Violencia: Descubre todo lo que necesitas saber

 

En pleno siglo XXI, la idea de vivir como salvajes es ridícula. Los avances logrados en favor de la democracia lo sustentan. Sin embargo, no dejamos de ver violencia en nuestro día a día: en el noticiario, en las películas más taquilleras, en los barrios más peligrosos, etc. Ficción o realidad, da lo mismo, estamos rodeados de violencia. «La justicia social no puede ser conseguida mediante la violencia. La violencia mata lo que intenta crear.» Papa Juan Pablo II exclamaba. ¿Cuántos años llevamos manifestándonos en contra de la violencia? ¿Cómo es que todavía no hemos aprendido a controlar nuestra ira? Descubre en este artículo qué es la violencia, sus teorias, tipos y modalidades.

El puño alzado tiene connotaciones violentas.

El puño alzado tiene connotaciones violentas.

«La violencia es el último recurso del incompetente.»

Sensacional frase escrita por el célebre novelista Isaac Asimov, quien pone estas palabras en boca de Salvor Hardin, personaje ficticio de la saga Fundación. Sin duda, la frase invita a la reflexión. ¿Quién utiliza la violencia? Y, lo más importante, ¿para qué? Asimov tilda de estúpidos a quienes ejercen la violencia para conseguir un fin cuando existen otras vías. Existiendo otros modos de resolver los problemas, no deberíamos recurrir jamás a la violencia.

¿Qué es la violencia?

Derivado del latín violentĭa, el término ‘violencia’ se asocia a toda cualidad o acción violenta. Una persona está siendo violenta cuando ejerce voluntariamente la fuerza contra otra/s. Se puede emplear la fuerza fisica, provocando lesiones físicas en la víctima; la fuerza verbal, dejando secuelas a nivel psicológico en la víctima; o incluso una “fuerza cómplice”, que podría definirse como aquella que desempeña quien, sin pegar, insultar o amenazar a la víctima, permite que otros lo hagan.

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En cualquier caso, la violencia es la herramienta que utiliza el agresor para alcanzar un objetivo, que puede ser de cualquier índole. Pero ni a la ética, la moral o la Ley les importan los motivos. Por ello, los actos violentos suelen ser penalizados. Esta cuestión depende en gran medida del país o la cultura bajo la que se administre la Justicia.

Teorías psicológicas de la violencia humana

Son muchos los psicólogos, filósofos o antropólogos interesados en explicar la agresividad del ser humano. Básicamente, podemos dividir las teorías sobre la violencia en dos grandes bloques:

  • Teorías activas. Estas teorías se agrupan en torno a la creencia de que la violencia es inherente a las personas. Nos viene de fábrica, como quien dice. Según los defensores de estas teorías, la violencia se encuentra de forma natural en nuestra personalidad y, por consiguiente, en nuestras vidas. Lo que convierte en un imposible la idea de erradicarla. El psicoanalista Sigmund Freud es una de las figuras más relevantes en la defensa del innatismo de la agresividad humana. Con posterioridad a Freud, los biólogos Konrad Lorenz, Nikolaas Tinbergen y Karl Von Frisch realizaron estudios comparativos del instinto animal y humano; concluyendo de manera generalizada que la agresividad es genética.
  • Teorías reactivas. Por contraposición, psicólogos como Albert Bandura postulan que el comportamiento humano está totalmente determinado por el ambiente (o estímulos externos). Luego, la violencia sería una característica adquirida, ya sea por aprendizaje o imitación. Y si no nacemos con esos impulsos violentos de los que hablaba Freud, sino que aprendemos a ser violentos; también podemos desaprender a serlo.

Afortunadamente, a día de hoy, quedan pocos defensores de la violencia completamente innata, genética y hereditaria. Las teorías reactivas sobre la violencia son las que se imparten en las aulas actualmente, pues se le otorga notable importancia al contexto como variable explicativa de las conductas violentas. Así, podemos basarnos en el siguiente esquema teórico para comprender todos los elementos que el comportamiento agresivo lleva asociados a escala social:

El marco explicativo de la violencia.

El marco explicativo de la violencia.

Tipos de violencia

La violencia se puede abarcar conceptualmente desde varios puntos de vista, por eso existen tantas clasificaciones. Un ejemplo es la división entre violencia directa e indirecta en función del modo de implicación en el acto violento. También podemos distinguir entre violencia autoinfligida (las acciones violentas son autolesivas, el daño se hace a uno mismo), violencia interpersonal (un individuo hiere a otro) y violencia colectiva (la agresión es de carácter grupal o comunitario) dependiendo del sujeto responsable de la conducta violenta. No obstante, la principal clasificación sería la siguiente en donde se tiene en cuenta qué tipo de deterioro origina el agresor en la víctima.

1. Violencia física

Es la más prototípica, es la primera que nos viene a la mente cuando pensamos en la práctica de la violencia. Ya sea sin armas (a base de puñetazos, patadas, empujones, etc.) o con ellas (mediante armas blancas, arrojadizas, de fuego, etc.), el daño se inflinge sobre el cuerpo, pudiendo llegar a provocar la muerte. Este tipo de violencia atenta directamente sobre la salud física de la víctima y suele ir asociado a la necesidad de tratamiento médico.

2. Violencia psicológica

No tan prototípica, pero igual de importante. La violencia psicológica tiene como objetivo quebrar la salud mental de la víctima. ¿Cuál es la forma más eficaz de conseguirlo? A través de la palabra (violencia verbal). Si el golpe va acompañado de insultos o amenazas, hiere el doble. Y tal es el impacto de los mensajes destructivos en la víctima que, si llegan a destrozar su autoconfianza y autoestima, pueden conducirla al suicidio. Se trata de casos extremos, pero advierten de la necesidad de tratamiento psicológico para paliar todos los problemas de depresión o ansiedad que este tipo de violencia suele llevar asociados.

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3. Otros tipos de violencia

Pese a que, por desgracia, también son habituales en la sociedad, no lo son como concepto. Un ejemplo es la violencia económica, aquella que atenta sobre las posesiones y que se ejerce mediante el robo, el engaño o la estafa. Otro ejemplo es la violencia sexual, que deriva en los múltiples casos de violaciones (los datos estadísticos de los últimos años son realmente sobrecogedores) y otras formas de agresión sexual (como el deplorable negocio de esclavitud sexual o trata de mujeres).

Modalidades de violencia

Las modalidades de violencia, a diferencia de los tipos, dependen del contexto en el que ésta se desarrolla. Las más comunes son las siguientes:

Violencia doméstica

También llamada ‘violencia intrafamiliar‘, se refiere la conducta violenta continuada en el ámbito conyugal. Por lo general, la violencia se descarga contra la pareja, aunque los hijos fruto de esa relación (si los hay) o cualquier otro miembro de la familia que cohabite en la casa (abuelos, tíos, primos, etc.) de igual manera pueden ser víctimas, directa o indirectamente, de esa violencia.

Es importante remarcar la diferencia entre violencia doméstica y violencia de género, para evitar posibles confusiones. Las agresiones domésticas se dan necesariamente en el entorno de la convivencia familiar, mientras que la discriminación debida al género puede darse tanto dentro como fuera del hogar. Ambos casos son independientes del sexo, pues existe violencia contra la mujer y violencia contra el hombre. Sin embargo, suele ser el hombre quien maltrata a la mujer, tal y como reflejan los datos poblacionales más recientes del INE (Instituto Nacional de Estadística).

Violencia escolar

Más conocida actualmente como bullying (término derivado del verbo to bully, ‘intimidar’) o ‘acoso escolar‘. Se produce cuando un alumno es maltratado física y/o psicológicamente por sus compañeros. Las cifras, de carácter nacional, indican un alarmante aumento de esta clase de actos violentos en los últimos años; lo que ha llevado a los colegios a crear conciencia sobre este peligro. En la mayoría de las modalidades de violencia, las víctimas suelen ser personas adultas, pero en este caso hablamos de chavales que, generalmente, tienen edades comprendidas entre los 9 y los 15 años. Los traumas ocasionados por la violencia en un cuerpo y una mente que todavía se encuentran en desarrollo pueden ser dificilmente reparables en comparación los del adulto.

Otras modalidades de violencia

Así como existe el acoso escolar, también hay casos de acoso laboral. Para quien lo sufre, acudir al trabajo se convierte en una auténtica pesadilla. Pero es que ya ni siquiera cuando estamos solos, estamos seguros, porque con el auge de Internet y, sobre todo, de las redes sociales, la violencia ha tomado esta vía de comunicación para generar el llamado cyberbullying (en español, ‘ciberacoso‘). Esta especie de violencia impide disfrutar de una experiencia sana navegando por la Red, y sus consecuencias, a nivel psicológico, pueden ser devastadoras.

Violencia: ¿Cómo controlar la ira?

Es perfectamente normal sentir ira cuando estamos frustrados, enfadados o dolidos; el problema es que la rabia intensa puede canalizarse a través de la violencia. Era necesario experimentar grandes dosis de furia si queríamos preparar al cuerpo para la lucha, cuando nuestra supervivencia dependía de evitar ser devorados por veloces depredadores, pero esa época quedó atrás hace siglos.

Los dedos en forma de "V" simbolizan la paz.

Los dedos en forma de “V” simbolizan la paz.

Tristemente, a día de hoy las batallas son lideradas por animales que se sostienen sobre dos patas. Así que, si queremos vivir en una sociedad verdaderamente civilizada y pacífica, lo primero que debemos hacer es aprender a controlar nuestra ira. Aquí os dejo una serie de recomendaciones que os servirán de guía si algún enfado se os va de las manos:

  • Identifica cuáles son los causantes de tu ira. Vamos a empezar por conocernos un poquito más a nosotros mismos y preguntarnos por aquello que no soportamos, eso que nos irrita de tal manera que nos vuelve locos. Así como para vencer una fobia, lo primero que se debe hacer es admitir que hay algo que nos da mucho miedo; una vez que hayamos identificado lo que nos pone verdaderamente furiosos, nos resultará más sencillo anticiparnos a la reacción y gestionar la ira.
  • Ojo, manejar la emoción no significa ni suprimirla ni amontonarla. No se trata de fingir que no nos hemos cabreado, ni de ir acumulando enfados por no enfrentarlos en su momento. Se trata de que si sales de casa llevando puesta la falda corta que más te gusta de tu armario y un soplagaitas, que no tenía nada mejor que hacer, decide que te has vestido para él y comienza a gritarte obscenidades, es completamente lógico que te invadan las ganas de girarte para darle, cuanto menos, una patada en los bajos; y, sin embargo, te tomas unos segundos para respirar y responderle ingeniosamente que practique el respeto. Eso, es manejar la emoción. ¿Que los niveles de ira que has sentido eran notablemente altos? Te desfogas en las máquinas de cardio del gimnasio, te apuntas a clases de boxeo, o comentas con algún ser querido el episodio que has vivido mientras llamas de todo (menos bonito) a quien te ha hecho sentir mal; pero la violencia no soluciona nada.
  • Líbrate del pensamiento dicotómico. O sea, aquel que lo interpreta todo desde un polo o su opuesto. No hay grises, todo es blanco o negro. Acierto o error. Ganar o perder. Éxito o fracaso. Si nuestra forma de pensar se mueve exclusivamente entre un extremo y el otro, siempre exageraremos aquello que nos pase o aquello que hagamos hacia un lado o hacia el otro. No hay problema cuando nos sintamos excesivamente confiados, seguros o virtuosos porque hemos realizado bien alguna actividad o porque nos ha sucedido algo bueno; el problema viene cuando algo (nos) sale mal y lo afrontemos de manera desproporcionada. Nuestro estado de ánimo y nuestra autoestima podrían desplomarse. Será mejor olvidarnos de este pensamiento tóxico y abrir nuestra mente para fijarnos en los matices. Nada, o muy pocas cosas, deberían valorarse en términos absolutos, párate un minuto a reflexionar y sacarás partes positivas hasta de lo más negativo.
  • Aléjate del estrés, practica la tranquilidad y descansa adecuadamente. No cabe duda de que las grandes ciudades promueven una vida estresante. ¿Qué consecuencias acarrea el estrés continuado? Irritabilidad, ansiedad y frustración; entre otras. Es decir, el estrés persistente es nuestro enemigo. ¿Cómo combatirlo?
    1. Trata de evitar a los estímulos estresores. Aunque, como a veces es complicado, por no decir imposible, lo que puedes intentar es dosificarlos.
    2. Introducir ejercicio aeróbico en tu vida diaria está genial en relación con el propósito que buscamos, pero complementarlos con ejercicios de relajación y meditación aporta todavía más beneficios para la salud mental.
    3. Procura dormir la cantidad de horas recomendada por los médicos. Un descanso apropiado hace maravillas en nuestro cuerpo y en nuestro cerebro. Regula tu horario del sueño.
  • Acude al psicólogo. Si nada de lo anterior ha funcionado, podrías tomar en consideración la idea de consultar con un profesional. Aquellas personas que sufren trastornos relacionados con la agresividad (que aparecen como Trastornos disruptivos, de control de los impulsos y de la conducta en el manual diagnóstico DSM-5) deben ser tratados farmacológica y psicológicamente, pero no es necesario padecer una enfermedad para acudir a consulta. Está bien y es deseable pedir ayuda psicológica si creemos que la ira nos controla a nosotros en lugar de nosotros a ella.

¿Y tú, qué piensas de la violencia?

Psicóloga en formación, especializada en la rama clínica. Curiosa, creativa y capaz.