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Las 15 habilidades sociales que mejorarán tu día a día

La naturaleza del ser humano es social, es decir, mantenemos relaciones recíprocas con quienes nos rodean. El funcionamiento de cada individuo, el de la sociedad en general e incluso la garantía de la supervivencia dependen de estas relaciones. Es por ello que estas deben ser buenas, armónicas, equilibradas. Sanas. ¿Podemos conseguirlo? ¡Claro! Las habilidades sociales son la clave. Conocerlas y desarrollarlas aseguran un mayor éxito en nuestros nexos con los demás. ¿Cómo? Tan solo hay que seguir leyendo.

¿Qué son las habilidades sociales?

Habilidades sociales: definición

Se definen como herramientas de comunicación, un conjunto de conductas con las que establecemos interacción con otras personas. Nos permiten relacionarnos de un modo práctico, ventajoso y productivo para ambas partes.

Las habilidades sociales no están determinadas por el nacimiento, sino que se pueden adquirir, desarrollar y mejorar a lo largo de la vida. Conseguir perfeccionarlas conlleva entrenamiento y esfuerzo. Y, como el resto de aprendizajes, dependen mucho de la sociedad y la cultura en la que estamos inmersos.

Pero no solo es importante dominarlas, sino también saber distinguir los momentos y lugares propicios para llevarlas a la práctica. Hablamos de competencia social.

¿Para qué sirven las habilidades sociales?

Podemos llegar a pensar que, al fin y al cabo, las habilidades sociales no son tan importantes. Error. La imagen que proyectamos de nosotros mismos, las relaciones de diferentes tipos que vamos forjando a lo largo de nuestra vida o los éxitos en el trabajo dependen de ellas. Además, evitan la tan odiada ansiedad que nos generan las situaciones sociales nuevas o complicadas.

En otras palabras, las habilidades sociales determinan en gran parte nuestra felicidad.

Clases de habilidades sociales

Se diferencia entre habilidades sociales básicas y habilidades sociales avanzadas. Mientras que las primeras se enfocan a aquellas conductas que no requieren mucho esfuerzo (preguntar, escuchar, presentarse, etc.), las segundas ya exigen algo más de dominio (persuadir, disculparse, opinar, etc.).

A continuación, mostramos otro tipo de clasificación donde la importancia reside en el contenido de la comunicación.

1. Respeto

A todos nos gusta que nos muestren respeto hacia nuestra forma de pensar, nuestras ideas, nuestros valores, nuestras creencias. Cuando es así, estamos más dispuestos a relacionarnos de un modo más positivo.

Se pueden expresar opiniones diferentes siempre y cuando se tenga en consideración a la otra persona. Si se le falta al respeto, esta suele sentirse atacada, lo que empeora la calidad de la relación.

2. Cortesía

Esta habilidad se encuentra estrechamente relacionada con la anterior. La educación y la amabilidad son fundamentales para conseguir el agrado de los demás y, por tanto, unas buenas relaciones con ellos.

3. Paciencia

Es una herramienta muy útil para no perder los estribos y molestarnos ante cualquier cosa que salga de nuestro agrado. Recapacitar a tiempo puede evitar conflictos motivados por ataques de ira.

4. Empatía

La Real Academia Española define la empatía como la «capacidad de identificarse con alguien y compartir sus sentimientos». Es lo que coloquialmente denominamos «ponerse en el lugar del otro», llegar a armonizar con sus pensamientos y/o sentimientos a través de la Inteligencia Emocional.

5. Credibilidad

Está muy relacionada con la confianza, así como con la persuasión. La credibilidad no es un rasgo del emisor, sino una característica atribuida por el receptor. Esto significa que está constituida por lo que interpreta este receptor sobre lo que ve en la otra persona.

Se puede construir mostrando competencia y experiencia, así como sinceridad. Mantener la coherencia entre lo que se dice y lo que se hace es vital para que no se dañe nuestra credibilidad.

Tipos de habilidades sociales

6. Mentalidad positiva

Podemos ver el mundo de manera muy diferente si lo enfocamos de un modo negativo a si lo hacemos de forma positiva. Esta última perspectiva hace que se afronten las distintas circunstancias con optimismo, lo que proporciona un mayor bienestar emocional.

Las personas suelen huir de aquellas que son muy negativas. Adoptar el optimismo como forma de vida constituye una ventaja en todos los sentidos.

7. Escucha activa

Solemos confundir «oír» con «escuchar». No es lo mismo escuchar y prestar atención a la otra persona que estar oyendo pero pensando más bien lo que vamos a responder. Muchas veces, nos centramos más en esta última opción.

Para inclinar la balanza hacia la escucha activa, debemos procurar centrarnos también en el lenguaje no verbal de nuestro interlocutor, así como captar y conectar con las emociones que nos está transmitiendo.

8. Saber expresarse

Es difícil relacionarse adecuadamente con otras personas si no somos capaces de expresarnos como querríamos. Un lenguaje verbal claro es la clave, pero también lo son respetar los tiempos en los diálogos, la improvisación, los ejemplos o la vocalización. Por supuesto, esto se extiende a la lectura y escritura, básicas en nuestra sociedad.

Esta habilidad incluye iniciar una conversación, la formulación de preguntas, dar las gracias y la presentación de nosotros mismos o de otras personas en diferentes contextos.

9. Asertividad

Consiste en la expresión de la opinión, los intereses y deseos de uno mismo sin provocar conductas agresivas, de rechazo o huida en el otro. La persona asertiva siempre respeta a los demás, es capaz de decir «no» cuando es necesario y sabe expresar las emociones positivas y negativas.

Además de ser una habilidad social fundamental para una comunicación eficiente, contribuye en gran manera a la satisfacción con nosotros mismos.

10. Pedir ayuda

Aunque puede parecer fácil en un principio, no lo es tanto en realidad. No siempre estamos dispuestos a admitir que necesitamos que nos echen una mano, que no lo sabemos todo. Ser capaces de pedir ayuda no nos hace menos válidos, ¡al contrario! La humildad favorece, no solo las interacciones con otras personas, sino también la efectividad en nuestras tareas.

Uso de habilidades sociales y éxito

11. Apertura de mente

Entendemos por estereotipo la percepción desmesurada y simplificada de un individuo o un grupo que comparte características, habilidades y/o cualidades similares, y que se basa en estas para justificar ciertos comportamientos. Los estereotipos parten de los prejuicios, es decir, de conceptos formados de antemano en nuestras mentes que también suelen distorsionar la percepción.

Estos dos términos encajan dentro de lo que conocemos como una «mente cerrada». Aquí, la intolerancia, la rigidez y el fanatismo, entre otros, influyen negativamente en las relaciones con los demás. Por eso es vital trabajar en la apertura de la mente para conseguir una adaptación óptima al entorno.

12. Regulación emocional

Para poder regular nuestras emociones, primero debemos tener conciencia de ellas. Es importante conocernos a nosotros mismos, identificar las emociones que sentimos y por qué aparecen. Una vez conseguido esto, es más fácil ser capaces de alcanzar un equilibrio y control saludables.

13. Validación emocional

Se define como la expresión del entendimiento y la aceptación de las emociones del otro. Al conseguir que la otra persona se sienta comprendida, reconocida y aceptada, se favorece que aumente su confianza hacia a nosotros. Esto significa que probablemente nos hablará más acerca de sus pensamientos y de sus sentimientos.

14. Compasión

La primera regla para mostrar compasión es aceptar que todos cometemos errores, y que muchas veces estos no se deben a haber actuado con maldad. Aceptar a los demás tal y como son y perdonar sus equivocaciones no solo hace que se sientan bien ellos, sino también nosotros mismos.

15. Negociación y persuasión

La habilidad de negociación es fundamental a la hora de evitar los conflictos. Si el conflicto ya ha surgido, también es muy importante para la resolución de problemas de un modo sano y eficaz.

En cuanto a la persuasión, se centra más en cómo uno es capaz de influir en las opiniones y/o actitudes de los demás. Normalmente, mostrar una ausencia de interés personal e incluso hablar en contra de los propios intereses (entre otras técnicas) suele resultar muy efectivo. Y es que la manipulación no siempre debe ir acompañada de connotaciones negativas, sino verse como una oportunidad de obtener el máximo beneficio recíproco de una interacción.

¿Es importante desarrollar las habilidades sociales?

Por supuesto. Como hemos aprendido, influyen a la hora de desenvolvernos en la vida diaria. Recordemos que somos seres sociales, conseguir unas relaciones beneficiosas nos permite avanzar como personas y dentro de la sociedad. E, indudablemente, alcanzar estos objetivos mejorará nuestra autoestima.

Por otra parte, las habilidades sociales nos alejan de las actitudes pasivas hacia nuestro alrededor. Estas tienen lugar cuando no expresamos nuestros deseos y siempre hacemos lo que los demás quieren, cuando no defendemos nuestros intereses y siempre deciden por nosotros, cuando ignoramos las oportunidades y la lucha por nuestras metas. También evitan que nuestra conducta sea agresiva, rehuyendo las amenazas, los gritos, las imposiciones y las faltas de respeto.

Trastornos psicológicos con posible déficit en habilidades sociales: TDAH, Dilsexia, Autismo

Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH)

Quienes padecen TDAH no suelen saber cómo relacionarse de un modo adecuado en los diferentes contextos. Problemas con la impulsividad y el autocontrol hacen que no sea tan fácil para ellos controlar las emociones, inhibir ciertas conductas, demorar otras, mantener el orden, respetar turnos o el espacio personal de otros, respetar las normas o guardar secretos. La mayoría de las veces son rechazados por su grupo de iguales, y se termina originando un aislamiento voluntario.

Es recomendable explicarles cómo hay que interactuar de forma positiva con otras personas, ejemplificando o mediante un role-playing. Hacer que el niño experimente lo que se siente ante conductas inadecuadas puede llegar a ser muy útil para este aprendizaje.

La empatía constituye un factor de protección frente a las posibles conductas antisociales. Mejora el autoconcepto, la autoestima, el ambiente familiar y escolar, así como la salud mental y el éxito académico.

También es importante el entrenamiento en comunicación asertiva. Aprenden a expresar críticas de manera adecuada, a transmitir apropiadamente sus emociones (previa psicoeducación de las mismas) y deseos, y a resolver conflictos de forma satisfactoria.

Dislexia

El principal problema en la dislexia se centra en las dificultades con el lenguaje y, por tanto, para expresarse. El efecto se acentúa si deben emitir una respuesta rápidamente. No interpretan bien el lenguaje no verbal ni las expresiones faciales, así como las bromas y el sarcasmo. Las abreviaciones de las palabras tampoco son su fuerte, de modo que se sienten inseguros con formas de comunicación tales como el WhatsApp.

Con todo esto, les resulta complicado hacer y mantener amigos, integrarse con sus iguales. Una vez más, la autoestima es una de las grandes afectadas.

La enseñanza es clave para animarlos a mejorar. Darles tiempo para pensar en sus respuestas suele ser una gran alternativa para que adquieran confianza ante su propia comunicación. Los juegos de memoria y de adivinación de estados de ánimo a partir de señales sociales también les ayudan mucho.

Trastorno del Espectro Autista (TEA)

Con el TEA se suele fallar en las reglas implícitas del comportamiento social. El aprendizaje incidental también es todo un reto, lo que significa que tienen dificultades en aprender de las experiencias. Además, su rendimiento es muy pobre en la Teoría de la Mente, consistente en otorgarles a los demás pensamientos y sentimientos propios, diferentes a los de uno mismo.

También se ven afectadas las habilidades conversacionales y de juego cooperativo, puesto que les resulta difícil respetar los tiempos de habla y escucha, así como saber ganar y perder, unirse a las reglas de juegos de otros, etc. No entienden muy bien el concepto de empatía ni gestionan adecuadamente los propios sentimientos ni los de los demás.

El entrenamiento en habilidades sociales en personas con TEA se asemeja mucho a lo que ya hemos visto: psicoeducación, ejemplos, ensayos, interpretación de papeles, provocar la petición de ayuda, colocar un cartel con las normas de la casa, etc. El deporte y la musicoterapia también parecen adecuados para este tipo de perfiles.

Como siempre, es recomendable acudir a un especialista para lograr un mayor éxito. Cada caso es único, con sus necesidades particulares.

Algunas estrategias para entrenar las habilidades sociales

  • Escucha sin juzgar.
  • Trata de averiguar las verdaderas necesidades de tu interlocutor. Los porqués son muy importantes.
  • Habla menos de ti mismo y más del otro. Esto le produce placer y, por tanto, agrado.
  • Utiliza la comunicación emocional. En ella se habla desde el punto de vista de las experiencias y emociones propias, y estas no se pueden discutir.
  • Procura hacerle sentir al otro que está siendo escuchado.
  • Para fortalecer una relación, mantén un contacto continuado, como mínimo cada quince días. Si no puede ser en persona, las llamadas telefónicas o el WhatsApp son instrumentos muy útiles.
  • Reconoce tus emociones negativas en voz alta, pues tratar de ocultarlas o suprimirlas solo hará que se vuelvan más fuertes.
  • Utiliza una postura corporal de poder. En una investigación sobre la postura corporal dominante se demostró que esta influye significativamente en la conducta y el estado de ánimo.
  • Céntrate en las cosas que has conseguido y no en aquellas que crees que te faltan.
  • No esperes a sentirte confiado antes de actuar, pues actuar te hará sentirte confiado.
  • Habla de tus necesidades reales para conseguir el agrado y la empatía de los demás. Esto hará que mejores tu asertividad.
  • No temas al «no». Es necesario para preservar los propios deseos y no ceder siempre a que decidan por nosotros, en especial cuando estamos en desacuerdo.
  • No temas al contacto personal. Tocar ligeramente el brazo o el hombro de tu interlocutor transmite confianza. Pero, ¡ojo!, siempre respetando los espacios.

Niños distraídos: ¿Cómo mejorar su concentración?

Hace 50.000 años, no existían los niños distraídos, los niños aprendían de su entorno, de la naturaleza y de las costumbres y hábitos de sus mayores. Su concentración se basaba en atender a estímulos del entorno y a centrarse en la tarea que estaban realizando, dejando a un lado cualquier otra actividad irrelevante que pudiera interferir en su concentración.

En el siglo XXI, los niños aprenden en un aula, en su casa, en academias, de internet y de las nuevas tecnologías. Su capacidad de atención y concentración es muy reducida, no por demérito del propio niño o de los padres, si no por la cantidad de estimulación que tienen a su alrededor. Pero, como padres o profesores, ¿cómo podemos ayudar a nuestros hijos a mejorar su concentración?

Niños distraídos: ¿cómo mejorar su concentración?

Causas de distracción en niños

La distracción puede entenderse como la incapacidad para mantener fija la atención en una tarea. En niños distraídos pueden influir diferentes factores. A continuación mencionamos algunas de las principales causas de distracción en niños:

  1. El propio entorno de estudio: generalmente, los niños estudian o hacen los deberes en su habitación. Si miramos en nuestra propia habitación, quizá veamos un ordenador, quizá una televisión y, quizá, veamos una mesa de estudio poco ordenada que no favorece la concentración. Una habitación desordenada afectaría a la capacidad de concentración de un niño distraído.
  2. Hábitos de sueño y cansancio: una mala higiene del sueño provoca cansancio en nuestros hijos. El cansancio es una de las principales causas de distracción. Por eso es recomendable que nuestros hijos duerman las 8 horas estipuladas, y que todos los días disfruten de un sueño reparador. La falta de sueño afecta de forma importante a un niño distraído, generando cansancio y dificultades adicionales para afrontar una jornada extensa de colegio y, perjudicando notablemente su capacidad de atención.
  3. Nerviosismo: los niños entre 6-10 años necesitan gastar energía, necesitan eliminar todo ese nerviosismo que les caracteriza. Imagina estar en clase, sentado, queriendo salir a jugar o a correr, y, al llegar a casa, tender que volver a sentarte para terminar los deberes. Los niños distraídos tienen muchas dificultades para concentrase debido a que tienen mucha energía acumulada que necesitan liberar. Debemos ayudarles a realizar actividades físicas que les ayuden a liberar esa energía acumulada. Los deportes, o jugar en el parque pueden ser una buena opción.
  4. Mala alimentación: comida basura, pocas comidas familiares y horarios cada vez menos estructurados pueden ser un factor a tener en cuenta que puede promover la falta de concentración y distracción en niños. Comidas hipercalóricas y rápidas tienen un efecto negativo sobre la salud de nuestros hijos, generando posibles problemas de obesidad, diabetes y otros problemas por carencia de vitaminas. Bollería industrial, chucherías, bebidas carbonatadas, etc, generan en nuestros hijos una hiperactivación, que aumenta su nerviosismo y altera sus hábitos de sueño, creando un círculo vicioso que repercute en su capacidad de concentración.
niños distraídos y concentración

Pero, ¿la distracción o falta de concentración en niños implica TDAH? El Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad se caracteriza por una capacidad de atención reducida y un nivel de activación muy elevado que dificulta la capacidad de concentración de nuestros hijos. Las causas anteriores, cuadran perfectamente con las características generales del TDAH, pero son causas que podemos controlar, prevenir y mejorar. Entonces, ¿un niño distraído implicará necesariamente TDAH?

La respuesta es no necesariamente. No podemos afirmar que todos los niños distraídos o con dificultades en la concentración tengan que ser diagnosticados con TDAH.

Uno de los síntomas que pueden diferenciar a los niños distraídos de niños con TDAH es la impulsividad, es decir, la dificultad para controlar sus impulsos. Un niño con TDAH será incapaz de centrarse en una tarea, se distraerá con mucha facilidad ante cualquier situación y será muy complicado que se vuelva a centrar de nuevo. En cambio, los niños distraídos, a pesar de que tenderán a desconcentrarse fácilmente, no lo harán con cualquier situación, si no que lo harán ante eventos llamativos y serán capaces de volver a su tarea de una forma más eficaz.

Concentración y atención en niños distraídos

La concentración es la capacidad de mantener la atención en el tiempo en una tarea (atención sostenida) y, además, ser capaces de seleccionar los estímulos relevantes para llevar a cabo de una forma óptima esa tarea (atención selectiva). Según el modelo clínico de atención de Sohlberg y Mateer (1989) encontramos diferentes tipos de atención:

  1. Arousal: referida al nivel de activación general del organismo. Para realizar cualquier tarea necesitamos un nivel de activación determinado. Un niño distraído tendrá un nivel de activación generalmente bajo, es decir, si, por ejemplo, tiene que hacer los deberes le costará comenzar la tarea. Podemos ayudar a nuestros hijos haciendo que realicen cualquier otra actividad como sería algún juego que les guste, esto hará que su nivel de activación aumente lo necesario para que, al comenzar sus deberes, tengan una activación mayor.
  2. Atención focalizada: capacidad de mantener el foco atencional en una tarea. Los niños distraídos tienen dificultades para centrarse en una sola tarea, es decir, puede parecer que están centrados en sus deberes, pero se distraen con cualquier otro estímulo que aparezca a su alrededor. Para ayudar a un niño distraído a que se centre en una sola tarea, podemos seleccionar, por ejemplo, deberes sobre una única asignatura, para luego poder pasar a la siguiente.
  3. Atención sostenida: implicada en la concentración, se refiere a la habilidad de mantener un tiempo determinado la atención sobre una tarea o estímulo. Ayudaríamos a un niño distraído realizando descansos de unos 10 minutos cada 30 minutos cuando esté realizando una tarea. Par evitar el cansancio y la pérdida de concentración, lo mejor es realizar descansos cada cierto tiempo.
  4. Atención selectiva: ser capaces de seleccionar los estímulos relevantes para una tarea y, a su vez, poder inhibir los irrelevantes. Los niños distraídos tendrán muchas dificultades para no prestar atención a cualquier otra situación. Una habitación en silencio y sin distracciones visibles, les ayudará a mantener la atención en la tarea.
  5. Atención alternante o dividida: habilidad de cambiar el foco atencional de forma rápida y precisa, permitiéndonos seleccionar la estimulación necesaria en ese momento. Los niños distraídos tienen mucha facilidad para cambiar el foco de atención, es decir, puede parecer que están centrados en una tarea, pero sin previo aviso, se centran en cualquier otra cosa que les llame la atención. Esto provoca que les sea muy difícil volver a centrarse en lo que estaban haciendo. Podemos utilizar estrategias similares a las anteriores, dejando descansos determinados para evitar el cansancio y minimizando estímulos visuales que pudieran afectar a su concentración.

En niños distraídos, la concentración está reducida en tareas que requieren mantener mucho tiempo el foco atencional y que, además, requiere una atención selectiva hacia una misma tarea.

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Diferencias entre niños distraídos y niños con TDAH

Que un niño sea distraído en la escuela o en casa, no implica que tenga TDAH. La distracción puede deberse a muchos factores. El propio nivel de estimulación que genera la tarea, puede influir en que mi hijo se distraiga fácilmente. Una tarea monótona, con un nivel de dificultad bajo o medio, generará que la atención del niño disminuya rápidamente, afectando a su capacidad de concentración. Pero, ¿qué signos debemos tener en cuenta para valorar si mi hijo, simplemente se distrae con mucha facilidad o, si, por el contrario, puede tener TDAH?

  1. Los niños distraídos parecen estar “ausentes” cuando están realizando una tarea, un niño con TDAH se distrae con mucha facilidad y parece que ninguna tarea consigue estimularle lo suficiente.
  2. En general, los niños distraídos no tienen una actividad favorita, es decir, no consigue implicarse totalmente; un niño con TDAH parecerá estar centrado en muchas tareas a la vez, pero nunca terminará una concreta, irá alternando de forma muy rápida entre ellas.
  3. A la hora de hacer los deberes, los niños distraídos se mantendrán quietos, en su silla, aunque eso no implica que esté realizando la tarea. Un niño con TDAH tendrá mucha activación, se moverá en el sitio y le costará estar sentado durante mucho tiempo.

Lo que uno ama en la infancia, se queda en el corazón para siempre- 

Jean-Jacques Rousseau

Aunque la distracción y la baja concentración pudieran indicar TDAH, hemos visto que no es necesariamente lo mismo. Estando atentos a estas señales, podemos estar alerta y valorar de una forma más precisa qué le puede estar pasando a mi hijo.

10 tips o consejos para mejorar la concentración en niños distraídos

A continuación, vamos a exponer 10 tips o pequeños trucos que podemos hacer en casa, con el fin de ayudar a nuestros hijos a mejorar su concentración.

  1. Crea un horario de estudio consensuado con tu hijo. No se trata de imponer unas horas de estudio intenso, se trata de trabajar conjuntamente con nuestros hijos, haciéndoles partícipes de sus tareas. Lo más importante, crear el horario juntos, hablándolo y cediendo cuando sea posible. Esto hará que los niños distraídos se sientan más implicados y comprendan que les tenemos en cuenta a la hora de tomar decisiones. Además, realizar un horario es en sí mismo una tarea que requiere concentración, podemos hacerla divertida para que sienta que hacer los deberes puede ser divertido.
  2. Permite horas de juego. Los niños son niños, necesitan tiempo para jugar y tiempo para ellos mismos. Lo importante es no convertir la hora del estudio en una guerra entre padres e hijos. Recompensar con horas de juego o con actividades divertidas para él, siempre y cuando se cumplan los objetivos de estudio, mejorará su concentración y evitará distracciones, ya que sabrá que al finalizar sus obligaciones va a tener tiempo para otras actividades. En esas horas de juego, los niños distraídos se relajarán, eliminando el cansancio que generan las largas horas de estudio.
  3. Comienza por las actividades difíciles para llegar a las fáciles. Empezar los deberes por los que requieran mayor concentración ya que al principio nuestros hijos serán capaces de mantener una atención focalizada en la tarea. También tiene efectos directos en la motivación, el conseguir realizar una tarea complicada actuará como refuerzo y facilitará la consecución de las demás. Si los niños distraídos consiguen terminar una tarea que es complicada, las siguientes le parecerán mucho más fáciles y mantendrá mucho mejor la concentración.
  4. Pregunta sobre su asignatura preferida. Habla con tu hijo, interésate en lo que le interesa. Quizá se distrae en algunas asignaturas y en otras es capaz de concentrarse durante más tiempo. Puede comenzar por la tarea que más le guste, siempre y cuando se comprometa a realizar las demás, proponer acuerdos le ayudará a sentirse más implicado en las decisiones.
  5. Una habitación ordenada es una habitación que favorece la concentración. Su zona de estudio debe estar ordenada, en la que tengamos únicamente lo que necesita para realizar las tareas. Es muy importante que, mientras haga deberes de una determinada asignatura, sólo tenga visible material de la misma. Como hemos visto, a los niños distraídos les cuesta mucho concentrarse en una única tarea, el ver libros amontonados, montones de hojas con otras cosas que hacer, hará que se distraiga con facilidad.
  6. Utiliza ambientadores con aromas naturales. Como ya hemos mencionado, hace 50.000 años los niños aprendían en la naturaleza y, el olor natural era el predominante para ellos. El olfato es un sistema inconsciente y uno de los sistemas más relacionados con la concentración y memoria, un olor natural, aroma a limón o a frutas del bosque, por ejemplo, ayudarán a los niños distraídos a mejorar su concentración.

    Niños y concentración

  7. Higiene del sueño. No es sólo crear horarios de sueño, sino de que ese sueño sea reparador. Evitar que utilicen aparatos electrónicos antes de dormir, al menos una hora antes. La luz que emiten por ejemplo los teléfonos móviles, hace que nuestro cerebro ‘’crea’’ que la hora real sea de día, en lugar de que ya sea hora de dormir. Un sueño reparador ayudará a la concentración de nuestros hijos al día siguiente y evitará distracciones por el cansancio acumulado.
  8. Una dieta adecuada y equilibrada. No se trata de prohibir alimentos, se trata de conseguir que nuestros hijos coman de todo. Alimentos hipercalóricos deben estar seleccionados para ocasiones especiales, pero no podemos negarles su consumo. Una buena alimentación ayudará a que el sueño sea de mejor calidad, beneficiará a su salud en general y reforzará positivamente su capacidad de concentración.
  9. Comunícate con sus profesores. Es muy importante mantener una comunicación efectiva con su entorno de estudio. Sus profesores están casi tanto tiempo con nuestros hijos como nosotros, ellos pueden observar actitudes y aptitudes que nos pueden ayudar a entender mejor a nuestros hijos.
  10. Crea un entorno de confianza. No es suficiente hablar con nuestros hijos, tenemos que saber escucharles. Quizá su distracción no viene determinada por la propia tarea, puede venir influida por otros factores. Si creemos que puede tener problemas en otros ámbitos que no son los estudios, podemos ayudarles simplemente hablando con ellos, consiguiendo que entre padres e hijos se forme un círculo de confianza que favorecerá la consecución de nuestros objetivos.