Shlomo Breznitz (1936–2026): El científico que creía que el cerebro nunca deja de aprender

“Nuestras habilidades cognitivas no son fijas. A cualquier edad, el cerebro tiene la capacidad de responder a nueva información y a nuevos estímulos.”
– Shlomo Breznitz, Maximum Brainpower: Challenging the Brain for Health and Wisdom
Para el profesor Shlomo Breznitz, comprender la mente humana nunca fue una búsqueda científica abstracta. Fue la búsqueda, a lo largo de toda una vida, de respuestas a preguntas que nos conciernen a todos.
¿Por qué algunas personas se mantienen resilientes ante la adversidad mientras que otras tienen dificultades? ¿Cómo influye el estrés en nuestra forma de pensar, recordar y tomar decisiones? ¿Pueden nuestras capacidades cognitivas seguir desarrollándose a lo largo de toda la vida? Y, si es así, ¿qué significa eso para nuestra forma de vivir, aprender y envejecer?
Estas preguntas guiaron el trabajo del profesor Breznitz durante más de medio siglo. Inspiraron su investigación, su docencia, sus libros y la creación de CogniFit. Su carrera reflejó una capacidad excepcional para tender puentes entre la ciencia rigurosa y la vida cotidiana, traduciendo décadas de investigación en ideas que la gente pudiera comprender y aplicar más allá del laboratorio.
Cuando el profesor Shlomo Breznitz falleció en abril de 2026 a la edad de 89 años, la psicología perdió a un investigador pionero cuyo trabajo hizo avanzar nuestra comprensión del estrés, la cognición y el desarrollo cognitivo a lo largo de toda la vida. En CogniFit perdimos a nuestro fundador, pero los principios científicos que inspiraron la creación de la empresa siguen guiando su misión en la actualidad.
Plantear mejores preguntas
Shlomo Breznitz nació el 3 de agosto de 1936 en Bratislava, que por entonces formaba parte de Checoslovaquia. Durante el Holocausto, él y su hermana sobrevivieron escondidos en un orfanato católico. Su padre fue asesinado en Auschwitz y, tras la guerra, su familia se reunió de nuevo antes de emigrar a Israel en 1949.
Años más tarde, reflexionó sobre estas experiencias en sus memorias Memory Fields. A lo largo de más de cinco décadas de investigación, una pregunta se mantuvo en el centro de su trabajo: ¿cómo se adaptan las personas a la incertidumbre?
Esa pregunta se convirtió en el hilo conductor de gran parte de la obra de su vida.
Tras estudiar Psicología en la Universidad Hebrea de Jerusalén, Breznitz obtuvo la licenciatura y el máster antes de convertirse, en 1965, en la primera persona en recibir un doctorado en Psicología concedido en Israel. Fue el comienzo de una carrera académica que le llevaría desde las aulas y los laboratorios de investigación hasta algunas de las universidades e instituciones científicas más prestigiosas del mundo.
Especializado en el estudio del estrés, la memoria y el rendimiento cognitivo, fue uno de los primeros investigadores en demostrar cómo el estrés psicológico influye en el funcionamiento cognitivo, tanto en entornos experimentales como en la vida real. Posteriormente, ocupó los cargos de rector y presidente de la Universidad de Haifa, fundó el Centro Ray D. Wolfe para el Estudio del Estrés Psicológico, asesoró a la Fuerza Aérea israelí en cuestiones relacionadas con el estrés y fue profesor visitante en instituciones como la Universidad de Stanford, la Universidad de California en Berkeley, la London School of Economics, la Universidad Rockefeller, los Institutos Nacionales de Salud y el Instituto Nacional de Salud Mental.
A lo largo de estos años, el profesor Breznitz se consolidó como uno de los investigadores más destacados en los campos del estrés, la memoria y el rendimiento cognitivo. Su trabajo científico, publicado en numerosos libros y artículos académicos, contribuyó a marcar el rumbo de la investigación psicológica, mientras sentó las bases de muchas de las ideas que más tarde inspirarían a CogniFit.
Más allá del estrés
Hoy en día, se reconoce ampliamente que el estrés ejerce una gran influencia en la salud, la toma de decisiones, el aprendizaje y el rendimiento. Sin embargo, cuando el profesor Breznitz comenzó a estudiarlo, muchas de estas relaciones apenas empezaban a suscitar interés científico.
Su trabajo exploró cómo perciben las personas la incertidumbre, por qué a veces se ignoran las señales de alerta y cómo las expectativas influyen en el comportamiento. En lugar de considerar el estrés simplemente como una reacción a acontecimientos externos, examinó la compleja relación entre el entorno, el cerebro y la toma de decisiones humanas.
A lo largo de décadas de investigación, el profesor Breznitz contribuyó a consolidar el estudio del estrés como un campo digno de una investigación científica rigurosa. Su trabajo animó a los investigadores a examinar no solo qué les ocurre a las personas bajo presión, sino también por qué unas responden de manera diferente a la incertidumbre y los retos.
A medida que su trabajo evolucionaba, también lo hacían las preguntas que le interesaban. Su enfoque científico se fue ampliando gradualmente más allá de la comprensión del estrés en sí mismo. Se interesó cada vez más por lo que permite a las personas seguir aprendiendo, adaptándose y prosperando a lo largo de la vida. Esa búsqueda le llevó poco a poco hacia lo que se convertiría en la idea definitoria de los últimos años de su carrera: la extraordinaria capacidad del cerebro para adaptarse, aprender y crecer a lo largo de la vida.
De la investigación a una nueva visión
Para el profesor Breznitz, fundar CogniFit no significaba dejar atrás el mundo académico. Se trataba de aprovechar lo que décadas de investigación habían revelado sobre el cerebro y poner esos conocimientos al alcance de más personas.
Creía que la evaluación y el entrenamiento cognitivos no debían seguir un enfoque único para todos. Cada persona tiene un perfil cognitivo diferente, puntos fuertes y retos distintos. En su opinión, cualquier entrenamiento cognitivo verdaderamente significativo debía reflejar esas diferencias.
Cuando se fundó CogniFit en 1999, esta idea aún resultaba poco habitual. La evaluación cognitiva digital y el entrenamiento personalizado apenas empezaban a surgir, pero el profesor Breznitz vio en la tecnología una oportunidad para llevar la ciencia cognitiva rigurosa a la vida cotidiana sin dejar de basarse firmemente en la investigación.
«El profesor Breznitz creía que la ciencia nunca debía limitarse al descubrimiento. Su propósito era ayudar a las personas a comprender mejor su mente y a mejorar su vida cotidiana. Esa convicción sigue guiando nuestro trabajo en CogniFit. Es tanto un honor como una responsabilidad dar continuidad a su visión».
– Carlos Rodríguez, CEO de CogniFit
Desafiar al cerebro
A medida que el trabajo del profesor Breznitz se centraba cada vez más en el desarrollo cognitivo a lo largo de toda la vida, una idea le acompañó durante toda su carrera: el cerebro cambia continuamente cuando le seguimos dando cosas nuevas que hacer.
En Maximum Brainpower: Challenging the Brain for Health and Wisdom, escribió:
«Prácticamente todo lo que decidimos hacer puede influir positiva o negativamente en nuestra cognición. El efecto puede ser insignificante o significativo, pero todo suma. Cuantas más decisiones desafiantes tomemos, y cuanto más tiempo las mantengamos, mayor será el beneficio».
Para el profesor Breznitz, mantener el cerebro sano nunca consistió en encontrar el ejercicio perfecto o resolver el rompecabezas adecuado. Se trataba de mantenerse intelectualmente activo a lo largo de toda la vida. La salud cognitiva no era simplemente una cuestión de mantener la mente ocupada, sino de abrirse a nuevas experiencias, cuestionar las ideas preconcebidas y brindar al cerebro oportunidades para adaptarse. El objetivo nunca fue mantenerse mentalmente activo por el simple hecho de hacerlo, sino seguir explorando, aprendiendo y creciendo.
La rutina facilita muchas cosas, pero también puede hacer que seamos menos propensos a fijarnos en algo, cuestionarlo o descubrir algo nuevo. La curiosidad y la voluntad de seguir aprendiendo eran, en su opinión, dos de las mejores formas de mantener la mente activa a lo largo de toda la vida.
Una conversación que llegó a millones de personas
En 2010, el profesor Breznitz habló sobre estas ideas con el divulgador científico español Eduard Punset en el programa de televisión Redes. Su conversación se centró en una cuestión que le preocupaba profundamente: ¿cómo podemos mantener nuestro cerebro activo a lo largo de toda la vida?
Su respuesta fue sencilla. El cerebro, dijo, es como un músculo. Mantenerlo ocupado no es suficiente; necesita nuevas experiencias que lo hagan adaptarse.
Por eso animaba a la gente a introducir pequeños cambios en la vida cotidiana. Tomar una ruta diferente para volver a casa, utilizar la mano no dominante, aprender unas cuantas palabras en otro idioma, probar una receta nueva o aprender a utilizar una nueva tecnología son actividades que pueden estimular al cerebro a funcionar de formas diferentes, en lugar de recurrir siempre a las mismas rutinas.
También creía que la tecnología no debía ser motivo de temor, especialmente a medida que envejecemos. Para muchas personas mayores, el simple hecho de aprender a utilizar un ordenador o un ratón puede convertirse en un valioso ejercicio cognitivo que estimula la atención, la coordinación y la memoria.
Por encima de todo, el profesor Breznitz quería que la gente entendiera que mantener el cerebro activo no requiere un esfuerzo extraordinario. Todo empieza con la curiosidad, con la voluntad de probar algo diferente y con la convicción de que el aprendizaje no termina a una edad concreta.
Ese mensaje sigue siendo tan relevante hoy como lo era cuando lo compartió hace más de quince años.
Un legado que sigue inspirando
A lo largo de su carrera, el profesor Breznitz fue autor y editor de numerosos libros, publicó artículos científicos y fue mentor de generaciones de estudiantes e investigadores. Su trabajo exploró temas tan diversos como el estrés psicológico, la memoria, la resiliencia, la toma de decisiones y el rendimiento cognitivo; sin embargo, todos ellos estaban unidos por un hilo conductor: la convicción de que el ser humano es capaz de adaptarse.
Sus libros trazan la evolución de esa idea. Obras tempranas como Stress in Israel, Denial of Stress y Cry Wolf: The Psychology of False Alarms examinaban cómo las personas perciben y responden ante la incertidumbre. Junto con Leo Goldberger, también editó la emblemática Handbook of Stress, que se convirtió en una obra de referencia en este campo. En Memory Fields, dirigió la mirada hacia su propia historia, reflexionando sobre su infancia durante el Holocausto con honestidad y una claridad notable. Más tarde, en Maximum Brainpower, reunió décadas de conocimientos científicos para explorar cómo las decisiones cotidianas pueden influir en la salud cognitiva a lo largo de toda la vida.
En su conjunto, estas obras revelan algo más que la trayectoria de un psicólogo. Cuentan la historia de un científico que nunca dejó de preguntarse cómo la investigación podía ayudar a las personas a vivir mejor, pensar con mayor claridad y mantenerse conectadas con el mundo que las rodea.
Su influencia se extendió más allá del ámbito académico. En 2006, el profesor Breznitz fue elegido miembro de la Knéset, el Parlamento israelí, donde ejerció hasta 2007 antes de volver a su labor científica y a CogniFit. Aunque su etapa en el servicio público fue relativamente breve, reflejó su convicción de que el conocimiento científico debía contribuir no solo a la investigación, sino también a la sociedad.
Su trabajo estaba impulsado por una curiosidad constante por comprender cómo la mente humana aprende, se adapta y responde al cambio. Ya fuera escribiendo, enseñando, investigando o divulgando la ciencia, tenía el don de explicar ideas científicas complejas de forma reflexiva, práctica y accesible.
Esa misma filosofía sigue marcando el rumbo de CogniFit en la actualidad.
La empresa que fundó sigue comprometida con los principios que guiaron su trabajo desde el principio: basar la evaluación y el entrenamiento cognitivos en la investigación científica, reconocer que cada persona tiene un perfil cognitivo único y seguir explorando cómo la tecnología puede hacer que la ciencia cognitiva sea más accesible.
Quizá la mayor contribución del profesor Breznitz no fuera una única publicación, experimento o invento. Fue una forma de pensar.
Nos animó a ver el cerebro no como algo fijo, sino como algo capaz de cambiar a lo largo de la vida. Nos recordó que el aprendizaje no es exclusivo de los jóvenes y que la curiosidad puede seguir moldeando nuestras mentes a cualquier edad.
Una de sus observaciones más perdurables plasma esa convicción: «Nuestras habilidades cognitivas no son fijas. A cualquier edad, el cerebro tiene la capacidad de responder a nueva información y a nuevos estímulos».
Esas palabras resumen la idea que guió la obra de su vida. Además, siguen inspirando el trabajo que comenzó hace más de dos décadas, cuando fundó CogniFit. Y quizá ese sea su mayor legado: el recordatorio de que el cerebro nunca deja de aprender.













