Expertos apuntan que una mala gestión del estrés durante la cuarentena podría acelerar el deterioro cognitivo

  • Niveles de estrés prolongado relacionado con el confinamiento podrían aumentar el riesgo de un deterioro cognitivo en personas mayores. 
Expertos apuntan que una mala gestión del estrés durante la cuarentena podría acelerar el deterioro cognitivo

Un estado de estrés prolongado puede causar alteraciones en nuestra salud mental. Este hecho toma gran relevancia en estos momentos, ya que la población está viviendo un periodo de alarma mental casi constante. Por ello, tras analizar la situación actual, y contrastar con diferentes estudios, el equipo de expertos en ciencia y neuropsicología de CogniFit, considera que esta situación podría aumentar el riesgo de un deterioro cognitivo, especialmente en las personas mayores, dado que el COVID-19 representa una mayor amenaza para su salud. Y advierten: desde las clínicas de salud mental deben estar preparados para la post-cuarentena.

Concretamente, tal y como señala David Asensio, Neuropsicólogo y Director de Ciencia de CogniFit, “Cuando vivimos un periodo elevado de estrés se pueden producir ciertas alteraciones estructurales en el cerebro y un déficit de memoria a corto plazo”. “Desde el comienzo de la cuarentena, hemos detectado una variación negativa en el rendimiento de ciertas capacidades cognitivas entre nuestros usuarios”.

David Asensio, Neuropsicólogo y Director de Ciencia de CogniFit

Comparando la media de puntuaciones de los usuarios mayores de 50 años, antes del estado de alarma decretado por el COVID19 con el último mes, se observa que las puntuaciones de ciertas habilidades cognitivas, como la coordinación mano y ojo, la atención focalizada, memoria a corto plazo y la memoria de trabajo, han bajado entre un 8% y 12% en una muestra representativa de de 126 mil usuarios de CogniFit. Esto apunta a que, efectivamente, este estado de alarma podría tener un impacto en nuestro cerebro. No obstante, se necesita más tiempo e investigación para saber si estos cambios se mantienen a largo plazo.

La incertidumbre ante esta situación y el cambio tan brusco que se ha generado en nuestras vidas, no solamente ha trastocado las rutinas, sino que probablemente también haya afectado a una parte de la población favoreciendo el insomnio, irritabilidad y aumento de la cortisol por el estrés.

Con el paso de los años, en la mayoría de los casos, nuestro cerebro tiende a reducir su rendimiento. Por ello, situaciones como la que estamos viviendo actualmente, podrían llegar a generar entre las personas con un mayor riesgo de deterioro una mayor sensibilidad a sufrir problemas cognitivos. 

El estrés percibido es un factor de riesgo modificable de deterioro cognitivo

“El lado positivo de esta situación es que el estrés es un factor de riesgo modificable de deterioro cognitivo. Por ello, es importante que las personas lleven a cabo una intervención apropiada y un trabajo de estimulación cognitiva. El objetivo es intentar paliar el posible impacto generado por el estrés en nuestro cerebro”.

David Asensio, Neuropsicólogo y Director de Ciencia de CogniFit

Para ello, desde el departamento de ciencia de CogniFit, se hace especial hincapié en que ahora con un motivo mayor, debemos llevar a cabo actividades enfocadas a trabajar la neuroplasticidad. Además, se muestran esperanzados y creen que el primer paso es tomar conciencia de los efectos que tiene el estrés prolongado en nuestra mente y, preferiblemente aconsejados por un profesional, sigamos el tratamiento adecuado y un plan específico de estimulación cognitiva adaptado a nuestras necesidades concretas.

Referencias

Diehl, M., & Hay, E. L. (2010). Risk and resilience factors in coping with daily stress in adulthood: The role of age, self-concept incoherence, and personal control. Developmental Psychology, 46(5), 1132–1146. Study.

De Kloet, E. R., Joëls, M, & Holsboer, F. (2005) Stress and the brain: from adaptation to disease. Nature Reviews Neuroscience, 6,pp.463-475. Study.

Sapolsky, R. M. (1992). Stress, the aging brain, and the mechanisms of neuron death. The MIT Press. Book.

De Kloet, E. R. (2003) Hormones, brain and stress. Endocr Regul, 37(2),pp.51-68. Study.

Bremmer, J. D. (1999) Does stress damage the brain? Biological Psychiatry, 45(7),pp.797-805. Study.

Sapolsky, R. M. (1996) Why stress is bad for your brain. Science, 273(5276),pp.749-750. Study.

Bremner, J. D., Scott, T. M., Delaney, R. C., Southwick, S. M., Mason, J. W., Johnson, D. R., Innis, R. B., McCarthy, G., & Charney, D. S. (1993). Deficits in short-term memory in posttraumatic stress disorder. The American Journal of Psychiatry, 150(7), 1015–1019. Study.

Vedhara, K. Hyde, J. Gilchrist, I.D., Tytherleigh, M., & Plummer, S. (2000) Acute stress memory, attention and cortisol. Psychoneuroendocrinology, 25(6), pp.535-549. Study.

Schmidt MV, Trümbach D, Weber P, Wagner K, Scharf SH, Liebl C, Datson N, Namendorf C, Gerlach T, Kühne C, Uhr M, Deussing JM, Wurst W, Binder EB, Holsboer F, & Müller MB (2010) Individual stress vulnerability is predicted by short-term memory and AMPA receptor subunit ratio in the hippocampus. J Neurosci 30:16949–16958. Study.

H.J. Cho, V.S. Sajja, P.J. Vandevord, & Y.W. Lee (2013) Blast induces oxidative stress, inflammation, neuronal loss and subsequent short-term memory impairment in rats. Neuroscience, 253, pp. 9-20. Study.

Hackett, R. A. & Steptoe (2017) Type 2 diabetes mellitus and psychological stress – a modifiable risk factor. Nature Reviews Endocrinology, 13, pp.547-560. Study.

This post is also available in: Ruso