Miedo: Una guía práctica. Y tú, ¿de qué tienes miedo?

 

Miedo cantaba Amaia Romero en prime time la noche que conseguía hacerse con el título de ganadora del popular concurso Operación Triunfo (OT). La canción, Miedo, original del grupo M Clan, fue versionada por la talentosa concursante para la gala final y conmocionó a millones de espectadores. Queda claro que el miedo es tan cotidiano y está tan presente en nuestras vidas que incluso se cuela, a través de la música, en las noches que pasamos sentados en el sofá viendo el show televisivo del momento. No estoy diciendo con esto que tengamos que encariñarnos con el miedo, pero tampoco debemos enemistarnos con él. El miedo, como la mayoría de las emociones, es adaptativo y demanda ser sentido. ¿Por qué? ¡Veámoslo! Este artículo es una guía útil sobre qué es el miedo, qué ocudde cuando sentimos miedo, para qué sirve, miedos universales, miedos patologicos, qué hacer cuando tengo miedo y mucho más.

Miedo

Miedo

¿Qué es el miedo?

El término ‘miedo’ procede del latín metus: ‘temor’, y el diccionario de la Real Academia Española (RAE) recoge las siguientes acepciones para explicar su significado:

  1. m. Angustia por un riesgo o daño real o imaginario.
  2. m. Recelo o aprensión que tiene alguien de que le suceda algo contrario a lo que desea.

La primera descripción es la que manejamos con mayor frecuencia y está ligada a la supervivencia, mientras que la segunda está relacionada con las expectativas. Por lo general, tememos a todo aquello que podría hacernos daño y/o truncar nuestro bienestar, ya sea físico o psicológico.

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¿Qué nos ocurre cuando tenemos miedo?

Nuestro cuerpo experimenta una serie de cambios cuando nos enfrentamos a una situación amenazante. Estos cambios se pueden clasificar en tres niveles:

A nivel cognitivo

El miedo se percibe como una sensación desagradable vinculada a pensamientos negativos. La mente y, especialmente, la memoria, juegan un papel fundamental cuando nos sentimos atemorizados, pues podemos asociar peligro con casi cualquier cosa, persona o situación. De esta forma, dejamos una huella en nuestro recuerdo, que se reactivará cada vez que captemos algo similar o relacionado.

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A nivel fisiológico

En el circuito de procesamiento del miedo intervienen fundamentalmente dos estructuras cerebrales: la amígdala y la corteza prefrontal. La amígdala actúa como radar, pues se encarga de detectar estímulos peligrosos. Cuando se activa, con la ayuda de la corteza prefrontal, pone en funcionamiento al Sistema Nervioso Autónomo (SNA), es decir, aquel que se ocupa de las tareas involuntarias, no conscientes o automáticas. El SNA se divide en Simpático y Parasimpático, y ambos tendrán su papel en función del momento temporal en el que nos encontremos.

Primero, percibimos la amenaza y nos asustamos: interviene el SNA Simpático.

  • Las pupilas de los ojos se dilatan para captar toda la luz posible, mejorando así la percepción visual.
  • Favorece la rigidez muscular, los músculos contraídos son necesarios para cualquier actuación de defensa o ataque.
  • Acelera el latido cardíaco y aumenta la presión sanguínea para facilitar la oxigenación de los órganos vitales.
  • Relaja los bronquios, lo que permite una respiración más acelerada.
  • Inhibibe la actividad digestiva y la salivación, con lo que la necesidad de alimento pasa a un segundo plano.
  • El hígado libera mayor cantidad de glucosa para darnos el aporte energético necesario.
  • Nuestro sistema inmunitario se desactiva temporalmente para ahorrar el desgaste energético que supone.

Después, cuando nos damos cuenta de que estamos a salvo, todo vuelve a la calma: interviene el SNA Parasimpático.

  • Disminuye la apertura de las pupilas de los ojos y la cantidad de líquido lacrimal aumenta, pudiendo dar lugar a llantos.
  • El corazón vuelve a bombear la sangre a su ritmo habitual y la presión sanguínea desciende.
  • Contrae los bronquios, los pulmones vuelven a respirar progresivamente con normalidad.
  • Reactiva el sistema digestivo y la salivación. Es posible sentir un apetito repentino.
  • Descienden los niveles de glucosa, pudiendo producir consecuentes mareos.
  • Volvemos a contar con nuestro sistema inmunitario.

A nivel motor

Antes del control parasimpático, es imprescindible que el SNA Simpático se ponga en marcha para permitirnos responder ante el estímulo amenazante. Como seres humanos que somos, hemos sido preparados evolutivamente para reaccionar de dos formas posibles: mediante la huída o mediante la lucha. Fisiológicamente, nuestro cuerpo está en disposición de atacar, defenderse o salir corriendo; y es lo que ocurre en la mayoría de los casos. Por el contrario, también puede suceder que nos quedemos paralizados en este tipo de situaciones. Dependiendo del grado de amenaza y de la sensación de miedo experimentados, es posible que la rigidez de los músculos favorezca la parálisis en lugar del movimiento.

¿Para qué sirve el miedo?

Miedo

Miedo.

El psicólogo estadounidense Paul Ekman incluye el miedo en su Teoría de las emociones básicas: seis emociones primarias y universales (el miedo, la tristeza, la alegría, la ira, el asco y la sorpresa). A través del estudio de la conducta y de las expresiones faciales, Ekman concluyó que existen emociones más relevantes que otras a nivel comunicativo. Y las más importantes serían aquellas que todo el mundo sería capaz de reconocer.

Sin duda, que el miedo se codeé con la élite de las emociones nos da una pista de su indudable valor, pero, ¿qué utilidad tiene el miedo? Sentimos miedo para sobrevivir, esa es su misión. El miedo nos quiere vivos, por eso nos avisa de cualquier riesgo, nos grita que tengamos cuidado, hace saltar las alarmas y nos mantiene en estado de alerta. Podría decirse que al miedo le debemos nuestra seguridad.

Miedos universales

A lo largo de la historia y en base a las diferentes culturas, el abanico de los principales miedos del ser humano ha ido cambiando. Sin embargo, existe un conjunto de miedos naturales y evolutivos en nuestra especie. Los miedos universales se van desarrollando de acuerdo a la edad:

  • Durante los primeros meses de vida, es habitual que el bebé sienta miedo ante personas desconocidas, ruidos fuertes u objetos que aparecen súbitamente.
  • Al año, tememos separarnos de nuestros padres o figuras de apego.
  • Más tarde, surgen el miedo a la oscuridad y a los animales, entre otros.
  • A partir de los 8 años se forman miedos más complejos, como el miedo a la soledad.
  • Y de los 12 años en adelante se definen los miedos que nos acompañarán de por vida. Conservamos el miedo a la soledad y a los animales peligrosos, y se manifiestan otros miedos básicos, como el miedo a la muerte o a la pérdida de libertad o autonomía.

Durante la adolescencia, además, suelen aflorar o volverse más intensos aquellos miedos que son propios de cada persona.

Cuando el miedo se vuelve patológico: Fobias

Ya hemos aprendido que el objetivo del miedo es nuestra supervivencia, así que, como seres humanos, no podemos prescindir de esta emoción, la necesitamos. El problema aparece cuando el temor se desata de forma irracional y desproporcionada frente al estímulo que lo ha provocado. Entonces, el miedo se vuelve desadaptativo, porque brota cuando el riesgo real es mínimo como para causar pánico.

El DSM-5 (Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders), el manual diagnóstico de los psicológos por excelencia, coloca las fobias dentro del bloque de Trastornos de ansiedad. Los términos ‘miedo’ y ‘ansiedad’ muchas veces son empleados indistintamente, pero sería conveniente diferenciarlos. Tal y como explica el DSM-5:

Los trastornos de ansiedad son los que comparten características de miedo y ansiedad excesivos, así como alteraciones conductuales asociadas. El miedo es una respuesta emocional a una amenaza inminente, real o imaginaria, mientras que la ansiedad es una respuesta anticipatoria a una amenaza futura. Es evidente que ambas respuestas se solapan, aunque también se pueden diferenciar, estando el miedo frecuentemente asociado a accesos de activación autonómica necesarios para la defensa o la fuga, pensamientos de peligro inminente y conductas de huida, y la ansiedad está más a menudo asociada con tensión muscular, vigilancia en relación a un peligro futuro y comportamientos cautelosos o evitativos.

Las personas con fobia específica presentan miedo y ansiedad exagerados frente a situaciones, animales u objetos determinados. El componente ansioso de este trastorno hace que la reacción típica ante el estímulo fóbico sea evitativa o de huída, y no de lucha o ataque. Y como todo trastorno, origina un malestar en la persona que lo padece y va a condicionar, en mayor o menor medida, su vida. Pero, ¿cómo se convierte el miedo en enfermedad? Los investigadores explican que las fobias pueden estar causadas por:

  • Una experiencia directa y traumatizante con el estímulo fóbico (por ejemplo, el ataque de un perro).
  • Una falsa alarma activada por nuestra mente en una situación concreta. Una situación que realmente no suponía ninguna amenaza, pero se interpretó como tal (por ejemplo, comenzar a estresarte en una calle abarrotada de gente).
  • Un aprendizaje vicario, también llamado aprendizaje por imitación. Casi sin darnos cuenta, somos capaces de reproducir conductas de los demás que observamos regularmente (por ejemplo, se nos puede “pegar” la fobia de alguien cercano).
  • Un peligro narrado. Esto supone recrear una situación de riesgo en nuestra imaginación de un modo lo suficientemente intenso como para quebrar nuestra psique (por ejemplo, al contarnos una experiencia traumática con todo lujo de detalles).

Los datos apuntan que 1 de cada 23 personas presenta algún tipo de fobia, siendo más frecuente en mujeres. Con una cifra tan impactante, sólo nos queda preguntarnos qué es lo que infunde tanto temor entre la gente. ¡Aquí tenemos el ranking de las fobias más habituales!

  1. Aracnofobia (miedo a las arañas)
  2. Herpetofobia (miedo a las serpientes)
  3. Astratofobia o brontofobia (miedo a los rayos o las tormentas eléctricas)
  4. Tripanofobia (miedo a las agujas)
  5. Claustrofobia (miedo a los espacios cerrados)
  6. Dentofobia (miedo al dentista)
  7. Aerofobia (miedo a volar)
  8. Acrofobia (miedo a las alturas)
  9. Cinofobia (miedo a los perros)
  10. Agorafobia (miedo a los espacios abiertos)
La aracnofobia es el miedo a las arañas.

La aracnofobia es el miedo a las arañas.

¿Cómo controlar el miedo?

De todos los problemas psicopatológicos, los trastornos de ansiedad son los que se dan con mayor frecuencia. El Trastorno de pánico, el Trastorno por ansiedad social, el Trastorno por ansiedad generalizada o las Fobias específicas que acabamos de ver constituyen enfermedades que deberían ser tratadas de manera profesional para poder superarse por completo. No obstante, podemos aparcar nuestros peores temores y empezar por aquellos que nos resulten más manejables. Para ello, es aconsejable seguir una serie de pautas:

  • Reconoce tus miedos. El primer paso para el cambio siempre es la aceptación del problema.
  • Confía en ti mismo. La autoconfianza te ayudará a mantenerte firme en tu deseo de vencer al miedo, aumentando tu motivación y reduciendo las posibilidades de fracaso o abandono.
  • Deshazte de falsas creencias. Gran parte de los miedos son aprendidos, encuentra la irracionalidad de los tuyos y combátela con pensamientos lógicos y coherentes.
  • Despierta a tu curiosidad. Aunque suene chocante o absurdo, interésate por tus temores. El conocimiento es poder, conoce bien a tu “enemigo” antes de enfrentarte a él. De esta forma, no sólo te parecerá más fácil controlarlo, sino que aprenderás a mirarlo con otros ojos.
  • Exponte a tus temores. Está demostrado que la estrategia más efectiva consiste en una exposición progresiva al estímulo fóbico. Acércate a lo que te da miedo mientras mentalmente repasas las razones por las que no puede hacerte daño, y aunque pudiera, sé consciente de que tienes las herramientas para enfrentarlo.
  • Utiliza técnicas de respiración. Los ejercicios de respiración pueden ser nuestros mejores aliados cuando atravesamos momentos de ansiedad. Lo más importante es evitar huir de aquello que nos produce pavor, por mucha ansiedad que sintamos, porque si nos escapamos, estaremos tirando por la borda todos los avances conseguidos. Así que, elije la técnica de respiración que mejor se adecúa a tus necesidades y no dudes en ponerla en práctica.

El miedo transformado en arte

Parece mentira, pero el miedo también tiene su lado divertido, e incluso, es motivo de celebración. La noche de Halloween (31 de octubre) nos disfrazamos de nuestros mayores temores para satirizarlos y sacar provecho de ellos. Durante esta popular y extendida fiesta, cristiana en sus inicios y de origen celta, recordamos a nuestros difuntos desde el respeto, pero también desde la alegría. Además de los disfraces, otras actividades típicas de esa noche son: jugar al memorable ‘Truco o trato’, encender hogueras, contar historias terroríficas o ver películas de miedo.

Las calabazas y los murciélagos son característicos de Halloween.

Las calabazas y los murciélagos son característicos de Halloween.

Los mejores libros de terror

Mediante la lectura se puede infundir mucho miedo. Figuras tan relevantes como Edgar Allan Poe (El Gato NegroLos Crímenes de la Calle Morgue, La Máscara de la Muerte Roja, La Caída de la Casa Usher), Howard Phillips Lovecraft (La Llamada de Cthulhu, El Horror de DunwichLa Sombra sobre Innsmouth), Bram Stoker (Drácula) o Mary Shelley (Frankenstein o el Moderno Prometeo) nos transportaron a mundos oscuros, de los cuáles no queríamos salir. Historias que, como telas de araña, se iban tejiendo en la imaginación y, cuando querías darte cuenta, estabas atrapado.

Autores como los mencionados han servido de inspiración a los escritores del género más actuales. A día de hoy, el novelista de terror más aclamado es Stephen King. ¿Quién no ha oído hablar de este maestro del suspense? Es posible que alguno de sus libros adorne las estanterías de vuestra casa. Si no es así, estáis tardando en leer sus best sellers. A continuación, os dejo una lista de algunas de sus mejores obras para ir abriendo vuestro apetito lector:

  1. It (Eso) (1986)
  2. El Resplandor (1977)
  3. Misery (1987)
  4. Carrie (1974)
  5. Saga La Torre Oscura (1982 en adelante)
  6. El Misterio de Salem’s Lot (1975)
  7. La Milla Verde (1996)
  8. Cementerio de Animales (1983)
  9. La Zona Muerta (1979)
  10. Doctor Sueño (2013)

Las mejores películas de terror

It (Eso), la obra que lidera el ranking anterior, ha sido llevada recientemente al cine en una nueva y remasterizada versión que se ha ganado la crítica del público. Está claro que los efectos especiales del séptimo arte han progresado una barbaridad, ofreciéndonos joyas terroríficas como las sagas The Ring, [•REC]Expediente Warren, Annabelle o Insidious. Historias demoníacas que nada tienen que envidiar a los clásicos del género. Pero tampoco debemos olvidarnos de ellos, ¡echa un ojo a algunos de los éxitos más espeluznantes que los ha dejado la historia del cine!

El Exorcista (William Friedkin, 1973)

Alien, el Octavo Pasajero (Ridley Scott, 1979)

El Resplandor (Stanley Kubrick, 1980)

La Semilla del Diablo (Roman Polanski, 1968)

La Noche de Halloween (John Carpenter, 1978)

Poltergeist (1982, Tobe Hooper)

La Matanza de Texas (Tobe Hooper, 1974)

Pesadilla en Elm Street (Wes Craven, 1984)

Scream (Wes Craven, 1996)

Al Final de la Escalera (Peter Medak, 1980)

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Psicóloga en formación, especializada en la rama clínica. Curiosa, creativa y capaz.