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10 consejos para superar los celos infantiles ¡Mi mamá es mía!

La llegada de un nuevo miembro en la familia es un acontecimiento emocionante para todos, en especial para el niño que va a tener un nuevo hermanito. Para prevenir y superar los inevitables celos infantiles entre ellos, Cristina Martínez de Toda, psicóloga, ha preparado esta guía de actuación para padres. 10 consejos muy útiles que te ayudarán  a contar con las estrategias necesarias para superar en familia los celos entre hermanos. ¡Ayuda a tu hijo mayor a madurar emocionalmente! 

¡Mi mamá es mía! 10 consejos para superar los celos infantiles

¿Por qué mi hijo siente celos de su hermano?

Los celos son sentimientos de envidia y resentimiento, que pueden surgir cuando el primogénito siente que su posición en la familia corre peligro, y percibe al nuevo hermanito como amenaza para conseguir el afecto de papá o mamá, que antes lo tenía para él solito.

Estos celos son una reacción completamente normal, que es necesaria para el desarrollo evolutivo del niño. Superar esta fase ayuda a los niños a madurar.

“Ayudar a los hijos a afrontar los celos, es ayudarles a desarrollar su autoestima”

La relación con un hermano es uno de los vínculos más especiales que existen en la vida, va a ser una relación única y especial. Pero para ello, se necesita un periodo de adaptación, ya que normalmente, no estamos preparados mentalmente para compartir, y mucho menos, si se trata del cariño de sus papás.

Los celos infantiles son un sentimiento perfectamente normal
Recuerda que los celos existen porque existís vosotros, papá y mamá, y simplificando, los celos no son más que rivalidad y competición por vuestro cariño y atención. Siendo parte de la ecuación, inevitablemente también sois parte de la solución.

Pero no todo va a ser negativo; piensa que cuando rivalizan por nuestro amor, están aprendiendo un montón de cosas.

“Dado que no podemos evitar estos celos, nuestra tarea como padres será la de enfocar esta rivalidad de manera que la manejen para aprender de ella”

Es muy importante que aprendamos que los celos entre hermanos no son malos. Si inconscientemente los juzgamos como negativos, estaremos transmitiendo a nuestro hijo mayor que su conducta es incorrecta.

Pedirle a un niño que no tenga celos es como prohibirle ser el mismo e involucrarse en las relaciones que le importan. Los niños menores de 7 u 8 años no disponen de la madurez necesaria para aceptar al hermanito como tal en vez de como un rival.

¿Cómo ayudo a mi hijo? 10 consejos para superar los celos infantiles

Consejo 1: Prepárale para la llegada del nuevo hermanito

Los psicólogos recomendamos que seáis vosotros mismos los que deis la noticia al pequeño. No debe ser muy pronto para que la espera no se haga muy larga. Alrededor del 4º mes es lo ideal. La mentalización y el prepararle para el nacimiento no evita los celos, pero ayudará a tu hijo a que vaya haciéndose a la idea, y no se sienta tan abrumado cuando llegue el momento de tener al nuevo bebé en casa.

Explícaselo de una manera cuidadosa y con mucho cariño, y dedícale tiempo a escucharle y responder a todas las preguntas que te va a hacer. Si tu pequeño tiene entre 4 y 6 años, es muy probable que haga muchas preguntas acerca de la reproducción, por lo que es un momento idóneo para comenzar una buena educación sexual.

También se recomienda que a partir del segundo trimestre de embarazo tu peque empiece a comunicarse con el bebé a través del ombligo. Que le cuente como ha ido su día en el cole o el último cuento que le leyó mamá es una buena manera de empezar a instaurar un vínculo de comunicación sano entre ellos.

Consejo 2: Hazle partícipe de los nuevos cambios

Explícale que es lo que va a pasar en tu cuerpo, y déjale que te vea y que te toque. Enséñale a acariciarte la tripa para darle cariño al nuevo bebé.

Permítele que te ayude a preparar la nueva habitación del bebé y que te acompañe de compras, que elija el color de la habitación, un peluche… enséñale a que sus actos y decisiones tienen mucha importancia en la vida de su hermanito.

Promueve los primeros vínculos entre ellos

Consejo 3: Mantén sus rutinas en la manera de lo posible

Cuando se aproxime el parto o cuando el bebé ya esté en casa, se hace vital que el pequeño sienta que su mundo no se desbarajusta. Si es posible, lo ideal sería que pasase esta etapa en su casa, rodeado de sus juguetes, y que sus rutinas de baños, comida, y hora de dormir no se vean afectadas. Piensa que su mundo emocional va a ser desconcertante los próximos meses, por lo que podemos ayudarle a que se sienta seguro en su rutina.

Si vas a pasar mucho tiempo en la maternidad, es importante que le llames por teléfono y le digas las ganas que tienes de ir a casa para estar con él. Aquí el papel del papá se hace imprescindible para ofrecer todo el cariño necesario al pequeño cuando su mamá no está. Cuando el bebé nazca es importante que el niño vaya al hospital a conocer a su nuevo hermanito.

Consejo 4: Habla a tu hijo mayor de “igual a igual” 

Si le hablas del bebé como si él fuese un adulto, tu hijo aprenderá a preocuparse y aceptar el rol de hermano mayor para cuidar al pequeño. Le puedes ayudar con frases como “Entiéndelo, el bebé llora mucho y te despierta por las noches porque no sabe lo que hace; tú ya eres mayor y puedes decirnos lo que necesitas”

Enséñale fotos y vídeos de cuando él era bebé para que vea que también pasó por esa etapa y le ayude a identificarse con el pequeño llorón.

También podemos animarle a que “escuche” al bebé: “Mira al pequeño Juan en su cunita, crees que puede estar queriendo el biberón? Que le hables..?”

Consejo 5: No hagas comparaciones entre tus hijos

Es muy triste oír decir a un padre, delante de los demás y delante del hijo mayor frases como “Este niño es un cielo, no da nada de guerra, no como el otro que lloraba a todas horas”

Estos comentarios afectan a la autoimagen de tu hijo primogénito, y nosotros como papás tenemos una responsabilidad muy grande con lo que decimos. Te animo que eches un vistazo a este artículo que te enseñará a utilizar tus palabras de una manera adecuada: El Efecto Pigmalión: Lo que comunicas a tus hijos sin darte cuenta.

Evita las comparaciones entre tus hijos

Consejo 6: Valora su ayuda, que se sienta responsable de su hermanito

Es una manera estupenda de hacer que tu hijo se sienta útil e importante. Hacerle partícipe en tareas como bañar al pequeño, o cantarle canciones por la noche hará que tu hijo se sienta validado, y además querrá que se lo corrobores: “¿Verdad que te ayudo mucho con el bebé?”

En este caso los celos dan paso a una actitud de autocontrol y afecto. Esto significa que tu no ya tan pequeño está aprendiendo a compartir tu tiempo y a convivir. Manifiéstale lo mucho que valoras su ayuda.

Las “actitudes miméticas” (que el hijo mayor haga e imite las tareas que hace la madre) le ayudará a madurar rápidamente y su deseo de ser mayor eclipsará el ver al pequeño como un rival.

Consejo 7: Encuentra “vuestro momento”

Los estudios sugieren que dedicarle al hijo mayor una media de 15 minutos al día exclusivos para hacer algo los dos juntos es un factor importante a la hora de superar los celos. El niño aprende que aunque su mamá o su papá ahora está ocupado dándole de comer al bebé, luego va a tener tiempo para él. Y esta espera le reconforta y hace que no sienta ansiedad.

Es importante la calidad de estos momentos, más que la cantidad. Es bueno que salgáis de casa a dar un paseo o ir al parque juntos, sólo vosotros dos. Hazle sentir especial y único y demuéstrale que a ti te gustan esos ratos tanto o más que a él.

Consejo 8: Se tolerante con sus nuevas conductas

Ante la llegada del nuevo hermanito, pueden producirse dos casuísticas: Por un lado nuestro hijo mayor puede tener cambios de comportamiento que implican rabietas, se vuelven “contestones”, pueden mostrar agresividad con la mamá y con el bebé, y en general están mas irritados y nerviosos.

Ser tolerante no implica permitir estos comportamientos, ser tolerante significa aceptarlo como tal, y no manifestarle la frustración que os está provocando su comportamiento. Hay que demostrarle cuando le reñimos que estamos ahí y que no va perder nuestro amor.

Por otro lado, es habitual que se produzca un “retroceso” madurativo. Nuestro hijo mayor puede volver a comportamientos anteriores como chuparse el dedo, gatear, utilizar el “lenguaje bebé”, volverse a hacer pis en la cama…

Tienes que entender que aunque sea el mayor sigue siendo pequeño, y ahora os necesita más que nunca. Nosotros asumimos inconscientemente que ha crecido y por ello le exigimos que sea “un buen hermano”, que le quiera, que se comporte mejor…

Estas expectativas poco realistas impiden que el niño desarrolle ese estado por si solo porque aceleramos el proceso, por lo que el niño puede sentir mucha frustración.

Consejo 9: Celebra los logros de ambos

Cuando le reímos una gracia al pequeño, deberíamos también alabar al hermano mayor por su último logro: se ha atado muy bien los cordones, su último dibujo es muy bonito…

De esta manera conseguiremos que el niño no sienta tanta rivalidad hacia el pequeño al sentir que él también es reconocido y hace muchas cosas bien. No te canses de repetirle lo orgullosos que estáis de él.

Consejo 10: Edúcale en la solidaridad y el altruismo

Es quizá la tarea más complicada de todas. Enseñar a un hijo a compartir no es empresa fácil. Los niños deben ser educados en que los afectos no pueden ser exclusivos. Ningún hijo es el amor exclusivo de los papás, por lo que ninguno debe tener miedo a perder esa exclusividad que no existe.

Tenéis que tratar de hacer de vuestro peque una persona que sepa querer y que no sea dependiente de los demás por el amor que recibe.

“Nadie dijo que ser papás fuese tarea fácil…”

Calmar a los niños con el móvil o tablet ¿Qué riesgos tiene?

¿Cuántas veces hemos visto a unos padres darle el móvil o la tablet a un niño para que se calle o deje de montar un escándalo en público? ¿Eres de esos padres que les da el móvil a sus hijos a la primera de cambio? Aquí te explicamos cuáles son las consecuencias de calmar a los niños con el móvil y qué podemos hacer en su lugar.

Está claro que las nuevas tecnologías nos facilitan la vida. Tienen muchísimos usos y utilidades beneficiosas para nosotros. En las aulas cada vez se usan más las Tablets y plataformas educativas de neuroeducación como herramientas de aprendizaje. Además, se ha demostrado que el uso de la tecnología ayuda a niños autistas y con discapacidad a aprender y comunicarse.

Sin embargo, la utilización de los móviles o tables como medio para que nuestro hijo se calle y nos deje en paz no es la mejor forma de educarle.

Niños y móviles

Calmar a los niños con el móvil o tablet

A los niños les gusta la tecnología. Los estímulos novedosos, coloridos y musicales de los juegos los hacen muy atractivos para los más pequeños. Por ello, cada vez que tienen una rabieta, es tentador darles el móvil. Es sencillo y se callan al instante.

Según un estudio de la Universidad de Michigan, los padres de niños con dificultades sociales y emocionales en hogares con bajos ingresos, tienden utilizar más a menudo tecnología móvil para calmarles y mantener la paz en casa. Esto implica que los niños sigan con esas dificultades sociales y emocionales e incluso empeoren.

Según los investigadores, cuanto menos control y más frustración sientan los padres en relación al comportamiento de sus hijos, es más probable que les den los móviles para calmarles. Usan estos dispositivos como una estrategia de afrontamiento.

Otros estudios muestran que mucho tiempo de televisión puede dificultar en niños pequeños el desarrollo de la empatía, habilidades sociales y el lenguaje. Y es que estas habilidades se desarrollan jugando e interactuando con adultos y otros niños. Esto también se puede aplicar al uso excesivo de Tablets,  Smartphones y videojuegos ya que reducen, del mismo modo que la televsión, las interacciones con otros seres humanos.

Consecuencias de calmar a los niños con el móvil

¿Qué ocurre si sistemáticamente le damos al niño el teléfono móvil cada vez que llora o se enfada?

1. Estaremos premiando su comportamiento. Por tanto, será más probable que el niño utilice la rabieta como un modo para conseguir lo que quiere.

2. No aprenderá a manejar la frustación. El motivo de la rabieta seguirá ahí. El niño no aprenderá a afrontar un “No” y tampoco aprenderá como controlar sus emociones.

3. Pasará demasiado tiempo delante de la pantalla. Esto afecta a sus niveles de atención, acostumbrándolo a recibir una gran cantidad de estimulación, desmotivándose al volver al ritmo de la vida real. No estarán interactuando con otros niños de su edad y tampoco disfrutarán de tiempo de calidad con sus padres.

¿Debemos educar con o sin móviles?

¿Cómo manejar una rabieta?

Una rabieta es una reacción exagerada con gritos y lloros para conseguir algo. ¿Qué hacemos para pararla y que sea menos probable que vuelva a suceder?

  • Lo primero que hay que hacer es hacerles entender que mientras griten no podremos entender lo que nos quieren decir.
  • Dar ejemplo manteniendo la calma y no alzando la voz.
  • Hablar con ellos para gestionar la demanda. Saber qué es lo que quieren es esencial. Puede ser que tengan un malestar real o que sea un simple capricho. Si es un capricho, es importante no ceder a lo que nos piden. Si no, se acostumbrarán a tener todo lo que quieren, convirtiéndose en niños tiranos y desarrollando el Síndrome del emperador.
  • Hacerle saber que con la rabieta no conseguirá nada y que soló logrará sentirse mal.

¿Cuánto tiempo deben pasar los niños enfrente de una pantalla?

Los niños americanos pasan un total de 5 o 7 horas al día enfrente de una pantalla, ya sea televisión, ordenador, tableta o teléfono móvil. Esto le deja muy pocas horas al juego interactivo con otros niños y tiempo de calidad con sus padres.

El cerebro inmaduro de un niño es como una esponja que se adapta a la estimulación que recibe. Si un niño se acostumbra a recibir la gran cantidad de información que los teléfonos móviles permiten a una edad muy temprana, la realidad les parecerá aburrida. Sus niveles de atención disminuirán en las situaciones del mundo real, mucho más lentas que en el mundo virtual. No serán capaces de concentrarse en el colegio y rendirán mucho peor.

El uso excesivo de la tecnología, debido a las características placenteras de ella, hace a los niños muy proclives a las adicciones. Además, las pantallas y los juegos activan a los niños, dificultando y empeorando su sueño. El uso excesivo de las nuevas tecnologías también se relaciona con el aumento de la obesidad y el sedentarismo.

Entonces, ¿cuanto tiempo deben pasar delante de la pantalla? Los expertos recomiendan que los niños menores de 2 años no pasen más de 30 minutos al día. Esto se debe a que es ese el tiempo que los niños pasan normalmente jugando con un juguete. Para niños más mayores entre 1 y 2 horas es lo recomendable.

¿Cómo limitamos a los niños el uso de las pantallas?

A veces es difícil limitar el uso de la tecnología, estamos rodeados de ella. Sin embargo hay cosas que sí podemos hacer.

  • Los niños no deberían tener una televisión u ordenador en su habitación.
  • No permitir el uso de dispositivos electrónicos o ver la televisión durante las comidas.
  • No dejarle comer mientras hace uso de la tecnología, ya que las pautas alimentarias podría verse afectadas, haciendole comer más cantidad y alimentos poco saludables.
  • Sugiere actividades en familia que no impliquen tecnología, como juegos de mesa, puzles o actividad física.
  • La mejor manera de limitar el uso de la tecnología es dando ejemplo. Aplícate estas mismas normas.

Presión social en la adolescencia ¿Debo preocuparme si la conducta de mi hijo ha cambiado?

La presión social en la adolescencia no es nada fácil. ¿Cómo influyen las amistades en los jóvenes? ¿Debemos preocuparnos cuando los adolescentes cambian su forma de vestir, su forma de ser o fuman su primer cigarrillo?

Algunos adolescentes ceden a la presión y tienden a cambiar su comportamiento porque quieren ser aceptados por sus compañeros. A veces, ocurre, que acaban haciendo cosas de las que se arrepienten, solo por la necesidad de no sentirse rechazados. La presión social puede ejercer su influencia en la toma de decisiones y en sus actos. Pero no todos sus efectos son negativos también podemos encontrar algunos positivos.

La presión de grupo nos lleva a realizar actos con los que no estamos de acuerdo

¿Por qué los jóvenes necesitan pertenecer a un grupo para sentirse bien acerca de quién son?

A menudo la presión del grupo nos obliga a lo largo de nuestra vida a hacer cosas y a adoptar ciertas conductas y  comportamientos que sabemos que no son buenas o que están equivocadas. En el caso de los jóvenes o adolescentes, cada vez se sienten más presionados para cometer actos como: burlarse de un compañero, romper materiales ajenos al suyo, consumir alcohol, fumar… Estas conductas pueden ocurrir debido a que el adolescente no tiene el valor para diferenciarse de sus amigos y hacerles frente.

La presión social provoca que las personas, en este caso, los jóvenes o adolescentes no sean realmente libres, y vivan en un mundo en el que tienen que cumplir ciertos estándares sociales y llevar a cabo lo que la sociedad espera de ellos.

Son diversos los experimentos y estudios lanzados para recabar información acerca de este fenómenos social.

El experimento de Asch: Influencia de la mayoría y la conformidad

El experimento de Asch, que hemos visto en el vídeo, ha sido uno de los más replicados en psicología. El experimento fue realizado en 1951.

Todos los participantes del experimento, excepto uno, eran cómplices del experimentador. El experimento consistía realmente en ver cómo ese estudiante reaccionaba frente al comportamiento de todos los demás.

El objetivo explícito de la investigación era estudiar las condiciones que inducen a los individuos a permanecer independientes o a someterse a las presiones de grupo cuando estas son contrarias a la realidad.

En el experimento, se pidió a los participantes que dijeran, según lo que ellos creían, cuál de las líneas que se les presentaba era más larga que otra. Los cómplices habían sido preparados para dar una respuesta errónea y así ver la influencia en la respuesta del otro estudiante.

¿Qué crees que paso? Pues que el experimento de Asch demostró que las personas nos “dejamos llevar” por lo que el resto del grupo diga, aún sabiendo que no es correcto.

Ahora, imagínate esto pero siendo un adolescente… parece difícil decir que no, o imponerse ante cualquier injusticia ¿verdad?.

Los adolescentes son el grupo social más afectado por este fenómeno porque, no sólo se sienten presionados por sus amistades, sino también por sus padres y profesores. Todos hemos sido adolescentes y, lo que más nos apetecía en esa época, era experimentar cosas nuevas. Sobre todo, si implicaban llevar la contraria a nuestros padres.

Un excesivo control sobre nuestros hijos adolescentes, suele provocar la reacción contraria a la que esperamos.

Los adolescentes se ven como adultos, pero actúan y piensan como niños.

Las consecuencias de la presión social en la adolescencia

La adolescencia es una fase de nuestra vida se caracteriza por un debate interno constante. Durante la adolescencia, los jóvenes, empiezan a depender, cada vez, más de sus amistades. Se vuelven permeables e influenciables:  En sus opiniones, costumbres y hábitos (fumar, beber, alcohol, tener sexo, hacer dietas excesivas, comer alimentos poco saludables….)

La presión social en la adolescencia puede ser muy poderosa y difícil de resistir.

Los adolescentes pueden sentirse presionados o influenciados a hacer algo solamente porque las otras personas del grupo lo están haciendo o digan que lo están haciendo y tan sólo el pensamiento de sentirse excluidos y solos a estas edades pesa mucho en la identidad de los jóvenes.

La presión de grupo puede llevar a que hagan cosas aparentemente superficiales como usar cierta ropa que los identifique respeto al resto de las personas o grupos hasta acciones francamente peligrosas y con consecuencias más serias como se ha comentado antes.

Pero tranquilos, la presión social también aporta o tiene su lado positivo. Los adolescentes aprenden las normas sociales de sus iguales y pueden aprender cómo encajar y comunicarse bien con lo demás si observan e imitan a otros adolescentes. También, los adolescentes seguros de sí mismos pueden actuar como modelos positivos y dar un buen ejemplo a los demás. Debemos de pensar que estar en un grupo en el que encajemos nos permite aumentar y mejorar nuestra autoestima y  además nos ayuda a prevenir que nos involucremos en comportamientos dañinos o arriesgados.

Desarrollo personal e identidad gracias al grupo

No sucumbir a la presión social en la adolescencia: La importancia de comunicación entre padres-hijos

Cómo ser uno mismo en la adolescencia, y no caer preso de la presión social es algo que depende de muchísimos factores. Ya no sólo de factores internos de la personas sino también de su entorno. Es muy importante que exista y que sea fluida la comunicación entre padres e hijos. Es bueno hablar, y que los padres sepan que actividades hacen sus hijos. Es recomendable que se mantengan conversaciones abierta, y que expongamos medios a través de los cuales podemos reducir las posibilidades de que se junte con el grupo equivocado, o adopte hábitos indeseables (como fumar o beber, acercarse a las drogas…). Hay que hablar de los riesgo que tienen ciertos hábitos y también hay que saber cuáles son los valores que queremos que nos definan.

El grupo y su influencia positiva siendo uno mismo.

En algunos casos, tropezaremos y acabaremos en el grupo menos idóneo y, tal vez nuestros familiares y nuestras amistades de toda la vida tengan que intervenir, y restringir el contacto con algunas malas influencias. Pero, lo más importante para combatir la presión social es conocerse a uno mismo y saber cuales son nuestros valores y creencias. Y sobre todo, pensar que a veces lo que el grupo diga o haga no tiene porque ser lo mejor. ¡Piensa por ti mismo!

Etapa del “NO” en niños: Aprende cómo manejar su resistencia

La etapa del “no” en niños: Cuando parece que la única respuesta que tu hijo sabe dar es siempre“no”. 

Mi hijo solo dice “no” y se niega sistemáticamente a realizar cualquier cosa que le dices. Se opone continuamente a todo, y parece que la única voluntad es desobedecer y terminar saliéndose con la suya ¿Qué le ocurre? Las rabietas se suceden a todas horas, en la comida, a la hora de vestirse, lavarse los dientes, recoger, irse a la cama, etc… ¡A veces puede decir que “no” hasta a cosas que le gustan! ¿Por qué mi hijo se ha vuelto tan cabezota? ¿Cómo debo actuar?

Edad del “no” en niños ¿Cómo superarla?

La fase del “no” suele darse en los niños y niñas entre las edades de 2 y 4 años. Muchas veces, esta fase de negación pone a prueba la paciencia de los padres más comprensivos. Si lo que antes tu hijo o hija hacía de buena gana y con una sonrisa en la cara, ahora supone berrinches y peleas; no desesperes. Las negativas constantes de tu pequeño son una fase fundamental de su maduración y desarrollo evolutivo. Su negativa se debe a que ha comenzado a tener conciencia de sí mismo como ser individual. Está aprendiendo a ser “independiente” y, cree que para reafirmarse, debe oponerse a todo lo que tu le digas.

Para que esta etapa del “no” siga su curso natural y desaparezca con el tiempo, es fundamental que comprendas a qué se debe y conozcas algunas estrategias que te ayudarán a encontrar el equilibrio. Aprende a actuar con astucia para lograr que tu  pequeño no pueda negarse a aquello que le pides.

¿Tu hijo te lleva la contraria por sistema? En este artículo Cristina Martínez de Toda, neuropsicóloga, te descubre una serie de consejos. ¡Aprende a manejar mejor la resistencia de tu pequeño!

Etapa del “NO” En niños ¿En qué consiste?

Sencillamente, tu hijo responde ¡no! porque puede. A determinada edad, en torno a los dos años o dos años y medio, los niños descubren que tienen voluntad, y su máxima es ejercerla.

Como padre, es probable que te quedes a cuadros la primera vez que tu hijo te desafía, puesto que esta conducta tiene una aparición brusca y sin motivo aparente. De repente, sin venir a cuento, tu hijo te suelta un ¡no! que te quedas mudo.

Lo bueno que tiene esta etapa es que tan pronto como llega puede irse, dando lugar a otro tipo de respuestas ya no tan rotundas como “no sé” “a lo mejor” o “puede”.

¿Por qué mi hijo me contesta a todo que no?

A partir de los 18 meses, tu hijo está aprendiendo a pensar. Esta etapa es fundamental en su desarrollo intelectual. Y aunque a esta corta edad ya tiene opiniones y voluntad propia, todavía carece de la facultad de razonar. Es tan simple como esto: Su cerebro todavía no ha desarrollado la capacidad de razonamiento de la que disponemos los adultos.

Entendiendo esta realidad, interiorizarás que tu niño no te está retando, sencillamente ejerce su voluntad sin ser consciente de cómo sus decisiones afectan a los demás. Todos los niños y niñas pasan por una etapa egocéntrica en la que priman sus sentimientos. Durante esta fase, los pequeños son incapaces de ceder.

De la misma manera de que no son conscientes de tu frustración ante su actitud, tampoco lo son ante el peligro de sus decisiones.

Tu pequeño madura, y está empezando a tomar conciencia de si mismo, comienza a sentirse autónomo y le gusta ser independiente. Esta adquisición de la capacidad de autoafirmación es, en definitiva, una búsqueda de poder. Comprender que tu hijo no te está desafiando, sino que está buscando formas de obtener el poder y salirse con la suya en sus deseos y actos, te ayudará a manejar de una manera más eficaz su resistencia.

Aprende a manejar su resistencia

Tienes que tener presente que esta etapa del “no”, forma parte del desarrollo evolutivo de tu peque, es sana y natural. Sin ella no podrían llegar a desarrollar su independencia. La clave está en armarse de paciencia y contar con alguna estrategia que pueda ayudarnos a manejar esta “edad del no”.

Para que que el pequeño supere esta fase de manera natural, es imprescindible que en casa existan unas normas y rutinas inquebrantables en las que no se va a tolerar un “¡no!”. Que las negativas formen parte de su desarrollo, no quiere decir que debamos excusar sus conductas. Tus límites evitarán que su “egocentrismo” se termine transformando en egoísmo y su “autoafirmación” en puro autoritarismo. Tal vez, te convenga conocer qué es el Síndrome del emperador, y cómo evitar criar a un pequeño tirano en tu propia casa.

Debe existir un equilibrio entre el poder de decisión que le ofreces y las normas inquebrantables que le impones. Porque, solo así podrá convertirse en un adulto feliz, autónomo y respetuoso. Toma nota de los siguientes consejos:

¿Qué puedo hacer? 8 Consejos para aprender a manejar la resistencia de tu pequeño

Consejo 1: Deja que exprese su rabia

Lo principal es que tú mantengas una situación serena, aunque es mucho más fácil decirlo que hacerlo. Explícale su emoción y por qué se siente así; haz que vea que comprendes que llora desangeladamente porque no le has comprado un paquete de cromos. Entiende su rabia, pero de la manera más calmada posible le explicas que no se lo vas a comprar, por el motivo que sea.

Consejo 2: Vigila el uso de tus “noes”

Muchas veces los papás utilizamos el “no” sistemáticamente sin pararnos a pensar si es razonable lo que nuestro hijo nos está pidiendo. En algunas situaciones deberíamos replantearnos si nuestra negativa realmente le está protegiendo de un peligro, o es un acto reflejo. Quizás hace medio año ni se te ocurría dejarle tirarse solo por el tobogán. Pero, ¿y ahora? Tu hijo crece, y sus peticiones van a ir acordes a su crecimiento a medida que madure. Es bueno y necesario que aprenda y quiera hacer cosas él solo, por lo que quizá ese “no” podríamos cambiarlo por un “sí, pero papá/mamá va contigo para ayudarte si lo necesitas”.

Consejo 3: Permite el “no”

Nuestros hijos tienen derecho a decir no. Es más, deben aprender a decirlo y utilizarlo con responsabilidad si no queremos criar a un adulto sumiso y doblegado. La mejor forma de manejarlo es hacerle ver que comprendemos y respetamos su negativa, pero en este momento no podemos atender a su petición.

Decirle algo como “Entiendo que estás cansado del entrenamiento de fútbol, porque has corrido mucho. Pero ahora es el momento de bañarte. Más tarde podrás ver los dibujos

De esta manera tu peque se sentirá escuchado y comprendido, pero le muestras que la autoridad la tienes tú. Un niño que se siente respetado, respeta. Un niño que se siente escuchado, escucha.

Un niño que se siente escuchado, escucha

Consejo 4: Reorienta su conducta

En vez de pedirle tantas veces que deje de hacer algo, podemos empezar a pedirle que haga algo. Por ejemplo: “No veas tan cerca la televisión”, podemos reorientarlo a un “¿Por qué no te vienes a sentar aquí conmigo?” Lo primero es una orden, y tu hijo puede que reaccione tratando de autoafirmarse.  Lo segundo, al ser una orden encubierta disfrazada de sugerencia, no tiene una connotación tan negativa con la que tu hijo quiera rebelarse.

Consejo 5. Presta atención a sus “Sí”

Podemos reforzarles positivamente conductas diciendo por ejemplo “Cómo me gusta cuando dices sí ” Procura que estos refuerzos sean verbales o gestuales, como una sonrisa, un beso o un abrazo, y nunca materiales. Si premiamos las conductas en vez de reforzarlas, el niño puede perder de vista el objetivo primordial por la recompensa.

Elogia su conducta y tu hijo irá aprendiendo a sustituir “noes” por “síes” paulatinamente.

Consejo 6: Enséñale otras formas de responder

Uno de los motivos por los que tu peque puede decir “no” es porque todavía no conoce muchas palabras. Puedes ayudarle a mejorar su vocabulario, con juegos del tipo: Dime qué palabra puede estar entre el no y el sí. (Puede, quizás, a lo mejor…) Empléalas tú todas las veces que puedas cuando hablas con tu hijo. Recuerda que nuestros peques hacen lo que ven y nosotros somos su ejemplo de modelo. Además, enséñale a que el “no”, puede ser educado: “Lo siento pero no” “No, muchas gracias…”

Consejo 7: Ofrécele opciones para que pueda elegir

Con dos elecciones a esta edad será suficiente, y tu peque podrá desarrollar su capacidad de autoafirmación sin llevarte a ti a un ataque de nervios. Si siempre tenéis una trifulca a la hora de que se ponga el abrigo para ir a jugar al parque, prueba a decirle “¿Qué prefieres ponerte, el abrigo rojo o el azul con capucha?” De esta manera estás dejando claro de una manera asertiva que no existe la posibilidad de ir sin abrigo, sin embargo le permites a él la opción de elegir cuál de los dos prefiere.

Contar a veces funciona con los peques indecisos, como “Voy a contar hasta diez y entonces tendrás que haber elegido o elegiré yo por tí”. Lo más probable es que tu hijo te conteste en cuanto empiece la cuenta atrás.

De todos modos, procura no utilizarlo muy a menudo o corres el riesgo de que este truco pierda efectividad.

Consejo 8: Mantente firme y no pierdas la calma

Seguro que a pesar de tus titánicos esfuerzos, más de una vez no puedas evitar la rabieta de tu niño. Si esto ocurre, nunca cedas a su petición. Ten presente que un niño pequeño tiene voluntad pero no puede estar siempre ejerciéndola. De lo contrario, corremos el riesgo de criar a un pequeño delincuente en casa. Te animo a que eches un vistazo a mi artículo: El Síndrome del Emperador: Consejos para criar a un pequeño delincuente en casa.

Mantente firme y no pierdas la calma

Y ante todo interioriza el flaco favor que le haces a tu peque permitiéndole todo.

“Es demasiado confuso para un niño pequeño tener siempre la última palabra…”

 

 

¿Tu hijo no quiere comer? Qué es la neofobia alimentaria y 8 consejos para superarla

“Mamá eso no me gusta” “No quiero probarlo” “Me da asco” “Puajj no me lo pienso comer…” Cuando las pataletas y berrinches son el pan nuestro de cada día, algunos papás sentimos miedo de la posible desnutrición y podemos llegar a ceder a sus caprichos: “Por lo menos que coma algo…”

¿Te suenan estas situaciones? ¿Tu pequeño no quiere comer? En este artículo Cristina Martínez de Toda, psicóloga, te desvela qué es la neofobia alimentaria y propone una serie de consejos para enseñar a tu hijo a comer de todo. Superar esta fase es más fácil si sabes cómo ¡Desarrolla su gusto por la comida de forma sana y enriquecedora!

Neofobia alimentaria: Mi hijo no quiere comer

¿Qué es la Neofobia Alimentaria? Mi hijo no quiere comer

La neofobia alimentaria se puede definir como el rechazo a probar nuevos alimentos.

La neofobia se conoce también como la “paradoja del omnívoro” porque aunque los seres humanos necesitamos una dieta variada, somos capaces de restringirnos muchos alimentos al considerarlos una “amenaza” para nosotros. ¿Por qué ocurre esto? Porque se trata ni más ni menos de una cuestión evolutiva.

Los seres humanos desarrollamos en su momento un mecanismo de supervivencia, que nos disuadía de comer alimentos nuevos en edades tempranas por miedo a que resultaran tóxicos. Las papilas gustativas se “cierran” cuando comenzamos a andar. De ahí que nos volvamos más recelosos con la comida.

Cuando tu hijo se niega a probar algún alimento, no es que sea raro, es que sencillamente está respondiendo a su instinto.

Todos tenemos o hemos padecido neofobia a lo largo de nuestra vida, así que lo más sencillo es normalizarlo. Es habitual que no te guste algo dentro de un grupo de alimentos, por ejemplo que no te guste la manzana en concreto pero si la fruta. El problema ocurre cuando no nos gusta “ninguna fruta”. La clave en estos casos es tener paciencia.

El periodo de aparición de la neofobia suele ser alrededor de los dos años,  y se puede alargar hasta los 5-7 años. Esto desconcierta a padres que veían como sus hijos hasta entonces se comían lo que les ponían en el plato. A los dos años es cuando el niño empieza a desarrollar su identidad, y el “no” se convierte es su arma favorita como muestra de opinión propia.

Ante ese “no” en las comidas; enfadarnos, amenazarles o castigarles sólo nos provocará dolor de cabeza y tensiones en torno a la mesa, comprender que esto se trata de una etapa, y tarde o temprano pasará, resulta esencial para no forzar al niño a comer, y será muy positivo en su salud, más allá de la alimentación.

La neofobia, además, es generalizada a dos grupos de alimentos identificados por los humanos como “sospechosos”, la verdura y la fruta, siendo los colores que más rechazo nos producen el verde y el rojo.

Esto tiene una explicación científica, y es que hasta los 2-3 años no se produce la aceptación total de los sabores amargo y salado. Las papilas gustativas no están totalmente desarrolladas, y por ello cualquier alimento que se salga de su umbral de sabores aceptados lo rechazarán. Por el contrario, con alimentos dulces es muy raro que se produzca neofobia. Es por ello que la mayoría de alimentos preparados para niños contengan altas dosis de azúcar.

Así pues, en vez de enfocar las comidas como una lucha a brazo partido con nuestros hijos, es más inteligente mantener el mantra mental de “es sólo una etapa”. Eso sí, siempre y cuando no llegue a hacer asociaciones negativas de los alimentos y situaciones.

¿Qué responsabilidad tengo como padre en la neofobia de mi hijo?

Estudios demuestran que la neofobia alimentaria tiene un alto componente genético. Esto quiere decir que lo más probable es que uno o los dos progenitores presentasen en su infancia una neofobia parecida.

Por otro lado, la actitud que mostremos los padres ante los diferentes alimentos, influye de manera importante en las preferencias de los niños. La imitación, como en muchos otros factores educacionales, hará que los niños tiendan a imitar lo que ven.

Los padres debemos ser ejemplo de conductas en todos los niveles.

Por otro lado, resulta sumamente difícil incluir alimentos a partir de los dos años, en los que el niño no haya tenido previamente contacto vía intrauterina, o experiencia gustativa a partir de la leche materna.

Estos datos sugieren que las madres que llevan una dieta monótona o pobre durante el embarazo y la lactancia, pueden predisponer a sus hijos a una neofobia.

¿Cómo consigo que supere esta etapa sin que muestre rechazos por la comida en la edad adulta? A continuación te propongo una serie de consejos avalados por los psicólogos más competentes en esta área, para ayudarte en esta fase.

Mi hijo no quiere comer ¿Qué hago? 8 Consejos para superar la Neofobia Alimentaria

“La paciencia es el punto de referencia”

Consejo 1: Comer en familia

En casos de neofobia alimentaria se hace vital reforzar el aprendizaje por imitación. Si por horarios os resulta imposible desayunar, comer y cenar con vuestro hijo, intentad tener por lo menos una comida al día con él. Tenemos que crear en esa comida un ambiente de armonía, sin prisas. Tenéis que comer el alimento rechazado en familia, con naturalidad, pero sin obligar al pequeño a que lo coma.

Consejo 2: Continuidad en la presentación de la comida

Es necesario ofrecer un nuevo plato 9-10 veces antes de que un niño se atreva a probarlo, pero habitualmente los padres desistimos en 4-5 exposiciones, y lo damos por imposible.

Los estudios demuestran que los niños presentan mayor aceptación a una comida nueva tras dos o tres semanas de exposición paciente y continuada.

Esto lo podemos hacer de manera gradual, empezando por dejar la comida a la vista del niño pero sin ofrecérsela. Es importante hacerlo de manera continuada, sin prisa pero sin pausa.

Consejo 3: La comida que no le gusta, en el primer plato

El niño es cuando más hambriento está, de manera que hay más probabilidades de que lo consuma. Preséntalo junto a una comida que le guste. El aspecto de la comida, el olor y el gusto son factores clave a la hora de atrevernos a probar un plato. Currárselo un poco y hacer una presentación atractiva y divertida puede ser muy positivo.

La presentación puede ayudarte

Consejo 4: Los alimentos nuevos, de uno en uno

No le pongas para comer varias cosas que no conoce o rechaza porque el “no” que te va a decir lo van a oír hasta los vecinos. Es importante que ante un nuevo alimento el niño no se vea abrumado, de manera que lo presentaremos en pocas cantidades, de uno en uno, y de forma continuada.

Consejo 5: No le fuerces

Ante la coacción o el miedo a un castigo, es más probable que el niño aborrezca esa comida. Cuanto menor es la presión parental ejercida, mayor es la cantidad que el niño ingiere.

El niño también percibe la frustración que nos genera a nosotros que rechace la comida, por lo que puede asociar negativamente ese alimento con nuestro malestar, de manera que en las próximas comidas lo rechace más fervientemente.

Consejo 6: No negocies

No vale el típico “Si te comes las espinacas, tendrás helado de postre” al contrario, puede ser contraproducente. El niño se planteará que muy mal tiene que saber el plato para que le recompensen por comerlo

Refuérzale positivamente, elógiale por su valentía y lo bien que ha comido, pero nunca por la cantidad. Destierra los premios y las recompensas.

Consejo 7: Evita los comentarios negativos

“Mira qué bien come tu hermano…” “  Ni te molestes en servirle…no lo va a probar”

“Mi hijo es que no prueba la fruta…”

Todo lo que decimos y la manera en que la decimos afecta a la autoimagen de nuestro hijo. A través del Efecto Pigmalión, podemos mejorar los mensajes que les transmitimos.

Consejo 8: Contágiale el amor por la comida

Una buena manera de conseguir que los niños valoren y aprecien en la comida es ponerlos en contactos con el proceso que lleva ese alimento hasta que llega al plato (que sepan de donde viene, como se cocina, etc…) hasta que llega a la mesa.

Podéis ir a coger fruta de temporada con el niño, de una manera divertida y que él participe activamente.

Si rechaza la verdura, podéis jugar a plantar guisantes en un bote de yogur, de esta manera, el niño desarrollará progresivamente una actitud positiva ante las verduras.

Contágiale el amor por la comida

Otra buena forma es que os acompañe a hacer la compra, incluso permitiéndole elegir qué alimento comprar siempre dentro del mismo grupo de alimentos. Por ejemplo ¿Qué prefieres, manzana o pera? No sirve en este caso ¿manzana o yogur?

Una tarde libre cocinad algún plato que no le guste de una manera original y divertida. Será más probable que una vez puesto en la mesa se atreva a probarlo.

“Hacerle partícipe de la comida y el proceso que conlleva será un concepto clave para que desarrolle con naturalidad una relación positiva con la comida, y un deseo por la alimentación sana y variada”

Motivación intrínseca: La motivación que aparece cuando hacemos algo que disfrutamos

¿Qué nos impulsa a pintar un cuadro o a apuntarnos a clases de baile? ¿Qué conduce a algunas personas a dejarse la vida en un asunto que no les aporta ningún beneficio económico? ¿Y qué nos proporciona la energía suficiente para luchar por alcanzar nuestras metas? La responsable de estas acciones en numerosos casos es la motivación intrínseca. En este artículo te hablaremos sobre la fuerza que nos ayuda a no rendirnos a la hora de satisfacer nuestras necesidades de crecimiento personal.

Motivacion intrinseca

¿Qué es la motivación intrínseca?

La motivación es un proceso psicológico que nos mueve a actuar de una forma determinada. Podemos estar motivados para presentarnos a un concurso, echar la siesta o huir de una amenaza. La motivación nos ayuda a adaptarnos al mundo y a afrontar las diferentes demandas de cada situación.

Las causas que dan lugar a los procesos motivacionales varían notablemente de unas personas a otras. Incluso difieren en nosotros mismos dependiendo de las circunstancias. En función de cuáles sean las razones que nos inviten a llevar a cabo una actividad, podemos distinguir entre la motivación intrínseca y la extrínseca.

La motivación intrínseca se origina en nuestro interior cuando estamos realmente interesados en comportarnos de cierta forma sin buscar una recompensa. Un ejemplo de motivación intrínseca es ser voluntario en una ONG aunque el tiempo que se dedique a esta actividad no sea remunerado y no reporte ningún beneficio además de la satisfacción personal.

En cambio, la motivación extrínseca es ocasionada por las recompensas externas (o por la evitación de castigos). Una demostración son los esfuerzos de una persona por obtener un aumento de sueldo. Existen varias diferencias entre la motivación intrínseca y la extrínseca, pero la principal son las expectativas de recibir recompensas o castigos.

La misma tarea puede ser motivada por razones extrínsecas o intrínsecas. Por ejemplo, algunas personas van al gimnasio para obtener un premio como adelgazar. En cambio, para otras su fin es el deporte en sí mismo.

En este artículo nos centraremos en la motivación intrínseca. Descubre aquí sus aspectos esenciales y cómo incrementarla.

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Motivación intrínseca: Características

  • Podemos influir en nuestra motivación intrínseca: En ocasiones cuesta descubrir cuáles son los retos que nos permiten dar lo mejor de nosotros mismos. No obstante, siempre estaremos a tiempo para encontrar actividades que despierten nuestra curiosidad y también podemos cambiar el enfoque con el que contemplamos nuestra rutina.
  • Los premios pueden provocar que la motivación intrínseca desaparezca: Se ha demostrado en diversos experimentos y en diferentes culturas que remunerar económicamente ciertas tareas disminuye el rendimiento de las personas. ¡¿Cómo es esto posible?! Según la teoría de la sobrejustificación, el interés por una labor decrece si nos premian extrínsecamente. Por ejemplo, si nos gusta dibujar y nos pagan por trabajar como ilustradores, es probable que pasemos de crear nuestras obras con pasión a pensar que son una obligación.
  • También existen recompensas que fomentan la motivación intrínseca: A pesar de lo que hemos comentado en la característica anterior, gratificaciones como las muestras de apoyo o el reconocimiento de la gente que nos importa pueden incrementar nuestras ganas de seguir dedicándonos a las labores que nos motivan. Los premios materiales y esperados son los que más nos dificultan continuar desarrollando nuestras habilidades y dedicándonos a tareas que nos entusiasman.
  • El grado de dificultad de la tarea repercute en la motivación intrínseca: Los retos nos invitan a ser perseverantes y a desarrollar al máximo nuestras habilidades. Sin embargo, también necesitamos creer que podemos superar los desafíos que se nos presentan. Por otra parte, las actividades demasiado fáciles directamente no llaman nuestra atención y tampoco nos interesan. Cuando encontramos el equilibrio perfecto y disfrutamos plenamente de una tarea, entramos en estado de flow, como afirma Csikszentmihalyi (hablaremos más sobre él en el último apartado).

Motivación intrínseca: Aplicaciones y ejemplos

Motivación intrínseca en el aula

Nuestra educación comprende numerosas materias que nos pueden resultar aburridas o que directamente nos desagraden. Por otra parte, incluso cuando nos dedicamos a lo que nos motiva se nos presentan obstáculos. ¿Qué podemos hacer para no abandonar?

En primer lugar, es esencial reforzar la conducta de estudiar de los niños en lugar de otorgar premios por acciones como hacer los deberes. Amenazar con castigos tampoco es un buen método. Lo elemental es tratar de lograr que aprender sea una actividad satisfactoria por sí misma y no un mero medio. La motivación es vital en el proceso de aprendizaje.

Es más sencillo aprender significativamente si valoramos los conocimientos, fomentamos la curiosidad, adoptamos buenos hábitos de estudio, conectamos los contenidos que estudiamos con nuestra vida cotidiana y descubrimos sus utilidades prácticas, etc.

Motivación intrínseca en el trabajo

La motivación intrínseca es una de las claves del éxito en el área laboral. Todos conocemos la sensación de mirar continuamente el reloj para que se acabe una actividad que nos disgusta y poder dedicarnos a actividades más divertidas. Sin embargo, también sabemos que así no solemos obtener resultados satisfactorios. Estas circunstancias nos conducen a sentirnos incluso más desganados para seguir trabajando.

No es tan sencillo ocupar el puesto de nuestros sueños. Sin embargo, existen maneras de estar más motivados en nuestra vida laboral; como tomarse los descansos adecuados, mantener buenas relaciones con los  compañeros, no estancarse en la rutina y buscar nuevas formas de realizar las funciones, etc.

Por otra parte, dedicarse a actividades altruistas dentro de la organización puede incrementar la motivación de los trabajadores. La responsabilidad social corporativa en las empresas genera beneficios para los destinatarios de la ayuda y también para los que la ofrecen.

Existen otras técnicas que utilizan las empresas para incrementar la motivación de sus empleados; como darles la oportunidad de desarrollar proyectos personales cada cierto tiempo, financiar su educación o reconocer sus méritos. Resultan notablemente útiles para que los trabajadores lleguen sonriendo al trabajo y se esfuercen en lugar de contar los minutos para escaparse.

Motivación intrínseca en la vida cotidiana

Existen numerosas situaciones en nuestro día a día que cumpliremos infinitamente mejor si estamos intrínsecamente motivados. Por ejemplo, nos dedicaremos con más cariño a cocinar si nos gusta que si únicamente deseamos alimentarnos y nos conformamos con precocinados.

Las relaciones personales también tienen un papel fundamental en nuestra motivación intrínseca. Crear vínculos con otras personas nos motiva en incontables ocasiones para involucrarnos en diversas actividades. Disfrutar con amigos viendo películas o asistiendo a exposiciones artísticas son poderosos motivos para que emerjan de nosotros las ganas de ir al cine o a museos.

Motivación intrínseca: Beneficios

  • Aumenta nuestra productividad: La motivación intrínseca favorece que realicemos asociaciones de ideas más originales y la resolución de problemas creativa. Asimismo, permite que nos cansemos menos trabajando y mantengamos una actitud más positiva hacia nuestras tareas.
  • Incrementa nuestro bienestar: Saber cuáles son las actividades que nos hacen más felices y dedicar un tiempo a ellas es una fuente inagotable de satisfacción personal y profesional.
  • Eleva nuestra autoestima y nuestra autoeficacia: El esfuerzo que invertimos en las tareas que nos motivan suele ser reforzado por grandes progresos que nos hacen sentir más competentes y satisfechos. ¿A quién no le agrada y le enorgullece observar sus avances en una actividad que le encanta?
  • Nos invita a ser más autónomos: La motivación intrínseca nos impulsa a desarrollar nuestros conocimientos en el área que nos interesa, a trabajar en una tarea sin que nadie nos lo pida y a tomar iniciativas que nos permitan continuar prosperando.
  • Es más duradera que la motivación extrínseca: En numerosas ocasiones, cuando obtenemos una recompensa dejamos de intentar alcanzar la meta que perseguíamos. Por ejemplo, si nuestro objetivo era simplemente aprobar Biología y sacamos un cinco en la calificación final, es bastante probable que nos olvidemos de esa asignatura nada más conocer nuestra nota. Sin embargo, si nos apasiona esta materia, seguiremos intentando saber todo lo que podamos sobre ella aunque no tengamos más exámenes.

Por cierto, a pesar de lo positiva que es la motivación intrínseca, la extrínseca también es necesaria. Por ejemplo, no se puede dejar de pagar a los empleados de una empresa por si disminuye su rendimiento.

Es posible combinar ambos tipos de motivación. De hecho, podemos comenzar a llevar a cabo una actividad, como ir a clase de yoga para relajarnos y acabar yendo porque nos encanta. Lo relevante es no situar las recompensas externas como nuestra meta principal.

¿Cómo desarrollar la motivación intrínseca? 5 consejos fundamentales

1. Evita la rutina

La sensación de monotonía nos provoca cansancio y aburrimiento. Por ejemplo, si te encanta ir a correr por las mañanas para despejarte, puedes probar a variar tu ruta y divertirte descubriendo nuevas alternativas. Los desafíos nos motivan para implicarnos en actividades que nos apasionan.

2. Adopta una actitud positiva

Es esencial centrarse en el proceso sin presionarse por alcanzar resultados excelentes. Confiar en nosotros mismos y valorarnos positivamente es fundamental para nuestro bienestar.  Además, es importante que no olvidemos que el fin de las tareas que realizamos impulsados por la motivación intrínseca es disfrutarlas sin presiones ni pensamientos negativos.

3. No seas demasiado exigente contigo mismo

Ponernos metas inalcanzables o juzgar negativamente nuestros resultados es contraproducente para la motivación intrínseca. Es necesario que seamos críticos con nosotros mismos. También es preciso que nos autoevaluemos de forma realista. Sin embargo, es preferible que nos centremos en qué podemos mejorar y pensemos en actividades concretas para progresar en lugar de pensar únicamente en nuestros fallos y condenarnos por ellos.

4. Premia tus progresos

Aunque hemos comentado que la motivación intrínseca no estriba en las recompensas, reconocer nuestros méritos y elogiarnos a nosotros mismos por nuestros avances es esencial. Incluso podemos concedernos pequeños caprichos o descansos por el trabajo bien hecho.

5. Conecta con personas con inquietudes similares a las tuyas

Si nos encanta bailar y además pertenecemos un grupo de amigos que disfruta ensayando nuevas coreografías, nuestro interés crecerá. Es importante que podamos compartir nuestras experiencias con gente que tenga las mismas aficiones que nosotros. Afortunadamente, hoy en día es sencillo encontrar un grupo de aficionados a cualquier actividad que se nos pueda ocurrir.

Motivación intrínseca: Autores

– Abraham Maslow

Maslow es uno de los teóricos más relevantes de la motivación. Este psicólogo humanista es especialmente conocido por haber creado la pirámide de Maslow, que jerarquiza las necesidades humanas. La motivación intrínseca está especialmente ligada a la cima de la pirámide, basada en las necesidades de autorrealización. En ella nuestra existencia alcanza su máximo sentido y se desarrolla todo nuestro potencial.

– Albert Bandura

Este psicólogo creó la teoría de la autoeficacia, que mantiene que la opinión que tiene una persona sobre su ejecución en una tarea depende de sus expectativas de éxito, su perseverancia y cuánto se dedique a ella. Por ejemplo, si vemos que tras esforzarnos duramente mejoramos nuestro dominio del inglés, nos sentiremos más orgullosos y capaces de perfeccionar nuestros conocimientos del idioma.

– Eduard Deci y Richard Ryan

Ambos propusieron juntos la teoría de la autodeterminación, que plantea que nos implicamos en las actividades que nos interesan en vez de dedicarnos a las que no nos resultan interesantes. Esta teoría es especialmente relevante y aplicada en el campo del deporte. Necesitamos ser autónomos a la hora de tomar nuestras decisiones. Nuestros gustos son muy variados y cada uno actúa en función de sus preferencias.

– Mihaly Csikszentmihalyi

Este especialista en psicología positiva se dedica a investigar el estado de flujo o flow, que tiene lugar cuando nos concentramos en una tarea que no es demasiado fácil ni demasiado difícil para nosotros. En estas circunstancias perdemos la noción del tiempo centrando toda nuestra atención en ella. Un clásico ejemplo de este estado son los pintores absortos en sus obras cuando las están creando.

Csikszentmihalyi es un experto en creatividad. Ha entrevistado a numerosos especialistas destacados en sus campos para comprender mejor el estado de flow. En este vídeo nos explica parte de sus descubrimientos y la importancia de la motivación intrínseca en ellos.

Muchas gracias por leer este artículo. Te invitamos a comentar si deseas contarnos qué te motiva intrínsecamente o si tienes alguna duda.