¿Qué pasaría si usáramos el 100 % de nuestro cerebro?

 

Está muy extendida la creencia de que usamos sólo un 10% o 20% de nuestra capacidad cerebral. Y claro, nos asalta la pregunta: ¿Qué pasaría si usáramos el 100% de nuestro cerebro? En este artículo desgranamos en qué se basa esta creencia y si es cierta o no.

¿Qué pasaría si usáramos el 100 % de nuestro cerebro?

¿Qué pasaría si usáramos el 100 % de nuestro cerebro?

En el 2014 estrenaron la película Lucy protagonizada por Scarlett Johanson, cuya premisa principal se basaba en que usábamos un 10% de nuestro cerebro y de lo que ocurriría si usáramos el 100% cerebro.

Es una creencia ampliamente extendida, que yo misma llegue a considerar cierta antes de mi paso por la Facultad de Psicología. Se ha creído que podríamos mover objetos con la mente y poseer todo tipo de habilidades sobrenaturales. Lo cierto es que esta creencia no tiene ninguna base científica (siento defraudarte).

El argumento de Lucy, para una película de ciencia ficción, puede funcionar muy bien. Sin embargo, el problema de hacer propaganda de ciertos mitos muy arraigados en la sociedad es que estos no desaparecerán y la gente seguirá teniendo creencias equivocadas, a pesar de haber sido desmentida por la ciencia en multitud de ocasiones.

El origen del mito de que únicamente utilizamos el 10% de nuestro cerebro

¿Qué pasaría si usáramos el 100 % de nuestro cerebro?

¿Qué pasaría si usáramos el 100 % de nuestro cerebro?

No está muy claro cómo surgió esta creencia. Algunos piensan que fue Albert Einstein, algo que no ha podido llegar a confirmarse.

También se le ha atribuido a William James, quien en el artículo Las energías del hombre  en 1906 apunta que “Sólo usamos una pequeña parte de nuestros recursos físicos y mentales”.

También es posible que haya surgido a raíz de las investigaciones neurológicas de finales del siglo XIX. Estos estudios demostraron que las neuronas, las células cerebrales que transmiten mediante impulsos eléctricos toda la información que recibimos y generamos, sólo constituyen una pequeña parte del volumen cerebral. El resto del volumen lo compone la glía, tejido que sirve mayoritariamente como sostén y alimento de las células neuronales.

¿Por qué no es cierto?

A continuación se exponen varios argumentos para intentar desmontar este mito que afirma que únicamente utilizamos el 10% del potencial de nuestro cerebro.

  • Durante la evolución de nuestra especie, si no usáramos todo el cerebro, éste habría ido menguando, cuando la realidad es que ha ido aumentando su volumen. No tendría sentido, desde el punto de vista evolutivo, mantener un órgano que no se utiliza, como ha ocurrido con las muelas del juicio o el apéndice. Si algo no se usa, tiende a desaparecer.
  • El cerebro es el órgano que más energía consume de nuestro cuerpo. Gasta un 20% de la energía total de nuestro organismo. Si sólo se utilizara un 10% de éste, no tendría sentido que consumiera tanta energía.
  • Las pruebas de neuroimagen muestran que, aunque no simultáneamente, utilizamos todas las zonas de nuestro cerebro. Además, se conoce bastante bien las funciones de cada zona del cerebro, aunque queda mucho por saber todavía. Dependiendo de la complejidad de la actividad que estemos llevando a cabo se usarán más o menos recursos. Incluso durante el sueño, utilizamos una gran parte del cerebro, es curioso saber que cuando dormimos podemos llegar a utilizar más partes del cerebro que cuando estamos despiertos.

El caso es que, a fuerza de la repetición de que sólo utilizamos un 10% de nuestro cerebro, esta creencia ha ido arraigando en nuestra sociedad de tal forma que ni los esfuerzos de la ciencia por desmentirlo han hecho que desaparezca. Son este tipo de mitos y creencias los que fomentan la ignorancia y el pensamiento mágico.

Os invito a ser más críticos con los mensajes que nos transmiten los medios de comunicación, reflexionar acerca de lo que nos están contando y la verosimilitud de lo que se nos cuenta, ya que no por el mero hecho de aparecer en ellos tiene por qué ser verdad. Además, en esta era de la comunicación, en la que somos bombardeados por información por todas partes, es aún más importante desarrollar la capacidad de distinguir la información de la desinformación, la realidad de la ficción.

 

Psicóloga General Sanitaria. Apasionada de la sexología y la intervención psicológica. Deseosa de mejorar la calidad de vida de las personas mediante la práctica clínica y la comunicación a través de la red.