla Verde (1996)
  8. Cementerio de Animales (1983)
  9. La Zona Muerta (1979)
  10. Doctor Sueño (2013)

Las mejores películas de terror

It (Eso), la obra que lidera el ranking anterior, ha sido llevada recientemente al cine en una nueva y remasterizada versión que se ha ganado la crítica del público. Está claro que los efectos especiales del séptimo arte han progresado una barbaridad, ofreciéndonos joyas terroríficas como las sagas The Ring, [•REC]Expediente Warren, Annabelle o Insidious. Historias demoníacas que nada tienen que envidiar a los clásicos del género. Pero tampoco debemos olvidarnos de ellos, ¡echa un ojo a algunos de los éxitos más espeluznantes que los ha dejado la historia del cine!

El Exorcista (William Friedkin, 1973)

https://www.youtube.com/watch?v=ZgR2W5G41yM

Alien, el Octavo Pasajero (Ridley Scott, 1979)

El Resplandor (Stanley Kubrick, 1980)

La Semilla del Diablo (Roman Polanski, 1968)

La Noche de Halloween (John Carpenter, 1978)

Poltergeist (1982, Tobe Hooper)

La Matanza de Texas (Tobe Hooper, 1974)

Pesadilla en Elm Street (Wes Craven, 1984)

Scream (Wes Craven, 1996)

Al Final de la Escalera (Peter Medak, 1980)

Y tú, ¿de qué tienes miedo? Deja tu comentario

Vencer el miedo: 20 consejos imprescindibles para lograrlo

¿El miedo te impide avanzar? ¿Hay algo que te aterrorice? Es frecuente que amenazas de la vida cotidiana, como hacer el ridículo hablando en público, encontrarnos ante un desagradable insecto o dañar nuestra salud, nos horroricen. No obstante, vencer el miedo es posible. Sean cuales sean las situaciones que te preocupan, en este artículo encontrarás estrategias para enfrentarte a ellas. Descubre aquí la causa de esta emoción y qué nos impide superarla. Además, te daremos veinte consejos para vencer el miedo.

¿Qué es el miedo?

¿Para qué sirve el miedo? El miedo es una emoción básica que nos advierte de un riesgo inminente. Nos invade para que no pasemos por alto peligros cercanos. ¿Alguna vez te has quedado paralizado ante una situación que te aterroriza? ¿Has sentido tanto pánico que has huido corriendo antes de pensar las consecuencias? Es lógico reaccionar así, son respuestas habituales ante este estado emocional.

Es preciso diferenciar el miedo de los síntomas de la ansiedad. El primer concepto aparece ante un evento concreto y cercano, como un desconocido que parece seguirnos en una calle vacía. En cambio, la ansiedad es una emoción más vaga e inespecífica que surge cuando pensamos en circunstancias menos delimitadas. Una muestra es la angustia que nos asalta al pensar en nuestro futuro profesional o en que nos critique la gente.

El miedo es una reacción adaptativa ante peligros de naturaleza física o psicológica. Sin embargo, no siempre se produce ante una dificultad real. A veces, causas como los sesgos cognitivos son las responsables. El nivel de intensidad del miedo puede variar desde la carencia absoluta de alarma hasta el pánico más absoluto. De hecho, esta emoción puede llegar a convertirse en una auténtica pesadilla.

¿Cuándo se convierte el miedo en una fobia?

Cuando un miedo ante un estímulo determinado es excesivamente desproporcionado se transforma en una fobia. Una fobia es un trastorno psicológico mientras el miedo es una emoción habitual y saludable.

Hay diversos tipos de fobias; miedo a las alturas, a los payasos, miedo a envejecer, miedo a la muerte, etc. A pesar de que cambie el elemento que causa estas reacciones, todos ellos empeoran el bienestar de las personas que padecen estos trastornos, llegando a interferir seriamente en todos los ámbitos de su vida. ¿Te imaginas tener tanto miedo a salir a la calle que te sientas obligado a vivir encerrado en casa?

No es necesario tener una fobia para que el miedo disminuya nuestro bienestar. Estos trastornos psicológicos pueden dificultarnos realizar incluso realizar las tareas más cotidianas. En este artículo encontrarás recomendaciones para vencer el miedo independientemente de cuál sea tu nivel de terror y el objeto de tus temores.

¿Por qué sentimos miedo?

El miedo es una emoción común a todos nosotros, nos acompaña en cada fase de nuestro ciclo vital. Nos obliga a reaccionar rápidamente y a protegernos de cualquier peligro. Notar una elevada activación fisiológica que nos presione para luchar o huir cuando subimos a un lugar demasiado escarpado es tremendamente adaptativo. Nos motiva para sobrevivir.

Hay dos teorías principales que explican cómo adquirimos los miedos. La primera, el condicionamiento clásico, afirma que si asociamos elementos (serpientes, lugares elevados, etc.) a sucesos perjudiciales para nosotros (heridas, ansiedad, etc.), estableceremos una asociación entre ambos estímulos y adquiriremos una respuesta condicionada de miedo.

Por otra parte, según la teoría del aprendizaje social de Bandura, aprendemos mediante el aprendizaje vicario. Es decir, tras observar a determinados modelos (el vecino, un actor, etc.), interiorizamos su conducta y la imitamos. Si un día somos testigos de cómo pica una avispa a nuestro hermano pequeño y nos fijamos en su reacción de pánico, es posible que cada vez que veamos a ese molesto insecto huyamos despavoridos. Según esta teoría, somos activos a la hora de decidir si queremos adoptar determinados comportamientos o no, aunque no siempre sea sencillo.

El miedo también nos provoca sensaciones positivas. Nos agrada que aumenten nuestras palpitaciones, sentir la tensión, quedarnos inmovilizados en el asiento y chillar cuando vemos una película de terror desde la comodidad del sofá o cuando nos subimos en una montaña rusa. De hecho, buscamos estas sensaciones cuando confiamos en que conservaremos nuestra seguridad.

Es necesario que aprendamos a gestionar esta emoción desde la infancia. Aún así, se puede comenzar a tener miedo a ciertos estímulos a cualquier edad. Por otra parte, algunas personas son más propensas a sentir esta emoción que otras. Asimismo, nuestras experiencias pasadas son fundamentales a la hora de explicar cómo nos enfrentamos a la realidad. Independientemente cuál sea nuestro caso, lo primordial es que sepamos que nunca es tarde para vencer el miedo.

Vencer el miedo: Consejos

20 consejos para vencer el miedo

En este apartado te daremos veinte recomendaciones que podrás aplicar sencillamente a tu rutina. Lo más importante es que confíes en que el miedo está dentro de nosotros, nada ni nadie puede obligarnos a sentirlo. Tal vez pensar esto sea complicado ante un examen importantísimo, pero somos los responsables de nuestro propio crecimiento personal. Vencer el miedo es posible con un poco de planificación y fuerza de voluntad.

1. No intentes anular todos tus miedos

Como hemos comentado previamente, el miedo es un regalo que favorece nuestra supervivencia. Podemos observarlo también en los animales ante graves riesgos. Afortunadamente, nuestro cuerpo nos alerta cuando una amenaza se aproxima. ¿Te imaginas no alterarte si vieras un tigre en tu salón? Aprender a convivir con esta emoción es esencial. Por mucho que nos juegue malas pasadas, es preciso agradecerla.

2. Conócete a ti mismo

Autoevaluarnos aumenta nuestro bienestar. Nos permite comprender aspectos elementales sobre qué sentimos o cómo deseamos ser para actuar en consecuencia. No es necesario que exploremos obsesivamente cuál fue la raíz de nuestro miedo a las serpientes. Pero definir cuáles son los estímulos que nos provocan reacciones desagradables contribuirá a que tracemos estrategias efectivas para enfrentarnos a ellos con precisión.

3. Reconoce tu miedo

Eres humano. Actuar como si tu miedo no existiera es sumamente contraproducente. No vas a ser menos fuerte ni serás menospreciado por sentir esta emoción. Da igual si el objeto de tu temor es insólito o te avergüenza, seguro que es comprensible y hay gente que puede apoyarte. Nuestro miedo no desaparecerá por mucho que lo ignoremos. Aceptarlo es el primer paso para superarlo.

4. Racionaliza tus miedos

El miedo al fuego es perfectamente comprensible si estamos ante un incendio. No obstante, si cada vez que encendemos la vitrocerámica pensamos que la casa puede arder, estaremos actuando de forma ilógica. Pensar en las posibilidades de que ocurran esos eventos y actuar de forma coherente nos permitirá alejarnos de procesos cognitivos desagradables.

5. Observa cómo afrontan sus miedos otras personas

Hay miedos relativamente frecuentes como el que se siente a ser despedido o a la sangre. No importa si lo que te provoca reacciones de pánico no es común, recuerda que esta emoción nos produce una sensación similar a todos. La diferencia está en la intensidad, que descienda nuestro nivel está en nuestras manos. Naturalizar nuestro miedo y observar que la gente puede convivir perfectamente con esta emoción y afrontarla es beneficioso para nosotros.

6. Mima tu autoestima

Algunos miedos, como el que sienten algunas personas a interactuar con los demás, son tremendamente frustrantes para sus víctimas. Esta dificultad puede repercutir negativamente sobre su autoestima y generar pensamientos como “soy un fracasado y un incompetente” o “nadie va a querer a un blando como yo”. De hecho, puede originar sesgos cognitivos que nos amarguen la vida inquietándonos ante la más mínima nimiedad.

En ocasiones, estas creencias sobre uno mismo son la causa de un profundo malestar que puede desencadenar problemas psicológicos graves. Los miedos no son incompatibles con la autoestima. Es preciso que tengamos en cuenta que cualquier persona puede tener miedo, es humano y nosotros somos lo suficientemente competentes para intentar buscar la mejor solución a cualquier adversidad.

7. Cuídate

Evidentemente, mimar nuestra salud mental y física repercutirá positivamente en todos los ámbitos de nuestras vidas. Adoptar unos hábitos saludables posibilitará que nos encontremos estupendamente y se eleve nuestra autoeficacia (siempre que no nos obsesionemos con temas como el deporte o la alimentación). Miedos como enfermar o disminuir nuestro rendimiento laboral decrecen si nos sentimos sanos y capacitados para cuidar de nosotros mismos.

8. No evites el objeto de tu miedo

Si por miedo a volar no cogemos un avión o por sentir terror al fracaso nos encadenamos a una vida mediocre, nos estaremos autoboicoteando innecesariamente. Puede que simplemente pensar en acercarte a lo que te angustia te cause un potente desasosiego. Probablemente, la evitación te resulta satisfactoria a corto plazo, pero sólo mantiene estas reacciones. Es indispensable que te enfrentes a tus miedos.

9. Prueba técnicas de relajación

Cuando esta emoción nos paraliza y sentimos unas ganas irrefrenables de salir huyendo, podemos emplear técnicas para mantener la calma como hacer ejercicios de respiración o contar lentamente hasta que nos sintamos mejor. De esta manera reduciremos los síntomas del miedo y nos distraeremos de los pensamientos negativos.

10. Proponte pequeños retos

Vencer el miedo requiere tiempo y un esfuerzo progresivo. Podemos empezar imaginándonos las coyunturas que nos espantan. Por ejemplo, si hacer deporte te da miedo, puedes comenzar imaginándote botando una pelota. Visualizarte realizando adecuadamente una conducta que te produzca tensión permitirá que adquieras seguridad.

Es probable que te cueste al principio, pero cada vez serás más capaz de verte ejecutando esa acción en la práctica. Esta es la base de las terapias de exposición, que presentan gradualmente estímulos que puedan provocar reacciones de miedo al paciente para que él aprenda a controlar sus emociones. Por ejemplo, una persona que tenga un problema con las serpientes puede comenzar viendo un dibujo de una pequeña culebra hasta encontrarse al lado de una cobra real.

11. No te enfrentes directamente a tu peor miedo

Es admirable que decidas vencer el miedo, pero no es recomendable hacerlo de forma brusca. La exposición a los temores requiere un acercamiento progresivo y suele ser guiada por profesionales. Una confrontación demasiado brusca con el miedo en situaciones como tocar una tarántula o cantar en un escenario ante mil personas puede resultar totalmente contraproducente y desencadenar reacciones adversas.

Céntrate en las recompensas que vencer el miedo te aportará. Por ejemplo, si tienes miedo a los coches, reflexiona sobre lo grato que tiene que ser hacer un viaje largo sin depender de otra persona y lo maravilloso que sería hacer una excursión que siempre has deseado. Es complicado concentrarse en esto en el momento de sentarse en el automóvil. Pero si pensamos en el premio, no imaginaremos catástrofes ni nos distraeremos con otros pensamientos negativos.

13. Prémiate por tus avances

Imagina que te agobian profundamente los ascensores y te desagrada pensar que pueden pararse. El día que subas en uno de ellos sin alterarte, te merecerás darte un capricho. Tú escoges si te prefieres concederte una bolsa de gominolas o ir al cine. Lo importante es que reconozcas tus méritos y mantengas las ganas de seguir avanzando.

14. Anota tus progresos

Llevar un registro de tu evolución te permitirá echar un vistazo a tu libreta cada vez que tu ánimo decaiga, ya sea por una situación que te haya producido miedo o por cualquier circunstancia, te permitirá sentirte orgulloso de tus adelantos y elevar tu autoeficacia. El progreso a la hora de vencer el miedo no siempre es lineal, puede haber recaídas. Aún así, es posible mejorar con perseverancia y determinación. Además, escribir sobre tus emociones te ayudará a desahogarte.

15. Apóyate en tus seres queridos

Tal vez tus amigos o familiares no tengan el mismo miedo que tú. Aún así, esta emoción no es desconocida para nadie. Comunicar cómo te hace sentir conducir con niebla o hablar con tu jefe te aliviará. Asimismo, es probable que tus interlocutores hayan pasado por experiencias similares y te den valiosas recomendaciones. Aunque simplemente con su afecto y su tiempo percibirás que tus recursos para afrontar cualquier adversidad aumentan.

16. Conversa con personas que compartan tu miedo

Encontrar a gente que pase por la misma situación que nosotros es beneficioso en prácticamente todos los ámbitos de la vida. Si creemos que lo que nos sucede es poco común y nos sentimos incomprendidos o nos cuesta hablar sobre estos problemas, hallarnos frente a otra persona que tenga que afrontar las mismas circunstancias (o comunicarnos con ella virtualmente) nos permitirá abrirnos y compartir experiencias que nos permitan adquirir estrategias que no se nos habrían ocurrido de otra forma.

17. No temas las críticas

A veces, independientemente de que nuestro miedo sea montar en bicicleta, hablar inglés o caernos al suelo, no damos los pasos importantes para afrontar nuestras dificultades por las críticas ajenas si nos quedamos en el intento o nos equivocamos.

Todos nos tropezamos alguna vez. Lo más probable es que el resto de la gente no esté tan pendiente de nosotros como creemos. Y en el caso de que alguien hable mal sobre nosotros, perdemos más evitando cumplir nuestras metas que escuchando comentarios negativos.

18. Saca partido a las nuevas tecnologías

Los avances tecnológicos nos posibilitan de muchas maneras a superar nuestros miedos. Ya existen terapias que utilizan la realidad virtual para exponer a los pacientes al objeto de su pánico de forma segura y eficaz. Aún así, no hace falta ir tan lejos. Podemos descargar apps ideadas con este fin.

Por ejemplo hay apps diseñadas para las personas que se sienten aterrorizadas cuando tienen que viajar en avión. Éstas aplicaciones aportan datos sobre la seguridad del viaje u ofrecen ejercicios que reducen la ansiedad. También es posible encontrar alguna para favorecer que los niños superen el temor a la oscuridad mediante juegos u otras para que superemos nosotros el miedo a hablar en público.

19. No te fíes de cualquier fuente

Hay una notable cantidad de información en Internet sin contrastar sobre asuntos que incrementan nuestros miedos (y sobre todos los temas, en general). Por ejemplo, si te agobian profundamente las enfermedades o los atentados, no hagas caso a la mayoría de los datos alarmistas y poco recomendables. Este barullo de referencias incoherentes dificulta que comprendamos adecuadamente determinados temas y a veces nos incita a tomar decisiones erróneas.

20. Pide ayuda profesional si es necesario

Vencer el miedo no siempre depende por completo de nosotros mismos. Si tienes un problema como una fobia que te incapacite en varias áreas de tu vida, es recomendable que consultes a un profesional con experiencia como un psicólogo o psiquiatra.

No debe darte vergüenza a pedir ayuda a este nivel. Numerosas personas acuden a especialistas y consiguen grandes avances con sus problemas. Las terapias para vencer el miedo son realmente efectivas y están en continua revisión.

Muchas gracias por leer este artículo. Y tú, ¿te sientes capaz de vencer el miedo? No dudes en comentar si te has quedado con alguna pregunta o deseas hacer una aportación.

¿Qué son las emociones?, ¿Es malo sentir ansiedad, miedo, ira…?, ¿Podemos controlarlas?

La mayoría de nosotros ha oído hablar de las emociones y ha leído sobre ellas, pero, ¿qué son exactamente las emociones? Las emociones son una respuesta que aparece en las personas ante situaciones que consideramos importante. ¿Podemos controlar nuestras emociones negativas? ¿para qué sirven? ¿Son perjudiciales? ¿Cómo podemos regularlas? Descúbrelo en este post:

Supongamos que de repente nos llama nuestro jefe para decirnos que mañana tenemos que exponer ante 400 personas un tema relacionado con el trabajo. Ante esta situación aparecerá una emoción llamada ansiedad que nos está indicando la existencia de una situación amenazante.

Qué son las emociones

¿Cómo se manifiestan las emociones en nosotros?

Siguiendo con el ejemplo anterior, la emoción de ansiedad  se va a manifestar en nosotros de tres maneras. En primer lugar tendrá lugar la activación de nuestro cuerpo, de tal modo que es posible que sintamos un aumento de la tasa cardíaca, junto a un aumento de la frecuencia respiratoria, sudoración, tensión muscular…etc; por otro lado, aparecerán pensamientos negativos relacionados con lo que va a ocurrir en un futuro: “me voy a quedar en blanco”, “me voy a poner rojo y se van a reír de mi”….y por último, a nivel conductual, es posible que llevemos a cabo conductas estereotipadas (movimientos repetitivos con alguna parte de nuestro cuerpo u objeto) o nos pongamos a hacer cosas de forma compulsiva.

¿Son malas las emociones negativas?

La mayoría de nosotros considera que emociones negativas tales como, ansiedad, miedo, ira, tristeza…etc. son malas, pero ¿es realmente cierto?, ¿son malas las emociones negativas? La respuesta es no. Las emociones, tanto negativas como positivas, son adaptativas ya que nos ayudan a responder de la manera más adecuada ante las situaciones que se nos plantean en la vida. Imaginad que estamos en medio del bosque y de repente aparece un tigre, ante esta situación la mayoría de nosotros sentirá la emoción de ansiedad o miedo, y en nuestro organismo tendrán lugar unos cambios (aumento de la tasa cardíaca, aumento de la frecuencia respiratoria, tensión muscular) que nos preparan para la huida, siendo esta la respuesta más adecuada para nuestra supervivencia.

¿Qué ocurre con el resto de emociones negativas? ¿Para qué sirven?

La ira es otra emoción negativa que aparece cuando consideramos que terceras personas están impidiendo que consigamos nuestros objetivos, en este caso dicha emoción nos impulsa para llevar a cabo acciones de ataque o defensa que nos permitan eliminar esos obstáculos que nos alejan de nuestras metas.

El asco es una emoción que aparece ante estímulos potencialmente peligrosos y desagradables y nos impulsa al rechazo de los mismos con el objetivo de preservar nuestra vida.

La tristeza aparece ante situaciones de pérdida y se acompaña de una expresión facial característica, la cual nos permite reclamar ayuda, aumentar la cohesión con otras personas, apaciguar posibles reacciones de agresión  y por otro lado nos sitúa en una situación idónea para la reflexión.

¿Las emociones negativas pueden resultar perjudiciales?

Todas estas emociones son consideradas buenas y adaptativas, sin embargo puede tener lugar un desajuste en cuanto a la frecuencia, la duración o la intensidad de las mismas. En ese caso estaríamos hablando de emociones perjudiciales. Volviendo al ejemplo del trabajo, supongamos que tenemos que preparar la exposición  para las 400 personas, ante esta situación unos niveles medios de ansiedad serían los óptimos para que podamos rendir en la preparación y exposición de trabajo, sin embargo unos niveles extremos de dicha emoción posiblemente nos imposibilitasen la preparación y la exposición del trabajo.

¿Qué podemos hacer para regular nuestras emociones?

  • 1- Es importante que identifiquemos le emoción que estamos sintiendo, el significado de la misma y su función, tanto en nosotros como en los demás.

  • 2- Para regular nuestras emociones es importante que nos centremos en cuidar aspectos relacionados con la alimentación, el sueño, el ejercicio físico, las amistades y el apoyo social.

  • 3- Es importante que aceptemos las emociones, y nos demos cuenta de que nosotros no somos la emoción que sentimos, por tanto no tenemos por qué actuar según dicha emoción. Aceptar la emoción implica que disminuya el miedo a experimentar emociones dolorosas.

  • 4- Manejar emociones negativas, actuando de manera opuesta a la emoción que estamos sintiendo.  Así, por ejemplo, ante la vergüenza, la ansiedad o el miedo actuaríamos con acercamiento, ante la tristeza con la activación, y ante la ira con la evitación.

  • 5- Es importante que construyamos una lista de objetivos vitales y de los pasos a seguir para conseguir dichos objetivos y que las emociones negativas experimentadas no sean un impedimento para llevar a cabo las acciones que nos acercan a nuestras metas.

 

¿Para qué sirve el miedo? ¿Por qué sentimos temor?

  Si te preguntas para qué sirve el miedo éste es el lugar adecuado. El miedo está definido como la sensación de angustia provocada por la presencia de un peligro real o imaginario. En general, todos hemos sentido miedo alguna vez y conocemos su sensación. El miedo es una de las seis emociones primarias (según las define la psicología experimental: la ira, la sorpresa, la alegría, la tristeza, el asco y, por último, el miedo). El miedo es un sentimiento tremendamente humano y, aunque no lo parezca, extremadamente útil. Para qué sirve el miedo, sus funciones y efectos. 

¿Para qué sirve el miedo?

¿Por qué sentimos temor? Funciones del miedo

Al detectar un peligro potencial, nuestro cuerpo entra en un estado determinado denominadoEstado de ansiedad”. Este estado, que también está presente en los animales, es detectado por estímulos innatos o aprendidos y nos ayuda, por ejemplo, a detectar la presencia de un depredador cercano mediante su olor.

Cuando nuestro organismo recibe algún estímulo asociados al miedo, adoptamos una conducta denominada como Evaluación de riesgo”. La evaluación de riesgo puede observarse cuando, por ejemplo, un animal explora los alrededores de un lugar nuevo para detectar posibles peligros. Pero también se observa en nuestra vida cotidiana, cuando, por ejemplo, antes de cruzar la calle, miramos a ambos lados para asegurarnos de que no viene ningún coche.

La evaluación de riesgo, como su propio nombre indica, evalúa el posible peligro que tiene una conducta, un comportamiento. Mientras que el estado de ansiedad se caracteriza por ser una respuesta fisiológica y psicológica particular (pulso acelerado etc.) ante un peligro inminente o potencial.

No obstante, cuando el peligro está presente y cercano, el conjunto de respuestas que predominan en el individuo se denomina Miedo”.

Diferencias entre ansiedad y el miedo: Las respuestas fisiológicas dadas por el miedo son muy similares a las observadas en los estados de ansiedad (síntomas de la ansiedad), sin embargo, las respuestas comportamentales sí que cambian.

  • Ansiedad: La respuesta comportamental que se suele presentar ante el estado de ansiedad es la ya descrita evaluación de riesgo.
  • Miedo: la respuesta en cuanto al miedo, suele ser variable en la medida que la amenaza se encuentre más lejana o más próxima. Cuando la amenaza está próxima, las respuestas presentadas suelen ser más bruscas, desde una huida descontrolada a una lucha desesperada (ej. Una presa de un depredador o una persecución en plena noche).

El miedo en el cerebro humano ¿Por qué sentimos temor?

Una parte de los miedos que tenemos son inherentes en nuestra especie, como puede ser el miedo a la muerte o el miedo a la oscuridad. No obstante, muchos de los miedos que tenemos los hemos “aprendido”.

El condicionamiento clásico nos dice que si ante un estímulo neutro recibimos una respuesta agradable o desagradable, aprenderemos que dicho estímulo produce una determinada respuesta. Un claro ejemplo es el relámpago que precede al trueno.

Podemos incluso llegar a aprender sobre un estímulo solamente observando. Es lo que se denomina aprendizaje vicario, porque aprendemos viendo a los demás reaccionar. Descubre la importancia de las neuronas espejo.

Al presentarnos un estímulo que nos produce miedo, nuestro cuerpo entra en un estado de ansiedad. El eje principal del “sistema del miedo” depende del sistema límbico. Una parte del cerebro donde se producen las respuestas de miedo estimulando el hipotálamo y la amígdala. Toda la información que envían los sentidos pasan por la amígdala y ésta detecta si hay algún peligro.

Existen dos vías para que el estímulo que indica el peligro llegue a la amígdala: las vías principal y secundaria. La vía principal es una vía más lenta ya que actúa a nivel superior. El estímulo sensorial pasa a través del tálamo y la corteza hasta llegar a la amígdala, no sin antes dejar una huella de memoria en el aprendizaje. Esta vía estaría implicada cuando por ejemplo queremos tocar una olla en el fuego y nos quemamos.

La vía secundaria es más rápida porque tiene un recorrido más corto. El estímulo sensorial pasa directamente del tálamo a la amígdala, sin aprendizaje. Esta vía no permite responder a un estímulo parcialmente peligroso sin saber qué tipo de estímulo es. Un ejemplo donde esta vía actuaría, sería cuando alguien nos da un susto por detrás.

Utilidad adaptativa ¿Para qué sirve el miedo?

¿Para qué sirve el miedo? El ser humano ha desarrollado tres respuestas ante el miedo o ante un peligro inminente. Esas respuestas son quedarse quieto, atacar o huir.

  • Quedarse quieto tiene como finalidad pasar inadvertido, alguna vez os habrá pasado en una situación de “miedo” o de tensión que el cuerpo se os bloquea y os quedáis inmóviles por unos instantes. Esa es la utilidad adaptativa de la primera respuesta.
  • Huir o atacar: dependen de la evaluación del riesgo del peligro. No es lo mismo enfrentarse a un adversario que a cinco. No obstante, a pesar de que estas respuestas sean opuestas en cuanto a conducta, se producen mediante mecanismos muy parecidos dentro de nuestra cabeza. Tanto para huir de un peligro como para enfrentarse a él se producen ciertos procesos adaptativos dentro de nuestro cuerpo.

Es el SNA (Sistema Nervioso Autónomo) el encargado de desencadenar el proceso, aumentando las concentraciones de catecolaminas en sangre (adrenalina y noradrenalina). La adrenalina y la noradrenalina preparan nuestro cuerpo para luchar o huir. Con ese fin, favorecen la desviación de la sangre desde partes no esenciales como la piel o los intestinos, hacia los músculos. Por otro lado aceleran el pulso y la respiración. La digestión se interrumpe, se vacían los intestinos y la vejiga y los sentidos se agudizan (un ejemplo son las pupilas dilatadas).

En cuanto al plano hormonal (tipos de hormonas), la amígdala activa mediante el eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenal (o eje corticotropo) un proceso que deriva en la producción de cortisol, que potencia la respuesta comportamental y los efectos antes vistos de las catecolaminas (adrenalina y noradrenalina).

El miedo prepara nuestro cuerpo para una posible confrontación

¿Qué beneficios tiene el miedo?

¿Para qué sirve el miedo? El miedo nos ayuda a sobrevivir. Si todavía te sigues preguntando para qué sirve el miedo recalcamos aquí su importancia. Es cierto que quizás la utilidad adaptativa del miedo haya disminuido con la evolución del ser humano, la instauración de sociedades, de estilos de vida y de una forma de vivir, en su mayor parte exenta de peligro.

No obstante, a pesar de que las situaciones de peligro no son tan habituales como lo podían ser antaño, éstas no han desaparecido. El miedo no es más que un botón que nos prepara para la acción, y eso es tremendamente útil ya que nos sirve para sobrevivir. Ya sea para huir de un problema, enfrentarnos a un peligro amenazante o quedarnos inmóviles para pasar desapercibidos el miedo es una herramienta vital, y sigue siendo muy adaptativo.

¿Que para qué sirve el miedo dices? Pues para seguir garantizando nuestra seguridad y nuestra supervivencia.