El efecto Sudoku: cómo las tareas compartidas influyen en la sincronización cerebral
¿Qué ocurre cuando varias personas se enfrentan al mismo desafío mental? ¿Y qué sucede cuando una de ellas trabaja en secreto contra el grupo? Un nuevo estudio utilizó electroencefalografía (EEG) para registrar simultáneamente la actividad cerebral de varias personas mientras participaban en juegos cooperativos, resolvían rompecabezas de forma individual o interactuaban con un participante que actuaba como adversario oculto. Los investigadores observaron una menor sincronización entre cerebros cuando había un saboteador encubierto, mientras que las personas que resolvían distintos rompecabezas por separado mostraron niveles de sincronización comparables a los observados durante el trabajo en equipo.

Nota: Este artículo tiene fines informativos y educativos. Resume una investigación científica en un lenguaje accesible para un público amplio y no es un comunicado de prensa científico oficial.
Cuando las personas trabajan juntas para alcanzar un objetivo común, sus acciones suelen coordinarse de forma natural. Pueden anticipar las decisiones de los demás, adaptarse a desafíos compartidos y desarrollar gradualmente un sentido de cohesión grupal. Estas observaciones cotidianas han llevado a los neurocientíficos a plantearse una pregunta más profunda: ¿también se sincronizan los cerebros cuando varias personas comparten una misma experiencia o persiguen un mismo objetivo?
Publicado el 31 de marzo de 2026 en Frontiers in Neuroergonomics, un estudio abordó esta cuestión mediante una técnica conocida como hiperescaneo por EEG (electroencefalografía), que permite registrar simultáneamente la actividad cerebral de varias personas. La investigación fue realizada por Alex Kennedy, Nathan Shields, Sean Farrell y Alejandro Lopez Valdes, de Trinity College Dublin, con afiliaciones en la Escuela de Ingeniería, el Trinity Centre for Biomedical Engineering (Centro Trinity de Ingeniería Biomédica), el Trinity College Institute of Neuroscience (Instituto de Neurociencia de Trinity College) y el Global Brain Health Institute (Instituto Global de Salud Cerebral) de Dublín, Irlanda.
Los investigadores analizaron cómo variaba la sincronización entre cerebros cuando pequeños grupos participaban en juegos cooperativos, resolvían rompecabezas cognitivos de forma individual o se enfrentaban a la presencia de un adversario oculto que había recibido instrucciones para actuar en contra del objetivo del grupo. Sus resultados respaldan la idea de que las demandas cognitivas compartidas pueden contribuir a la sincronización entre cerebros, incluso cuando las personas no están cooperando activamente.
Qué investigaron los científicos
Estudios previos que utilizaron hiperescaneo han observado sincronización entre cerebros durante distintos tipos de interacciones sociales. Sin embargo, la mayor parte de estas investigaciones se ha centrado en parejas de participantes, en lugar de analizar grupos más numerosos. Los autores se propusieron estudiar la sincronización entre cerebros en grupos de tres personas, conocidos como tríadas. En concreto, querían evaluar dos explicaciones alternativas sobre por qué se produce esta sincronización durante actividades compartidas.
La primera, denominada hipótesis de la interacción cooperativa, plantea que la sincronización surge principalmente como resultado de la interacción social y la cooperación entre las personas.
La segunda, conocida como hipótesis de la tarea comparable, sostiene que la sincronización podría deberse a que varias personas están llevando a cabo procesos cognitivos similares, independientemente de si están colaborando activamente o no.
Para poner a prueba estas hipótesis, los investigadores compararon la actividad cerebral durante tareas cooperativas y no cooperativas, y también analizaron el efecto que tenía la introducción deliberada de una perturbación dentro del grupo.
Cómo se realizó el estudio
El estudio contó con la participación de 36 adultos sanos reclutados en Trinity College Dublin. Todos los participantes eran mayores de 18 años y no presentaban antecedentes de trastornos neurológicos.
Los investigadores llevaron a cabo dos experimentos independientes en un entorno naturalista diseñado para asemejarse a una actividad grupal cotidiana, en lugar de un laboratorio altamente controlado. Los participantes se sentaron alrededor de una mesa mientras llevaban dispositivos inalámbricos de electroencefalografía (EEG) equipados con 24 canales de registro, que medían de forma continua la actividad eléctrica cerebral.
Experimento 1
En el primer experimento participaron dos grupos de tres personas que completaron una serie de bloques experimentales compuestos por tareas individuales de resolución de rompecabezas y juegos cooperativos de cartas.
Los participantes alternaban entre:
- Un juego de cartas cooperativo llamado The Mind, en el que los jugadores debían colocar cartas numeradas en el orden correcto sin hablar ni utilizar señales físicas.
- Rompecabezas cognitivos individuales, como Sudoku, crucigramas y sopas de letras.
- Breves períodos de descanso antes de cada tarea.
Como el juego cooperativo terminaba inmediatamente cuando el grupo lograba el objetivo o cometía un error, la duración de las tareas variaba de forma natural entre una ronda y otra.
Experimento 2
En el segundo experimento participaron 10 grupos independientes de tres personas.
Se utilizaron las mismas tareas de rompecabezas y el mismo juego de cartas cooperativo, pero todas las sesiones se estandarizaron para que tuvieran la misma duración. Si una partida terminaba antes de tiempo, se repartían inmediatamente nuevas cartas para que la actividad continuara durante los cuatro minutos completos de la sesión.
Este experimento también incorporó una condición adicional.
En algunas rondas cooperativas, uno de los participantes recibía en secreto instrucciones para actuar en contra del objetivo del grupo, colocando deliberadamente una carta incorrecta en el momento que eligiera. Los demás participantes desconocían por completo que se había introducido un sabotaje intencionado.
Medición de la sincronización entre cerebros
Tras recopilar los registros de EEG, los investigadores eliminaron artefactos no neuronales, como los parpadeos y los movimientos musculares. A continuación, calcularon la correlación intersujeto, una medida utilizada para cuantificar el grado de similitud de la actividad cerebral entre los participantes.
¿Qué hace diferente a este estudio?
Según los autores, la mayoría de los estudios previos que han utilizado técnicas de hiperescaneo se han centrado en interacciones entre dos personas. Esta investigación amplió el análisis a grupos de tres participantes que realizaban tanto tareas cooperativas como individuales.
El estudio también abordó una cuestión metodológica importante. Trabajos anteriores habían sugerido que determinadas decisiones analíticas, como la duración del período de observación, podían influir en las medidas de sincronización. Por ello, los investigadores examinaron cuidadosamente cómo la duración de las tareas podía afectar a los resultados.
Otro aspecto distintivo fue la incorporación de una condición con un adversario oculto. En lugar de comparar directamente cooperación y competencia, los investigadores analizaron qué ocurría cuando uno de los participantes actuaba discretamente en contra del objetivo del grupo mientras aparentaba colaborar con los demás.
Este diseño permitió estudiar cómo perturbaciones sutiles dentro de un grupo podían influir en la sincronización entre cerebros.
Principales hallazgos del estudio
Por qué los resultados fueron inesperados
Muchas investigaciones sobre la sincronización entre cerebros se han centrado en la cooperación, la comunicación y las experiencias sociales compartidas. Desde esa perspectiva, sería razonable esperar que las personas que trabajan juntas de forma activa mostraran niveles de sincronización significativamente más altos que quienes realizan tareas diferentes por separado.
Sin embargo, los resultados de este estudio revelaron un panorama más complejo.
1. El efecto Sudoku: los rompecabezas individuales mostraron niveles de sincronización comparables al trabajo en equipo
Uno de los hallazgos más llamativos fue que los participantes mostraron niveles similares de sincronización entre cerebros tanto durante el juego cooperativo como mientras resolvían rompecabezas de forma individual.
En el Experimento 1, los valores de correlación intersujeto fueron de 0,286 durante el juego cooperativo y de 0,267 durante la resolución individual de rompecabezas. En el Experimento 2, los valores correspondientes fueron de 0,186 y 0,177. Los análisis estadísticos indicaron que estas diferencias no eran significativas.
Según los autores, estos resultados respaldan la hipótesis de la tarea comparable. Aunque los participantes resolvían distintos rompecabezas de manera independiente, todas las actividades pertenecían a una misma categoría general de desafíos cognitivos exigentes. Los investigadores sugieren que demandas cognitivas similares pueden contribuir a generar patrones de actividad neuronal parecidos entre diferentes personas.
En otras palabras, los participantes no necesitaban cooperar activamente para mostrar niveles de sincronización entre cerebros comparables a los observados durante el trabajo en equipo.
2. Las tareas activas produjeron más sincronización que el reposo
El estudio también encontró niveles más altos de sincronización entre cerebros durante la realización de tareas activas que durante los períodos de reposo. En ambos experimentos, los niveles de sincronización observados durante el juego cooperativo y la resolución de rompecabezas fueron superiores a los registrados cuando los participantes simplemente permanecían sentados en silencio antes de comenzar las tareas.
Los autores interpretan este hallazgo como una indicación de que la implicación en una tarea contribuye a la aparición de patrones compartidos de actividad neuronal.
Esta diferencia resultó especialmente relevante. Aunque el trabajo en equipo no produjo una sincronización significativamente mayor que la resolución individual de rompecabezas, ambas formas de actividad cognitiva activa se asociaron con niveles de sincronización más elevados que el simple estado de reposo.
3. El adversario oculto redujo la sincronización entre cerebros
Quizá el resultado más llamativo surgió en la condición que incluía a un adversario oculto. Cuando todos los miembros del grupo perseguían el mismo objetivo, la sincronización media entre cerebros alcanzó un valor de 0,189. Sin embargo, cuando había un adversario oculto, esta cifra descendió a 0,166. Esta diferencia fue estadísticamente significativa.
Es importante destacar que, durante las entrevistas realizadas al finalizar el experimento, los participantes generalmente no informaron haber detectado un sabotaje intencionado. La mayoría interpretó las jugadas incorrectas como errores normales, y no como intentos deliberados de perjudicar el desempeño del grupo. En otras palabras, la perturbación no resultaba evidente para los propios participantes, pero aun así se observaron niveles más bajos de sincronización entre cerebros durante esas rondas.
El estudio no determinó con exactitud por qué se produjo esta reducción. Sin embargo, los resultados sugieren que alteraciones sutiles en la dinámica de un grupo podrían reflejarse en las medidas de sincronización entre cerebros.
4. Ganar o perder no modificó significativamente la sincronización
Los investigadores también compararon las rondas exitosas y las rondas fallidas del juego cooperativo. La sincronización media fue ligeramente mayor en las rondas en las que el grupo tuvo éxito que en aquellas en las que no lo logró, pero la diferencia no fue estadísticamente significativa.
Según los autores, esto sugiere que la sincronización podría estar más relacionada con el proceso de participar en una actividad compartida que con el resultado final de esa actividad.
Este hallazgo pone de relieve una distinción interesante: el hecho de que el grupo ganara o perdiera pareció ser menos importante que el hecho de que sus integrantes permanecieran alineados en la consecución de un mismo objetivo.
5. La duración del análisis influyó en las medidas de sincronización
Otro hallazgo importante estuvo relacionado con la metodología más que con el comportamiento de los participantes. Los investigadores observaron una relación significativa entre la duración de las ventanas de análisis y los niveles de sincronización medidos. En general, las ventanas de análisis más cortas tendían a producir valores más altos de sincronización entre cerebros.
Los autores subrayan que los futuros estudios basados en técnicas de hiperescaneo deberían estandarizar cuidadosamente la duración de los períodos de análisis para evitar que se introduzcan diferencias artificiales en las medidas de sincronización.
Conclusiones de los autores
Los autores concluyen que sus resultados ofrecen un respaldo más sólido a la hipótesis de la tarea comparable que a la hipótesis de la interacción cooperativa.
Mientras que interpretaciones previas de datos similares habían destacado principalmente el papel de la cooperación, los análisis realizados en este estudio sugieren que las demandas cognitivas comparables podrían explicar una parte importante de la sincronización observada entre cerebros.
Los investigadores señalan que los participantes que resolvían distintos rompecabezas de forma independiente mostraron niveles de sincronización similares a los observados durante el juego cooperativo. Según los autores, este hallazgo sugiere que categorías compartidas de procesamiento cognitivo pueden contribuir a la alineación de la actividad neuronal entre distintas personas.
El estudio también mostró que la introducción de un adversario oculto se asoció con una reducción de la sincronización entre cerebros. Los autores señalan que serán necesarias investigaciones adicionales para comprender mejor los mecanismos que subyacen a este efecto.
Los investigadores reconocen varias limitaciones. El estudio no recopiló información detallada sobre los rasgos de personalidad de los participantes, su nivel de sociabilidad o sus preferencias por determinados juegos y rompecabezas. Además, todas las tareas individuales pertenecían a la categoría general de desafíos cognitivos, lo que dificulta aislar el efecto de características específicas de cada actividad.
Por último, los autores recomiendan que futuras investigaciones incorporen medidas adicionales, como el seguimiento ocular, y exploren una gama más amplia de actividades cooperativas y no cooperativas.
El contexto más amplio
La investigación sobre la sincronización entre cerebros sigue siendo un área de la neurociencia en rápida evolución. Las tecnologías de hiperescaneo permiten hoy estudiar de forma simultánea la actividad cerebral de varias personas, abriendo nuevas oportunidades para investigar fenómenos relacionados con la comunicación, la cooperación, la atención y el comportamiento grupal.
Este estudio contribuye a este creciente campo de investigación al analizar cómo surge la sincronización en grupos pequeños y cómo varía en función del tipo de tarea que realizan los participantes.
Los resultados también ponen de relieve la importancia de diferenciar entre la interacción social y las demandas cognitivas compartidas a la hora de interpretar las medidas de sincronización entre cerebros.
Conclusión
¿Pueden los cerebros de distintas personas sincronizarse simplemente porque se enfrentan a desafíos mentales similares? Según los resultados de este estudio, la respuesta podría ser más compleja de lo que se pensaba hasta ahora.
Los investigadores observaron niveles comparables de sincronización entre cerebros durante el trabajo en equipo y la resolución individual de rompecabezas cognitivos. También encontraron niveles más altos de sincronización durante las tareas activas que durante los períodos de reposo, así como una menor sincronización cuando se introducía un adversario oculto dentro del grupo.
En conjunto, estos hallazgos se suman a un creciente cuerpo de investigaciones que sugiere que la sincronización entre cerebros puede estar influida tanto por la interacción social como por las demandas cognitivas compartidas. A medida que los científicos continúan explorando cómo las tareas compartidas y la dinámica de grupo influyen en la actividad neuronal, estudios como este pueden ayudar a comprender mejor qué factores contribuyen a la sincronización de la actividad cerebral entre varias personas durante interacciones del mundo real.
El contenido de este artículo tiene fines informativos y no sustituye el asesoramiento médico. Ante cualquier duda relacionada con la salud, consulta siempre con un profesional sanitario.
Referencia
Kennedy, A., Shields, N., Farrell, S., & Lopez Valdes, A. (2026). Analysis of inter-brain synchrony in group-based electroencephalography to assess task-dependent interactions. Frontiers in Neuroergonomics, 7, 1774423. DOI: https://doi.org/10.3389/fnrgo.2026.1774423













