Desarrollo afectivo del bebé ¿Cómo lograr un buen desarrollo afectivo del niño/a?

 

El desarrollo afectivo del bebé es un proceso complejo y delicado, pasa por varias fases y depende de diversos factores. Pero si algo podemos asegurar es que sentirse seguro y querido es un buen comienzo para todos los niños/as.

Durante todas las edades, el niño/a requiere de determinados cuidados y demanda ciertas necesidades. Aunque hay etapas más críticas que otras, el correcto desarrollo afectivo del bebé no depende de una decisión acertada en un momento oportuno, sino de la creación de un vínculo entre padres e hijos que permita al niño sentirse seguro ¡Aquí te lo explicamos!

desarrollo afectivo del niño

De cómo se críe el niño dependerá su futuro desarrollo físico, intelectual y emocional.

Siendo muy pequeños, los bebés parten de un punto muy primitivo donde sus sentidos aún son muy confusos. Durante el primer mes sus emociones se limitan a gruñidos y a conductas involuntarias. No obstante, existe ya una comunicación que, aunque simple, es efectiva. El bebé responde a estímulos placenteros como una caricia y poco a poco a lo largo de los meses siguientes el bebé aprenderá a expresar una amplia gama de emociones.

Los cuidados, las relaciones, las experiencias conjuntas son pilares fundamentales en la construcción y en el desarrollo afectivo del bebé y todas ellas confluyen en un factor que resulta vital en este desarrollo: el apego.

El papel del apego en el desarrollo afectivo del niño

El apego es uno de los factores más importantes en el desarrollo afectivo del bebé.

El apego surge de una necesidad primaria, la necesidad de afecto. Es un fuerte lazo afectivo que se establece entre el neonato y la madre (porque suele ser la persona más cercana a él).

Este vínculo tiene una gran función adaptativa, ya que favorece que “las crías” se mantengan en un entorno seguro cuando todavía no son autónomas y posibilita que adquieran la seguridad de su entorno y que más adelante empiecen a explorar el mundo.

Una vez establecido un vínculo estable y seguro, se abre la puerta a la curiosidad del niño por su entorno. Una de las funciones vitales del apego es entonces que el niño adquiera seguridad mediante el vínculo con su cuidador para que, posteriormente, sienta la seguridad y la curiosidad para explorar su entorno y adquirir nuevos conocimientos.

Pero quizás lo que dota de tanta importancia al apego para el desarrollo afectivo del niño, es el hecho de que, dependiendo de las características del mismo, repercutirá en nuestra personalidad durante el resto de nuestra vida. Descubre las etapas del desarrollo en niños.

1- Desarrollo afectivo del nacimiento a las 6 semanas: Fase de preapego

Esta etapa se caracteriza por conductas reflejas del neonato que están determinadas genéticamente y que tienen valor para la supervivencia. El llanto, la sonrisa etc. Son conductas que atraen la atención de otros seres humanos y, al mismo tiempo, sirven como respuesta a estímulos externos (sonrisa en respuesta a un estímulo placentero como una caricia y llanto para un estímulo desagradable como un ruido fuerte).

El reconocimiento sensorial es muy básico en esta etapa, aunque el neonato ya prefiere la voz de la madre a la de otros adultos a pesar de no mostrar aún un apego propiamente dicho hacia ella.

2- Desarrollo afectivo de 6 semanas a 6 meses: Formación del apego 

Durante esta etapa, el bebé responde de forma más clara a la presencia de la madre. Orientando hacia ella su conducta sonriendo y siguiéndola con la mirada de forma más consistente que con el resto de personas.

No obstante, en esta fase no se ven muestras de ansiedad al separarse de la madre, a pesar de que ya la reconocen perfectamente. En esta etapa no les afecta tanto la separación de la madre como la pérdida del contacto humano (como cuando se les deja solos en un cuarto).

3- Desarrollo afectivo de 6-8 meses hasta 18-24 meses: Fase de apego

Durante esta etapa el vínculo del hijo con la madre está tan formado que el niño suele mostrar ansiedad y enfadarse al separarse de ella. Es la fase de apego propiamente dicho donde gran parte de las acciones que realizan los niños son para atraer la atención de la madre.

El bebé es capaz incluso de rechazar el contacto con un familiar cercano porque lo que desea es únicamente estar con su madre (a diferencia de la fase anterior donde le afectaba la pérdida de contacto humano).

4- Desarrollo afectivo de 18-24 meses en adelante: Fase de formación de relaciones recíprocas

Durante esta etapa se produce la aparición del lenguaje y el niño adquiere la capacidad de representar mentalmente a la madre. Esto le permite intuir su retorno cuando no está. Además, esta nueva capacidad provoca la desaparición de la ansiedad por parte del niño ya que comienza a entender que esta ausencia de la madre no es definitiva y que regresará en algún momento.

Si durante esta fase la madre explica los motivos de su ausencia y el tiempo estimado que va a estar fuera, los niños llorarán mucho menos que si no se les da ningún tipo de información.

A partir de los tres años de edad los niños empiezan a crear estrategias con el fin de negociar y controlar la interacción con la madre, para tratar de pactar sus salidas de casa.

Al final de estas cuatro fases se establece un vínculo afectivo sólido y pleno entre la madre y el niño. No obstante, dependiendo de la calidad y la forma de relación entre la madre y el bebé, éste último desarrollará un tipo de apego específico.

Tipos de apego en el desarrollo afectivo de los niños

desarrollo afectivo del bebé

El apego seguro es el que produce mejores resultados.

1- Apego seguro

Si todo va bien el bebé adquirirá un apego seguro. Este tipo de apego es el que produce mejores resultados en el desarrollo afectivo del bebé y se produce cuando los padres ejercen de forma correcta la función de dar seguridad a los hijos, están disponibles, son coherentes, son personas emocionalmente estables etc.

Este estilo educativo favorece que los hijos sean autónomos, no que quieren estar solos sino que pueden valerse por sí mismos. Genera individuos que afrontarán sus relaciones de adulto de un modo seguro, que tendrán más autonomía para vivir, más resistencia al fracaso, más capacidad de compromiso y de comunicación afectiva.

2- Apego ansioso-ambivalente

Este tipo de apego se caracteriza por figuras incoherentes e inestables con formas de intimidad variables. Se presenta por ejemplo en casos de sobreprotección de los hijos que no favorecen la autonomía de los mismos. Los individuos que han desarrollado este tipo de apego suelen tener dificultades para construir su autonomía personal y si no la adquieren mediante la pareja, difícilmente podrán construirla por ellos mismos.

Otra característica de estos individuos es la idealización del amor. Lo perciben como algo muy importante en la vida y suelen verse menos amados de lo que creen merecer.

3- Apego evitativo  

Es probablemente el peor de los tipos de apego que se pueden desarrollar. Surgen de figuras de apego que aborrecen a los niños, que los aborrecen y no muestran afecto hacia ellos y, por ende, no forjan relaciones de intimidad.

Este tipo de apego genera individuos fríos que desean vivir solos, que les cuesta mantener relaciones de pareja y suelen tener relaciones distantes con poca intimidad. Piensan que el amor no existe, que es una invención o producto del desarrollo cultural y literario.

4- Apego inseguro desorganizado – desorientado

Los que desarrollan este tipo de apego, carecen de una estrategia consistente que llegue a organizar las respuestas del niño ante la necesidad de protección y búsqueda de control. Como su propio nombre indica es un apego desorganizado en el que los niños no han aprendido pautas de respuesta ante una necesidad.

Este tipo de apego genera confusión, conflicto y miedo ante la figura de apego en situaciones de estrés.

desarrollo afectivo del bebé

La sensibilidad materna jugará un papel fundamental en el desarrollo afectivo del bebé.

Conseguir un buen desarrollo afectivo del bebé

Como hemos visto, un buen desarrollo afectivo del bebé se relaciona directamente con un apego seguro. Y se ha visto que este apego seguro se relaciona directamente con la sensibilidad materna (o de la figura de apego) a las necesidades e intenciones del bebé.

Esta sensibilidad se relaciona con responder rápida y apropiadamente al niño y ser capaz de ayudarlo cuando es preciso, especialmente si está angustiado.

Esta sensibilidad además ayuda a manejar la angustia del bebé, permitiendo la exploración y consolida el sentido de eficacia del niño, tanto respecto a sí mismo
como a los demás.

Precauciones en el desarrollo afectivo del bebé

Haciendo aquí un pequeño apunte, hay que tener especial cuidado con los cambios bruscos a los que sometemos a los niños. La integración del mismo en un nuevo ambiente, o un cambio de hábitos son acciones que requieren de un cierto procesamiento.

Un error que puede cometerse es la integración demasiado temprana del bebé en un sistema de guarda. En ocasiones en que los padres tienen vidas muy ajetreadas y reducen, o directamente se saltan, el tiempo de relación materna, los niños suelen presentar problemas. La urgencia de la vuelta al trabajo presiona muchas veces a las madres y padres a delegar el cuidado de sus hijos en guarderías, familiares etc. Lo que desestabiliza el vínculo afectivo a crear.

Otros casos ya en una edad adecuada son las de una integración más brusca. Muchos niños necesitan de un cambio más progresivo para adaptarse a un ambiente nuevo como por ejemplo una guardería.

En la misma línea estos cambios bruscos de ambiente pueden extrapolarse a otras conductas como el destete del niño o el cambio de cuidador. A pesar de ser factores que no correlacionan al 100% con un perfecto desarrollo del niño, sí influyen en éste y conocerlos puede suponer la diferencia entre un buen o mal desarrollo.

Desarrollo afectivo en bebés adoptados

Un estudio de Michael Rutter realizado en un orfanato de Rumanía reveló las consecuencias de la ausencia de una figura de apego en los bebés. Se estudiaron las consecuencias que tiene la adopción a determinadas edades, es decir, cuánto influye el tiempo sin esas figuras en el posterior desarrollo del niño.

En comparación con niños ingleses (adoptados normalmente y sin demasiada privación de la figura de apego), los niños rumanos adoptados en distintas edades mostraban un desarrollo diferente.

Los niños adoptados antes de los 6 meses, mostraban a los 6 y 11 años resultados en el desarrollo comparables a cualquier otro niño, es decir, no había consecuencias visibles.

Sin embargo, más allá de los 6 meses, los niños mostraban un retraso en el desarrollo (tanto físico, como intelectual, como emocional) respecto a niños adoptados en circunstancias normales.

El 20% de los niños rumanos adoptados después de los 6 meses mostraban conductas sociales extremadamente anormales como no diferenciar a sus padres de adultos no familiares, no buscar a sus padres en situaciones que les pudieran provocar ansiedad, incluso tendían a ser desmesuradamente amistosos con los extraños y mostraban un deseo excesivo de que les prestaran atención.

A pesar de que Michael Rutter aseguraba que con una buena rehabilitación estos niños podían recuperarse prácticamente por completo, este estudio demuestra el poder que tiene la figura materna o paterna en el desarrollo del bebé, y que no sólo puede afectar a rasgos de la personalidad, sino al desarrollo físico, emocional e intelectual.

Vídeos de interés sobre el desarrollo afectivo del bebé

 

Mario es redactor especializado en contenidos sobre psicología social y neuropsicología. Apasionado por el estudio del cerebro y su interacción con el ambiente. Investiga los aspectos más curiosos del cerebro humano, acerca recursos clínicos a un público no especializado, buscando siempre inspirar y ayudar.