¿La personalidad cambia después de los 30? Evidencia científica reciente

¿La personalidad realmente queda definida de forma permanente después de la adultez temprana? Durante años, muchos investigadores creyeron que los rasgos centrales se vuelven cada vez más estables después de los 30 años. Un nuevo estudio longitudinal publicado en Communications Psychology cuestiona esa idea y señala que tanto adultos jóvenes como mayores mostraron cambios medibles en la estabilidad emocional y la extraversión tras una intervención socioemocional estructurada.

¿La personalidad queda definida a los 30? Nuevos datos científicos. Imagen de Freepik

Nota: Este artículo tiene fines informativos y educativos. Resume una investigación científica en un lenguaje accesible para un público amplio y no es un comunicado de prensa científico oficial.

Un nuevo estudio revisado por pares, publicado en Communications Psychology a finales del año pasado, analizó si rasgos de personalidad como la estabilidad emocional y la extraversión pueden modificarse mediante un entrenamiento estructurado, y si la edad influye en este proceso.

La investigación fue realizada por Gabriela Küchler, Kira S. A. Borgdorf, Corina Aguilar-Raab, Wiebke Bleidorn, Jenny Wagner y Cornelia Wrzus. Los autores están afiliados a la Universidad de Heidelberg, la Universidad de Mannheim, el Hospital Universitario de Heidelberg, la Universidad de Zúrich, la Universidad de Hamburgo y la Network for Aging Research.

Según los investigadores, la intervención presencial de ocho semanas se asoció con aumentos en la estabilidad emocional y la extraversión. Es importante destacar que estos efectos fueron consistentes tanto en adultos jóvenes como en adultos mayores.

¿Qué investigaron los científicos?

Los investigadores abordaron dos preguntas centrales.

En primer lugar, analizaron si los cambios a corto plazo en los “estados” de personalidad, como qué tan tranquilos, estresados, sociables o reservados se sentían los participantes en una semana determinada, se asociaban con cambios en autoconceptos de personalidad más estables.

En segundo lugar, evaluaron si estos procesos diferían entre adultos jóvenes y adultos mayores.

Investigaciones previas han sugerido que el desarrollo de la personalidad se vuelve menos pronunciado después de la adultez temprana. Sin embargo, los estudios de intervención rara vez han examinado directamente las diferencias relacionadas con la edad y, en su mayoría, se han basado únicamente en cuestionarios de autoinforme. Este estudio amplió ese enfoque al incluir tanto medidas explícitas (basadas en autoinformes) como implícitas (basadas en tiempos de reacción) de la personalidad.

La muestra final estuvo compuesta por 165 participantes de entre 19 y 78 años. De ellos, 80 eran adultos jóvenes con una edad promedio de 28 años y 85 eran adultos mayores con una edad promedio de 63 años. El estudio fue preregistrado y utilizó un diseño de investigación multimétodo.

Cómo se llevó a cabo el estudio

Los participantes completaron una intervención socioemocional presencial de ocho semanas, impartida en sesiones grupales semanales de dos horas.

La intervención se dividió en dos fases:

• Las semanas 1 a 4 se centraron en la estabilidad emocional, incluyendo la gestión del estrés, la regulación de la atención y estrategias de regulación emocional.
• Las semanas 5 a 8 se enfocaron en la extraversión y las competencias interpersonales, incluyendo el comportamiento social, la comunicación y las habilidades para establecer límites.

Los participantes fueron asignados a pequeños grupos y realizaron ejercicios diarios entre las sesiones. Además, eligieron a un compañero de entrenamiento y participaron en actividades estructuradas de reflexión y práctica conductual.

Los rasgos de personalidad se evaluaron en cinco momentos distintos:

• Antes de la intervención (T1)
• Cuatro semanas después de iniciarla (T2)
• Inmediatamente tras finalizarla (T3)
• Tres meses después de su finalización (T4)
• Doce meses después de su finalización (T5)

Los autoconceptos explícitos de personalidad se midieron mediante el Big Five Inventory-2. Los autoconceptos implícitos se evaluaron con el Test de Asociación Implícita (IAT), que analiza las asociaciones automáticas entre el yo y determinadas características de los rasgos.

Además, los “estados” de personalidad se midieron semanalmente a lo largo de las ocho semanas para registrar cambios a corto plazo en la estabilidad emocional y la extraversión.

Qué hace diferente a este estudio

Los autores destacan tres aportaciones principales:

  • El estudio analizó cambios más allá de los cuestionarios de autoinforme, al incluir también medidas implícitas de la personalidad.
  • Examinó de forma directa si los cambios semanales en los estados de personalidad predecían cambios posteriores en los rasgos.
  • Comparó de manera sistemática a adultos jóvenes y adultos mayores dentro de la misma intervención estructurada.

Según los autores, los resultados subrayan que los adultos mayores podrían beneficiarse en la misma medida que los jóvenes de intervenciones socioemocionales.

Conclusiones clave del estudio

Los resultados mostraron cambios consistentes y medibles durante la intervención de ocho semanas. A continuación, se presentan los principales hallazgos de forma clara.

  1. La estabilidad emocional aumentó durante el programa. Los participantes indicaron sentirse más tranquilos y más capaces de manejar el estrés semana tras semana. Estas mejoras a corto plazo fueron estadísticamente consistentes a lo largo del periodo de intervención.
  2. La extraversión también aumentó durante el programa. Los participantes informaron ser más sociables, más activos en lo social y más expresivos a lo largo de las ocho semanas.
  3. Las autopercepciones de la personalidad cambiaron. Cuando se les pidió que se describieran en términos generales, los participantes informaron niveles más altos de estabilidad emocional y extraversión al finalizar la intervención. Además, aumentaron las asociaciones automáticas relacionadas con la extraversión, medidas mediante una tarea basada en tiempos de reacción. Sin embargo, las asociaciones automáticas relacionadas con la estabilidad emocional no mostraron cambios consistentes.
  4. Los cambios en las experiencias emocionales semanales se vincularon con cambios en el autoconcepto. Los participantes que mostraron mayores aumentos semanales en estabilidad emocional fueron más propensos a informar incrementos duraderos en cómo percibían su propia estabilidad emocional. Este patrón se observó para la estabilidad emocional, pero no de forma clara para la extraversión.
  5. La edad no limitó el cambio en la personalidad. Adultos jóvenes y mayores mostraron patrones de cambio similares. La edad no influyó de manera significativa en las mejoras en estabilidad emocional o extraversión. Tampoco afectó de forma relevante a la relación entre los cambios a corto plazo y los autoconceptos de personalidad a más largo plazo. Algunos cambios se mantuvieron en el tiempo. En las evaluaciones de seguimiento realizadas a los tres y doce meses, la estabilidad emocional autoinformada se mantuvo estable. La extraversión autoinformada mostró un ligero descenso tras finalizar el programa, aunque los niveles se mantuvieron por encima del punto inicial. Las medidas implícitas no mostraron cambios consistentes a largo plazo, salvo un aumento continuado en las asociaciones automáticas relacionadas con la extraversión entre los adultos mayores.

En conjunto, los resultados indican que el entrenamiento socioemocional estructurado se asoció con cambios medibles en la estabilidad emocional y la extraversión, y que estos cambios se produjeron de manera similar en los distintos grupos de edad.

Participación y edad

Los análisis exploratorios mostraron que los adultos mayores informaron un mayor nivel de implicación en la intervención en comparación con los adultos jóvenes. Participaron con mayor constancia en las tareas semanales y en el uso de los materiales de práctica en audio a lo largo del programa de ocho semanas.

En cambio, los adultos jóvenes señalaron haber vivido semanas más agitadas y menos habituales durante el periodo de intervención. No se observaron diferencias entre grupos de edad en cuanto al nivel de cansancio semanal informado.

Al inicio del estudio, los participantes más jóvenes manifestaron un mayor deseo de aumentar su nivel de extraversión. Sin embargo, la edad no moderó los cambios en extraversión durante la intervención. Tanto los adultos jóvenes como los mayores mostraron aumentos en extraversión a lo largo del programa, sin diferencias relevantes en el patrón de cambio según la edad.

Según resume NeuroscienceNews, este estudio respondió a las siguientes preguntas:

P: ¿Creía que la personalidad ya estaba definida a los 30 años?

R: Ese era el consenso científico durante mucho tiempo, pero este estudio indica que los aspectos “socioemocionales” de nuestra personalidad, cómo gestionamos el estrés y cómo nos relacionamos con los demás, siguen siendo sorprendentemente flexibles incluso hasta los 80 años.

P: ¿Por qué el grupo de mayor edad tuvo más éxito de lo esperado?

R: La motivación y el “trabajo en casa”. Aunque aprender un nuevo idioma puede resultar más difícil con la edad, los participantes mayores en este estudio fueron más propensos a realizar las tareas prácticas y a tomarse en serio el entrenamiento emocional, lo que equilibró las diferencias con el grupo más joven.

P: ¿Puedo cambiar mi personalidad por mi cuenta?

R: Este estudio utilizó un programa estructurado específico de ocho semanas. Sin embargo, la conclusión principal es que, con la motivación adecuada y entrenamiento en habilidades sociales, cualquier persona puede volverse más emocionalmente estable o más extrovertida, independientemente de su año de nacimiento.

Conclusiones de los autores

Los autores concluyen que la intervención socioemocional de ocho semanas se asoció con aumentos en la estabilidad emocional y la extraversión tanto en adultos jóvenes como en adultos mayores.

Afirman que los resultados contribuyen al avance de la teoría de la personalidad al demostrar:

  1. Cambios más allá de los autoinformes de rasgos, mediante la inclusión de medidas implícitas.
  2. El papel de los estados semanales de personalidad como procesos subyacentes que contribuyen al cambio en los rasgos.
  3. Similitudes relacionadas con la edad en el desarrollo de la personalidad dentro de un contexto de intervención estructurada.

Los autores también plantean la posibilidad de que los menores cambios normativos de personalidad que suelen observarse en la adultez tardía puedan reflejar diferencias en los factores contextuales que activan el cambio, en las dinámicas motivacionales o en los procesos de desarrollo, más que una menor capacidad para cambiar. Presentan esta idea como una consideración teórica que requiere investigación adicional.

Por último, reconocen varias limitaciones, entre ellas la necesidad de evaluaciones más detalladas y frecuentes de los estados de personalidad a lo largo del tiempo, así como de nuevos estudios que permitan aclarar qué componentes específicos de la intervención son los principales responsables de los cambios observados.

Conclusión

Durante décadas, la personalidad se ha descrito a menudo como relativamente estable después de la adultez temprana. Este estudio aporta nuevos datos a ese debate. En el marco de un programa socioemocional estructurado de ocho semanas, se observaron cambios medibles en la estabilidad emocional y la extraversión en adultos desde los veinte hasta los setenta años.

Es importante señalar que la edad no moderó de forma significativa estos cambios. Los resultados indican que, bajo condiciones de intervención controladas, los procesos relacionados con la personalidad, vinculados a la regulación emocional y al comportamiento social, pueden mostrar variaciones medibles en distintas etapas de la vida adulta.

Al mismo tiempo, los autores subrayan que siguen abiertas cuestiones sobre los mecanismos a largo plazo, la influencia del contexto y qué componentes concretos de la intervención impulsan el cambio. Será necesaria más investigación para comprender cómo evoluciona el desarrollo de la personalidad fuera de entornos de entrenamiento estructurados.

El contenido de este artículo tiene fines informativos y no sustituye el asesoramiento médico. Ante cualquier duda relacionada con la salud, consulta siempre con un profesional sanitario.

Referencias

Küchler, G., Borgdorf, K.S.A., Aguilar-Raab, C. et al. Personality intervention affects emotional stability and extraversion similarly in older and younger adults. Commun Psychol 3, 171 (2025). https://doi.org/10.1038/s44271-025-00350-2

NeuroscienceNews. “Brain Never Outgrows the Ability to Emotionally Evolve.” NeuroscienceNews, https://neurosciencenews.com/personality-psychology-aging-growth-30136/