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Cambio de hábitos ¿Cómo deshacernos de los hábitos negativos?

Todos tenemos, o hemos tenido algún hábito del que nos hemos querido deshacer. Comer a deshoras snacks insanos, fumar, pasar demasiado tiempo sentados, mordernos las uñas… A veces estos hábitos nos avergüenzan, pero por más que intentamos cambiarlos, parece que es el hábito el que nos controla a nosotros. ¿Cómo podemos deshacernos de estas conductas indeseadas? En este artículo hablamos del cambio de hábitos, cómo adquirir la motivación y como lograrlo.

Descubre en este artículo cómo deshacernos de los malos hábitos

¿Por qué adquirimos hábitos poco saludables?

Todos nuestros hábitos son aprendidos. A veces los aprendemos por imitación, otras veces porque nos aportan algo, como la reducción de la ansiedad, la distracción, huir de situaciones incómodas… Es necesario saber cómo se forman para poder cambiarlos.

Los hábitos forman un círculo vicioso compuesto de los 4 pasos.

1. Señal de recompensa

A veces los hábitos empiezan por casualidad, realizamos una acción y esta nos aporta algún tipo de refuerzo, como hemos dicho. Los refuerzos aumentan la probabilidad de que esa conducta se repita.

Se inicia con la aparición de un estímulo concreto que predice la recompensa. En la Antigüedad nos esas señales nos indicaban recompensas asociadas a comida, agua y sexo, proporcionándonos ayuda a la supervivencia. Nos pasamos la mayor parte del día buscando señales más asociadas a recompensas secundarias como dinero, fama, poder, aprobación de los demás, amor y amistad o la sensación de satisfacción personal.

Esas señales pueden ser momentos del día, objetos, personas, otras acciones…

2. Antojo

El segundo paso es el antojo, el deseo. Pero lo que se te antoja no es el hábito en sí mismo, sino el cambio que produce en tu estado, se te antoja ese refuerzo o recompensa. No se te antoja el cigarrillo, sino la sensación de alivio que te produce, no se te antoja lavarte los dientes, sino la sensación de limpieza. Todo antojo está asociado al deseo de cambiar algo en tu estado interno.

No todas las señales activan los antojos, y esto varía de persona a persona. Las señales no tienen ningún significado hasta que son interpretadas por el observador. Son los pensamientos y las emociones los que transforman una señal en un antojo.

3. Respuesta

El tercer paso es la respuesta, es decir, el hábito que realizas. Este puede ser una conducta o un pensamiento. Que ocurra o no la respuesta depende de lo motivado que estés y cuánta fricción este asociada a la conducta, es decir el coste de la conducta. También depende de tu habilidad.

Finalmente, la respuesta nos aporta una recompensa, y siempre está presente. A veces si analizamos nuestro hábito, no encontramos ninguna recompensa. Esto sucede porque llega un punto en el que se ha automatizado tanto que la hacemos sin la necesidad de conseguir aquello que motivó la conducta por primera vez, y puede ser simplemente la estimulación sensorial que nos aporta, la sensación de completitud, o simplemente alivia la ansiedad de ver el estímulo o señal y no realizar el hábito (alivia nuestro antojo).

Además, las recompensan nos enseñan qué conductas vale la pena recordar en el futuro. El cerebro es un detector de recompensas. Este monitoriza constantemente qué acciones satisfacen nuestros deseos y nos dan placer. Por tanto si una acción recibe una recompensa será más probable que se repita, cerrando el círculo del hábito. A esto, en psicología se le denomina condicionamiento operante.

Si una conducta es insuficiente en cualquiera de los 4 pasos, no se convertirá en hábito. Elimina la señal o estímulo y la conducta no empezará. Reduce el antojo y no habrá la suficiente motivación para actuar. Haz la conducta difícil y no podrás hacerla. Y si no hay recompensa que satisfaga ese antojo no encontrarás una razón para hacerla en el futuro.

Estos 4 pasos forman un bucle de retroalimentación neurológico, estímulo deseo, respuesta, recompensa, que nos permite crear hábitos automáticos.

Todas las conductas vienen motivadas por un deseo de resolver un problema. A veces este consiste en querer algo bueno, otras veces el problema es aliviar un dolor o un malestar. Por tanto, la función de todos los hábitos es resolver los problemas a los que nos enfrentamos.

Si queremos un cambio de hábitos es necesario intervenir en estos 4 pasos.

¿Por qué me cuesta cambiar mis hábitos?

¿Por qué nos cuesta cambiar de hábitos?

Los hábitos son respuestas aprendidas que se han hecho automáticas. No pasan por el filtro de la consciencia o el razonamiento. Además, el poder del refuerzo inmediato es muy fuerte. Como hemos dicho, la conducta se mantiene por refuerzo, pero es un refuerzo a corto plazo. Quizá a largo plazo te esté perjudicando, pero eso no va a influir en la conducta actual.

Habitualmente, cuando las personas intentan cambiar hábitos por sí solas, se alude a la llamada “fuerza de voluntad“. “Tengo que tener fuerza de voluntad” o “Es que me falta fuerza de voluntad”. Sin embargo, como explicamos en este artículo, la fuerza de voluntad no es suficiente.

Es cierto que algunas personas tienen más impulsividad que otras, y esa impulsividad nos dificulta “resistirnos a la tentación” de ese antojo. Sin embargo, la fuerza de voluntad pone todo el peso de la responsabilidad en la persona, cuando el factor ambiente juega un papel importantísimo. Sin el cambio en el ambiente, va a ser muy difícil cambiar el hábito.

A menudo, no tenemos éxito en el cambio de hábitos porque obviamos el papel que tiene nuestro entorno en el mantenimiento de esa conducta. Sin mayoría de expertos en psicología de la conducta están de acuerdo en que intervenir en el ambiente es esencial.

Motivación para el cambio de hábitos

Pregúntate lo siguiente:

  • ¿Cómo cambiaría mi vida si no tuviera este hábito?
  • ¿Qué ganaría?
  • ¿Por qué es importante para mi?
  • ¿Qué resistencias encuentro? ¿Qué me impide instaurar este hábito?

Es importante que antes de querer cambiar algo de nosotros mismos, primero nos aceptemos tal y como somos. Ser amables con nosotros mismos y querernos con nuestras virtudes y defectos. Esto no es tarea fácil, pero si primero nos aceptamos, tendremos un deseo genuino de querer mejorar, cambiaremos desde el amor hacia nosotros, de querer lo mejor para nosotros, y será más fácil tener éxito. De otro modo, querremos cambiar para evitar el sufrimiento que nos provoca vernos así. Vamos a querer cambiar desde la lucha contra nosotros mismos, desde el desagrado o incluso desde el odio. Porque queremos ser una persona diferente a cómo somos. Y lo cierto es que aunque tener hábitos saludables nos ayuda a querernos y a estar orgullosos de nosotros, siempre vamos a encontrar nuevos motivos para no hacerlo. Por ello la auto-compasión es fundamental para el cambio de hábitos.

Ejemplos de hábitos saludables

Aquí tienes unos ejemplos de hábitos saludables que puedes intentar:

  • Dormir 7-8 horas al día (Irme a la cama antes)
  • No comer de forma poco saludable (ultraprocesados, fritos, productos azucarados, precocinados)
  • Hacer actividad física
  • Tener relaciones sociales regulares
  • No beber alcohol
  • No fumar

En este artículo te damos consejos para dejar de fumar.

Consejos para el cambio de hábitos

Cambiar nuestros hábitos no es tarea sencilla, y aunque aquí te damos algunas pautas generales, si crees que esos hábitos interfieren en tu vida diaria y te están perjudicando gravemente, no dudes en pedir ayuda profesional.

En el siguiente vídeo Elsa Punset nos cuenta algunos consejos para librarnos de los malos hábitos.

1. Identifica los hábitos que quieres cambiar

Toma consciencia de esos hábitos poco saludables para ti. Pero no te “machaques” por ellos. Se amable contigo mismo, y trátate como si trataras a tu mejor amigo. Esos hábitos no te hacen ser “una mierda”, “un inútil”, “un fracasado”. Todos tenemos hábitos que nos gustan más o menos, y el entorno nos facilita que eso sea así. Sin embargo, no estamos completamente a merced de nuestros hábitos y tenemos el poder de cambiarlos.

Haz una lista de esos hábitos y ordénalos de mayor a menor importancia o urgencia para cambiar. Y empieza por el primero. Intentar cambiar varios hábitos a la vez disminuye la probabilidad de conseguirlo.

2. Analiza la función del hábito

En otras palabras, ¿para qué te sirve? ¿Buscas alivio emocional con la comida o la bebida? ¿Reducción del estrés? ¿Aceptación social? ¿Qué situaciones desencadenan el hábito? Para ello puedes llevar una libreta y apuntar el hábito cada vez que aparezca.

3. Elige algo que reemplace al hábito

Crea un plan para cuando te enfrentes al estímulo. ¿Qué harás en los momentos en los que antes realizabas el hábito? Cuando te encuentres ante la nevera sin tener hambre, o en los momentos en los que te fumabas un cigarro, puedes crear una rutina de respiración o relajación, o puedes tomar una pieza de fruta, un vaso de agua… Elabora un plan de acción de acuerdo al hábito que quieres eliminar, sustituyéndolo por un hábito saludable.

También puede ayudarte el recordarte por qué no deberías continuar con ese hábito. Puedes escribir algunas tarjetas con razones y llevarlas en tu bolsillo, pegarlas en la nevera…

4. Modifica tu ambiente

Eliminar los estímulos que te llevan a realizar el hábito es esencial. Por ejemplo, para dejar de fumar es importante deshacerse de los cigarrillos y ceniceros, para dejar de comer poco saludable es fundamental no comprar comida insana y no tenerla en casa. Para dejar de morderse las uñas es importante llevar a mano una lima y cortaúñas para poder eliminar todos aquellos pellejitos e imperfecciones que puedan llevar al hábito.

Intenta eliminar o modificar las situaciones que te llevan a hábito, aunque esto no tiene por qué ser para siempre, solo hasta que te sientas más seguro en tu nuevo hábito. A veces son personas concretas. Mira quiénes son esas personas, ¿te inspiran o te hunden?

Descubre en este artículos más consejos para dejar de morderse las uñas.

5. Visualiza tu cambio de hábitos

Pasa algo de tiempo visualizándote en tu nuevo hábito. Imagínate a ti mismo haciendo ejercicio y disfrutando, comiendo de forma saludable, sintiéndote con energía… Esto, nos ayuda a motivarnos, pero también crea conexiones cerebrales facilitándonos que consigamos nuestro objetivo. Y es que tanto el imaginar como el hacer activan las mismas zonas cerebrales.

6. Analiza tu lenguaje interno

Nuestro diálogo interno negativo juega un papel fundamental en que no consigamos nuestro objetivo. Pensamientos de inseguridad como “no voy a conseguirlo”, “esto es demasiado difícil”, “no tengo remedio”, hacen que nos rindamos, minan nuestra confianza y son una excusa para dejar de intentarlo. Por ello frases como: “Es difícil pero puedo conseguirlo”, “Sólo le hecho de intentarlo es un gran paso”.

Otras frases como: “de algo hay que morir”, “la vida son dos días”, “hemos venido a disfrutar”, pueden parecer inofensivas, pero lo cierto es que también son excusas que enmascaran el miedo al fracaso. También promueven una visión hedonista de la vida, es decir, yo me voy a mover por las recompensas inmediatas, sin pensar en mi futuro. Quizá es más beneficioso para nuestra salud cuidarnos hoy para tener más calidad de vida durante más tiempo.

Otros pensamientos habituales que nos dificultan el cambio de hábitos son:

  • Creencias de necesidad: “Necesito un cigarro/ chocolate… “, “Me muero por X”. Lo cierto es que lo único que necesitamos en este momento para vivir es respirar. Hablar en términos de necesidad le da un peso a ese hábito que realmente no tiene. Por ello debemos aprender a modificar nuestro lenguaje y sustituirlo por “Me apetece”, “Me gustaría”.
  • Conductas motivadas por la emoción: “No me apetece X”. En este caso supeditamos nuestras acciones al estado de ánimo que tenemos en ese momento, y decimos “No hago X, porque estoy cansado/no estoy de humor”. Pero lo cierto es que a lo largo del día hacemos muchas cosas que no nos apetecen, como ir a comprar, ir a trabajar… Por lo tanto no es esa la causa de no hacerlo, sino que es porque no estamos lo suficiente motivados. Por ello, debemos cambiar nuestro lenguaje y decir en su lugar: “Estoy cansado y no hago X”

7. Ve poco a poco

Algunas personas son capaces de hacer un cambio de hábitos de la noche a la mañana. Esto depende también de las circunstancias y de lo automatizado que esté el hábito, de los niveles de impulsividad de la persona. Pero en la mayoría de ocasiones es necesario y aconsejable ir poco a poco. Establece pequeños objetivos, más fácilmente alcanzables.

8. Se flexible

A veces la vida se nos pone en el camino, tenemos muchas obligaciones y no podemos dar el 100%. No te machaques por faltar 1 día al gimnasio o por no haber podido correr los 45 minutos que te propusiste. Lo importante es seguir intentándolo y no ver las cosas blancas o negras. A veces pensamos: “ya me he comido el trozo de chocolate que no debía. Ya no tiene sentido. Dejo la dieta.” Seamos un poco indulgentes, y no tiremos por tierra todo lo que hemos conseguido sólo por un desliz.

Además, es normal no tener éxito a la primera. El cambio de hábitos no es sencillo, requiere de paciencia y práctica, pero no es imposible.

9. Se consciente de tus logros

Puede ayudarte al cambio de hábitos también llevar un diario donde escribas tus progresos, tus dificultades, lo que te ayuda y lo que no. De esta manera podrás hacer pequeñas modificaciones de rumbo y ser consciente de todo el camino andado.

10. Felicítate y muestra auto-compasión

Al igual que el hábito que deseamos eliminar va seguido de una recompensa inmediata, es necesario que el nuevo hábito también lo sea. Evita que las recompensas sean cosas poco saludables, ya que estaremos reforzando otro hábito poco deseable. En su lugar felicítate: “Lo has conseguido”, “Muy bien”. Puede parecer una tontería pero muchas veces lo que nos decimos es: “Hoy eres un poco menos fracasado/inútil/mierda”, y esto no nos ayuda, porque nos juzga de forma negativa y nos pone más presión para no caer en el hábito que no deseamos.

Si caes en el hábito tampoco te castigues, se amable contigo mismo y sustituye el “si es que no eres capaz”, por un “solo ha sido un desliz, lo seguiré intentando, esto no se acaba aquí, todavía soy capaz”

¿Quieres cambiar de vida y no sabes cómo? 8 pasos para empezar de nuevo

Nuestra vida implica cambio, irremediablemente. Experimentamos transiciones de trabajo, de relaciones, hay cambios en nuestra salud física y mental, se dan nuevos eventos en nuestras comunidades locales y en nuestro mundo. Cambiar de vida, a veces es inevitable. En ocasiones, sabemos que va a ocurrir un cambio, mientras otras veces el cambio ocurre de forma inesperada.

Aprender a lidiar con el cambio y a no tenerle miedo es esencial para evitar que se complique en problemas de ansiedad. Aquí te contamos cómo atreverte a darle un cambio a tu vida.

¿Necesitas un cambio de vida?

¿Estás pensando en en cambiar?

Mucha gente invierte gran parte de su tiempo y energía intentando evitar el cambio, pero el cambio te va a llegar en un momento u otro. Si aprendes a lidiar con el cambio, disminuirás tu riesgo de ansiedad y depresión, y tanto tu salud física como tu salud mental mejorarán. Pero si no eres capaz de reconocer y afrontar la necesidad de cambio, bastará sólo con unas pequeñas cantidades de estrés para sentirte abrumado con tu vida, y te resultará difícil establecer y cumplir tus objetivos.

Ser capaz de lidiar con el cambio a veces se denomina resiliencia. Y, aunque tu ambiente y tus genes puedan influir en tu nivel de resiliencia, no es algo que sea inamovible, es una habilidad que puede desarrollarse gracias a la práctica de diferentes modos de pensar y estar en el mundo.

El cambio no es algo fácil, incluso cuando queramos hacerlo. A veces, lo que nos frena cambiar de vida es no saber hacer otra cosa que lo que ya estamos haciendo. Y otras veces, esperamos, haciendo lo mismo una y otra vez, obtener resultados diferentes.

Pero es importante darse cuenta de que siempre hay otra forma de ver la situación y de hacer las cosas.

Otra elemento que influye en que vayamos a cambiar nuestra vida o no son nuestras emociones. Estas nos pueden ayudar o frenar. Los miedos (miedo al fracaso, a decepcionar a los demás, a arrepentirse…) nos frenan. El miedo nos hace crear toda clase de excusas para evitarnos evolucionar: “Tampoco estoy tan mal”, “me quejo de vicio”, “mas vale malo conocido…”, “a mi edad ya no puedo cambiar”… Pero lo cierto es que las emociones también pueden ayudarnos a contrarrestar el miedo e ir hacia delante.

¿Por qué hay momentos en los que sentimos que necesitamos cambiar de vida?

A veces necesitamos dejar ir lo que no nos aporta, y dar un cambio a nuestra vida.

Hay momentos en los que no estamos a gusto con nuestra situación actual. Nos sentimos incómodos, desmotivados y desencantados con la vida. Puede haber muchos motivos:

  • No estamos felices en nuestra relación de pareja
  • No estamos satisfechos con nuestro trabajo
  • Tenemos mucho estrés
  • No hay emoción en nuestra vida
  • Nos sentimos estancados
  • No hemos logrado lo que queríamos, no hemos cumplido nuestras metas
  • No estamos satisfechos con nuestras relaciones sociales

En definitiva, cuando sentimos que necesitamos un cambio, es que hay algún ámbito de nuestra vida que no va como querríamos. A veces tenemos claro lo que falla, otras veces no lo sabemos. También ocurre que nos cuesta reconocerlo, y nos damos excusas: ” Lo tengo todo”, “¿De qué me quejo?”. Sin embargo, el “tenerlo todo” no implica que tengamos lo que necesitamos, quizá tenemos lo que nos dicen que necesitamos.

Signos de que necesitas un cambiar de vida

¿Te sientes desencantado con tu vida?

A veces ocurre que hay algo en tu vida que no funciona del todo bien y no eres consciente de ello. Sin embargo, puede haber algunos signos que nos indiquen que necesitas cambiar de vida.

  1. Tu mente fantasea con mejores formas de vida.
  2. Piensas a menudo en tu pasado.
  3. Tus acciones no van en línea con lo que dices.
  4. No sientes que tu vida tenga un propósito.
  5. Te sientes deprimido y/o estresado
  6. Te sientes desencantado con tu vida y a menudo piensas que la vida “tiene que ser algo más”.
  7. No estas a gusto con tus relaciones, parecen superficiales.
  8. Empiezas a mentir a los demás acerca de cómo va tu vida. Dices que va mucho mejor de lo que en realidad va, o sientes que va.
  9. Sientes tus emociones dormidas.
  10. Evitas oportunidades por miedo a lo desconocido o por lo que dirán otros.
  11. Envidias la vida de otras personas.

Claves para cambiar de vida

1. Toma consciencia y utiliza tu ira

Hay tres emociones que nos pueden ayudar a hacer cambios en nuestra vida, la ira, la pasión y el orgullo.
La ira es una de las emociones que más nos motivan y movilizan si está bien canalizada. Una reacción intensa y negativa hacia tus circunstancias pone en marcha un poderoso motor interno. Nos lleva a creer que podemos controlar nuestro futuro y nos motiva a asumir riesgos a pesar del miedo.

Esto es a veces difícil para muchas mujeres, ya que nos han criado para pensar que expresar ira y enfado es malo. Muchas veces la intentamos expresar de formas poco adecuadas, mediante comunicación pasivo-agresiva y estallando cuando ya no podemos más. Estas no son formas de canalizar la ira de forma productiva.

Lo interesante es cambiar el enfoque de la ira, desde circunstancias externas, hacia lo que queremos cambiar en uno mismo. No es tu jefe o tu exceso de responsabilidades lo que te hace gritar en casa o al volante. Deberías estar enfadado/a por que te haya costado tanto darte cuenta de que tienes poder para cambiar de vida.

Pregúntate: Estás lo suficientemente enfadada/o contigo por permitir que esto haya pasado otra vez?. Esta pregunta se centra en los propios mecanismos de evitación, y derrumbar los bloqueos para el cambio.

Toma distancia y reconoce los patrones de conducta que te han llevado repetidamente a resultados negativos. Se honesto contigo mismos y reconoce qué es lo que no te gusta de tu vida, qué aspectos cambiarías, qué es lo que no te funciona. Para ello pregúntate:

  • ¿Qué quiero que haya más en mi vida?
  • ¿De qué he tenido ya suficiente y necesito que termine ya?
  • ¿Qué merezco tener que no tengo?
  • ¿Qué me está haciendo sentir atrapado? ¿No es hora ya de liberarme?

Pon tus emociones al servicio de lo que deseas. ¡Enfádate! La ira nos ayuda a luchar por nuestros derechos y por lo que queremos. Luego utiliza emociones positivas y poderosas para ayudarte a cambiar de vida.

2. Pasa de la ira a la pasión

Utiliza la pasión para ir en pos del cambio que quieres.

Usa la ira para motivar tu movimiento, pero enseguida transfórmala en pasión para mantenerte sano. La ira sostenida en el tiempo puede ser destructiva físicamente y mentalmente. El enfado, la frustración y el estrés liberan cortisol, que cuando se mantiene en el tiempo debilita tu organismo.

La ira también puede bloquear el resultado que quieres conseguir. Tu negatividad puede alejar a las personas que pueden ayudarte a conseguir tu objetivo, y pueden impedirte dar los pasos adecuados para ello.

Por tanto, una vez que te comprometas a cambiar de vida, deberás pasar de focalizar tu atención en qué le falta a tu vida (evocar ira) a qué deseas crear de forma positiva (inspirar pasión). A mayor intensidad del deseo por lograr ese objetivo más posibilidades de que hagas lo necesario para hacerlo realidad.

Requiere de algo de tiempo visualizar lo que tu vida puede ser cuando hagas los cambios que quieres. Establece una serie de pasos para conseguir tus objetivos y ponte fechas límite, de esta manera no pospondrás indefinidamente llevarlos a cabo.

Descubre aquí qué es procrastinar y cómo dejar de hacerlo.

3. Deja de lado los sentimientos de inadecuación con el orgullo

Para dejar de lado el miedo, tu cerebro debe ir viendo que los cambios que vas haciendo realmente están funcionado y nos están llevando por un camino más positivo.

Al final de cada día, en lugar de ver lo que no ha funcionado o dónde no has podido cumplir una promesa que te hiciste a ti misma/o, se consciente de lo que hiciste bien, incluso si el paso ha sido pequeño. Muestra a tu cerebro de que eres capaz de hacer los cambios que quieres y que están ocurriendo cosas positivas.

Es importante tener en cuenta de que los cambios no son lineales, sino que suelen haber altibajo y pequeños retrocesos, y eso es parte natural del proceso. No debemos rendirnos a la primera de cambio.

4. Evalúa tu nivel de control

A veces, es fácil obsesionarse con situaciones sobre las que no tenemos control, o personas que puede que nunca cambien su conducta o su actitud. Pero más que centrarse en culpar a los otros y intentar mover lo inamovible, las personas resilientes se centran en lo que está en su mano cambiar.

Para evaluar el nivel de control sobre una situación puedes preguntarte: ¿De qué me puedo responsabilizar en esta situación? Cuando buscas oportunidades para empoderarte y trabajar para cambiar de vida que sí es posible, es menos probable que te atasques en situaciones difíciles.

5. Practica el auto-cuidado ante una pérdida

A menudo, las transiciones vitales implican pérdidas, como la muerte, la pérdida de un trabajo, el fin de una relación o un gran cambio. Incluso las transiciones positivas como una graduación o un cambio de empleo puede hacerte sentir un poco triste. Durante estos momentos, no bloquees el duelo y la pena que puedas sentir. Reconoce la pérdida y presta atención a lo que has aprendido de esa experiencia. Busca apoyo en amigos, familiares o considera hablar con un psicólogo si sientes que necesitas un apoyo extra durante esa transición.

No dudes en pedir ayuda cuando lo necesites.

6. Comprueba tus patrones de pensamiento

A veces, en periodos de cambio el miedo a lo desconocido nos hace ver las cosas de forma más negativa, en términos de blanco o negro, de forma catastrófica… Pero si te tomas un tiempo para examinar tu patrón de pensamiento y evaluar su racionalidad quizá encontrarás una actitud alternativa que te ayude en la vida. En psicología se llama a este ejercicio reestructuración cognitiva. Comprueba en este artículo cómo llevarlo a cabo en casa.

También te pueden ayudar técnicas de respiración y meditación mindfulness a relajarte y ser más consciente de tus pensamientos, así como a no enredarnos en ellos y dejarlos pasar.

También puede ayudarte a tener más pensamientos positivos si te recuerdas a ti mismo las veces que tuviste una transición y navegaste con éxito por ella. Haz una lista de las maneras en las que has sido resiliente y valiente en tu vida. Considera los rasgos y acciones que pueden ayudarte a ver a través del desafío actual. Focalizándote en tus fortalezas en lugar de en tus debilidades, vas a sentirte más empoderado para enfrentarte a lo que vendrá.

7. Mantente en el presente

Aunque importante que mires al pasado para encontrar tus fortalezas y es necesario planificar nuestro futuro, a veces nos encontramos arrastrados a momentos diferentes del presente. Nos preocupamos por lo que nos traerá el futuro, o los errores que podemos cometer y nos olvidamos de observar lo que tenemos en este momento. Para reconectar con nuestro cuerpo presta atención a cómo responde ante el estrés y dedica una parte de tu día a relajarte. Respira profundo y vuelve tu atención al momento presente.

8. Encuentra tus prioridades

Las personas más resilientes ven el cambio como una oportunidad, más que un monstruo al que temer. Las transiciones vitales nos permiten considerar cuáles son nuestras prioridades y valores. ¿Cómo te gusta realmente pasar el tiempo en este mundo? ¿Qué es realmente importante para ti? ¿Dónde te ves perdiendo el tiempo y energía? Con un sentido claro de tus metas y valores, podrás encontrar que tu mente y tu cuerpo son mucho más resilientes a los estresores del cambio.

Sobre todo, prioriza tu salud en estas transiciones, no tengas miedo a pedir ayuda cuando lo necesitas, a bajar el ritmo, a exigirte un poco menos. Necesitamos el apoyo de otros, ya que somos animales sociales.

El cambio no se puede evitar, pero puedes abrazar este y ver los desafíos como oportunidades para florecer.