Motivación: tipos, obstáculos y consejos para conseguir tus objetivos

 

El año nuevo trae consigo nuevos propósitos: «voy a apuntarme al gimnasio», «voy a dejar de fumar», «voy a tomarme los estudios más en serio», «voy a aprender inglés» … Pero ¿cuántas veces alcanzamos lo que nos proponemos? ¿Cuántas veces abandonamos a mitad de camino? Este artículo te enseñará cómo puedes conseguir y mantener un buen nivel de motivación para lograr tus metas.

¿Qué es la motivación?

¿Qué es la motivación?

¿Qué es la motivación?

Entendemos la motivación como un estado interno que activa, encamina y mantiene la conducta hacia determinadas metas. Así pues, la motivación es la causa del comportamiento.

La motivación está muy relacionada con el desarrollo humano. Comienza con el pensamiento de que, si se consigue un objetivo, nos vamos a sentir bien (o dejaremos de sentirnos mal). Esto hace que empecemos a actuar orientados a esa meta, evaluando si lo que hacemos efectivamente nos está conduciendo a ella (retroalimentación). Este proceso se dará por concluido, normalmente, al lograr los resultados esperados.

Cada persona cuenta con motivaciones propias, que pueden ser muy distintas a las de los demás. Por otro lado, cada uno cuenta con sus reservas de energía para emplear en ellas. Lo mismo podemos decir de los niveles de constancia. Además, no siempre mantenemos el mismo grado de motivación, es decir, es dinámica.

La motivación es anterior a la satisfacción, definida como el placer experimentado al verse cumplido el objetivo buscado.

Numerosas teorías abordan la motivación, como la Pirámide de Maslow, la Teoría de las Expectativas de Vroom o la Teoría de las Necesidades de McClelland, entre muchas otras.

Tipos de motivación

Motivación extrínseca vs motivación intrínseca

La motivación extrínseca se debe a factores externos, tales como las recompensas y los castigos. No tiene mucho que ver con la tarea en sí. Por ejemplo, cuando no se hace algo para evitar el castigo de los padres o conductas que agradan a los amigos.

La motivación intrínseca nace del interior de uno mismo, son las ganas de realizar una actividad por el mero placer de hacerla. Se relaciona con la autorrealización y el desarrollo personal. Por ejemplo, cuando se escribe por gusto y no por una buena calificación.

También encontramos la automotivación, que se define como el siguiente nivel de la motivación intrínseca. Se caracteriza por mantener unos objetivos claros y definidos, un plan y la actuación para conseguirlos. Se relaciona con la autoestima, la aceptación, el equilibrio mental, etc.

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Motivación personal vs motivación social

La motivación personal (primaria) es más bien intrínseca, y es que la recompensa satisface una necesidad biológica, individual y básica (como el hambre, la sed, el sueño, el placer, etc.). Busca mantener la homeostasis y el equilibrio del organismo. Se encuentra en todos los seres vivos. Corresponde a la base de la pirámide de Maslow.

La motivación social (secundaria) se orienta a conseguir el bienestar a través de la interacción con los demás. Las recompensas, sin embargo, son más difíciles de medir (como la sensación de seguridad, la afiliación, el respeto, el reconocimiento social, etc.). Corresponde a los niveles 2, 3 y 4 de la pirámide de Maslow.

Motivación positiva vs motivación negativa

La motivación positiva se activa al realizar una conducta para obtener recompensas agradables, ya sean internas (satisfacción, orgullo, etc.) o externas (elogios, buenas calificaciones, etc).

La motivación negativa se da al realizar una conducta para evitar consecuencias desagradables, ya sean internas (como la sensación de fracaso) o externas (como un castigo).

Motivación básica vs motivación cotidiana

La motivación básica es la base constante de motivación que establece el nivel de compromiso de un deportista con su tarea. Se relaciona con los resultados deportivos, el rendimiento y sus consecuencias positivas.

La motivación cotidiana se refiere al grado de interés del deportista por su actividad diaria y la gratificación que obtiene de esta.

Como vemos, ambas se relacionan con la psicología del deporte.

Motivación centrada en el ego vs motivación centrada en la tarea

La motivación centrada en el ego incide en los desafíos y los resultados obtenidos al compararnos con otras personas. También se la denomina «enfoque en el rendimiento». Por el contrario, «eludir el rendimiento» se centra en mejorar para no parecer incompetente frente a otros.

La motivación centrada en la tarea se refiere a los desafíos y resultados personales, a las sensaciones subjetivas de control y evolución personal.

Aplicaciones prácticas de los diferentes tipos de motivación

Las diferentes clases de motivación se complementan entre sí, pudiendo operar en distintos niveles, en distintas personas y en diferentes momentos del tiempo. También en diferentes disciplinas.

La psicología del deporte aborda la motivación deportiva, crucial para mantener la ilusión, el esfuerzo, la entrega y el sacrificio en el deportista, alejando la ansiedad y el estrés propios de la desmotivación.

La psicología del aprendizaje busca la motivación a través de iniciativas y juegos donde los niños y niñas aprendan mientras se divierten. En el caso de los estudios, se deben potenciar con la curiosidad en cualquier edad. Se ha de estimular a las personas para que sientan que lo que estudian les está aportando algo.

La psicología del trabajo enfatiza mucho la motivación laboral, prioridad para todo tipo de empresas. Y es que los empleados motivados trabajan más, rinden más y se orientan a una mayor productividad. Además, generan un mejor ambiente entre compañeros.

Relación entre motivación y logros

Para actuar, la mayoría de las personas necesita una probabilidad moderada de éxito (al menos, el 50%): el bajo riesgo no supone suficiente desafío y el alto riesgo es demasiado comprometido.

¿Cómo son las personas con necesidad de logro?

    • Buscan activamente el triunfo mediante esfuerzo.
    • No creen en la suerte.
    • Huyen de la rutina.
    • Buscan desafíos nuevos y moderados, y soluciones innovadoras.
      • Procuran actuar lo mejor posible.
    • Se sienten seguros de sí mismos, con control sobre las cosas.
    • Poseen capacidades directivas.

¿Es lo mismo conseguir el éxito que evitar el fracaso?

Tanto las personas que trabajan para lograr el éxito como aquellas que luchan por evitar el fracaso terminan logrando triunfos. Sin embargo, los primeros se caracterizan por un mayor optimismo y menores preocupaciones; los segundos suelen sufrir estrés más a menudo, ya que se suelen ver gobernados por el miedo.

Buscar el éxito se caracteriza por el optimismo; evitar el fracaso, por el miedo

Buscar el éxito se caracteriza por el optimismo; evitar el fracaso, por el miedo

¿Qué obstáculos nos impiden llegar a nuestros objetivos?

Conflictos de intereses

A veces, los motivos externos entran en conflicto con los intereses internos, lo que puede crearnos ansiedad por no atender a nuestras necesidades individuales. La consecuencia es un estado de ánimo más bajo, que afecta negativamente a la motivación general. La motivación intrínseca es una gran opción para evitar esta circunstancia.

Personalidad

La personalidad es otro factor influyente. Por ejemplo, si las motivaciones de uno están relacionadas con el reconocimiento, las relaciones sociales, el perfeccionismo, etc., encontrará la satisfacción en el logro de estos. Si no los obtiene, caerá en la decepción y la tristeza.

Objetivos inadecuados

Establecer objetivos incorrectos, además de la falta de tolerancia a la decepción cuando no se cumplen, se convierte en un obstáculo. Por eso, es importante que tengamos en cuenta nuestras posibilidades en todo momento, así como nuestras limitaciones. Un ejercicio de realismo nos ayudará a localizar las metas por debajo de nuestras capacidades (es fácil perder el interés) y las metas demasiado ambiciosas. Si vemos que nuestros objetivos son desmesurados, tendremos que abandonarlos, aplazarlos o convertirlos en más accesibles. ¿Por qué? Porque, de otro modo, es muy probable que no los consigamos y caigamos en la frustración.

La frustración es una emoción desagradable que surge cuando empleamos nuestras aptitudes, capacidades, actitudes y esfuerzos para lograr algo y no lo obtenemos. Genera rabia, ira, agresividad, ansiedad, angustia y, en general, pensamientos y sentimientos autodestructivos. Sin embargo, también puede desembocar en comportamientos constructivos orientados a la superación, que son los que debemos potenciar.

Si no se actúa a tiempo sobre la frustración, puede desembocar en depresión. Si llega el caso, es muy importante buscar una ayuda externa profesional para tratarla y recuperar la percepción realista de uno mismo. La falta de confianza nos separa de lo que queremos llegar a ser. Aumentarla traerá consigo muy buenos resultados.

Autosabotaje

A veces los objetivos son perfectamente alcanzables, pero nos convencemos de que no podemos lograrlos. Y no los logramos. Nos autoboicoteamos. Lo hacemos de forma inconsciente, así tenemos una excusa si al final no los conseguimos.

Falta de constancia

La constancia es necesaria para superar los obstáculos más exigentes sin rendirnos. Es importante cultivar esta capacidad desde edades tempranas, convertirla en una base sólida para ser capaces de sobreponernos a las adversidades.

Se puede entrenar tanto la resistencia (fortaleza pasiva) como la resiliencia, siendo esta última la habilidad de superar estas adversidades de forma activa.

Insatisfacción de necesidades

La pirámide de Maslow está compuesta por cinco estratos, desde las más básicas hasta las más elaboradas. Siguiendo esta teoría, si no se satisfacen los niveles inferiores, difícilmente podremos saciar las necesidades superiores. Saberlas insatisfechas genera sensación de fracaso.

Presión psicológica

Si bien es verdad que la presión en su justa medida es un factor motivador y de disciplina, en exceso funciona al revés. Genera miedo, angustia, desesperación, tensión, decisiones apresuradas, mentiras, falta de compromiso, etc.

14 consejos para conseguir una buena motivación

¿Cómo podemos alcanzar nuestros objetivos y no abandonarlos? ¿Cómo podemos mantener y aumentar la motivación?

1. Mantén presente tu objetivo

Nunca lo pierdas de vista, incluso cuando aparezcan obstáculos. Los obstáculos suelen ser parte del camino y ya lo sabías cuando comenzaste a recorrerlo. ¡Difícil no significa imposible!

2. Actúa

Incluso cuando no te apetezca, hazlo. Las ganas a veces solo aparecen cuando llevas a cabo la acción. El autocontrol es clave durante el proceso.

Y no pasa nada si un día fallas. Todos nos podemos permitir un día malo siempre que sepamos retomar nuestro trabajo. De este modo, no dejamos que la pereza ni las excusas se alcen sobre nuestros objetivos.

3. Desarrolla un buen plan

Divide el objetivo final en metas más pequeñas. Al ver que las vas consiguiendo, te impulsarán para la siguiente y te sentirás más cerca de lo que quieres conseguir. ¡Celebra cada victoria!

Puedes apuntar en un diario estos progresos a corto plazo. Verlo escrito te ayuda a ser más consciente de lo que vas logrando. Incluso existen aplicaciones en el móvil para controlar el rendimiento. Son muy útiles, por ejemplo, para los entrenamientos deportivos.

4. Imagina que lo consigues

¿Cómo sería ese momento? ¿Qué sentirías? ¿Quién estaría a tu lado? Cuanto mejor lo imagines, la motivación será mayor y más duradera.

5. El esfuerzo es clave

Gastar tiempo y/o dinero a corto plazo suele ser una inversión a largo plazo. No lo veas como un fastidio, sino como algo productivo. Esto incluye no tirar la toalla a la primera de cambio. Si no ves resultados con tus esfuerzos, quizás debas plantearte cambiar las estrategias. ¡Busca la creatividad!

6. Entrena la tolerancia a la frustración

Marca la diferencia entre una afectividad infantil y una afectividad adulta. La tolerancia a la frustración favorece la seguridad y confianza en uno mismo, la autoestima, la fuerza de voluntad, la inteligencia emocional, la ilusión, etc.

7. Fuera quejas

Quejarse todo el día no solo no soluciona, sino que chupa energía. ¡Deshazte de esos vampiros emocionales! Además, las rabietas continuadas suelen provocar reacciones negativas en los demás.

Quejarse continuamente roba energía y provoca efectos negativos en los demás

Quejarse continuamente roba energía y provoca efectos negativos en los demás

8. Reserva tus energías

Tanto la física como la psicológica serán importantes a la hora de ir a por tu objetivo. No las malgastes en cosas que realmente no te hacen bien. Y no te olvides de descansar cada vez que logres uno de los objetivos pequeños. Esto hará que reúnas fuerzas para seguir avanzando.

9. Piensa en positivo

Nuestros pensamientos y cómo afrontamos la tarea influyen mucho en el avance. Una visión positiva te alentará a continuar luchando por tus objetivos, mientras que una negativa será un obstáculo en sí mismo. Por eso, te ayudará más fijarte en todo lo que has conseguido que en lo que te queda por lograr.

10. Aprovecha tus días felices y gestiona los pesimistas

La alegría suele traer energía y optimismo, con lo que te será más fácil llevar a cabo esas tareas que sueles dejar para otro momento.

También habrá momentos en los que los pensamientos derrotistas te tienten a abandonar el camino. Este tipo de ideas son normales. Sabiendo esto, es más fácil no dejar que te afecten. Ten preparados motivos que te ayuden a continuar en los momentos de bajón. Utiliza bolígrafo y papel si es necesario.

11. Escoge a las personas optimistas

Ya sabes lo que se suele decir: todo se contagia. El optimismo llama al optimismo, creando un clima mental más saludable. ¡Toma nota!

12. Busca a personas motivadoras

Es muy inspirador escuchar los testimonios de personas que una vez tuvieron la misma meta que tú y que terminaron consiguiéndola. ¿Cómo lo hicieron? ¿De qué forma resolvieron los obstáculos? ¿Qué hacían para continuar en los momentos más difíciles? Si fue posible para esa persona, ¿por qué no para ti?

13. Establece una competencia sana

Si conoces a alguien con unos objetivos parecidos a los tuyos, ¡aprovecha! Juntos podéis establecer una competencia sana semana tras semana e ir comparando los progresos. ¿Quién ha fumado menos? ¿Quién ha corrido más? ¿Quién ha hecho más repeticiones en el gimnasio?

Eso sí, las comparaciones deben ser equitativas. No sería justo comparar a una persona que acaba de comenzar a ejercitarse con un deportista profesional, ¿verdad? Lo esencial de esta estrategia es el apoyo mutuo.

14. Lo importante es el camino

Sí, suena a tópico, pero es verdad. Todo ese esfuerzo que has empleado para llegar a la recompensa es satisfactorio por sí mismo. Y, cuando la hayas logrado, sabrás que ha sido gracias a tu trabajo. Y es que cuanto más alto es el árbol, más dulce es el fruto.

Psicóloga colegiada con orientación social e inquietudes literarias, dispuesta a contribuir al desarrollo de las personas. Escritora con varios libros publicados. Madrid.